Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El Consumo de los Hogares

Noviembre 14th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (1 Comments)

Justo un día antes de que empezara la cuarta edición del ya famoso “Buen Fin”, el INEGI dio a conocer las cifras relacionadas al consumo privado en el mercado interior para agosto. La noticia no fue del todo positivo, ya que disminuyó el consumo -0.28 por ciento respecto a julio, mientras que la tasa anual se redujo a 1.3 por ciento de 2.5 por ciento en el mes anterior. También se reporta una tendencia que, aunque todavía positiva, muestra una desaceleración importante desde marzo; en agosto avanza a un ritmo mensual de apenas 0.1 por ciento. Ante la noticia, Banamex dijo que se confirma “que la recuperación del consumo perdió impulso en los últimos meses”.
No hay duda de que el consumo permanece débil. De hecho, la serie de tendencia-ciclo del INEGI avanzaba a un ritmo promedio mensual de 0.41 por ciento en el primer trimestre; disminuye a 0.22 por ciento en el segundo y ahora avanza 0.09 por ciento en lo que va del tercero. Hemos visto un deterioro marcado en el ingreso personal disponible desde hace varios años. Primero, por una inflación relevante mayor al salario medio; segundo, ante la generación de empleos con salarios más bajos de los que se perdieron hace algunos años en la gran recesión; y tercero, a raíz de la Reforma Hacendaria que aumentó impuestos y limitó el otorgamiento de prestaciones. En adición a la merma observada en los ingresos, las familias se encuentran ahora más endeudados, lo que limita sus posibilidades de consumir bienes y servicios. Al final de cuentas, hemos visto que todos estos factores han contribuido a una disminución en la confianza del consumidor, que se ubica en niveles de mucho pesimismo.
Las cifras merecen un análisis más detenido para tratar de determinar si realmente estamos ante un nuevo deterioro del consumo, o bien, simplemente se mantiene el patrón de un consumo que avanza a pasos muy lentos. Lo primero que tenemos que considerar es que la serie original del consumo privado (como prácticamente en cualquier indicador) contiene una distorsión por los efectos de calendario. En el caso del consumo, si tomamos el valor absoluto de las diferencias entre la serie original y la corregida por los efectos, entre enero de 2010 y agosto de 2014 observamos un promedio mensual de 0.87 puntos porcentuales, es decir, casi un punto porcentual de diferencia cada mes.
En el caso de agosto, la diferencia fue de 0.97 puntos porcentuales, ya que la serie original muestra un crecimiento anual de 1.28 por ciento y la corregida una tasa de 2.25 por ciento. Esta última señala que la tasa anual de agosto (redondeado a un punto decimal es apenas 0.1 puntos porcentuales menor al promedio observado en los últimos seis meses, mientras que se ubica 0.4 puntos porcentuales por encima del promedio observado en los primeros ocho meses del año. Sin embargo, si tomamos el promedio del avance mensual (de la serie ajustada por estacionalidad), encontramos que la tasa anualizada es de 3.4 por ciento.
En conclusión, podemos decir que el consumo de los hogares avanza, pero a un ritmo todavía lento. Las cifras del ANTAD de octubre muestran una mejoría en relación a los meses anteriores, pero todavía permanecen débiles. El Buen Fin dará un respiro temporal, pero no promete ser punto de inflexión. Lo que si queda claro es que las exportaciones muestran un mayor dinamismo y la inversión privada empieza a responder, mientras que el consumo privado contribuye muy poco y el gasto público permanece en terreno negativo.
El próximo viernes (21 de noviembre) conoceremos el crecimiento del IGAE para septiembre y el PIB para el tercer trimestre. Anticipamos una tasa positiva para el PIB, pero menor a la observada en el segundo trimestre. El próximo miércoles sabremos si el Banco de México modificará su proyección de crecimiento del año, que hasta ahora lo mantiene entre 2.0 y 2.8 por ciento (punto medio 2.4 por ciento). Con la información que contamos hasta ahora, es factible que modifiquen su rango ligeramente hacia abajo, posiblemente en un par de puntos decimales.

Las exportaciones del sector automotriz han crecido en promedio a tasas de dos dígitos desde fines de 2009. Sin embargo, el resto de las exportaciones manufactureras perdieron su dinamismo al empezar 2013 y en 20 meses tuvieron un crecimiento anual promedio de tan solo 2.3 por ciento. El resultado fue que por casi dos años, las exportaciones no petroleras crecieron a una tasa anual promedio inferior a 5 por ciento, insuficiente para inyectar dinamismo a la economía interna. La buena noticia es que en septiembre 2014 tanto las automotrices como el resto de las manufactureras crecieron con tasas de dos dígitos por primera vez desde octubre de 2012. La AMIA reportó que las exportaciones de automóviles rebasaron 257 mil en el mes, para que las exportaciones del sector registraran 10.3 por ciento más que hace un año. Ahora también respondieron el resto de las manufacturas con una tasa de 11.7 por ciento. En el pasado, hemos visto que cuando las no petroleras crecen a estas tasas, la economía interna se dinamiza.
Sabemos que el consumo de los hogares se encuentra estancada ante las limitaciones que enfrenta el ingreso personal disponible, por lo que seguramente será el último componente de la demanda agregada en crecer a tasas mayores. Esto deja a la inversión fija bruta (IFB) como el elemento que necesita contagiarse primero del dinamismo de las exportaciones. Aunque la información es más atrasada, el INEGI reportó el lunes que creció 0.4 por ciento en agosto, el quinto mes consecutivo con un avance positivo, para ya alcanzar una tasa de 4.3 por ciento superior al mismo mes del año anterior. Aunque todavía no es la tasa elevada que caracteriza a la IFB en tiempos de mayor actividad económica, por lo menos ya vemos un sólido regreso a terrenos positivos.
Uno de los elementos de la IFB que empieza a responder muy bien es la adquisición de equipo de transporte nacional, que alcanzó una tasa anual de 9.0 por ciento en agosto. El contraste con la compra de equipo de transporte importado es muy notorio, ya que éste último disminuyó -0.7 por ciento respecto al nivel que tenía en el mismo mes del año anterior. De hecho, el de transporte nacional es el elemento más dinámico de toda la IFB, ya que su nivel es de 162.4 (62.4 por ciento superior al promedio de 2008), mientras que el de transporte importado es el menos con su nivel de 77.6 (-22.4 por ciento por debajo del promedio de 2008). En general, el equipo de transporte representa el 8.2 por ciento del total de la IFB del país, siendo la importada ligeramente más importante (51.1 por ciento) que la nacional. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la nacional respecto a la importada, nos hace pensar que en la siguiente actualización de ponderadores, esta relación se volteará.
Cuando observamos la adquisición de maquinaria y equipo distinto al transporte, encontramos que la relación es al revés. La compra de maquinaria importada crece ahora a un ritmo de 7.5 por ciento anual, mientras que la nacional apenas registró un avance de 0.4 por ciento anual. La maquinaria y equipo distinto al de transporte representa 23.6 por ciento del total de la IFB, mientras que la importada representa 76.3% de toda la maquinaria. En general, la compra de maquinaria y equipo total (tanto de transporte como lo demás y tanto nacional como importada) equivale al 31.8 por ciento de toda la IFB.
Esto significa que el resto de la IFB (el 68.2 por ciento) es construcción. Dentro de la construcción, 45.6 por ciento es residencial y 54.4 por ciento no residencial. La buena noticia es la construcción residencial ya se ubica 8.0 por ciento por encima de su nivel de hace un año. La mala es que a pesar de la buena recuperación, todavía se ubica -7.3 por ciento por debajo de su nivel promedio de 2008. La no residencial permanece estancada, pues es donde radica la mayor parte de las obras de ingeniería civil identificada con la inversión pública. La no residencial se ubica en -0.1 por ciento por debajo de su nivel de hace un año y -1.5 por ciento menor al nivel promedio observado en 2008.
En conclusión, podemos decir que la IFB empieza a mostrar señales de recuperación. Sin embargo, cuando realizamos un análisis más detallado de sus componentes, encontramos un comportamiento todavía heterogéneo. Por un lado, va muy bien la recuperación de la construcción residencial, la adquisición de equipo de transporte nacional y la compra de maquinaria importada. Pero por el otro lado, sigue muy mal la construcción no residencial, la compra de equipo de transporte importada y la adquisición de maquinaria nacional.

