Articulos sobre la economía Mexicana
Header

Las Expectativas de Crecimiento

junio 18th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Ejecutivos de Finanzas - (Comentarios desactivados en Las Expectativas de Crecimiento)

La economía mexicana creció 1.1 por ciento en 2013, sustancialmente por debajo de lo que originalmente se esperaba. Según la mayoría de las encuestas de expectativas se anticipaba una tasa de crecimiento de 3.5 por ciento a principios del año pasado. Sin embargo, las proyecciones se fuera revisando a la baja paulatinamente en el transcurso del año, hasta registrar una expectativa de apenas 1.2 por ciento un par de meses antes de concluir el año.

Fueron muchos factores que contribuyeron al deterioro continuo de la tasa esperada. Desde mediados de 2012, Europa entró de nuevo en recesión, mientras que Estados Unidos sufrió una desaceleración importante de su producción manufacturera. Originalmente se esperaba que la actividad económica externa se recuperara, algo que no fructiferó hasta fines de 2013. En adición a esta baja demanda externa, Argentina y Brasil decidieron imponer un techo mucho más bajo a las importaciones de automóviles procedentes de México. El resultado fue una expansión mínima en las exportaciones no petroleras mexicanas, que limitó severamente a la producción manufacturera mexicana. Aunado a esta desaceleración, las remesas familiares disminuyeron a lo largo del año, contribuyendo a caída en los ingresos de los hogares en ciertas regiones y estratos.

Desde antes del fin del sexenio, la actividad mexicana interna empezó a resentir una disminución en la inversión pública y privada, mientras que el consumo de los hogares dejó de crecer. A principios de 2013 el gasto público disminuyó significativamente, primero ante un proceso de consolidación fiscal propuesto en el presupuesto de 2013 y después, por un subejercicio del gasto, especialmente evidente en la primera mitad del año. La industria de la construcción se desplomó en sus tres vertientes por cambios drásticos en la política pública de vivienda y por la disminución en la inversión pública en obras civiles y de infraestructura. El sector privado mantuvo a lo largo del año una actitud cautelosa, primero ante el cambio de gobierno y después ante la multitud de reformas y cambios en las reglas del juego, que resultó en una disminución importante en la inversión. En adición a todo lo anterior, en agosto el INEGI introdujo un cambio de base en las cuentas nacionales, que resultó en una revisión significativa a la baja en las cifras de crecimiento de la primera mitad del año.

Aunque el conjunto de factores se fueron conociendo con antelación, su magnitud y continuo deterioro fue algo que no se anticipó adecuadamente, ni por el gobierno, ni por las instituciones internacionales, ni por los analistas del sector privado que se dedican a estudiar las perspectivas económicas del país. El resultado fue un proceso alargado y penoso de revisiones continuas a la baja en las proyecciones económicas, hasta terminar el año con una tasa que representaba menos de una tercera parte de la expectativa original.

En principio, todos los factores mencionados son de carácter temporal, es decir, su efecto negativo debería disiparse con el tiempo, dándole a la economía la oportunidad de crecer de nuevo cerca del 4.0 por ciento. De esta forma, cuando el gobierno empezaba a preparar el presupuesto para 2014 con una estimación de crecimiento de 3.9 por ciento para el año, la mayoría de las encuestas de expectativas coincidían. Sin embargo, al conocer el contenido de la reforma hacendaria, muchos analistas empezaron a revisar a la baja sus proyecciones, de tal forma que la expectativa de consenso ya se ubicaba mucho más cerca de 3.0 que de 4.0 por ciento antes de finalizar el primer trimestre del año.

 

Expectativas de Crecimiento del PIB para 2014:

Antes y Después de Conocer los Datos del Primer Trimestre

                                                                            Antes           Después

Oficial SHCP                                                       3.9%                2.7%

Oficial Banxico                                                     3.5%                2.8%

FMI                                                                       3.0%                n.d.

Banco Mundial                                                     3.0%                2.3%

OCDE                                                                  3.4%                n.d.

Encuesta IMEF                                                    3.0%                2.6%

Encuesta LatinFocus                                           3.1%                n.d.

Encuesta Consensus Economics                        2.9%                n.d.

