Empatía

Empatía es “la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otro ser puede sentir”, es decir, “la capacidad de ponerse a uno mismo en la posición de otro y así sentir lo mismo que siente ese individuo”. También se define como “la intención de comprender los sentimientos y emociones, intentando experimentar de forma objetiva y racional lo que siente otro individuo”. La empatía “hace que las personas se ayuden entre sí. Está estrechamente relacionada con el altruismo – el amor y preocupación por los demás – y la capacidad de ayudar”. Es “cuando un individuo consigue sentir el dolor o el sufrimiento de los demás poniéndose en su lugar, despierta el deseo de ayudar y actuar siguiendo los principios morales.” Por último, “la capacidad de ponerse en el lugar del otro, que se desarrolla a través de la empatía, ayuda a comprender mejor el comportamiento en determinadas circunstancias y la forma como el otro toma las decisiones.” Para mí, es uno de los valores más nobles e importantes del ser humano. Si todos fuéramos personas empáticas, tendríamos menos guerras, menos crimen, menos desigualdad y hasta menos pobreza. Tan fácil, que habría una mejor convivencia entre todos.

En momentos de graves desastres naturales, como fueron los temblores de septiembre del año pasado, la solidaridad instantánea que vimos brotar en todos los voluntarios que buscaron rescatar vidas entre los escombros, reunir víveres para los damnificados y colaborar con largas horas de trabajo para ayudar a los demás, es cuando más sale a relucir la empatía que tenemos dentro de nosotros. Sin embargo, es una lástima que no sea un valor permanente que tengamos todos en la cabeza cada día de nuestras vidas y solo sale a fulgurar en algunos cuando aparece una situación inusitada.

La caravana migratoria es un caso por relucir. Mientras vemos muchos recolectando víveres, medicinas, cobijas y agua para distribuir a lo largo de la marcha, vemos otros solicitando al gobierno una política solidaria y humanitaria. Estas personas tienen empatía, quieren ayudar porque hacen suyo la frustración de vivir en condiciones insoportables. Sin embargo, al mismo tiempo vemos personas expresar su antipatía, cuestionar a los participantes su derecho a huir situaciones de pobreza y violencia y exigir que cerremos nuestras fronteras al estilo de Trump. Personas que manifiestan su desacuerdo en aceptar gente desconocida, que dicen que solo nos van a robar y desplazar de nuestras zonas de confort. Los últimos son personas que les falta empatía y que seguramente son los mismos que odian a los LGBT, que no simpatizan con los derechos humanos y que cuestionan las creencias ajenas.

La empatía también es algo que nos lleva a luchar para que el salario mínimo sea ya un salario digno. Imaginemos tener un trabajo cuyo pago no es suficiente para comer lo mínimo necesario para sobrevivir. Imaginemos gastar más de la mitad de lo que ganamos cada día en un transporte lento e ineficiente, posiblemente viajando dos o tres horas de ida al trabajo y otro tiempo igual de regreso y que lo que queda no alcanza para alimentar bien a nuestra familia. Muchos dicen que no deberíamos aumentar el salario mínimo ya que se dejaran de generar empleos. Pues yo pienso que un empleo que no paga lo suficiente como para alimentarse, no es un empleo digno de existir.

También necesitamos desarrollar más empatía hacia la población más pobre de nuestro país, que son vulnerables por gasto, por ingreso y por carencias sociales. Viven al día, por lo que cualquier gasto extraordinario los termina por hundir. No tienen acceso a servicios médicos adecuados, a una vivienda digna, a una alimentación balanceada y mucho menos a un esparcimiento mínimo diario que merece cualquier ser humano. Viven en una situación de violencia diaria, pero casi siempre sin la tragedia llamativa de un desastre natural que nos vuelve empáticos hacia ellos por unos días. Ellos necesitan nuestra comprensión y apoyo diario y no solo de vez en cuando.

Sí, soy de aquellos que no comulgo en absolutamente nada con Trump. Para mí, representa odio, racismo y tiene mentalidad misógina. Es presuntuoso, grosero, violento y chauvinista. No solamente es antipático, sino que expresa antipatía hacia todo ser humano que no lo glorifica y piensa como él. Pero, sobre todo, es la persona menos empática que conozco.

¿Y tú qué opinas?