Tropiezo

Octubre 29th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

En los últimos meses hemos visto muchos indicadores que señalan que la economía ha mejorado, después de un largo periodo (22 meses) de un estancamiento inusual. Las exportaciones no petroleras, en especial las del sector automotriz, han retomado su papel del motor de crecimiento principal de la actividad económica; la inversión privada empieza a crecer, mientras que el consumo privado ha mostrado señales de cierta mejoría. El gran ausente ha sido el gasto público, en especial la inversión pública, que afortunadamente no ha frenado demasiado al resto de la economía. El escenario apunta a que es posible alcanzar un crecimiento anual de 3 por ciento en la segunda mitad del año, que aunado al 1.7 por ciento de la primera mitad, nos daría un incremento alrededor de 2.4 por ciento para el año (el consenso).
Aun así, tenemos que reconocer que no es una tasa muy dinámica que digamos y todavía se ubica muy por debajo de lo que el gobierno nos prometió al inicio del sexenio. En especial, sale a relucir la debilidad del consumo de los hogares, que se ha visto muy afectado por una merma en su poder adquisitivo. Según los registros del IMSS, se perdieron alrededor de 700 mil empleos en la gran recesión de 2008-2009, que se recuperaron (con creces) en los siguientes años. Sin embargo, la mayoría de los empleos perdidos fueron de ingresos de cinco mil pesos o más, mientras que los que se han recuperado han sido mayoritariamente menores a tres mil pesos. Aunado a la disminución en los salarios, hubo una pérdida en el poder adquisitivo para los hogares de menores ingresos al medirlo vía el subíndice de precios de alimentos. También hubo una pérdida en el ingreso personal disponible de los hogares con mayores ingresos como consecuencia de la reforma hacendaria. Si a estos factores le agregamos un nivel de confianza muy baja y cierto sobreendeudamiento de las familias, nos encontramos con una situación precoz en la mayoría de los hogares, que explica el débil desarrollo del consumo. No obstante, la economía presenta signos de mejoría, por lo que se espera que se mantengan las tendencias positivas en la mayoría de los indicadores.
El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) presentó una tasa de crecimiento de 0.33 por ciento en el primer mes del tercer trimestre (julio), que anualizada representa un avance de 4.04 por ciento, mientras que la tasa anual (respecto al mismo mes del año anterior) fue 2.5 por ciento. El buen comienzo del trimestre nos hizo pensar que en los tres trimestres podríamos observar ya un sólido avance. Sin embargo, hace unas semanas recibimos la noticia de que la industria manufacturera retrocedió -0.31 por ciento en agosto respecto a julio, por lo que ya anticipábamos que el mes no sería tan bueno como el anterior. Parte de la disminución se debió a una comparación desfavorable en el número de días laborales, ya que comparamos la tasa anual de 1.39 por ciento con la serie corregida por efectos de calendario, nos encontramos que aumentó 2.56 por ciento. Pero aun así, el desempeño de la manufactura en agosto no parecía ser un tropiezo importante, sino simplemente muestra de cierta varianza dentro de una tendencia positiva. Por lo tanto, la expectativa de agosto en su conjunto era de crecimiento positivo, aunque menor al del mes anterior.
No obstante, el INEGI reportó que el IGAE de agosto también fue negativa (-0.17 por ciento), como consecuencia de una caída (-0.24 por ciento) en las actividades terciarias (que son comercio y servicios). Esto significa que se ve difícil llegar a una tasa superior al 2.0 por ciento anual en el tercer trimestre. Esto obliga a una expansión mayor en el último trimestre de una tasa anual de 4.0 por ciento o más, para llegar a la tasa de 2.4 por ciento en 2014. El resultado parece representar un serio tropiezo para la recuperación anunciada.
Las buenas noticias son que las exportaciones no petroleras de septiembre señalan que las actividades secundarias deberían reportar muy buenas cifras en el último mes del tercer trimestre, ya que alcanzaron una tasa anual de 11.6 por ciento, la más elevada desde octubre de 2010. Confirma la hipótesis de que el tropiezo que registró la manufactura en agosto fue más bien una excepción y no un cambio de tendencia. Si las exportaciones no petroleras muestran crecimiento sostenido de dos dígitos en los siguientes meses, será posible ver una mejoría notable en el desempeño general de la economía.
Por lo pronto, las incógnitas que permanecen giran alrededor de la debilidad en el consumo de los hogares y en la ausencia del gasto público.

La Medición de las Ventas

Octubre 23rd, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

Con la divulgación de las cifras para agosto de 2014, el INEGI introdujo una nueva encuesta mensual para los indicadores de ventas comerciales, tanto al por menor como al por mayor. La nueva encuesta amplia la muestra para abarcar establecimientos y empresas de todos los tamaños, para tener una cobertura por entidad federativa y para que los resultados fueran compatibles con el Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte, versión 2007 (SCIAN 2007) y así, con el Sistema Nacional de Cuentas Nacionales (base 2008). Para marcar la diferencia, se cambia el nombre de Encuesta Mensual sobre Establecimientos Comerciales, a Encuesta Mensual sobre Empresas Comerciales, mientras que se conserva el uso de las mismas siglas, “EMEC”. ¿Cuáles son las diferencias que trae la nueva EMEC?

En primera instancia, se cambia el esquema del muestro aplicado a una combinación de probabilístico y no probabilístico y se incluye ahora a los establecimientos y empresas de todos los tamaños. De esta manera se amplía la cobertura del comercio al por mayor al 87.9 por ciento y la de al por menor a 99.4 por ciento. La encuesta anterior utilizaba un esquema de muestreo determinista y solo abarcaba establecimientos comerciales grandes y medianos, lo que permitía cubrir tan solo 50 por ciento de los establecimientos al por mayor y 85 por ciento al por menor.

