Una Última Reflexión

Como prácticamente todos saben, a partir de la semana pasada empecé un nuevo trabajo como miembro de la Junta de Gobierno del Banco de México. Aunque seguiré analizando día a día la evolución de la economía mexicana, algo que he hecho a lo largo de toda mi vida profesional, para mí es un cambio radical. De entrada, las responsabilidades son muy distintas. En mi vida anterior, analizaba la coyuntura y las perspectivas económicas para informar al público y ayudar a que todos entendiéramos lo que pasaba. En especial, le daba importancia explicarles a los no tan iniciados lo que ocurría y lo que pudiera suceder. Siempre traté de ser balanceado, en el sentido de alzar la mano cuando las cosas no iban tan bien, pero también señalar lo positivo. A veces fallaba, pero sin grandes consecuencias. Admito que era un trabajo muy divertido.

Actualmente, pudiera ser que, en esencia, mi trabajo o análisis no va cambiar. Sin embargo, ahora primero va dirigido a un proceso de toma de decisiones de gran envergadura, mientras que el informar al público tendrá que ser en un segundo plano. Me queda claro que lo que digo ahora y en adelante tendrá mayores repercusiones. Esta reflexión me lleva a detener temporalmente la publicación de esta columna, no con la idea de dejar de escribir, sino más bien para darme espacio para absorber las dimensiones de mis nuevas funciones. Por lo pronto, esta es mi última columna, aunque espero retomarla en un futuro nada lejano.

Aprovecho el momento para una importante reflexión. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía, conocido por todos como INEGI, es una de las instituciones más importantes del país. Tiene la responsabilidad de recopilar toda la información estadística necesaria para construir los indicadores económicos primordiales, que son la base del análisis cotidiano de nuestro acontecer. Sin esta información no entenderíamos lo que pasó, lo que pasa y lo que pudiera pasar. No tendríamos fundamentos para la política pública ni para la toma de decisiones como consumidores o empresarios. Como siempre ha dicho Coneval, “lo que se mide se puede mejorar.”

Aunque hubo muchos esfuerzos por crear estadísticas en el país desde principios del siglo XIX, realmente la sistematización de la actividad estadística oficial nace con la creación de la Dirección General de Estadística (DGE) en 1882. Cien años después, en 1983, nace el INEGI, absorbiendo la DGE, para encargarse de todas las estadísticas nacionales. Con la promulgación de una nueva  Ley del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (LSNIEG) en 2008, el INEGI cambió su personalidad jurídica, adquiriendo autonomía técnica y de gestión. Ahora, el objetivo prioritario del INEGI es “lograr que el Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica (SNIEG) suministre a la sociedad y al Estado información de calidad, pertinente, veraz y oportuna, a efecto de coadyuvar al desarrollo nacional, bajo los principios de accesibilidad, transparencia, objetividad e independencia.”

Yo vi al INEGI nacer y crecer hasta convertirse en la gran institución que es ahora. He visto con el paso del tiempo, no solamente la introducción de nuevos y mejores indicadores, sino un esfuerzo constante por mejorar, transparentar y comunicar lo que hace. Pocas instituciones han sido tan abiertas a la crítica constructiva, algo que ha visto siempre como “asesoría gratuita”. Como sociedad, como funcionarios públicos, como analistas independientes, como consumidores de información estadística, tenemos la obligación de exigir y de apoyar al INEGI para que siga en esta misma ruta. Del INEGI depende que podamos tomar las mejores decisiones posibles para el bien del país.

Creo fielmente en la política de austeridad como norma permanente del gobierno federal. Trabajamos con recursos públicos y es nuestra responsabilidad de utilizarlos de la mejor forma posible. Tenemos la obligación de aumentar la eficacia y eficiencia del gasto público. ¿Pero cómo sabremos si hemos hecho buen trabajo si no le dejamos al INEGI hacer su trabajo? Recortar encuestas y eliminar información primordial no es la respuesta.

¿Y tú qué opinas?