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La desaceleración observada en el tercer trimestre y la aparente del cuarto, representa un verdadero reto para Enrique Peña Nieto al comenzar el sexenio.  Debemos recordar que la maldición de las crisis le pegó a Vicente Fox justo cuando comenzaba su gestión, mientras que Felipe Calderón enfrentó la gran recesión en 2008.  En ambos casos, el crecimiento promedio sexenal fue bastante mediocre.  Las cifras disponibles del INEGI advierten que el último trimestre del año podría no sólo ser el peor de los últimos 14, sino con un poco de mala suerte, hasta cercano a cero.  ¿De qué depende el crecimiento de los siguientes trimestres?  Entre otras cosas, de la demanda de Estados Unidos de nuestras exportaciones no petroleras.

Por esto es que nuestros ojos están puestos en cómo resolverá Barak Obama el supuesto precipicio fiscal de su país.  Aparentemente, la combinación de aumentos en impuestos y recortes en gastos es tan significativa que podría ocasionar una nueva recesión en el país vecino, con ramificaciones serias para nuestra economía.  Podría ser un verdadero aguafiestas para un sexenio cuyo arranque hasta ahora se ve promisorio.

En un principio el debate en torno a la solución parecía no tener puntos en común.  Los demócratas insistían en que el 2% más rico de la población tenía que pagar más impuestos, ya que son los que más deducciones y exenciones tienen. Los republicanos alegan que es justamente ese 2% que más empleos genera, por lo que la propuesta disminuiría la creación de empleos.  Los demócratas quieren proteger los programas sociales que apoyan a la economía de las clases media y baja, mientras que los republicanos dicen que es donde más dispendio existe.  Ambos insisten en que las propuestas de sus adversarios no hacen sentido, no suma o de plano, no alcanza.

La necesidad de llegar a un acuerdo ha llevado a que ambos lados ceden poco a poco y en los últimos días se ve más probable una conciliación.  Pero ahora varios analistas dicen que el acuerdo podría ser peor.  Son tantas y tan divergentes las opiniones, que difícilmente podemos discernir qué propuesta funcionará y cual no.  Sin embargo, hay una observación de Paul Krugman que a mí me hace sentido y no la he visto del todo incorporado en el debate: el rol del ciclo económico.

El problema de fondo es que el déficit público de Estados Unidos aumentó demasiado a raíz de la gran recesión.  La contracción en la actividad económica produjo una disminución en los ingresos, mientras que hubo un incremento contra cíclico en el gasto.  Al incrementar el desempleo el gobierno tuvo que pagar más vía el seguro de desempleo y aumentó el gasto en programas sociales como el “welfare” (asistencia a los pobres) y “food stamps” (estampillas de comida).  Cuando la economía vuelva a su etapa de expansión, una buena parte del déficit debería disminuir en forma natural.

Krugman argumenta que si la economía estuviera creciendo alrededor de su potencial, el gobierno obtendría alrededor de 450 mil millones más en impuestos, mientras que se ahorraría alrededor de 250 mil millones en programas de asistencia.  Esto significa que el simple efecto del ciclo económico representa un ajuste de 600 mil millones de dólares de un total de un billón (trillón en el inglés de Estados Unidos).  En números aproximados, Krugman alega que el déficit restante, 400 mil millones de dólares, representa un poco menos del 4% del PIB, que es menor a la tasa de crecimiento nominal del PIB, por lo que disminuiría la deuda como porcentaje del PIB. (Para más detalles sobre los números vean http://www.businessinsider.com/closing-the-deficit-2012-12#ixzz2FVna6DG).

Lo que nos dice Krugman es que cualquier debate realista sobre el tamaño del déficit no puede partir de periodos de anormalidad económica, es decir, de etapas recesivas (que generan más déficit) o de expansiones desmedidas (que crean la ilusión de mayores ingresos).  Se tiene que ajustar los datos en función del ciclo económico.  En el fondo, su posición es que el déficit no es tan elevado como aparenta y que la mejor manera de disminuirla de su monto actual es mediante mayor crecimiento económico y menos desempleo.