La ampliación de la muestra también permite al INEGI reporta ahora las cifras a nivel de entidad federativa, siendo que en la EMEC anterior la cobertura de 37 ciudades o áreas urbanas no permitía reportar así los resultados. El cambio al SCIAN 2007 (anteriormente se utilizaba el SCIAN 2002) implica cobertura distinta en muchas de las ramas y subsectores, por lo que los sectores reportados no son compatibles con las series anteriores. En la construcción de los agregados se utiliza base 2008 = 100 para cada sector, subsector y rama, mientras que las ponderaciones (fijas) obedecen a los pesos relativos de las estructuras de las ramas que provienen del Censo Económico del Sector Comercio en 2009. La EMEC anterior utilizaba los pesos provenientes del Censo en 2004. Estos cambios permiten incorporar información de los Censos Económicos 2009 y acercarse al Sistema de Cuentas Nacionales de México (que reporta el PIB), que sostiene la misma base de 2008.

La nueva encuesta se empezó a levantar a partir de 2008, por lo que no hay disponibilidad de información homogénea para los años anteriores. Dado que lleva ya más de cinco años, los resultados permiten calcular los factores estacionales para las series ajustadas por estacionalidad. Como sería de esperarse, la combinación de diferentes coberturas, ponderaciones distintas y un nuevo clasificador (SCIAN), junto con una reestimación de los factores estacionales, termina por brindar un patrón diferente para la nueva serie comparado con la anterior.

 

Gráfica 1 – Comparación Ventas al Por Menor Base 2003 versus Base 2008

 

En la comparación de las dos series, destacan tres periodos (gráfica 1). Primero, vemos que en 2008-2009 la nueva serie no registra caídas tan pronunciadas como la serie anterior. Segundo, se puede apreciar un desempeño menor en la nueva serie a partir de 2010 hasta mediados de 2012. Finalmente, existen mejores crecimientos en la nueva durante los últimos dos años. De hecho, la tasa de crecimiento de diciembre 2012 a diciembre 2013 de la serie anterior era -1.14 por ciento, mientras que la de la nueva serie es de 1.91 por ciento. Al final de cuentas, la correlación entre las series de tendencia-ciclo de las ventas al por menor (que elimina la estacionalidad y el ruido) es de 0.904. No obstante, de los 78 meses que existen en común entre las dos series ajustadas por estacionalidad, encontramos signos distintos (lo que implica crecimiento en vez de caída o viceversa) en 25 observaciones.

Uno de los usos analíticos de las series de ventas es comparar las tendencias con las de otras series. En particular, es interesante ver la relación entre las ventas al por menor y el consumo de los hogares, y la de las ventas, tanto al por menor como al por mayor, con el Indicador Global de Actividades Económicas (IGAE) de los sectores 43-46 (comercio). No obstante, primero conviene aclarar que no todo el consumo de los hogares proviene de ventas de establecimientos comerciales al por menor, mientras que no toda la actividad comercial se refleja en las ventas de las empresas comerciales.

 

Gráfica 2 – Comparación Ventas al Por Menor con Consumo de los Hogares

 

En el primer caso, la correlación de las tendencia-ciclos de ventas al por menor y el consumo de los hogares es de 0.901. Sin embargo, a partir de la recuperación que inicia a mediados de 2009, se nota un desempeño superior en el consumo comparado con las ventas al por menor. También, se puede apreciar que el consumo muestra una varianza mayor que las ventas. En buena medida, esto se explica por el hecho de que mientras toda venta de establecimientos y empresas comerciales es consumo de los hogares, no todo el consumo privado proviene de las ventas realizadas por establecimientos y empresas comerciales. La diferencia principal es que falta incluir en el consumo, la adquisición de servicios de distintos tipos, que de por si representa una proporción mucho mayor del consumo de bienes.

El segundo caso es la comparación entre tanto las ventas al por menor como al por mayor con el sector 43-46 (clasificación SCIAN), que representa el comercio (gráfica 3). Posiblemente podríamos anticipar que la correlación entre las ventas y el IGAE debería ser mayor (ya que en ambos casos se trata de bienes exclusivamente), pero encontramos que es 0.841 entre las ventas al por menor y el IGAE 43-46, mientras que es 0.827 entre las ventas al por mayor y el IGAE. Aquí conviene aclarar que las Cuentas Nacionales no distinguen entre el comercio al por menor y al por mayor, ya que en muchos casos no se puede diferenciar cual es cual. También, las cuentas nacionales abarcan algo del comercio informal por inferencia, que no puede ser clasificada adecuadamente. Esto significa que no se puede conocer la ponderación relativa de las ventas al por menor y al por mayor dentro del IGAE.

Gráfica 3 – Comparación Ventas al Por Menor y al Por Mayor con el IGAE 43-46

 

Si observamos la gráfica 3, podemos ver que el IGAE del comercio se ubica sistemáticamente (a partir de 2011) por encima de las ventas de establecimientos comerciales, tanto al por menor como al por mayor e incluso, el crecimiento que se observa en el IGAE a partir de 2014 es superior a la venta comercial en el mismo periodo. Esto sugiere que el comercio informal ha ganado espacio dentro de las actividades comerciales a partir de mediados de 2010, fenómeno que se ha acentuado a partir de 2014 con la entrada de la Reforma Hacendaria.

En conclusión, cualquier ampliación de cobertura y actualización de la estructura inherente en un indicador económico debe ser vista con buenos ojos. El hecho de que las ventas comerciales ya comparten la misma base que las cuentas nacionales e incorporan el SCIAN 2007 significa que la nueva EMEC debe reflejar mejor la realidad de nuestro país. El problema principal, como ha sucedido en muchas ocasiones en el pasado, es que estas mejorías implican rompimientos con las series anteriores, que las sustituyan en vez de resultar complementarios. El resultado final es que ahora contamos con una serie homogénea de ventas comerciales tan solo a partir de 2008, sin la posibilidad de realizar comparaciones robustas con el acontecer de la economía en las décadas anteriores. Sigue siendo una enigma el por qué el INEGI no puede proveer a la sociedad mexicana series homogéneas continuas como se hace en otros países.

 

