El Mercado Laboral: Cambios Estructurales

Escrito para “Arena Pública”, 1 de julio de 2020

Hace casi cuatro semanas (http://jonathanheath.net/el-desempleo-en-tiempos-de-coronavirus/), comentábamos que a pesar de que la tasa de desempleo abierto en México solo aumentó a 4.7 por ciento en abril (de 2.9 por ciento en marzo), enfrentamos una crisis laboral sin precedente ante un aumento descomunal en el desempleo disfrazado y en el subempleo. Si juntamos las tres categorías (desempleo abierto, desempleo disfrazado y subempleo) en lo que comúnmente llamamos la brecha laboral, llegamos a una tasa de 50.6 por ciento de la fuerza laboral potencial para ese mes. Para referencia, la brecha en marzo se ubicaba en 20.0 por ciento.
El INEGI acaba de publicar su Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) correspondiente a mayo. Resulta que la tasa de desempleo abierto disminuye a 4.2 por ciento de la tasa de 4.7 por ciento observada en abril. A primera vista, una disminución en la tasa de desempleo apunta hacia una mejoría. ¿Será cierto? ¿Ya estamos observando el principio de la recuperación? Para responder estas preguntas, tenemos que examinar más a fondo los números y las demás categorías, al igual que lo que hicimos con los datos de abril.
De entrada, observamos dos cifras que apuntan en la dirección correcta: disminuye el número de desempleados abiertos en 200 mil personas y se reduce la cantidad de personas clasificadas como inactivas pero disponibles (desempleo disfrazado) en 600 mil, respecto al mes anterior. La suma de estas dos categorías da 21.3 millones de personas que, como porcentaje de la fuerza laboral potencial, disminuye a 32.8 por ciento en mayo, de 33.8 por ciento en abril. Sigue siendo una tasa exageradamente elevada (en marzo fue 12.0 por ciento), pero por lo menos es menor al mes anterior. Sin embargo, existe un aumento importante (2 millones) en el número de personas subempleadas, de tal forma que la brecha laboral aumenta en mayo a 52.9 por ciento. Esta cifra resume la magnitud del desequilibrio laboral del momento, sin precedente, escabroso y hasta obsceno.
La encuesta releva que hubo un aumento de 300 mil personas con ocupación, aunque con una composición distinta al mes anterior. Hubo 600 mil personas más que trabajan por cuenta propia y un millón adicional que dicen trabajar pero sin recibir remuneración. En contraste disminuyó en 300 mil el número de empleadores y en 900 mil el de empleados remunerados. Este cambio en composición sugiere que mucha gente que se quedó sin trabajo en abril, se puso a trabajar por su cuenta en mayo, ya sea con remuneración o no, mientras que todavía hubo muchos establecimientos que tuvieron que cerrar en el mes. También la encuesta señala que muchas personas pudieron evitar perder su ocupación, pero tuvieron que aceptar una remuneración menor al trabajar menos horas a la semana, es decir se convirtieron en subempleados.
Estos números sugieren que la mayoría de las personas que perdieron su empleo en mayo fueron de carácter formal, mientras que los que pudieron encontrar alguna ocupación, fueron en la informalidad. De hecho, después de que 18.4 millones de personas dejaron de tener un trabajo de tiempo completo en abril (ya sea por quedar desempleados o subempleados), hubo otros 1.7 millones adicionales que enfrentaron la misma suerte en mayo. Aquí encontramos una pérdida de 1.6 millones de trabajos formales en mayo (después de 2.1 millones menos en abril), pero una ganancia de 900 mil ocupaciones informales (después de una pérdida de 11.7 millones en el mes anterior). Si confrontamos estas cifras con el número de trabajadores asegurados en el IMSS, observamos que de los 1.6 millones de empleos formales que se perdieron en mayo, 300 mil estaban asegurados. Esto significa que 1.3 millones de empleos formales que se perdieron en el mes no tenían la cobertura de la institución (profesionistas independientes, empleados en el sector público, etc.).
Ya se había dicho que la mayoría de los empleos perdidos en estos dos meses fueron de dos salarios mínimos o menos, lo que incrementa la precarización de los hogares más necesitados. Si ahora analizamos los desocupados por edad en el mismo periodo, encontramos que la mayoría de éstos tienen 45 años y más. Esto significa que los que más necesitan trabajar (de ingresos menores) y los que más van a enfrentar dificultades en volver a contratarse (de mayor edad), son los que resultaron más afectados.
Podemos concluir que la situación laboral del país siguió deteriorándose en mayo. No solo aumentó la brecha laboral, sino que también los hogares enfrentan ahora una situación más precaria al contar con menos ingresos y menor cobertura de servicios sociales. ¿Qué podemos esperar en los siguientes meses? Junio puede ser un mes difícil, no muy diferente a mayo. Seguramente vamos a encontrar un aumento en el empleo informal y en el subempleo, con una pequeña pérdida adicional en el número de empleos formales. Sin embargo, a partir de julio y en línea con las políticas de reapertura, es probable que aumente el número de empleos formales, en especial, mediante la recontratación de muchos ausentes temporales, ya sea que mantuvieron una vinculación laboral formal o no. Sin embargo, el gran ejército de personas que ahora se clasifican como inactivos pero disponibles va a regresar a formar parte de la población económicamente activa (el denominador de la tasa de desempleo) en busca de empleo. Esto significa que la tasa de desempleo abierto debería aumentar significativamente en la segunda mitad del año. Aun así, debemos concentrar nuestra atención más en la brecha laboral, que pudiera empezar a disminuir aunque paulatinamente, así como en los cambios en la estructura del mercado laboral en su conjunto.
Por último, debemos aplaudir el esfuerzo enorme que sigue realizando el INEGI en estos tiempos tan difíciles para seguir proveyendo a la sociedad de indicadores económicos valiosos. Ahora, más que nunca, necesitamos de esta información para entender, analizar y calificar la coyuntura económica. Enhorabuena.
De nuevo, debo insistir en que todos los números utilizados en este ejercicio provienen del INEGI o del IMSS. Son cifras oficiales, por lo que pido que no atribuyan ni un solo número a mi persona. No son mis datos.

¿Y tú qué opinas?