Desaceleración

La semana pasada comentamos que el crecimiento económico del primer trimestre del año, visto a través del PIB, fue de 2.1% respecto al último trimestre del año pasado y que refleja una franca desaceleración.  La tendencia cíclica del PIB sigue siendo positiva, pero cada vez su tasa de crecimiento es menor al trimestre anterior.  En términos matemáticos, la segunda derivada ha sido negativa en los últimos seis trimestres.

¿Dónde radica la desaceleración?  Podemos decir que básicamente en toda la economía, ya que los tres sectores principales mostraron una tasa menor este trimestre respecto al anterior.  El peor fue el sector primario, que comprende principalmente la agricultura, ya que registró una caída de 9.0% respecto al trimestre anterior.  Sin embargo, únicamente representa el 3.3% del PIB, por lo que su efecto en la tasa total sólo es marginal.  Además, es un sector que fluctúa mucho, por lo que el desempeño de un trimestre en realidad no nos dice mucho.  Por ejemplo, ha presentado tasas negativas en 20 de los últimos 40 trimestres (10 años), sin embargo, su tendencia es casi siempre positiva y creció en promedio 2.5% al año en la última década.

La respuesta está en los otros dos sectores: el secundario (industria) y el terciario (comercio y servicios).  Lo que observamos es que la actividad industrial viene desacelerándose desde mediados del año pasado y aunque todavía creció ligeramente más que el conjunto de comercio y servicios, el terciario muestra una tendencia relativamente estable.  El problema es que el secundario es el motor de crecimiento de la economía mexicana; si deja de crecer, eventualmente el terciario pierde fuerza y la actividad económica se estanca.

Si observamos los dos sectores, encontramos que el secundario es el más cíclico, el que más muestra altas y bajas, mientras que el terciario tiene un comportamiento similar al secundario pero con menos fluctuaciones.  No obstante, el comportamiento de la actividad industrial marca la pauta al resto de la economía; nuestra economía interna no puede caminar sola.

¿Qué motiva al sector secundario?  La actividad industrial comprende la manufactura, la construcción, la minería y la producción de electricidad, gas y agua.  De estos cuatro, la manufactura es la más importante ya que representa 57.2% del total.  Sigue en orden de importancia la construcción con 20.0% y la minería con 18.8%, por lo que lo demás sólo registra el 4.0% de la industria total.  Si examinamos hacia adentro de cada uno de los cuatro, podemos entender más de la estructura del país.

De entrada la parte más importante de la construcción es la edificación, ya que representa casi 65% del sector.  Su dinamismo depende no sólo de la demanda de vivienda en el país, sino también de la disponibilidad del crédito.  El problema fundamental es que el financiamiento de la banca comercial para la vivienda no llega ni siquiera a 3.0% del PIB.  Otro 27% proviene de las obras pesadas y de ingeniería civil, que consiste fundamentalmente de la inversión pública en infraestructura.  El nivel de la actividad de este último no es muy diferente a la que se observaba a mediados de 2009, por lo que su crecimiento ya sido casi nulo.  Estos dos subsectores representan el 66% de la inversión fija bruta del país, que es actualmente el indicador coyuntural más rezagado de la economía.  El resto de la construcción (alrededor del 8%) son trabajos especializados, que son básicamente reparaciones y obras menores de remodelación que consisten en trabajos con yeso y pintura (que no se consideran como inversión sin gasto corriente).

El sector petrolero representa el 86% de la minería mexicana.  El resto únicamente contribuye con menos de 3% al PIB.  Dado que la producción petrolera ha disminuido en los últimos años, no ha logrado inyectar dinamismo al PIB.  Debemos recordar que lo que se mide es el volumen de la producción física y no el comportamiento de los precios.

Lo que queda es la manufactura, que por lo mismo, debe explicar la mayor parte del dinamismo (o falta de) de la actividad económica.  Aquí lo más importante son las exportaciones no petroleras.  Hay que tomar en cuenta que la gran mayoría van a Estados Unidos (80.1%) y son fundamentalmente bienes manufacturados (84.3%).  El INEGI desglosa la actividad manufacturera en 21 sectores principales, de las cuales tres concentran casi la mitad: la industria alimenticia, la fabricación de equipo de transporte y la industria química.  Sin embargo, son dos los que dominan las exportaciones: transportes y comunicaciones (básicamente el automotriz) y Equipo y aparatos eléctricos y electrónicos, ambos con participaciones en las exportaciones de la industria manufacturera alrededor de 27% cada uno.

Estas cifras confirman el hecho de que el dinamismo de la economía mexicana no es muy extendido.  Si disminuye la demanda externa para dos sectores claves, el PIB en su conjunto empieza a perder fortaleza.  México ganó participación en el mercado automotriz de Estados Unidos, que fue la fuente clave de la recuperación de la economía a mediados de 2009.  Aquí influyó la demanda reprimida de los consumidores en Estados Unidos y la reorganización que vino en el sector a raíz del mal desempeño financiero de las empresas automotrices más grandes.  Esto no sólo permitió que la venta de coches en Estados Unidos creciera, sino también que México pudo satisfacer una parte mayor que antes.

El problema radica en que este dinamismo no puede perdurar por mucho tiempo más.  El efecto de la demanda reprimida es temporal y seguramente ya está por agotarse.  El aumento en la producción de vehículos para exportación a raíz de la reorganización del mercado nos da un aumento de una vez por todas.  Esto significa que en poco tiempo ya no veremos mucho crecimiento en nuestras exportaciones automotrices.

Al final de cuentas, la desaceleración de la actividad económica es resultado de la estructura misma de la economía mexicana.  Para inyectarle más dinamismo tendremos que ver cambios estructurales.

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