El Dilema de Venezuela

Este artículo lo escribí en septiembre de 2007.

A manera de chiste, se cuenta que Venezuela realmente no es un país, sino una empresa petrolera con problemas sociales.  Sin lugar a dudas, es el país más petrolizado del hemisferio, ya que el petróleo representa alrededor de 80 por ciento de las exportaciones y más de 50 por ciento de los ingresos del gobierno.  Los ciclos económicos se explican prácticamente en su totalidad a través del precio del petróleo: cuando es elevado, la economía está en expansión y cuando es bajo, entra en recesión.

En diciembre del año pasado, Hugo Chávez ganó la elección presidencial para un nuevo período de 6 años, con una ventaja de 23 por ciento sobre su contrincante, Manuel Rosales.  La actividad económica tiene 3 años de crecimiento acelerado y la tasa de desempleo es casi la mitad de lo que fue hace 5 años.  Han aumentado significativamente los salarios y han incrementado los programas sociales.  El gobierno bajó el Impuesto al Valor Agregado (IVA) de 14 a 9 por ciento a mediados de año y ha disminuido la carga de deuda externa de largo plazo de 37 a 17 por ciento del PIB en los últimos tres años.  La balanza comercial arrojó un superávit de 33 mil millones de dólares el año pasado y la cuenta corriente registró un saldo favorable de más de 15 por ciento del PIB.  Las reservas internacionales llegaron a 37.4 mil millones de dólares a finales del año pasado, un máximo histórico para el país.

Las buenas cifras económicas y la popularidad del Presidente Chávez, se deben al elevado precio del barril de petróleo en los mercados internacionales.  Muchos piensan que Chávez no hubiera podido mantener tanto poder si no fuera por lo mismo.  Sin lugar a duda, la marcha de la economía se explica por el entorno económico.  Sin embargo, no todo está bien y es previsible que la situación actual no podrá mantenerse intacto por mucho tiempo.

La economía creció 8.8 por ciento en la primera mitad del año.  Sin embargo, es menos de lo que fue el año pasado y prevalece una tendencia de desaceleración.  Inclusive, por primera vez en 13 trimestres, el PIB disminuyó en 0.5 por ciento en el primer trimestre respecto al periodo anterior en términos ajustados por la estacionalidad.  Uno de los motivos es que la producción petrolero ha disminuido.  Sin embargo, se prevé que el ritmo de crecimiento no es sostenible porque no ha sido acompañado por un incremento en la inversión.  La formación neta de capital permanece en 19 por ciento del PIB, a pesar de que la economía creció en un promedio de 13 por ciento anual en los últimos 3 años.  Hasta ahora, el PIB ha crecido en forma acelerada sin mayor inversión, dado que existe una economía de consumo soportado por los altos ingresos del petróleo.

Las importaciones crecieron más de 42 por ciento en los primeros 3 meses del año, arriba de 10 puntos porcentuales más que en el mismo periodo del año anterior.  En cambio, las exportaciones disminuyeron en línea con la tendencia que prevalece desde 2006.  El consumo público ha desacelerado de 7.4 por ciento en 2006 a 4.5 por ciento en el primer trimestre del año.  Sin embargo, el consumo privado crece a razón de 19 por ciento anual, producto de las políticas expansivas del gobierno, como salarios más elevados, controles de precios y subsidios públicos.

Uno de los problemas es la inflación, que había llegado casi a 20 por ciento a mediados de año, casi lo doble de hace apenas doce meses.  El incremento se explica a través de alzas en los precios de alimentos, que representan 23 por ciento del índice de precios.  El crecimiento acelerado de la demanda agregada presiona los precios y los que más han aumentado son los de los restaurantes y equipo para los hogares.  También ha contribuido a esta presión la depreciación del tipo de cambio paralelo, que es prácticamente el doble de la paridad oficial.

Las medidas principales para controlar la inflación han sido el control de precios y la mayor importación de bienes que están sujeto al control.  Pero aún así la inflación iba en aumento y amenazaba en terminar el año por encima de 20 por ciento.  Por lo mismo, el gobierno anunció una disminución en el IVA de 5 puntos porcentuales, que se aplicó en dos fases (marzo y julio), aprovechando una posición fiscal relativamente favorable.  Con esta medida, la inflación disminuyó a 15.9 por ciento.  Sin embargo, esta medida tiene un efecto de una vez por todas en los precios y no servirá para revertir la tendencia alcista más adelante.

Ahora el gobierno ha decidido lanzar una nueva moneda, el “Bolívar Fuerte”, que remplazará el bolívar a razón de mil por uno.  Oficialmente se dice que es una medida antiinflacionaria, pero no es parte de una verdadera política de estabilización.  Hemos de recordar la reforma monetaria mexicana fue similar y el efecto fue neutral.  Por más que quiera vender la medida como una política para abatir la inflación, debemos considerarla no como una medida de política económica, sino de política política.  En el fondo, Chávez quiere una nueva Constitución, que entraría en vigor el mismo día (primero de enero de 2008) que la nueva moneda.

Si el gobierno no modifica las políticas existentes que alimentan la inflación, éste no cederá y seguirá en aumento en el futuro inmediato.  Lo que explica la aceleración en el aumento de precios es el crecimiento acelerado de la demanda agregada, producto de la política salarial y los programas asistencialistas del gobierno.  Lo más seguro es que estos permanecerán mientras los precios del petróleo sigan elevados.  Sin embargo, la política cambiaria de un tipo de cambio fijo seguirá acumulando un desequilibrio potencialmente explosivo.  Entre más tiempo dure la política económica actual, más grande será la crisis futura producto de una corrección eventual.

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