Encuesta EMED                                                  3.1%                n.d.

Encuesta Banxico                                                3.0%                2.8%

Encuesta Banamex                                             3.0%                2.8%

Fuente: recopilación propia de fuentes originales de cada Encuesta o Institución.

 

No obstante ante esta revisión, tanto la SHCP como Banxico mantuvieron sus estimaciones sin cambio. Banxico ha mantenido la práctica desde hace tiempo de revisar sus proyecciones económicas sólo cada tres meses, en la presentación de su Informe Trimestral sobre la Inflación. Pero a partir del año pasado, Banxico decidió tomar más tiempo en preparar su Informe, por lo que pospusieron la fecha de entrega por tres semanas. Sin embargo, no queda claro que si las autoridades monetarias se dieron cuenta o no, pero al cambiar su calendario la presentación se estableció para apenas unos días antes de conocer los datos del PIB. De esta manera, Banxico tuvo que estimar el crecimiento de marzo para realizar su proyección del PIB del primer trimestre y del año en su conjunto. Al final, resultó que la actividad económica de marzo se desplomó (disminuyó 0.81 por ciento respecto al mes anterior), por lo que su nueva estimación de 2.8 por ciento quedó todavía elevada. Esto quedó evidente cuando anunció una semana después que se reducía en 50 puntos base la tasa de política monetaria ante la debilidad observada en el consumo y la inversión.

A partir del año pasado, la SHCP adoptó una práctica similar (aunque no oficial), de revisar sus números sólo cuando se presentaran nuevas cifras sobre el crecimiento del PIB trimestral. Las autoridades hacendarias decidieron hacer esta práctica oficial a partir de este año, pero desafortunadamente fue evidente mucho antes de conocer las cifras finales del trimestre que el crecimiento sería mucho menor. Aun así, la SHCP decidió revisar a la baja su proyección para el año a 2.7 por ciento, una tasa que implica una recuperación significativa en la segunda mitad del año.

Aunque a los pocos días de conocer las cifras del PIB del primer trimestre, se levantaron varias de las encuestas de expectativas, parece que todavía no se ha asimilado el pobre desempeño de los primeros meses del año y la debilidad que todavía muestran el consumo de los hogares y la inversión privada. Aunque las exportaciones no petroleras muestran ya una recuperación interesante, todavía no queda claro que si será suficiente o no para apuntalar una recuperación generalizada.

Por lo pronto, las primeras encuestas que se han dado a conocer señalan que el crecimiento de 2014 se ubicará en un rango de 2.3 a 2.8 por ciento. Pero aun así, estos números implican una recuperación importante, es decir, la actividad económica tendrá que mostrar tasas relativamente elevadas en los dos últimos trimestres del año simplemente para evitar que la tasa del año se ubique por debajo de 2.0 por ciento. Por lo mismo, no debe de sorprender que veamos todavía más revisiones a la baja en los siguientes meses.

Los datos oficiales del INEGI del Sistema de Indicadores Cíclicos sirven para determinar en qué fase del ciclo económico nos encontremos, ya sea expansión, desaceleración, recesión o recuperación. La nota metodológica que aparece cada mes en su boletín de prensa dice claramente que para determinar si estamos en recesión o no, es necesario primero contar con por lo menos 21 meses entre el pico actual y el pico anterior (para asegurar que estemos en un ciclo distinto al anterior) y que existe por lo menos 9 meses de desaceleración desde el último pico. En cuando a estos criterios, existe más de cuatro años entre el pico actual y el anterior, mientras que llevamos 21 meses de desaceleración. Por lo mismo, según los datos y definición oficial del INEGI, la economía mexicana se encuentra actualmente en una recesión.

Este hecho ha causado algo de controversia, ya que varios funcionarios de primer nivel han desconocido el hecho. Parte es que para muchos la definición de una recesión es que existan por lo menos dos trimestres consecutivos de caída en el PIB. Sin embargo, este no es realmente su definición sino solamente una regla de aproximación. Está documentado que lo de los dos trimestres fue una idea al vapor del economista Arthur Okun cuando éste estaba al frente del Consejo Económico del Presidente Lyndon Johnson de Estados Unidos en 1967. En plena campaña electoral, existía preocupación por la percepción del público de que existiera una recesión. Okun introdujo la idea como una fórmula sencilla para convencer a la gente de que no estaban técnicamente en recesión. Fue una decisión arbitraria, sin fundamento teórico, que nació como una idea interesante en una campaña política para ayudar a que Johnson ganara las elecciones.