Krugman no es santo de devoción de todos los analistas.  Lo acusan de utilizar números alegres y es demasiado “liberal” para el gusto de los conservadores.  Puede ser que los montos mencionados son menores y que el déficit “normal” es mucho mayor al 4% que estima.  Sin embargo, definitivamente debe existir un efecto cíclico que se debe de incorporar en cualquier cálculo.

 También existe un efecto psicológico (¿o sociológico?) en el ambiente de negocios atado al supuesto precipicio fiscal.  Los negocios no quieren invertir ni tomar riesgos ante la amenaza de una recesión, mientras que los consumidores muestran cautela.  Si no se produce un arreglo satisfactorio, la economía pudiera caer en recesión simplemente ante expectativas autorrealizables.  Esto nos lleva a pensar que la mejor solución no es necesariamente una que tenga números que sumen y que minimiza los impactos negativos, sino una que contribuye a fortalecer las expectativas.  ¿Será?

La Legalización de la Marihuana

noviembre 6th, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (Comentarios desactivados en La Legalización de la Marihuana)

El debate en torno a la legalización de las drogas existe desde hace mucho tiempo.  Los argumentos principales giran alrededor de la libertad individual de elegir que es lo que uno consume, de las utilidades extraordinarias y los incentivos perversos que genera su prohibición, y de los efectos que realmente causan.

El primer argumento es similar en el caso del aborto, que es la decisión de continuar o no con un embarazo debe ser decisión de la mujer, más no la imposición de una creencia religiosa sobre el individuo.  En el caso de las drogas, es similar al consumo del tabaco y del alcohol.  Puede ser malo para la salud, pero al final de cuentas la decisión de consumir cualquier sustancia debe recaer en el individuo.  Si se producen efectos secundarios (como en el caso del humo del cigarro), entonces se puede recurrir a legislación sobre dónde se puede fumar o no.

El segundo argumento es una aplicación muy sencilla de la lógica económica.  Al prohibir una droga, se crean una serie de incentivos perversos que hacen que su fabricación y venta sea un negocio sumamente lucrativo, con lleva a la creación de carteles de droga y crimen organizado.  Por más esfuerzo que se hace para erradicar estos grupos, siempre prevalecen los incentivos.  Si arrestan a un jefe de un cartel, simplemente aparece otro.  La experiencia del esfuerzo de Calderón a través de su sexenio ha sido un excelente ejemplo de que es una batalla que no se puede ganar.  En Estados Unidos hubo todavía un mejor ejemplo con la prohibición del alcohol entre 1921 y 1932.

El tercer argumento abarca el tema de los efectos sobre la salud.  Aquí existen miles de estudios que han probado que los efectos de la mayoría de los drogas no son tan nocivos si se toman en dosis controlados.  En el caso específico de la marihuana, parece que los efectos son menores en comparación al alcohol y al propio tabaco.  También hay mucho debate sobre la dependencia que puede causar, sin embargo, las estadísticas señalan que es un problema mucho menos frecuente de lo que se dice.

Independiente de que lado del debate uno puede estar, sabemos que es una guerra difícil de ganar, con un costo enorme en términos de vidas humanas y de recursos financieros, que pudieran ser utilizados para otros fines.  Por lo mismo, cada vez hay más adeptos a la idea de la legalización y debida regulación.  Sin embargo, no es algo que pudiéramos hacer unilateralmente.  Muchos argumentan que sí Estados Unidos no apoya la legalización, difícilmente pudiera ocurrir en nuestro país.

No obstante, es interesante encontrar que el camino hacia la legalización en Estados Unidos ya empezó.  Poco a poco, varios estados han aprobado el uso de la marihuana para casos médico. Ya la mano son 17 entidades que lo permiten y tres más que están por decidir.  Los expertos piensan que es simplemente cuestión de tiempo antes que prácticamente todos los estados hagan lo mismo.