Después de casi dos años de estancamiento, parecía que la actividad económica estaba mostrando una mejoría. El Sistema de Indicadores Cíclicos del INEGI, que genera un índice compuesto de seis indicadores coincidentes, señala que para mayo ya prácticamente todos muestran una tendencia positiva. Los resultados de comercio exterior apuntan hacia una mejoría en las exportaciones no petroleras, resultado de una mayor demanda de Estados Unidos. Como consecuencia, la industria manufacturera mostró crecimientos en cada uno de los primeros cinco meses del año.
Lo único que parecía faltar era que empezara a crecer la inversión privada, a pintar la inversión pública y a mejorar el consumo de los hogares. Sin embargo, la aprobación final de las leyes secundarias abriría la puerta a la inversión privada, mientras que el gobierno federal ya repartió los fondos para las obras públicas. La última pieza en la ecuación, el consumo de los hogares, debería responder poco a poco en la segunda mitad del año y así podríamos alcanzar un crecimiento entre 2 y 3 por ciento; los optimistas piensan que más cerca del 3, mientras que los pesimistas alrededor del 2 por ciento.
Sin embargo, los últimos indicadores que se han dado a conocer no son muy halagadores. En los últimos días el INEGI dio a conocer el consumo privado de mayo y la actividad industrial de junio, mientras que la ANTAD divulgó las ventas de julio. El primer indicador disminuyó respecto al mes anterior y sigue mostrando debilidad. El segundo también cae en el mes y sugiere que el crecimiento del PIB del segundo trimestre será menor a lo estimado. El tercero señala que el consumo de los hogares no muestra señales de mejoría en el primer mes del tercer trimestre. Anteriormente, conocimos los indicadores de difusión de junio con resultados decepcionantes; el Indicador de Confianza del Consumidor interrumpió su tendencia alcista, mientras que el Indicador IMEF No Manufacturero sigue perdiendo terreno. El gobierno no ha logrado inspirar mayor confianza en los hogares ni en los empresarios. A este paso, ya tenemos que preguntarnos si la recuperación empezará en el tercer trimestre o si tendremos que esperar más hacia fin de año.
El consenso para el crecimiento anual del segundo trimestre se ubica alrededor de 1.8 por ciento. Sin embargo, si examinamos el IGAE de abril y mayo, encontramos que la actividad económica de junio tendría que haber crecido 3 por ciento o más para alcanzar esta cifra. Dado que ya sabemos que las actividades secundarias disminuyeron en junio, es muy difícil pensar que las terciarias podrían haber aumentado lo suficiente para compensar la falta de dinamismo manufacturera. Por lo mismo, debemos esperar una tasa todavía menor para el segundo trimestre cuando el INEGI anuncia los datos del PIB la semana entrante. Dependiendo de qué tan mal viene, es factible esperar aún otra ronda de revisiones a la baja en las proyecciones del PIB para 2014.
No todas las cifras fueron malas noticias. La construcción de junio avanzó 1.2 por ciento en junio y ligó así cinco meses consecutivos con crecimiento positivo. Este impulso ayudó a que la tasa anual llegara a 2.2 por ciento (y hasta 2.6 por ciento si corregimos por efectos de calendario), que es la primera tasa anual positivo para la construcción en los últimos 19 meses. Mejor aún, el segmento que mejor desempeño mostró fue la de obras civiles de infraestructura, ligada a la inversión pública, que mayor rezago mostraba. La serie de tendencia-ciclo de este indicador sugiere que por fin tocó fondo y empieza a revertirse.
La cifra negativa de la producción manufacturera de junio no representa un cambio de tendencia. Lo más seguro es que repuntará en julio y seguirá funcionando como nuestro [único] motor de crecimiento. Todavía deberíamos esperar la mejoría en la inversión privada, especialmente ahora que ya tenemos leyes secundarias para todas las reformas. No obstante, la gran incógnita sigue siendo el consumo de los hogares. La mayoría de los nuevos empleos han sido de menor remuneración y los precios de los alimentos siguen al alza. Los efectos nocivos de la reforma fiscal siguen dando de qué hablar, mientras que no se repone la confianza.
Hemos visto una mejoría en el entorno externo, indispensable para mover la manufactura. El gobierno ha aumentado su gasto, que eventualmente deberá sentirse en más obras públicas. Los legisladores finalmente aprobaron las leyes, que debería estimular la inversión. ¿Pero qué se ha hecho para apuntalar la situación de los hogares? Pues realmente muy poco, si es que algo.

Escrito el 17 de junio de 2014 para Newsweek en Español.

 

Entre 1933 y 1981, México logró crecer a una tasa promedio anual de 6.19 por ciento, lo que permitió multiplicar el PIB por un factor de 19 en lo que fue casi 50 años. El crecimiento llegó a registrar un promedio anual de 9.11 por ciento en los últimos cuatro años de ese periodo, impulsado por el boom petrolero de los setenta. Pero con el derrumbe económico de 1982, se perdió por completo la habilidad de crecer, ya que la tasa disminuyó a un promedio por año de tan solo 2.21 por ciento los últimos 32 años, una de las más bajas de todo América Latina. Muchas personas culparon al Partido de la Revolución Institucional (PRI), el partido que había monopolizado el poder por 71 años consecutivos (1929-2000), por lo que decidieron en las urnas en 2000 darle la oportunidad al Partido de Acción Nacional (PAN). Sin embargo, en los dos sexenios en que sostuvo el poder (2001-2012), los gobiernos del PAN no pudieron mejorar la pobre actuación económica: Vicente Fox logró que la economía avanzara a un ritmo de 2.18 por ciento anual, mientras que Felipe Calderón registró una tasa promedio de 2.09 por ciento.

Ante la frustración del desempeño mediocre del PAN, la población decidió darle de nuevo la oportunidad al PRI, con la presidencia de Enrique Peña Nieto. En su campaña prometió impulsar las reformas estructurales que hacían falta y a retomar el crecimiento sostenido. Convenció a la mayoría de que solamente el PRI tenía la capacidad política para negociar con la oposición y que con su retorno por fin despejaría la economía. Con su victoria se presumió que había llegado el “momento México”. Inició su mandato con el lema “moviendo a México”, apoyado en grande por la prensa extranjera que ayudó a promover al país. Las agencias calificadoras se sumaron a la ola de optimismo, mejorando la calificación de riesgo soberano con el argumento implícito de que ahora sí el gobierno sabía qué hacer.

Sin embargo, no llegó el famoso momento México. El crecimiento económico del país en el primer año del nuevo gobierno no llegó ni siquiera a la mitad del promedio histórico de los últimos 32 años, mientras que el arranque de 2014 ha mostrado que la tendencia de estancamiento permanece igual. Todas las instituciones, analistas y académicos han revisado continuamente sus proyecciones de crecimiento a la abaja, hasta que recientemente el gobierno y el banco central tuvieron que admitir lo mismo. Por lo pronto, las perspectivas para este año giran alrededor de 2.5 por ciento, pero no debe sorprender que antes de finalizar el año observamos más revisiones a la baja.

¿Qué pasó con el momento México? ¿Por qué nunca llegó?

México fue de los ganadores después de la Gran Recesión

El crecimiento del PIB mexicano de 2001 a 2009 fue 1.3 por ciento promedio anual, el peor de toda América Latina. El contraste con las demás economías de la región fue enorme, ya que la década pasada fue muy favorable para la mayoría de los países latinoamericanos. Volteábamos a ver a Brasil, Chile, Perú y Panamá con envidia, que crecían muy por encima de nosotros. Al mismo tiempo, surge China como nuevo centro manufacturero mundial y nos empezó a comer el mandado. Peor aún, viene la gran recesión en 2008 y el PIB de México se desploma 4.7 por ciento. A pesar de una supuesta fortaleza macroeconómica, un sistema financiero saneado, una política cambiaria adecuada y relaciones de deuda externa relativamente buenas, tuvo uno de los peores desempeños a escala mundial. Al desplomarse el comercio exterior, México pierde su motor de crecimiento más valioso y la economía interna no supo responder.

No toda la retracción de la actividad económica provino de afuera. La sobrerreacción de las autoridades al virus H1N1, que paralizó por completo a la economía por un espacio importante, posiblemente contribuyó cerca de dos puntos porcentuales de los que disminuyó el PIB ese año. Pero aun así, México parecía maldecido y condenado al crecimiento mediocre.

