Socialismo del Siglo XXI

Este artículo lo escribí en enero de 2008.

Después de una crisis severa en 2002 y 2003, el Presidente Hugo Chávez ha logrado que la economía venezolana crezca más de 11 por ciento anual promedio en los últimos cuatro años.  Sin embargo, es muy difícil que lo que ha sido el mejor desempeño de toda América Latina, pueda seguir igual por mucho tiempo más.

Al llegar al Aeropuerto Internacional Maiquetía Simón Bolívar de Caracas, el agente de inmigración me pidió mi pasaporte y preguntó si tenía moneda local.  Al decir que no, me dijo que para entrar al país, necesitaba tener por lo menos 100 dólares en bolívares.  De inmediato me ofreció vendérmelos al tipo de cambio oficial de 2.15 bolívares fuertes por dólar.  Sin embargo, no me podía dar un recibo, ya que la venta era un favor que él me hacía.  Al salir de la aduana, se me acercó un maletero y ofreció venderme bolívares a 4.0 por dólar.  En lo que salí de la terminal, obtuve ofrecimientos de por lo menos 10 personas a un precio que variaba entre 4 y 5 bolívares.

Tomé el taxi del aeropuerto a la ciudad, un viaje de aproximadamente una hora, que me costó 150 bolívares fuertes.  El taxista me dijo que podía obtener un tipo de cambio más favorable en algunas tiendas, que pudiera llegar posiblemente a 5.5 o más.  El tipo de cambio oficial de 2.15 aplica únicamente para las importaciones y exportaciones y algunas transacciones autorizadas.  Por ejemplo, cada venezolano tiene derecho a 5 mil dólares para viajar y a 3 mil dólares para comprar vía Internet.  Todo lo demás se canaliza a través del mercado paralelo y dado que existe control de cambios, el diferencial entre ambos tipos se ha disparado.

Esto ha dado pie a un sinnúmero de transacciones lucrativas, aunque no legales, de hacerse de mucho dinero.  Prácticamente todos tienen su anécdota de cómo se puede lucrar, ya sea a escala menor como los agentes de inmigración y los maleteros del aeropuerto, o a gran escala como muchos de los importadores, empresarios y demás, que tienen mucha imaginación.  Pero no es únicamente en las transacciones cambiarias.  Dado que existe control de precios, se da una situación similar en la comercialización de los productos regulados.

Los buenos negocios tampoco se limitan a la economía informal o a las transacciones ilegales que burlan los controles de precios.  La economía en general crece a tasas aceleradas, ya que tanto personas como empresas realizan negocios jugosos y consumen prácticamente todo lo que pueden.  La Banca reportó una ganancia histórica de 2.122 mil millones de dólares.  Las empresas multinacionales registran un máximo histórico cada año.  Las pocas empresas que producen no se dan abasto y año con año ganan más.

El ambiente económico se asemeja a una gran fiesta.  Todos bailan, comen y toman con una energía que no parece acabar.  Todos saben que al terminar la fiesta tendrán una gran cruda, como ha pasado muchas veces antes.  Pero aunque saben que esta vez la cruda posiblemente sea la peor, no dejan de consumir y de aprovechar la música.  Consumen todo lo que pueden, precisamente porque saben que al rato terminará la fiesta y ya no lo podrán hacer.  Saben que la inflación aumentará y que tarde o temprano vendrá un ajuste cambiario.  Por lo mismo, compran todo lo que pueden.  Los empresarios tienen garantizados seis meses o más de insumos.  Existe lista de espera para comprar un automóvil (al no ser que se pague un sobreprecio).

La inflación terminó en 22 por ciento en 2007.  No fue más, dado que el gobierno redujo la tasa del Impuesto al Valor Agregado de 14 a 9 por ciento y prohíbe que suban los precios de la mayoría de los bienes de la canasta básica.  Actualmente 149 alimentos terminados tienen precios regulados al consumidor; 15 rubros e insumos están controlados en toda su cadena productiva, así como 60 servicios relacionados con el cultivo de arroz, maíz, sorgo y caña de azúcar.  El problema es que nadie se dedica a producir estos bienes, ya que los márgenes no son atractivos para el negocio.  Esto significa que el gobierno los tiene que importar (a precios mayores) y subsidiar al consumidor final.  Esto ha provocado escasez en forma creciente y cada vez en más productos.

Algunas tiendas en zonas alejadas a los grandes centros urbanos reportan escasez en casi 50 por ciento de sus productos.  Cada vez más, es difícil conseguir suficiente leche, azúcar, maíz, carne, arroz y aceite comestible.  La lista crece con el tiempo y ya muchas personas lo ven como el problema número uno del país, por encima de la inseguridad, que lo había sido por mucho tiempo.  Hasta los seguidores de Chávez dicen que pueden aguantar la inflación, pero no la escasez.

El gobierno está por anunciar una nueva política antiinflacionaria, que buscará bajar la inflación a 11 por ciento a finales de 2008.  Parece que va a reducir el número de bienes bajo el control de precios y a aumentar el subsidio en productos clave como la carne y la leche.  También va a disminuir la cantidad de transacciones que uno puede realizar vía Internet a 400 dólares por persona al año.  Parece ser que se buscará fomentar la producción de bienes a través de más subsidios e incentivos especiales, ya que el gobierno ve el problema de la inflación como la falta de oferta.

Una parte importante de la inflación se explica a través de la política salarial del gobierno, que ha buscado que los aumentos siempre sean por encima de la inflación.  Esto ha creado un círculo vicioso de inflación, aumentos salariales, controles de precios, subsidios, inflación que pudiera agudizarse ante la necesidad de un ajuste cambiario.  Por lo mismo, pocos piensan que la política del gobierno funcionará.  Los más optimistas ven la inflación este año en 30 por ciento, siempre y cuando no haya un ajuste en el tipo de cambio.

El problema es que la escasez de productos, la mayor inflación y la eventual corrección cambiaria, perjudica siempre al que menos tiene, al que más se quiere proteger con estas políticas.  ¿Este es el socialismo del siglo XXI?

¿Y tú qué opinas?