La definición exacta de una recesión fue establecida en la década de los 20 del siglo pasado por los economistas Wesley Mitchell y Arthur Burns, en el seno del Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos. Esta institución es una organización académica privada no lucrativa y sin afiliación partidista, que se dedica a promover un mejor entendimiento sobre el funcionamiento de la economía. La definición original y correcta es de una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía en su conjunto y abarca también al estado del empleo (se puede consultar en www.nber.org/cycles/). No se usa directamente al PIB para su determinación (ya que es de frecuencia trimestral), sino específicamente al ingreso real, el empleo, la producción real y las ventas al menudeo (todos indicadores mensuales).

Investigaciones posteriores en el NBER, conducidas principalmente por el economista Geoffrey Moore (fundador del Instituto de Investigación de Ciclos Económicos, ECRI), encontraron que la mejor forma de reproducir los ciclos económicos y así aproximar las fechas de comienzo y fin de las recesiones era mediante la construcción de índices compuestos de indicadores coincidentes, que consistían justamente de los indicadores antes señalados. El NBER decidió establecer en 1978 el Comité de Fechas de los Ciclos Económicos y desde entonces, ha existido un proceso formal para anunciar los picos y valles de la actividad económica. Aunque el Comité ha señalado que no utiliza una fórmula específica para determinar los tiempos, el índice compuesto de indicadores coincidentes replica de manera fiel todas las fechas reportadas por el NBER.

En el año 2000 el INEGI desarrolló por primera vez el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA) con base en la metodología clásica del NBER. Con estos indicadores se pudo determinar de manera exacta el comienzo y fin de las seis recesiones que tuvimos hasta 2010. No obstante, en noviembre de 2010 el INEGI decidió cambiar de metodología y adoptar la escuela de los ciclos de crecimiento, empujado sobre todo por la OCDE. Así nació el Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), que se utiliza de manera oficial para determinar los ciclos económicos y las fechas de comienzo y fin de las recesiones.

El índice compuesto coincidente que utiliza el INEGI en el SIC, consiste de seis indicadores, que tienen la propiedad esencial de replicar (coincidir) el ciclo económico. Estos son: la actividad económica (básicamente el IGAE), la actividad industrial, las ventas al por menor de establecimientos comerciales, el número de asegurados permanentes registrados en el IMSS, la tasa de desocupación (desempleo) abierto urbano y las importaciones totales.

La metodología de la OCDE consiste en desagregar el índice compuesto coincidente en sus componentes estadísticos, típicos de cualquier serie de tiempo: el patrón estacional, la tendencia-cíclico, la tendencia de largo plazo y el elemento aleatorio (conocido como ruido blanco). Lo primero que se hace es igual la tendencia de largo plazo a 100 a lo largo del tiempo y después ver el comportamiento de la tendencia-cíclico respecto a la tendencia de largo plazo. Si el indicador se ubica por encima de 100 y creciendo se dice que se ubica en su fase de “expansión”. Si se ubica por encima pero disminuyendo se encuentra en la etapa de “desaceleración”. Si el indicador cae por debajo de la línea de 100 y sigue disminuyendo, está en “recesión”, mientras que si empieza a crecer de nuevo entra en la fase de “recuperación” hasta que vuelva a cruzar la línea de 100. En otras palabras, las fases se determinan en función de que si el indicador crece o disminuye y su ubicación respecto a su tendencia de largo plazo.

Los últimos datos disponibles señalan a tres de los indicadores del índice compuesto en fase de recesión (ventas, asegurados y desempleo), mientras que los otros tres se sitúan en recuperación. Salvo los indicadores laborales, que todavía muestran mucha debilidad, los otros indicadores parecen mostrar señales de mejoría. Esto significa que esta recesión, que es poco profundo en comparación a cualquier otra recesión de la economía mexicana, está a punto de terminar y convertirse ya en recuperación.