Sin embargo, el panorama empezó a cambiar a partir de 2010 con un repunte significativo en las exportaciones no petroleras, a pesar de la lenta recuperación mundial. El PIB de México logró crecer 5.2, 3.8 y 3.9 por ciento en 2010, 2011 y 2012, respectivamente, para alcanzar un promedio de 4.3 por ciento en los tres años y crecer por arriba del promedio mundial. En estos años, México recapturó una porción del mercado norteamericano que había cedido a China y se empezó a escuchar de nuevo de la competitividad mexicana. No sólo la industria automotriz despegó a gran velocidad, sino también las exportaciones manufactureras no automotrices. Pero todavía más sorprendente fue que la economía interna empezó a responder y parecía tener por primera vez su propio dinamismo.

¿Cuáles fueron los factores que explicaron el mejor desempeño vis-a-vis los demás países? En principio, fueron tres: un reacomodo de líneas de producción (en especial en la industria automotriz) dentro de América del Norte, mediante el cual se buscó reducir costos de producción e incrementar la eficiencia a raíz de los efectos de la recesión en Estados Unidos; una moneda más competitiva (depreciada) a raíz del ajuste significativo que sufrió el tipo de cambio en 2008; y un cambio fundamental en la política económica de China, que coadyuvó a cerrar la brecha de los costos laborales unitarios entre ambos países.

A raíz de la profunda recesión de 2008-2009 en Estados Unidos, varias de las empresas automotrices estuvieron a punto de quebrar. Recibieron incluso ayuda gubernamental y tuvieron que implementar cambios profundos para volver hacer competitivos y rentables. Muchos de estos cambios involucraron cambios en sus líneas de producción de Estados Unidos hacia México, que en parte fue un reconocimiento de que la productividad de la industria automotriz mexicana no solamente era buena, sino de las mejores a escala mundial. A raíz de entonces, no sólo se observó nuevas inversiones en las plantas de capital norteamericanas, sino también en las europeas y asiáticas. El resultado fue que apenas un par de años después de la crisis, México había ganado mucha participación en la producción automotriz mundial.

En los años anteriores a la crisis, el dólar se había depreciado respecto a las principales monedas del mundo. Dado que el peso mexicano está muy ligado al dólar, México aprovechó parte de esta depreciación para incrementar sus exportaciones a países distintos a Estados Unidos. Como consecuencia de la crisis, el peso sufrió una depreciación significativa respecto al dólar en un momento en que el dólar se recuperó respecto a los demás países. De nuevo, México ganó competitividad hacia el exterior y se posicionó muy bien cuando el comercio exterior empezó a recuperarse.

Finalmente, China empezó a poner más énfasis en su mercado interno, empezando por otorgar mejores salarios a sus obreros. Como consecuencia, la distancia abismal que había entre los costos laborales de los dos países acortó y las ventajas de seguir produciendo en China se empezaron a mermar. Después de casi una década en la cual China absorbió una buena parte de la actividad manufacturera global, muchas empresas se dieron cuenta que los costos de logística y de transporte eran igual o más importantes que los laborales. Al final de cuentas, la cercanía geográfica de México y las posibilidades de abastecer oportunamente al mercado de Estados Unidos, volvió a posicionar a México como creciente posibilidad de producción manufacturera.

La mejoría económica en los tres años previos al arribo de Enrique Peña Nieto a la presidencia, fortaleció la creencia de que el nuevo gobierno podría tomar e incluso mejorar esta inercia. Si la ausencia de reformas estructurales fue uno de los factores que limitó el crecimiento en la era del PRI, entonces Peña Nieto tenía todo que ganar con impulsarlas. Sin embargo, con el cambio del sexenio vino una desaceleración frustrante que dejó a México al borde de una recesión.

La tormenta perfecta

Después de buen crecimiento por tres años, la actividad económica mexicana se desaceleró significativamente en 2013 para alcanzar apenas una tasa de 1.1 por ciento. Fueron muchos los factores, tanto externos como internos, que contribuyeron al mal desempeño. Una menor demanda por nuestras exportaciones en el exterior, la cancelación de cuotas de exportación de automóviles a Brasil y Argentina, una disminución pronunciada en las remesas y la recesión de Europa fueron algunos de los elementos externos. Mientras tanto, la crisis de la construcción, el menor gasto público, un desabasto de gas, inundaciones, incertidumbre en torno a las reformas estructurales, dudas en torno al cambio de sexenio y un deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los hogares, fueron las causas internas.

El impulso principal para la actividad económica que planteó el gobierno entrante era su agenda ambiciosa de reformas estructurales. Los gobiernos anteriores no los pudieron aprobar debido a la oposición que tenían en el Congreso y a la falta de habilidad política para negociar y conciliar intereses. Sin embargo, el gobierno de Peña Nieto logró establecer el “Pacto para México”, que fue un acuerdo entre los principales partidos políticos para perseguir una agenda común. De aprobarse el decálogo de reformas, el crecimiento habría que detonarse.

Sin embargo, esta perspectiva no se materializó. A pesar de que algunas de las reformas se aprobaron en la primera mitad de 2013, las más importantes enfrentaron problemas mayores. La reforma fiscal terminó como una propuesta simplemente recaudatorio, sin enfrentar los verdaderos retos fiscales, mientras que la de telecomunicaciones y la energética se pospusieron hacia fines de año. Muchas de las leyes secundarias que debían seguir la aprobación de las reformas se empantanaron y no fueron aprobados hasta mucho después. Como resultado, el empuje que debió representar estas reformas no se materializó en 2013 y quedó claro que si se llegaran a materializar factores positivos de ellas, no serían sino hasta la segunda mitad del sexenio.

Pero más allá de las fallas que pudieran llegar a representar estas reformas, la actividad económica sufrió una serie de reveses, que no solo detuvo su crecimiento, sino que empujó a la economía hacia el borde de una recesión ligera. Lo que pasó fue como una tormenta perfecta, es decir, se conjuntaron varios factores negativos tanto externos como internos, casi todos al mismo tiempo, que detuvo la marcha de la economía. ¿Cuáles fueron estos factores?

Primero, a mediados del año anterior (2012) la demanda por las exportaciones no petroleras mexicanas empezó a desacelerarse. Las exportaciones automotrices dejaron de crecer a los ritmos anteriores, mientras que las manufactureras no automotrices se estancaron. Dado que las exportaciones son el motor principal de crecimiento de la economía mexicana, se experimentó mucho menos dinamismo en las actividades secundarias, que a su vez dejaron de estimular el crecimiento de las actividades terciarias. Hubo una visible desaceleración en el crecimiento económico de Estados Unidos (de 2.8 por ciento en 2012 a 1.9 por ciento en 2013) y específicamente en su producción manufacturera, que creció 2.2 por ciento en 2013 después de haber logrado una tasa de 3.9 por ciento en el año anterior. Al final de cuentas, las exportaciones no petroleras solo crecieron 4.0 por ciento en 2013, menos de la mitad de la tasa de 8.5 por ciento de 2012.

Segundo, al mismo tiempo dejaron de crecer las remesas familiares provenientes de Estados Unidos. A partir de julio de 2012 la tasa anual fue consistentemente negativa, afectando un ingreso complementario de muchas familias, que a su vez tuvo un efecto negativo sobre el consumo de los hogares. Dado que una parte significativa de estos ingresos se dedican a obras de autoconstrucción y remodelación de casas, también se vio afectada la rama de “trabajos especializados” dentro de la construcción.

