El Impacto de las Reformas

Hace como año y medio surgió en los medios internacionales la idea de que México era uno de los países emergentes que más prometía en términos de crecimiento económico y potencial de desarrollo. Como ya es conocido, se bautizó como el “momento México”. No obstante, con el paso del tiempo y ante los resultados tan negativos del 2013, enfrentó una oleada de críticas hasta que el concepto desvaneció. La economía mexicana entró en un estancamiento, al borde de una posible recesión, a causa de múltiples factores tanto externos como internos. Muy arriba en la lista de las causas, se ubicó primero el proceso de consolidación fiscal y después el subejercicio del gasto público, que condujo a una disminución significativa en la inversión pública. Si bien, no podemos culpar totalmente al gobierno, el mal manejo de la política fiscal contribuyó al mal desempeño económico.

Parece ser que el gobierno se olvidó del corto plazo, para enfocarse en la aprobación de las famosas reformas que le darían a la economía lo que tanto ha faltado en las últimas décadas: la habilidad de crecer más y en forma sostenida. Pero de paso, consiguió que una de las reformas fuera inmensamente impopular, con claros efectos recesivos y de merma del poder adquisitivo. El desplome en la confianza del consumidor en enero fue una clara y directa repercusión de esta reforma recaudatoria, cuyo efecto sobre la actividad económica en 2014 solo podrá ser negativa. La última encuesta de BGC muestra que el porcentaje de personas que están en desacuerdo con la manera en que está gobernando el presidente (61 por ciento) representa la mayoría por primera vez en los últimos cuatro sexenios. El disgusto interno difícilmente podría ser peor.

Sin embargo, la visión externa es otra; el “momento México” ya está de regreso. Los ejemplos abundan: Moody’s subió nuestra calificación a “A3”; la revista Banker’s piensa que nuestro Secretario de Hacienda es el mejor del mundo; la revista Time consagra a nuestro presidente en su portada casi como el nuevo Mesías. En todos los casos, la razón fundamental es la aprobación de las diez reformas estructurales, que era la recomendación de la OCDE, el FMI, el Banco Mundial y quién sabe que otras instituciones, para que México pudiera crecer más. Pues, ¿qué tanto más vamos ahora a crecer?

Si examinamos las proyecciones de crecimiento económico de todas las encuestas de expectativas, la respuesta es contundente: no mucho. El principal punto de comparación es la estimación realizada por la SHCP del crecimiento “inercial”, es decir, lo que piensa que hubiera sido el crecimiento sin la aprobación de las reformas. El promedio de los siguientes seis años es 3.6 por ciento; en 2014 sería 3.5 y en 2015 3.8, para después disminuir un decimal cada año hasta llegar a 3.5 por ciento en 2018 y 2019.

Empecemos con el FMI, uno de las instituciones internacionales con más economistas dedicados a estudiar las perspectivas macroeconómicas de los países en función de sus políticas. Su estimación para 2014 y 2015, respectivamente, es de 3.0 y 3.5 por ciento, es decir, por debajo del crecimiento inercial. Implícitamente, el FMI nos dice que tendremos menos crecimiento a raíz de las reformas. La última encuesta de expectativas de Banamex, que pide proyecciones a las instituciones financieras que mayor prestigio y que tiene que ser de las más actualizadas (se lleva a cabo cada 15 días), anticipa 3.4 y 3.9 por ciento, que es igual al promedio inercial para estos dos años. Al final de cuentas, todas las encuestas señalan lo mismo. El consenso de los consensos, que es el promedio de ocho encuestas e instituciones (IMEF, FMI, Banco Mundial, LatinFocus, Consensus Economics, EMED, Banxico y Banamex) arroja crecimiento de 3.4 para 2014 y 3.8 por ciento para 2015.

Las propias estimaciones del Banco de México (punto medio de su intervalo) señalan 3.5 y 3.7 por ciento de crecimiento, aunque aclara que no incluye el efecto de las reformas. Pero, ¿por qué? Ya se aprobaron y no se puede suponer que no van a existir, por más que faltan las leyes secundarias de algunas. Ante la pregunta directa, me respondieron que no saben cómo estimar sus efectos, que son muy inciertas e intangibles. Al final de cuentas, parece ser que nadie realmente sabe si vamos a crecer más o no gracias a las reformas.

El organismo “México ¿cómo vamos?” tiene un excelente semáforo para medir el desempeño económico del país. Para registrar “verde” en crecimiento, necesitamos 6 a 7 por ciento consistente. Creo que vamos a necesitar más y mejores reformas.

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