Afortunadamente, el INEGI es hoy en día una institución autónoma, que se dedica a divulgar indicadores bien hechos y confiables aun cuando no señalan lo que quieren las autoridades. Queda claro que en otras épocas, las autoridades no hubieran permitido al INEGI publicar cifras que contradicen en forma tajante las declaraciones de los funcionarios. Ahora nos divertimos ver como los funcionarios tratan de desacreditar el trabajo del INEGI, negar públicamente lo que dicen las cifras y menospreciar su trabajo.

El Indicador de Posibilidades de Compra

abril 14th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Ejecutivos de Finanzas - (Comentarios desactivados en El Indicador de Posibilidades de Compra)

La Encuesta Nacional Sobre Confianza del Consumidor (ENCO) es conocido en México porque de sus resultados mensuales se calcula el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Para su construcción se emplean las respuestas de cinco preguntas:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses, ¿cómo cree que es su situación económica en este momento?
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?
  4. ¿Cómo considera usted que será la situación económica del país dentro de 12 meses respecto a la situación actual?
  5. Comparando su situación económica actual con la de hace un año, ¿cómo considera, en el momento actual, las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etcétera?

Las posibles respuestas son: mucho mejor, mejor, igual, peor y mucho peor. Se ponderan las respuestas a cada pregunta con valores incrementadas en 25 puntos desde cero a cien, con la finalidad de construir un subíndice para cada pregunta. De esta forma si el 100 por ciento de las respuestas son “mucho mejor”, el subíndice toma el valor de 100, mientras que si todas las respuestas fueran “mucho peor”, el subíndice sería cero. Finalmente se saca el promedio de los cinco subíndices para obtener el ICC, lo que se conoce como un indicador de difusión. En principio, el ICC y sus cinco subíndices son muy valiosos para que los analistas de la economía mexicana evalúan el “humor” de los hogares. Sin embargo, el INEGI igualó los resultados de enero de 2003 a 100, lo que limita el análisis y muchas veces genera confusión e imprecisiones.

Lo que no sabe mucha gente es que aunque el ICC está compuesto por cinco preguntas, la ENCO abarca 15.  La temática de la Encuesta se forma con la opinión de los encuestados sobre:

  • Situación económica, presente y futura de la persona entrevistada.
  • Situación económica, presente y futura de los miembros del hogar.
  • Situación económica, presente y futura del país.
  • Situación actual del consumo de bienes básicos como alimentos, zapatos y ropa, así como de bienes de mayor costo como televisor, lavadora y otros aparatos electrodomésticos.
  • Posibilidad de salir de vacaciones.
  • Posibilidad de ahorrar, en el presente y en el futuro.
  • Comportamiento esperado de los precios a futuro.
  • Situación del empleo en el país en los próximos 12 meses.
  • Poder de compra de la población para adquirir automóvil y casa en los próximos dos años.

Aunque el BIE del INEGI tiene las series completas de los cinco subíndices y el índice total de base enero de 2003 igual a 100, no publica los cinco subíndices en su versión original ni las series resultantes de las otras diez preguntas. La única forma de comparar uno de los subíndices con otro es en su versión original. Si el INEGI publicara los 15 subíndices originales, los analistas no solo pudieran realizar comparaciones válidas, sino también construir sus propios indicadores. Por ejemplo, su podrían agrupar las preguntas que abarcan la situación o percepción actual de los hogares para construir un índice de confianza actual, o bien, juntar las preguntas que indagan sobre las situaciones esperadas para calcular un índice de expectativas.

Las diez preguntas que no se dan a conocer son muy interesantes y de utilidad para el análisis de la coyuntura.  En especial, algunas provocan mucha atención para ciertos sectores de la economía.  Por ejemplo, las posibilidades de comprar un automóvil deben ser de gran relevancia para los productores y distribuidores de automóviles en el país, mientras que los planes de comprar, construir o remodelar una casa lo serán para las direcciones hipotecarias de las instituciones financieras, la industria de la construcción y el sector de bienes raíces del país. ¿Cuáles son estas preguntas?