Tercero, el gobierno de Calderón había dado un gran impulso a la vivienda de interés social, en especial mediante la construcción de casas habitacionales horizontales. Sin embargo, la gran mayoría fueron desarrollos en zonas apartadas de los centros de trabajo, esparcimiento y escuelas. Muchos gobiernos locales fallaron en proveer la infraestructura necesaria, por lo que miles de casas fueron abandonadas. A mediados de 2012, el gobierno decidió parar este tipo de edificación, en espera de una nueva reglamentación que favoreciera la vivienda vertical. No obstante, ante el inminente cambio de sexenio, el gobierno saliente le dejó el paquete a la nueva administración, lo que dejó prácticamente paralizado un segmento importante de la construcción. Peor aún, el nuevo gobierno no resolvió el problema de inmediato, lo que profundizó la crisis de la construcción en 2013. La mayoría de los desarrolladores de vivienda quedaron al borde de la quiebra, sin los recursos para volver a levantar el sector.

Cuarto, el gobierno de Calderón propuso utilizar la mayor parte del gasto público programado para 2012 en la primera mitad del año en busca en un efecto favorable en la economía antes de las elecciones. Esto implicó una disminución en el gasto en la segunda mitad del año, en especial en obras civiles y de infraestructura. Al entrar el nuevo gobierno, se intensificó la disminución en el gasto, muy visible en la inversión fija bruta del gobierno. En sí, el presupuesto aprobado para 2013 buscaba un balance fiscal, lo que implicaba un proceso de consolidación mediante una disminución en el gasto público. Pero aunado a esta restricción, la nueva administración tuvo un subejercicio de su gasto, por lo que su impacto negativo fue todavía mayor. No fue hasta el último trimestre de 2013 que el gobierno de Peña Nieto logró activar en forma el gasto público. Sin embargo, fue demasiado poco y tarde para lograr algún impacto significativo en la actividad económica.

Quinto, ante la promesa de reformas estructurales que implicaban nuevas oportunidades de inversión, el sector privado decidió posponer muchos proyectos hasta no saber bien cuáles iban a ser las nuevas reglas del juego. Primero habría que esperar para ver cuáles reformas se aprobarían y después cuáles serían las leyes secundarias. Aunado a la espera de las reformas, había incertidumbre en torno al cambio sexenal, que siempre tiene un efecto negativo en el primer año de cualquier sexenio. Esto también implicó una disminución en la inversión fija bruta del sector privado.

Sexto, a pesar de que la inflación general se ha contenido en los últimos años, los precios de los alimentos, de la gasolina y otros bienes con alto impacto en los presupuesto familiares, subieron mucho más que los sueldos y salarios, provocando una pérdida en el poder adquisitivo de muchos hogares. Aunado a los factores anteriores, esto incitó a una disminución en el comercio y a una eventual desaceleración en las actividades terciarias en su conjunto.

El resultado fue primero una atonía a partir de mediados de 2012, que posteriormente se convirtió en un estancamiento de la actividad económica en 2013. El gobierno fue severamente criticado a lo largo del año, ya que cada tres meses se veía forzado a revisar su expectativa de crecimiento a la baja: empezó el año anticipando una tasa de 3.5 por ciento, que revisó a la baja cuatro veces antes de admitir la tasa final de 1.1 por ciento para el año. Sin embargo, no solo fue el gobierno que no anticipó adecuadamente el crecimiento del año, sino también prácticamente a todos los analistas, instituciones financieras y organismos internacionales. Parte del problema fue, que aunado a todos los factores mencionados, hubo modificaciones importantes en las cuentas nacionales (cambio de año base y adecuaciones metodológicos), que terminaron por arrojar cifras de crecimiento económico menores a los que originalmente se habían reportados. En un principio, el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) reportó en mayo de 2013 que el PIB del primer trimestre de 2013 había crecido de 1.8 por ciento anualizado respecto al trimestre anterior. La cifra ya revelaba una economía menos dinámica, lo que llevó a muchos analistas a revisar a la baja su expectativa de crecimiento para el año, pero aun todavía en un rango ligeramente por debajo de 3 por ciento. Sin embargo, cuando el INEGI dio a conocer los datos del segundo trimestre en agosto, aprovechó para introducir el cambio de base (de 2003 a 2008), que resultó en una revisión del primer trimestre a 0.1 por ciento de crecimiento y una tasa negativa de 2.9 por ciento para el segundo. Por lo mismo, después de conocer los datos revisados los analistas tuvieron que revisar de nuevo a la baja sus perspectivas de crecimiento, esta vez ya por debajo de 2 por ciento. A pesar de que hubo una pequeña mejoría en el desempeño de la economía en el tercer trimestre, el cuarto volvió a estancarse y la economía terminó creciendo apenas 1.1 por ciento en el año.

La promesa de recuperación

Si revisamos detenidamente la lista de los factores que contribuyeron al bajo desempeño de 2013, encontramos que prácticamente todos fueron de naturaleza temporal, es decir, que deberían perdurar por mucho tiempo. Esto llevó al gobierno a prometer una recuperación vigorosa en 2014, primero como consecuencia de una recuperación en la economía de Estados Unidos y Europa y posteriormente apuntalado en una política de gasto público muy agresivo. Consistente con el lema que está utilizando el gobierno para promover el país, “moviendo a México”, la SHCP ha sido muy reacio a reconocer y admitir primero, que la economía no va crecer lo que originalmente proyectaron y segundo, que se tiene que revisar a la baja de nuevo las expectativas de crecimiento a raíz de errores de política económica.

Después de prometer resultados casi inmediatos, ante lo sucedido en 2013, el gobierno se vio forzado a admitir que los supuestos efectos benéficos de las reformas se darían [en el mejor de los casos] en el mediano plazo. Por lo mismo, para remediar la situación y reactivar la economía, el gobierno decidió primero plantear una reforma fiscal que proveería de más recursos al erario y después impulsar una ampliación significativa del déficit fiscal para financiar un incremento sustantivo en el gasto. De esta manera, abandonó prácticamente todos los planteamientos originales de la reforma en busca de una propuesta esencialmente recaudatoria. Dejó a un lado las propuestas de unificar el IVA al eliminar las exenciones y excepciones, no presentó propuesta alguna para incentivar el empleo formal y combatir la informalidad, eliminó deducciones que incentivaban la inversión, no buscó ampliar la base recaudatoria y terminó aumentando la tasa impositiva a los cautivos, los que desde antes pagaban la mayor tajado de los impuestos. Adicionalmente, introdujo una serie de nuevos impuestos y aumentos al IEPS que gravaban alimentos de alto consumo en los hogares.

El resultado final de la reforma fue una reducción en el ingreso personal disponible de los hogares, que trajo consigo una disminución en la confianza del consumidor y al mismo tiempo, desincentivó la inversión de las empresas y redujo igual la confianza empresarial. En el momento en que el consumo y la inversión privada necesitaban apuntalar la recuperación, fueron severamente castigados. Peor aún, el gobierno introdujo nuevas medidas de fiscalización y leyes para tratar de limitar el lavado de dinero, pero que empujaron a muchos consumidores y empresarios a retirar su dinero de los bancos y dejar de usar tarjetas de crédito. Como consecuencia, aumentaron significativamente las transacciones informales y cayeron las ventas en los establecimientos formales. En el primer trimestre del año, aumentó la demanda de dinero (base monetaria) más de 14 por ciento, mientras que el PIB nominal solo avanzó 5.1 por ciento.

