El Crecimiento Económico

El PIB es la medida más comprensiva de la actividad económica de un país y, por lo mismo, el mejor indicador de su comportamiento general y del tamaño en sí de la economía.  Como consecuencia, es el rey de los indicadores económicos, el más citado y el que mejor da una imagen de la marcha macroeconómica en el momento.  No obstante, su elaboración es compleja y requiere levantar mucha información a nivel nacional.  Por lo mismo, se elabora únicamente con una periodicidad trimestral.  El problema radica en que el análisis coyuntural necesita incorporar información mucho más oportuna.

Aunque el PIB se calcula cada tres meses mediante la incorporación de información que abarca la totalidad del producto del país, es fundamental subrayar el hecho de que su elaboración es a través de técnicas de muestreo y no de un censo.  La diferencia es que lo primero construye una aproximación al producto total mediante técnicas estadísticas, que con una alta probabilidad calculan una cifra muy confiable, mientras que lo segundo abarcaría el 100% de los establecimientos económicos y en teoría nos daría un número exacto.  Pero es muy costoso y tardado realizar censos para levantar toda la información.  Por lo mismo, se levanta un censo económico cada cinco años y se utiliza la información recabada para construir las mejores muestras posibles para el cálculo del PIB trimestral y para la mayoría de las encuestas que aplica el INEGI que versan sobre la actividad económica.  A partir de la misma información, se construyen encuestas similares pero con muestras más pequeñas que se pueden aplicar con mayor frecuencia, aunque se admite la posibilidad de menor exactitud.

Para mediar entre un indicador comprensivo de la actividad económica del país (el PIB) y la necesidad de contar con información más oportuna, el INEGI construye un indicador mensual con información preliminar y parcial, que utiliza el mismo esquema conceptual y metodológico de las cuentas nacionales del país, de tal forma que sus resultados presentan una alta correlación con los del PIB trimestral.  Por lo mismo, el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) constituye un excelente indicador del comportamiento del producto.

El INEGI ya dio a conocer la información del IGAE para los dos primeros meses del año: 5.86 y 4.66%, respectivamente.  Esto significa que el crecimiento del primer bimestre fue 5.26% (el promedio de los dos).  El 19 de mayo informará el crecimiento del PIB para el primer trimestre, que se espera que sea entre 4.9 y 5.2%, en especial porque la producción industrial creció 5.2% durante el periodo.  Con este resultado queda claro que la recuperación se ha consolidado y estamos iniciando una nueva etapa de expansión.  El nivel del PIB del cuarto trimestre de 2010 ya rebasó ligeramente el punto máximo observado antes de la recesión, por lo que el buen desempeño del primer trimestre nos lleva a un nuevo máximo histórico para la actividad económica

Aunque es de esperarse que el ritmo puede desacelerarse un poco en los siguientes trimestres, este resultado nos dice que será posible crecer este año más cerca al 5% que al 4% que se tenía proyectado hace algunos meses.  El consenso apunta a una desaceleración en 2012, sin embargo, hay que señalar que por lo regular el último año del sexenio siempre es el de mejor crecimiento.

Hasta ahora, el resultado positivo viene alimentado por un comportamiento excepcional en las exportaciones no petroleras, en especial de la industria automotriz, que no ha aflojado el paso desde que inició su recuperación a fines de 2009.  Una vez más vemos que el motor de crecimiento del país son las exportaciones, que sin su ayuda no puede crecer la economía interna.  ¿Podrá responder?

La clave radica en las respuestas del sector terciario (comercio y servicios), que todavía no ha mostrado el mismo dinamismo que la producción manufacturera; la inversión fija bruta, que ha quedado muy rezagado ante la recuperación, en especial por el estancamiento de la construcción; en la expansión del crédito de la banca comercial, que es de las más bajas de toda América Latina; y el sector agrícola, cuyo comportamiento es impredecible ante los cambios climáticos constantes.

De estos factores, posiblemente el más difícil de resolver es la poca penetración crediticia de la banca comercial, ya que obedece a una falla estructural de la economía mexicana: el riesgo sistémico y elevado en el proceso del otorgamiento de crédito, que proviene de la debilidad del marco jurídico y de las instituciones del país.  La falta de respuesta del sector terciario obedece en parte a esta debilidad crediticia, en especial las pequeñas y medianas empresas que no se dedican a la actividad exportadora.  El estancamiento en la industria de la edificación también se ha visto afectado por problemas de financiamiento.

A pesar de estas limitaciones, parece ser que la última mitad del sexenio podrá alcanzar un crecimiento promedio de 5.0%, después de haberse registrado -0.44% anual en el periodo 2007-2009.  De ser así, se alcanzaría un promedio de 2.3% para todo el sexenio, un par de puntos decimales por arriba del desempeño del sexenio anterior.

 

 

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