Las 10 preguntas de la ENCO que no forman parte del ICC son:

  1. ¿Cómo describiría usted su situación económica comparada con la de hace 12 meses?
  2. ¿Cómo cree usted que será su situación económica dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿En este momento tiene usted mayores posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, etcétera que hace un año?
  4. ¿Considera usted que durante los próximos 12 meses usted o alguno de los integrantes de este hogar tendrán posibilidades económicas para salir de vacaciones?
  5. ¿Actualmente usted tiene posibilidades de ahorrar alguna parte de sus ingresos?
  6. ¿Cómo considera usted que serán sus condiciones económicas para ahorrar dentro de 12 meses comparadas con las actuales?
  7. Comparando con los 12 meses anteriores, ¿cómo cree usted que se comporten los precios en el país en los siguientes 12 meses?
  8. ¿Cree usted que el empleo en el país en los próximos 12 meses…?
  9. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar un automóvil nuevo o usado en los próximos dos años?
  10. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar, construir o remodelar una casa en los próximos dos años?

Como se puede apreciar varias de estas preguntas son sobre las posibilidades de comprar, ya sea bienes no duraderos, vacaciones, un automóvil o una casa, que complementan e forma natural a la que sí está considerada en el ICC sobre las posibilidades de comprar bienes duraderos. Por lo mismo, le pedimos las series de la Encuesta al INEGI de estas cinco preguntas y construimos un nuevo indicador que le llamamos “Posibilidades de Compra” (ver gráfica). Tratándose de un indicador de difusión, tiene un rango de cero (total pesimismo) a 100 (total optimismo), mientras que se puede considerar a 50 como el umbral relativo entre el optimismo y el pesimismo.

Para analizar este índice especial, le hemos añadido una línea de tendencia (polinómica de grado 6), que es la línea roja suavizada más gruesa. De entrada es interesante observar que el indicador nunca se ha acercado a la zona de optimismo, sino más bien a fluctuado de 2004 a 2014 entre un rango de 14 a 28 puntos. Se puede apreciar como disminuye significativamente en la recesión de 2008-2009, para después iniciar una recuperación a partir de 2010. También refleja muy bien el deterioro reciente de la economía mexicana a partir de 2013.

Los últimos datos de la gráfica nos señalan que los hogares perciben actualmente sus posibilidades de compra en forma muy pesimista, cerca de los mínimos históricos que se presentaron en la gran recesión en 2009. Sin embargo, mientras que la actividad económica disminuyó 4.7 por ciento en 2009, el PIB avanzó 1.1 por ciento en 2013. Parece ser que el pesimismo actual se debe más al deterioro continuo en el poder adquisitivo y en el ingreso personal disponible de los hogares, acentuado por los efectos nocivos de la reforma hacendaria.

México pareció ser uno de los países ganadores después de la gran recesión de 2008-2009. En los tres años siguientes (2010-2012), disfrutamos de un crecimiento promedio de 4.3 por ciento, por encima de la media latinoamericana. A pesar de que Estados Unidos experimentaba una recuperación lenta y sinuosa, México pudo exportar más de lo debido y así lograr despejarse un poco de la elevada correlación con nuestro vecino que siempre nos ha caracterizado.

En ese momento, fueron tres factores que apuntalaron el buen desempeño: un reacomodo de líneas de producción (en especial en la industria automotriz) dentro de América del Norte, mediante el cual se buscó reducir costos de producción e incrementar la eficiencia; una moneda más competitiva (depreciada) a raíz del ajuste significativo que sufrió el tipo de cambio en 2008 (y posteriormente en 2011); y un cambio fundamental en la política económica de China, que llevó a que se elevara el costo laboral unitario y perdiera competitividad vis-a-vis nuestro país.

No obstante, a mediados de 2012 se anticipaba que Estados Unidos crecería menos en 2013 que en el año anterior.  Aun así, la dinámica que se veía en México hacía pesar que solo pudiéramos sufrir una pequeña desaceleración al respecto y que estaríamos bien posicionado para retomar un crecimiento mayor hacia la segunda mitad de 2013, o bien, a principios de 2014. Existía una buena percepción de las posibilidades mexicanas mediante la llegada de un nuevo gobierno con empuje y una agenda de reformas que detonaría la inversión. Cuando Enrique Peña Nieto logró que se firmara un pacto entre todos los partidos políticos para perseguir su agenda, muchos voltearon hacia nuestro país y dijeron ya llegó el momento para México.