En principio la estrategia del gobierno es de quitarle dinero a los hogares y empresas para incrementar sus ingresos y pedir prestado algo más al mercado vía un incremento importante en la deuda pública (tanta externa como interna), para aumentar así en forma significativa el gasto público. El primer problema con esta estrategia, es que el gasto público es menos eficiente en términos de su impacto sobre el crecimiento económico que el gasto privado. El segundo problema es que redujo el ingreso personal disponible a los que desde antes pagaban más impuestos en vez de ampliar la base gravable y eliminar a los grupos privilegiados. El tercer problema es que al acudir a los mercados financieros para financiar la ampliación del déficit, desplazó al sector privado de recursos que hubiera utilizado para invertir. El resultado es que el primer trimestre quedó estancado y se abortó las posibilidades de iniciar una recuperación de fondo.

Al concluir el primer trimestre, la SHCP reportó un aumento en el gasto público de alrededor de 8 por ciento real y en especial. Un aumento en inversión física de más del 17 por ciento. Sin embargo, la inyección de recursos públicos no parecía tener efecto alguno en el crecimiento. Sin embargo, más de un mes después, el INEGI reportó que el consumo público disminuyó 0.33 por ciento respecto al trimestre anterior y en especial, hubo una caída de 8.5 por ciento en la inversión público respecto al mismo periodo del año anterior. La SHCP no ha querido aclarar esta divergencia tan marcada en las cifras y tampoco reconocido que su última revisión a la baja en el crecimiento tendrá que ser revisada de nuevo (algo que Banco de México ya admitió).

Aunado a los errores de política gubernamental, el entorno externo no presentó la mejoría anticipada a principios de año. La economía norteamericana arrancó mal el año debido a condiciones climatológicas adversas, que afectó negativamente a la inversión privada, el gasto público y los inventarios. El resultado fue que el PIB estadounidense disminuyó 1.0 por ciento en el primer trimestre de 2014, por lo que no aumentó mucho la demanda por nuestras exportaciones. Afortunadamente, el consumo de los hogares siguió creciendo en Estados Unidos, por lo que el revés se ha interpretado como un fenómeno temporal. De hecho, las exportaciones mexicanas han mostrado una mejoría en los últimos meses.

El Indicador IMEF Manufacturero de mayo muestra una tendencia modesta al alza, por lo que se anticipa una mejoría en el ritmo de producción ya en el segundo trimestre. Sin embargo, el Indicador IMEF No Manufacturero registra una clara tendencia a la baja en los primeros cinco meses del año, signo de que el comercio y los servicios se mantienen estancados. El hecho de que el Banco de México decidiera reducir 50 puntos base la tasa objetivo de fondeo interbancario a 3.0 por ciento, es muestra de que la actividad económica todavía permanece estancada. La misma Junta de Gobierno recalcó que la mayor debilidad es el consumo y la inversión. La decisión sorpresiva subraya el hecho de que el rango esperado de crecimiento por las autoridades monetarias es seguramente ahora todavía más baja que el de 2.3 a 3.3 por ciento dado a conocer apenas hacia fines de marzo.

 

Expectativas de Crecimiento del PIB para 2014:

Antes y Después de Conocer los Datos del Primer Trimestre

                                                                                                      Antes                 Después

Oficial SHCP                                                                               3.9%                      2.7%

Oficial Banxico                                                                          3.5%                      2.8%

FMI                                                                                               3.0%                        n.d.

Banco Mundial                                                                         3.0%                      2.3%

Encuesta IMEF                                                                          3.0%                      2.6%

Encuesta LatinFocus                                                               3.1%                      2.9%

Encuesta Consensus Economics                                        3.0%                      2.6%

Encuesta Banxico                                                                    3.0%                      2.8%

Encuesta Banamex                                                                 3.0%                      2.8%

Fuente: recopilación propia de fuentes originales de cada Encuesta o Institución.

 

En la medida en que se vayan conociendo más datos duros sobre el desempeño de la economía en el segundo trimestre, se podrán ir afinando las proyecciones de crecimiento para todo el año. No obstante, las acciones del Banco de México y los indicadores oportunos disponibles (como el Indicador IMEF) apuntan a que esta ronda de revisiones a la baja todavía no concluye. Es de esperar que el nuevo consenso se ubique mucho más cerca al 2 que al 3 por ciento. Sin embargo, resulta interesante observar que aun la proyección más pesimista de ahora (cerca del 2 por ciento) implica cierta recuperación en la segunda mitad del año.

¿Qué se necesita para que se active la recuperación? Primero, una mejoría en el entorno externo que culmina en un incremento en las exportaciones no petroleras, que desde hace tiempo ha sido el motor de crecimiento de la economía. Sin una mejoría sustancial, difícilmente podremos ver que se materialice una recuperación que perdure. Segundo, una reactivación en el consumo e inversión privada, que para que ocurre se necesita una pronta absorción de los efectos negativos de la reforma hacendaria, algo que no queda tan claro que pueda ocurrir en el muy corto plazo. Finalmente, se necesita la aprobación final y completa de todas las reformas y leyes secundarias para dejar atrás el ambiente de incertidumbre prevaleciente.

El aumento en el gasto público no será suficiente para reactivar la economía, primero por su ineficacia y segundo, por el poco impacto de segunda orden que tiene sobre la actividad económica. Una buena parte del gasto va dirigido a programas sociales, subsidios y transferencias, que prácticamente no tiene repercusión. La inversión pública podrá ayudar en el margen, sin embargo, la mayor parte simplemente desplazará la inversión privada. Por lo pronto, es casi un hecho que el crecimiento de este año será de nuevo decepcionante. Habrá que esperar a 2015. Por mientras, estaremos esperando las nuevas revisiones a la baja en el crecimiento por parte de SHCP.

 

 

Estamos todos muy conscientes del estancamiento de la actividad económica del año pasado. Las cifras oficiales del INEGI del Sistema de Indicadores Cíclicos clasifican el comportamiento de la economía como “recesión”. A pesar de que empezó el sexenio con muchas expectativas y promesas de más crecimiento a raíz de unas maravillosas reformas, numerosos factores tanto internos como externos se conjuntaron para apagar la marcha de la economía. El crecimiento del PIB de 2013 fue menos de la mitad del promedio anual del sexenio anterior, que a su vez fue el menor de los últimos cuatro sexenios.

Ya arrancamos abril, por lo que el primer trimestre de 2014 ya terminó. En principio, ya se aprobaron todas las reformas, la economía de Estados Unidos ha mejorado y el gobierno está gastando lo que nunca se había visto. Pero la economía sigue estancado. Prácticamente todos los indicadores económicos disponibles a la fecha apuntan a que el crecimiento de este trimestre no será mayor al anterior y posiblemente hasta menor. Si la actividad económica no empieza a responder en estos siguientes meses, no solamente vamos a ver serias revisiones a la baja en las proyecciones de crecimiento para el año, sino que nos vamos a acercar a las elecciones de mitad del sexenio con una población decepcionada, frustrada y muy desilusionada. La promesa implícita del gobierno de que las reformas era la panacea para todos nuestros malos simplemente quedará en el incumplimiento.