Hasta ahora solo se había considerado el uso médico.  Sin embargo, como casi todo el mundo sabe, ya hay propuestas en tres entidades estatales para permitir el uso recreativo de la marihuana.  California trató de hacerlo hace poco pero sin éxito.  Pero ahora aunque sólo se apruebe en uno o dos estados, será el siguiente paso en el largo camino hacia una eventual legalización mundial.  En poco tiempo empezaremos a ver más y más estados haciendo lo mismo, hasta que el propio gobierno federal tendrá que respaldar un esfuerzo similar.  Si esto llegara a pasar en Estados Unidos, sería fácil pensar en un efecto domino en el resto del mundo.

¿Cuáles serían los efectos de la legalización?  Podemos pensar en un escenario muy similar a la de Estados Unidos cuando se repeló la prohibición de alcohol.  Se desinfló el crimen organizado y se paró de inmediato la violencia.  Incluso, muchos se preguntaron por qué se había prohibido en un principio, ya que el costo del experimento fue enorme.  Obviamente no se solucionaron todos los problemas, pero en vez de gastar una cantidad significante de recursos para combatir el tráfico del alcohol, se convirtió la industria en un importante fuente de impuestos.

Hay que estar muy atentos a los resultados de las elecciones en Estados Unidos.  Pienso que al final de cuentas no va ser tanta la diferencia si gana Obama o Romney.  Sin embargo, si uno o dos de los estados aprueben el uso recreativo de la marihuana, pudiera ser un acontecimiento de mucho más impacto.

¿Y la Correlación?

julio 24th, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (Comentarios desactivados en ¿Y la Correlación?)

Hacia fines del tercer trimestre del año pasado reinaba el pesimismo en cuanto a las posibilidades de crecimiento económico para 2012 en Estados Unidos.  No sólo existía un consenso menor a 2% para el PIB, sino que incluso varios analistas argumentaban que había altas posibilidades de que Estados Unidos podría entrar de nuevo en recesión.  Sin embargo, hacia el final del año el desempeño de la mayoría de los indicadores mejoraron y para principios de este año ya nadie hablaba de recesión.  Entre noviembre 2011 y abril 2012, el consenso de crecimiento fue mejorando lenta aunque contantemente hasta llegar a 2.3% en mayo.  Aun siendo una tasa mucho menor al promedio de crecimiento que ha experimentado Estados Unidos a lo largo de los últimos siete décadas, se consideraba relativamente buena ante la debilidad europea y las posibilidades de una crisis de deuda soberana en varios países.

Sin embargo, en los últimos dos meses no sólo ha dejado de mejorar las perspectivas, sino que de nuevo el consenso se está revisando hacia abajo.  Incluso, el FMI redujo sus proyecciones de crecimiento para el mundo en general y para Estados Unidos en particular.  El desempeño mixto de los indicadores ha demostrado un balance más negativo que positivo y ahora se ve más difícil lograr una tasa de 2% o mayor para este año.

En principio, esto debería ser una mala noticia para México.  Existe una correlación muy elevada entre ambos países, siendo la causalidad de allá para acá.  Nuestro motor de crecimiento principal son las exportaciones no petroleras, de las cuales alrededor de 78% van hacia Estados Unidos.  Dado casi 80% de lo exportamos son bienes manufactureros, dependemos mucho de la demanda norteamericana que proviene fundamentalmente de su producción industrial.  Por lo mismo, una revisión a la baja en el crecimiento de nuestros vecinos debería significar menos posibilidades de crecimiento para México.

Lo sorprendente es no es el caso.  A partir de la crisis de 2008-2009, la correlación entre ambas economías se redujo al observar que nuestra producción industrial (y nuestras exportaciones) no disminuyeron tanto como en Estados Unidos y que nuestra recuperación ha sido mucho más robusta.  Por ejemplo, mientras que la producción industrial de Estados Unidos no ha regresado todavía a los niveles máximos observados antes de su recesión, nosotros sí hemos superado nuestros máximos anteriores a partir de mayo del año pasado.

¿Cómo explicamos nuestro crecimiento casi a contrapelo de Estados Unidos?  En principio hay tres factores, uno particular y dos generales en nuestra economía.  El primero es particular a nuestra industria automotriz, que representa alrededor del 27% de la producción manufacturera y más de una cuarta parte de nuestras exportaciones no petroleras.  Como resultado de la crisis de 2008-2009 en Estados Unidos, varias de las ensambladoras más grandes estuvieron a punto de quiebra y tuvieron que ser recatados por el gobierno.  Lo que siguió fue un proceso de reducción de costos y reorganización de la industria en toda Norteamérica.  Una de las medidas principales fue la reubicación de líneas de producción de Estados Unidos y Canadá hacia México.  Por lo tanto, México obtuvo una tajada mucho más grande de un pastel ligeramente disminuido.