Sin embargo, esta perspectiva realmente no se materializó. A pesar de que algunas de las reformas se aprobaron en la primera mitad del año, las dos más importantes enfrentaron problemas mayores. La reforma fiscal terminó como una propuesta simplemente recaudatorio, sin enfrentar los verdaderos retos fiscales, mientras que la energética se pospuso hacia fines de año (si bien nos va). Como resultado, el empuje que debió representar estas reformas no se materializó en 2013 y no queda tan claro cuáles serán los impactos en 2014.

Pero más allá del detonador que debía representar estas reformas, la actividad económica sufrió una serie de reveses, que no solo detuvo su crecimiento, sino que empujó a la economía hacia una recesión ligera. Lo que pasó fue como una tormenta perfecta, es decir, se conjuntaron varios factores negativos tanto externos como internos, casi todos al mismo tiempo, que detuvo la marcha de la economía.

Primero, a mediados del año pasado la demanda por nuestras exportaciones no petroleras empezaron a desacelerar. Las exportaciones automotrices dejaron de crecer a los ritmos anteriores, mientras que las manufactureras no automotrices se estancaron. Dado que las exportaciones son el motor principal de crecimiento de la economía mexicana, se experimentó mucho menos dinamismo en las actividades secundarias.

Segundo, al mismo tiempo dejaron de crecer las remesas familiares provenientes de Estados Unidos. A partir de julio de 2012 la tasa anual fue consistentemente negativa, afectando un ingreso complementario de muchas familias, que a su vez tuvo un efecto negativo sobre el gasto de los hogares. Dado que una parte significativa de estos ingresos se dedican a obras de autoconstrucción y remodelación de casas, también se vio afectada la rama de “trabajos especializados” dentro de la construcción.

Tercero, el gobierno de Calderón había dado un gran impulso a la vivienda de interés social, en especial mediante la construcción de casas habitacionales horizontales. Sin embargo, la gran mayoría fueron desarrollos en zonas apartadas de los centros de trabajo, esparcimiento y escuelas. Muchos gobiernos locales fallaron en proveer la infraestructura necesaria, por lo que miles de casas fueron abandonadas. A mediados de 2012, el gobierno decidió parar este tipo de edificación, en espera de una nueva reglamentación que favoreciera la vivienda vertical. No obstante, ante el inminente cambio de sexenio, el gobierno saliente le dejó el paquete a la nueva administración, lo que dejó prácticamente paralizado un segmento importante de la construcción.

Cuarto, el gobierno de Calderón propuso utilizar la mayor parte del gasto público programado para 2012 en la primera mitad del año en busca en un efecto favorable en la economía antes de las elecciones. Esto implicó una disminución en el gasto en la segunda mitad del año, en especial en obras civiles y de infraestructura. Al entrar el nuevo gobierno, se intensificó la disminución en el gasto, muy visible en la inversión fija bruta del gobierno. En sí, el presupuesto aprobado para 2013 buscaba un balance fiscal, lo que implicaba un proceso de consolidación mediante una disminución en el gasto público. Pero aunado a esta restricción, la nueva administración tuvo un subejercicio de su gasto, por lo que su impacto negativo fue todavía mayor.

Quinto, ante la promesa de reformas estructurales que implicaban nuevas oportunidades de inversión, el sector privado decidió posponer muchos proyectos hasta no saber bien cuáles iban a ser las nuevas reglas del juego. Primero habría que esperar para ver cuáles reformas se aprobarían y después cuáles serían las leyes secundarias. Esto también implicó una disminución en la inversión fija bruta del sector privado.

Sexto, a pesar de que la inflación general se ha contenido en los últimos años, los precios de los alimentos, de la gasolina y otros bienes con alto impacto en los presupuesto familiares, subieron mucho más que los sueldos y salarios, provocando una pérdida en el poder adquisitivo de muchos hogares. Aunado a los factores anteriores, esto incitó a una disminución en el comercio y a una eventual desaceleración en las actividades terciarias en su conjunto.