Ayer se reportó el Indicador IMEF de marzo con resultados mixtos en el mejor de los casos. Por un lado, el Indicador Manufacturero registró 52.7 puntos, el mejor nivel que se ha observado desde agosto de 2012. Después de cinco meses de una tendencia lateral y cercana al umbral de los 50 puntos, por fin parece ser que comenzó una tendencia al alza. Pudiéramos pensar que la mejora en la actividad económica de Estados Unidos empieza a impulsar una mayor demanda por nuestros productos, por lo que la actividad manufacturera mexicana está respondiendo. Sin embargo, debemos tener cuidado con esta interpretación, ya que es una recuperación incipiente y todavía muy frágil. No obstante, la buena noticia es que pudiera estar por reactivarse nuestro principal (¿y único?) motor de crecimiento.

Sin embargo, el Indicador IMEF No Manufacturero cayó un punto en marzo y registra el tercer mes al hilo con disminución. Las actividades terciarias (comercio y servicios) muestran una debilidad creciente, signo de que la economía interna sigue estancado. Confirman el hecho las importaciones de febrero, que registraron caídas significativas, en especial en los bienes de consumo (reflejo del gasto de los hogares) y de los bienes intermedios (reflejo de la producción de las empresas). El Banco de México reporta una disminución en la tasa de inflación, pero reconoce que la falta de presiones inflacionarias (a pesar de los efectos nocivos de la reforma fiscal) se debe a la presencia de una brecha de producción negativa, que significa una actividad económica débil que crece muy por debajo de su potencial. Otros indicadores, aunque todavía de enero (como construcción y ventas al menudeo) confirman básicamente el mismo mensaje.

Pero, ¿por qué no arranca la economía? La respuesta es relativamente sencilla: la reforma fiscal del gobierno es recesiva. Los hogares tienen un ingreso personal disponible menor y enfrentan precios mayores, mientras que las empresas tienen ahora menos incentivo para invertir, ya que no pueden deducir la totalidad de su gasto como antes. En vez de combatir la informalidad, el gobierno introdujo medidas que lo incentiva, ya que le hizo la vida más difícil al sector formal.

¿Cómo funciona la política fiscal anticíclica en otros países como Estados Unidos? Cuando enfrentan una recesión, el gobierno disminuye los impuestos para incrementar el ingreso de los hogares y así incentivar el consumo. ¿Qué hizo el gobierno mexicano? Justo lo contrario. Le quitó recursos a los hogares para financiar un mayor gasto público. Sin embargo, es un gasto menos productivo y menos generador de empleo. Al mismo tiempo, aumentó el déficit fiscal que implica buscar financiamiento en el mercado, compitiendo por recursos con el sector privado. Cada peso más que agarra el gobierno del mercado, es un peso menos disponible para la inversión de las empresas y de los hogares. No es un aumento del gasto total, sino un desplazamiento de una parte por otra.

El año pasado, la economía no creció por culpa de factores internos y externos. Parece ser que este año serán solo los internos.

Ayer martes, el INEGI dio a conocer un nuevo índice, el “Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interior”. Su importancia no solo radica en que el consumo de los hogares representa por mucho el elemento de mayor peso de la demanda agregada, sino que era prácticamente la única parte que no se reportaba con una frecuencia mensual. Ahora ya se tienen indicadores de casi todos los componentes: el consumo privado, la inversión fija bruta, el gasto público, las exportaciones y las importaciones. Solo falta un indicador mensual de inventarios.

Su introducción es una pieza más de una lista de novedades que prometió el INEGI desde el año pasado. Primero, adelantó la fecha de publicación del PIB nominal para que empatara con la divulgación del PIB real. Después presentó el Indicador Mensual de la Inversión Fija Bruta con mayor desglose, para ver la construcción dividida en residencial y no residencial, y separando la compra de equipo de transporte del resto de la maquinaria y equipo. Hace un par de meses se introdujo índices de confianza empresariales para los sectores de la construcción y del comercio. Para el siguiente trimestre, nos prometió un nuevo indicador mensual de la actividad industrial por entidad federativa, y hacia fines de año un indicador trimestral de puestos de trabajo.

Aunque el nuevo indicador mide el gasto de los hogares en bienes y servicios de consumo, no se construye mediante encuestas a los hogares (como podría ser la Encuesta Continua de Ingreso-Gasto de los Hogares), sino más bien mediante indicadores de ventas, o incluso de producción en los casos en que no se dispone de información sobre las ventas. Se construye con información que proviene de encuestas propias del Instituto, así como de estadísticas externas de diversas cámaras y asociaciones. Curiosamente, el INEGI dice que también incorpora información del Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos (habría que preguntar qué datos nos brinda nuestros vecinos sobre nuestro propio consumo interno).

En este sentido, este indicador difiere algo de cómo lo reportan en Estados Unidos. Allá calculan en gasto de los hogares en términos de dólares (a diferencia de un índice) para poder dividir entre el ingreso de los hogares y así obtener el consumo de los hogares como porcentaje del ingreso personal disponible. El problema fundamental es que no existe en México una medición del ingreso disponible.

Los resultados son interesantes. A primera vista, la gráfica del consumo privado parece mostrar la misma tendencia que el IGAE. Hay una disminución pronunciada desde mediados de 2008, que se recupera a mediados de 2009, para después mostrar un crecimiento continuo entre 2010 y 2012 y un estancamiento en 2013.  El INEGI reporta que el crecimiento promedio de 2013 respecto a 2012 fue 2.4 por ciento, que en principio suena muy elevada ya que es más de lo doble que el PIB. Sin embargo, se puede apreciar el estancamiento en la tendencia-ciclo que prácticamente muestra una línea horizontal durante todo el año pasado.

El crecimiento promedio anual de 2009 a 2012 del consumo privado es de 2.1 por ciento, similar al promedio del PIB en el mismo periodo. Mientras que el consumo cayó más que el PIB en 2009 (-6.2 versus -4.7 por ciento), igual en 2010 (ambos 5.1 por ciento) y creció un poco más en 2011 y 2012 (4.7 por ciento en ambos años comparado con tasas de 4.0 y 3.9 por ciento del PIB, respectivamente), en 2013 crece más de lo doble (2.4 versus 1.1 por ciento del PIB). En dos días el INEGI dará a conocer las cifras de la demanda agregada para el cuarto trimestre de 2013 y el año en su conjunto. Será interesante comparar este nuevo indicador con el consumo privado de las cuentas nacionales.

Uno de los aspectos positivos del indicador es que abarca un periodo amplio (desde 1993), lo que permite utilizar la serie en estudios econométricos para tratar de explicar otros indicadores o fenómenos. Por ejemplo, el INEGI nos da desde un principio todas las series ajustadas por estacionalidad, algo que todavía no puede ofrecer en el caso de los nuevos indicadores de confianza empresarial.

Sin embargo, la parte negativa está en el gran atraso en la fecha de publicación del indicador, una semana después de que sale la inversión fija bruta para el mismo mes, que hasta ahora había sido el indicador que más tarda en divulgarse. Contamos con la información dos antes de darse a conocer los componentes de la demanda agregada, que resta muchísimo a la utilidad coyuntural del indicador. Ojalá que pueda acortar los tiempos de divulgación y así tener más utilidad.