El resultado no sólo fue un aumento en la producción de automóviles para exportación de las tres grandes empresas hacia Estados Unidos, sino también cierto reconocimiento de la productividad de la industria en México, de tal forma que aumentamos nuestras exportaciones hacia otros países y muchas empresas automotrices incrementaron sus inversiones en México.  De esta manera, este año estaremos exportando casi 60% más con respecto al pico anterior a la crisis (2007).

El segundo factor, más general, es que la depreciación del tipo de cambio de más de 20% respecto al dólar y más respecto a otras monedas, le ha sumado atractivo a nuestras exportaciones.  Desde hace más de 15 años México ha venido negociando tratados de libre comercio con muchos países, que en un principio no se vio reflejado en una mayor diversificación de nuestras exportaciones.  Sin embargo, en los últimos cinco años ya hemos visto crecimientos mayores hacia otros países.  La combinación de un tipo de cambio más competitivo y negociaciones de mayor acceso a otras economías, ha redituado en mayores crecimientos en las exportaciones de bienes manufactureros no automotrices.

Finalmente, un tercer factor ha sido el cambio de enfoque de China de buscar crecer vía exportaciones hacia un mayor crecimiento interno.  En busca de un mayor poder adquisitivo de los consumidores chinos, los salarios han aumentado y sus costos laborales unitarios ya no son abismalmente menores a los que existen en otros países.  Muchas empresas han visto que los mayores costos de logística y de transporte ya no se compensan con menores costos laborales, por lo que han dejado de producir en China y vuelto a buscar ventajas geográficas.  Después de una década de ir perdiendo poco a poco el mercado a China, hemos ahora empezado a recuperar terreno.

Todo lo anterior se ha combinado para que nuestras exportaciones sigan creciendo a dos dígitos a pesar del estancamiento económico mundial.  Gracias al empuje externo, la economía interna también ha crecido.  Ahora nos falta buscar fórmulas para mantener el impulso interno sin la dependencia del exterior.

¿Déjà Vu?

agosto 11th, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (2 Comments)

Hace tres años Lehman Brothers anunció que se declaraba en bancarrota, lo que provocó derrumbes de los mercados bursátiles en casi todo el mundo y ajustes significativos en los tipos de cambio.  Aunque Estados Unidos técnicamente ya estaba en recesión, ese evento marcó su intensificación y contagio hacia el resto del mundo.  Lo que siguió fue la peor recesión mundial vista desde la gran depresión de los años treinta del siglo pasado.

Aunque la recuperación empezó en junio de 2009 (por lo que llevamos un poco más de dos años en esta fase), realmente no han cerrado todas las cicatrices de esa crisis en Estados Unidos (ni en muchas partes del mundo).  La tasa de desempleo permanece muy elevada, el mercado de vivienda sigue estancada, la confianza del consumidor está muy errática y las familias norteamericanas todavía ahorran poco.  Peor aún, el gran estimulo fiscal que implementó el gobierno de Obama elevó el déficit fiscal y las relaciones de deuda a niveles ya peligrosos en términos de sostenibilidad, mientras que la política monetaria expansiva de Bernanke llegó a sus límites.

Si en su momento fue Lehman Brothers la gota que derramó el vaso, ahora fue Standard & Poor’s.  Su anuncio de denigrar la sagrada calificación de AAA del gobierno norteamericano ha provocado derrumbes similares y mayores probabilidades de una nueva recesión.  Todo lo que ha pasado esta semana nos deja una sensación como si ya hubiéramos estado allí antes, lo que en francés se conoce como déjà vu.

