Articulos sobre la economía Mexicana
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Consumo sin Confianza

noviembre 10th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Consumo sin Confianza)

El INEGI dio a conocer hace un par de días el consumo de los hogares (para agosto) y la confianza del consumidor (para octubre). Dos indicadores importantes y supuestamente relacionados entre sí. Uno pensaría si el consumidor no tiene confianza, adoptará una actitud cautelosa y no va consumir mucho; en cambio, si aumenta su confianza, empezará a gastar más. Aparentemente, no es tan sencillo.

Después de un par de años de muy lento crecimiento, a partir de 2015 empezamos a observar una mejoría significativa en el consumo de los hogares, mediante un crecimiento de 3.5 por ciento en promedio, que fue muy por encima del avance del PIB de ese año. Ahora seguimos viendo un buen despeño en el consumo, aunque con una ligera desaceleración. En agosto disminuyó -0.2 por ciento respecto a julio, pero solo después de alcanzar un máximo histórico en ese mes. En los primeros ocho meses del año ha crecido 3.2 por ciento respecto a los mismos ocho meses de 2015. De hecho, el consumo privado es prácticamente el único componente del PIB (por el lado del gasto) que muestra crecimiento positivo.

El mismo día, el INEGI dio a conocer que la confianza del consumidor había aumentado 0.15 puntos en octubre respecto al mes anterior, pero solo después de haber alcanzado su nivel más bajo desde abril 2010. De hecho, la tendencia-ciclo de la confianza muestra una pendiente negativa a lo largo de los últimos doce meses. Su nivel de octubre de 35.5 (de una escala de 0 a 100) es el más bajo observado en toda la historia del indicador salvo el periodo de la Gran Recesión en 2009.

En otras palabras, vemos a los hogares consumiendo relativamente bien, pero con un nivel de confianza que anda por los suelos. ¿Cómo podemos conciliar ambos indicadores? ¿Por qué siguen consumiendo los consumidores si su confianza se ha desplomado? Para entender lo que está pasando, primero hay que descomponer el indicador de confianza en sus componentes. Aunque resulta que los cinco han disminuido, la percepción del consumidor acerca de su situación actual no ha disminuido mucho y la de cómo considera el momento actual para efectuar compras mayores (bienes duraderos) se mantiene estable. En cambio, a pesar de que ve su situación actual relativamente estable, empieza a perder algo de confianza en torno a su situación futura. Pero lo que realmente explica el desplome es su percepción sobre la situación actual del país y todavía peor aún, es el pesimismo creciente en torno al futuro del país. En este último rubro, nunca ha manifestado tanto pesimismo como la actual, ni siquiera en el peor momento de la Gran Recesión de 2009.

¿Qué explica esta visión colectiva tan melancólica de los mexicanos de la situación económica? ¿Es simplemente un mal humor social? Creo que es algo mucho más hondo y más apegado a lo que muchos indicadores económicos reflejan. Primero, hemos visto una depreciación de la moneda de alrededor de 35 por ciento en los últimos dos años (y de 50 por ciento en los últimos ocho), cuando las devaluaciones pasadas de la moneda eran símbolos de crisis, recesión y gran pérdida de poder adquisitivo. Segundo, hemos visto que el crecimiento económico promedio del sexenio está por debajo de cada uno de los cuatro sexenios anteriores (a pesar de las famosas reformas estructurales). Tercero, todos hemos sentido una pérdida significativa en nuestro poder de compra a pesar de que el gobierno presume la inflación más baja en la historia. Cuarto, hemos visto como el crecimiento de la deuda pública federal y el deterioro de las finanzas públicas nos ha llevado a que las agencias calificadoras nos pongan en perspectiva negativa. Quinto, se va desvaneciendo la estabilidad macroeconómica, que era de lo poco que podíamos presumir, con los desequilibrios fiscal y externo. Sexto, vemos como los gobiernos locales han llevado a la quiebra a estado tras estado. Séptimo, hemos visto como la corrupción y la impunidad crecen y crecen sin mayor empeño del gobierno. Octavo, la violencia y la falta de seguridad pública han llegado a nuevos máximos históricos. Noveno, hace un año apareció de la nada un racista, fascista, misógino y anti-mexicano, que dice que somos de lo peor y amenaza con quitarnos nuestras remesas y quien sabe que más. Décimo, nos enfrentamos a una democracia disfuncional, que no nos ofrece un camino para deshacernos de los malos gobernantes y partidos políticos.