El resultado fue primero una atonía a partir de mediados del año pasado, que posteriormente se convirtió en un estancamiento de la actividad económica y eventualmente a una recesión ligera. Originalmente, el INEGI reportó en mayo que el PIB del primer trimestre de 2013 había crecido de 1.8 por ciento anualizado respecto al trimestre anterior. Esto obligó a muchos analistas a revisar a la baja su expectativa de crecimiento para el año, pero aun todavía en un rango ligeramente por debajo de 3 por ciento. Sin embargo, cuando dio a conocer los datos del segundo trimestre en agosto, el INEGI aprovechó para introducir un cambio de base (de 2003 a 2008), que resultó en una revisión del primer trimestre a 0.1 por ciento de crecimiento y una tasa negativa de 2.9 por ciento para el segundo.

Al momento de escribir este artículo, no contamos con la información completa del tercer trimestre. Sabemos que la producción industrial siguió débil en julio y agosto, mientras que las actividades terciarias sostuvieron tasas negativas en agosto. Indicadores diversos como los del IMEF, la AMIA y la ANTAD sugieren que la actividad económica de septiembre permaneció todavía muy débil, por lo que no queda claro si la recesión termina ya o queda en pie por lo menos un trimestre más. Esto ha llevado a otra ronda de revisiones a la baja para el crecimiento del PIB de 2013, que ahora ronda ligeramente por arriba de 1.0 por ciento para todo el año.

El INEGI publica dos diferentes indicadores cíclicos, que se utilizan para conocer en que periodos o etapas nos encontramos dentro del ciclo económico. El primero y original es el que se denomina el Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que pertenece a la escuela clásica que predomina en Estados unidos. El segundo, de más recién creación, es el Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), conocido como ciclos de crecimiento y utilizado predominantemente por la OCDE. En ambos casos, los indicadores coincidentes nos dicen que la economía está en una fase recesiva: en el caso del SICCA, la recesión empezó en noviembre de 2012, mientras que el SIC indica que inició en julio del año pasado. Ambos casos confirman la existencia de una recesión muy ligera, algo distinto a las recesiones anteriores que fueron en su mayoría profundas y prolongadas.

Los últimos indicadores disponibles reflejan una mejoría en la actividad económica de Estados Unidos, por lo que deberíamos anticipar un repunte en nuestras exportaciones. El último dato de las remesas (agosto) fue una tasa anual positiva, que rompe la tendencia negativa de 13 meses. Hace algunos meses, el gobierno publicó las nuevas reglas para los subsidios de la vivienda de interés social, por lo que anticipamos que la construcción pronto volverá a presentar tasas de crecimiento positivas. En los últimos meses el gobierno no solamente ha buscado eliminar el subejercicio, sino además ha solicitado al Poder Legislativo una ampliación del déficit fiscal de 0.4 por ciento del PIB para lo que queda de 2013. En conjunto, todo esto significa que la recesión puede estar por terminar en el cuarto trimestre de 2013, para iniciar una nueva fase de recuperación. Si las reformas pendientes se aprueben y se despeja la incertidumbre respecto a las nuevas reglas del juego, podríamos ver un nuevo dinamismo en la actividad económica para 2014.

El problema es que todavía enfrentamos muchos riesgos, en especial en un momento en que nos encontramos con una recuperación incipiente, frágil e incierta. En la última década, la gran mayoría de los riesgos han sido externos, en especial, enfocado en la economía de Estados Unidos. Sin embargo, ahora prevalecen además riesgos internos que fácilmente pudieran frenar la recuperación y posiblemente prolongar la recesión.

El riesgo más importante está en los impactos negativos de la reforma hacendaria, que disminuye el ingreso personal disponible de los hogares, resta poder adquisitivo a los consumidores, contiene aspectos adversos para las empresas y desalienta la inversión. Por lo pronto, hemos revisado el crecimiento para 2014 a la baja, de 4.2 por ciento antes de conocer las medidas fiscales, a 3.0 por ciento aun con la esperanza de que la recuperación en Estados Unidos tenga un efecto positivo sobre nuestras exportaciones.