Obviamente hay similitudes con lo que vivimos hace tres años.  Pero también hay diferencias y posiblemente lo último puede ser lo que más nos debería preocupar.  El mes anterior al comienzo de la recesión de 2008-2009, la tasa de desempleo en Estados Unidos estaba en 4.7 por ciento, el gobierno podía instrumentar una política fiscal contracíclica y la Reserva Federal tenía margen para bajar su tasa de política monetaria y llevar a cabo una expansión sin precedentes.  En buena medida estas políticas evitaron que la recesión fuera más profunda y prolongada.

Ahora la tasa de desempleo se ubica en 9.1 por ciento y no hay margen para la implementación de políticas contracíclicas.  Peor aún, el bloque de congresistas republicanos extremistas acordó extender el límite de endeudamiento del gobierno bajo la condición de que se llevaran a cabo recortes significativos en el gasto.  Esto significa que si Estados Unidos entra en recesión, empezará en condiciones mucho peores que en la anterior y no podrá llevar a cabo políticas correctivas.  Incluso, los recortes actuarán como una política procíclica que agravara la crisis.

En medio de los desplomes de las bolsas en todo el mundo y los ajustes cambiarios en la semana, hubo varias cuestiones que llaman la atención.  De entrada, los reportes corporativos de empresas que cotizan en la bolsa en Estados Unidos fueron muy buenos y anticipan mejores resultados en la segunda mitad del año.  Con las tasas de interés en el piso, uno pensaría que es momento de comprar y no vender.  Sin embargo, la psicología colectiva de histeria fue más fuerte que el razonamiento financiero y se escasearon los compradores.  La historia nos ha enseñado que los grandes derrumbes ocurren cuando todos quieren vender y nadie comprar.

En una máxima expresión de ironía, casi todos los que salieron del mercado bursátil se fueron al mercado de bonos de la tesorería de Estados Unidos.  A pesar de la decisión de Standard & Poor’s, es obvio que el mercado considera al papel gubernamental norteamericano como lo más seguro que existe.  Standard & Poor’s puede decir AA+, pero todos los inversionistas nos están diciendo que sigue siendo AAA.  Ante un gran acumulo de demanda, las tasas de interés de estos bonos bajaron aún más.  Por ejemplo, el bono a 10 años está ahora casi en 2.0 por ciento.  La teoría dice que si un instrumento financiero reduce su calificación, debe pagar más y no menos interés para compensar un mayor riesgo.

¿Qué sigue?  No es eminente que Estados Unidos vaya a entrar en una recesión, pero definitivamente las probabilidades han aumentado bastante.  De ser así, no será una recesión de doble declive (double dip) que algunos vaticinaban, ya que si pasa un periodo mínimo de seis meses entre una y otra recesión, ya son recesiones separadas.  La recesión anterior terminó a mediados de 2009, ya hace más de dos años.  Por lo mismo, si Estados Unidos cae en recesión será una totalmente nueva.

Todavía está por verse si entraremos o no en recesión.  Pero sí podemos estar seguros de que habrá un periodo prolongado de estancamiento en lo que Estados Unidos lleva a cabo los ajustes estructurales necesarios para reducir su dependencia en cuanto a deuda y sanear sus finanzas públicas.  Por lo mismo, deberíamos anticipar una revisión a la baja en las proyecciones de crecimiento económico para los siguientes años.

¿Cómo queda México en todo esto?  Es sumamente conocida la dependencia que tenemos de Estados Unidos.  Por más que el gobierno quiere hablar de la fortaleza de la economía interna, en realidad sabemos que tenemos un solo motor de crecimiento que son las exportaciones no petroleras: si se apaga este motor, la economía interna de nuestro país se estanca.  Simplemente no tiene la fuerza suficiente como para crecer por sí sola.  Por algo, el ajuste en el tipo de cambio del peso fue de las más pronunciadas en el mundo.

La estabilidad macroeconómica, las reservas internacionales, una banca saneada, un balance externo muy baja, finanzas públicas no tan malas y todos los demás puntos positivos que dice el gobierno que tenemos, ayudarán para amortiguar el golpe pero no para evitarlo.  Si Estados Unidos entra en recesión, no hay duda alguna que nosotros también.  Si simplemente entra en una etapa de estancamiento prolongada, asimismo compartiremos esa suerte.