El Riesgo de la Inseguridad

noviembre 19th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Riesgo de la Inseguridad)

Este viernes, 21 de noviembre, el INEGI dará a conocer el crecimiento del PIB del tercer trimestre. El consenso apunta hacia una tasa anual ligeramente arriba de 2 por ciento, consistente con un avance trimestral menor al segundo, pero marginalmente mejor al primer trimestre. Después de conocer el dato, podríamos ver de nuevo revisiones a la baja en la previsión para 2014, que anda actualmente entre 2.3 y 2.4 por ciento (dependiendo de qué encuesta). Pero independientemente de las expectativas, ya quedó claro que la famosa reactivación del tercer trimestre fue mucho menos que la esperada.
Las expectativas de crecimiento de este año (y el próximo) han estado muy atados a la aprobación de las reformas, a la evolución de la economía de Estados Unidos, a la debilidad del consumo de los hogares y al nulo impacto (incluso negativo) del gasto público. Sin embargo, ahora tenemos un nuevo riesgo a la baja que cada día parece cobrar más importancia: el de la creciente inseguridad pública y la violencia derivada del caso de Ayotzinapa. ¿Qué tanto pesará en las expectativas de crecimiento?
Hay algunas personas que piensan que la situación actual es sumamente grave. El Director Editorial de un conocido periódico dice “que el país se encuentra en uno de sus peores crisis del último medio siglo”. Puede ser una crisis política muy grave, ¿pero qué tanto afectará al crecimiento económico? Desde hace diez meses, los “especialistas” en economía del Sector Privado que participan en la encuesta del Banco de México, lo han señalado con más frecuencia que cualquier otro, como uno de los principales factores limitantes al crecimiento de la actividad económica. Sin embargo, ahora es mencionado como limitante mucho más que antes.
El propio Banxico sorprendió cuando admitió en su anuncio de política monetaria del pasado 31 de octubre, que uno de los riesgos a la baja del crecimiento económico es “la posibilidad de una evolución de la actividad económica menos dinámica que la prevista en caso de que los recientes acontecimientos sociales en el país afecten las expectativas de los agentes económicos”. Dos semanas más tarde, pudimos leer sus minutas que decían que “los recientes acontecimientos sociales en el país podrían deteriorar los niveles de confianza de los agentes económicos, locales y extranjeros, con su consecuente efecto adverso sobre la inversión”.
El último en admitir que se ha vuelto un riesgo importante fue el FMI, que en el marco del Artículo IV de su Acta Constitutiva, evaluó la situación económica y perspectivas de nuestro país. Para realizar su evaluación, no solamente se reunió con las autoridades competentes, sino también con analistas del sector privado y representantes de la sociedad civil. Los temas revisados no se limitaron a las políticas macroeconómicas y financieras, sino que consideraron el conjunto de elementos que inciden en los resultados económicos del país. Aunque se dejó fuera del comunicado oficial, en una entrevista, Robert Rennhack (el encargado del equipo que evaluó a México), dijo que el problema de la inseguridad es un riesgo potencial, que ha funcionado como un freno al crecimiento. Sus palabras no solo fueron de advertencia sobre el futuro, sino también una admisión de que afecta el presente y ha afectado el pasado.
El gobierno le apostó a las reformas estructurales para crear el “Momento México”, un espejismo de fortaleza económica, que buscaba posicionar al país como tierra de oportunidades y que debería desatar inversiones en toda la economía. Sin embargo, el magro crecimiento económico de los primeros dos años, aunado a la percepción creciente de inseguridad, crimen, violencia e impunidad, han hecho que regresemos todos a la realidad. Ya no queda claro que los inversionistas extranjeros y nacionales se van a comprometer tan fácilmente con una situación tan compleja y potencialmente explosiva. Esto no necesariamente significa que ahora vamos en la dirección contraria; seguramente habrá crecimiento en México, pero con un potencial menor.
Ya vimos los efectos en el corto plazo en el turismo y en el comercio. En el puente, Acapulco tuvo una ocupación hotelera que apenas llegó al 50 por ciento, en vez de registrar niveles por encima de 90 por ciento en tiempos pasados. Aunque algunas autoridades estiman que las ventas del Buen Fin fueron buenas, otros anticipan que no tanto. Aun así, el comercio sigue mostrando mucha debilidad y se necesitará más que un buen Buen Fin para reactivarlo. Algunos analistas señalan que el crecimiento económico del año no llegará ni al 2 por ciento. ¿Será?