Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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La SHCP entregó el paquete económico para el presupuesto 2017 al Poder Legislativo hace 3 semanas y ahora se encuentra bajo estudio para el proceso de aprobación. En las comparecencias los funcionarios han dicho que se construyó con 3 principios fundamentales: realismo, equidad y responsabilidad, mientras que las finanzas públicas están sanas y bien estructuradas. Sin embargo, un examen a fondo hace dudar de lo mismo. Si se aprueba tal cual, es casi un hecho de que tanto Moody’s como S&P bajarán la calificación de riesgo soberano del país. ¿Por qué?

Primero el realismo. ¿Es realista un tipo de cambio promedio de 18.20 pesos para 2017? El promedio para las primeras 3 semanas de septiembre ya se ubica por encima de 19 pesos, mientras que es posible que registre 20 ya en octubre. En el corto plazo tenemos la incertidumbre del proceso electoral de Estados Unidos y la posibilidad de que la Reserva Federal aumente de nuevo su tasa en diciembre. Una victoria de Trump implicaría un golpe severo al tipo de cambio, mientras que un aumento en la tasa de fondos federales simplemente traslada la preocupación a la fecha del próximo aumento. En el mediano plazo, tenemos un déficit en la cuenta corriente que permanecerá por arriba de 3 por ciento del PIB. Esto significa que se mantendrán las necesidades de mayor financiamiento en la cuenta financiera de la balanza de pagos en un entorno en que la política monetaria de Estados Unidos se encamina a reducir la gran liquidez de años anteriores. ¿Qué motivará la supuesta apreciación del peso? Más bien todo apunta a que la depreciación continuará.

¿Cuál es el riesgo de una mayor depreciación a la contemplada? Según la SHCP una moneda más débil aumenta “los ingresos petroleros debido a que una proporción elevada de los mismos está asociada a las exportaciones de crudo netas de importaciones de hidrocarburos”, al mismo tiempo que aumenta “el servicio de la deuda denominada en moneda extranjera.” El efecto combinado de una depreciación de 2 pesos más que lo estimado en el presupuesto sería de 0.2 por ciento del PIB. También, al sobreestimar el crecimiento económico de 2016 es equivalente a subestimar los ingresos tributarios de 2017, que se calcula en casi 0.1 por ciento del PIB adicional. Aparentemente, el paquete tiene esta subestimación para contrarrestar cualquier aumento adicional en la tasa de interés, ya que sólo se contempla un aumento de 50 puntos base de aquí a fin de 2017. En otras palabras, es un presupuesto amañado a propósito para generar mayores ingresos de los presupuestados, para tener más gasto discrecional (como todos los años).

Segundo, la equidad. ¿Es equitativo recortar la administración central, mientras que aumentan las participaciones a estados y municipios y al Poder Legislativo? Creo que todos estaríamos de acuerdo en que el gasto menos transparente y más ineficiente es el que ejerce los gobiernos locales. Es donde hay más corrupción y menos control. En todos los casos, ¿no debería ser al revés?

Tercero, la responsabilidad. ¿Responsabilidad significa permitir que la deuda pública permanezca por arriba del 50% del PIB? ¿Es responsable subestimar los ingresos para gastar más que lo aprobado? Hay que recordar que año tras año el gobierno siempre ha gastado más de lo presupuestado. En los 4 años de este sexenio, se ha gastado en promedio casi 2 puntos porcentuales del PIB más que lo aprobado por año. También hay que recordar que el gobierno ha prometido contener la deuda pública en cada uno de los últimos 4 años sin haberlo logrado. ¿Por qué vamos a creer que ahora sí?

Por último, ¿están sanas y bien estructuradas las finanzas públicas? La estructura refleja un gasto no programable muy elevada, participaciones inflexibles y la necesidad de enfocar recortes en el gasto de inversión. En buena parte la estructura rígida del gasto refleja la dificultad de contener el gasto (a pesar de ingresos tributarios en máximos históricos), por lo que terminamos siempre con mayor endeudamiento. Por ejemplo, el ejercicio del presupuesto “base cero” que se aplicó hace un año fue prácticamente inútil. No es sano permitir que aumente la deuda pública en casi 15 puntos porcentuales del PIB en tan poco tiempo.

En conclusión, el presupuesto no es muy realista, ni responsable, ni equitativo, ya que partimos de finanzas públicas mal estructuradas y ya no tan sanas.

Cuando el INEGI dio a conocer los resultados del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) de 2015 el pasado 15 de julio, se vio envuelto en [quizás] el mayor escándalo en toda su historia. Resulta que introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos, de tal forma que ya no sea comparable la información con años anteriores. El INEGI ha introducido cambios en metodologías y formas en levantar su información en múltiples ocasiones anteriores, pero en esta ocasión causó controversia al no realizar consulta previa ni abrir primero el tema a un mínimo debate. La molestia de Coneval, el instituto encargado de medir oficialmente la pobreza mediante las cifras del MCS, fue tan grande que, al final de cuentas, simplemente rehusó medir la pobreza para 2015. Causó mucha suspicacia, dado que las cifras de pobreza resultan sustancialmente menores a los años anteriores. El golpe al INEGI fue tremendo, especialmente en términos de credibilidad, confianza y transparencia.

En principio, el escandalo llegó a su fin cuando el INEGI y el Coneval limaron asperezas al reunirse y discutir opciones al futuro. En principio, acordaron realizar la encuesta (ENIGH) este año de tal forma que los resultados sean comparables con los años anteriores. Esto implica sacrificar las mejoras que realizó el INEGI en el MCS para tener en el futuro comparabilidad a través del tiempo. En otras palabras, resulta más importante para el Coneval saber si aumenta o disminuye la pobreza a través del tiempo, a tener una medición de una vez por todas más sólida.

No obstante, queda pendiente tener una mejor medición de la pobreza para nuestro país. Sin menospreciar la dimensión del problema en México, queda claro que el número en nuestro país no es sustancialmente mayor al resto de América Latina. Sin embargo, la CEPAL realizó un estudio que concluye que la proporción de pobres en México es 2.6 veces a la de Brasil y que incluso, mayor a la de Bolivia, uno de los países más pobres del continente. Casi todos los analistas criticaron el estudio por irresponsable, malhecho, desorientador y francamente erróneo. El problema es que son mediciones diferentes, que no se pueden utilizar para comparaciones. No obstante, el estudio dejó claro que la medición de la pobreza en México está claramente sobreestimada.

¿Por qué? El problema no surge de la metodología empleada por Coneval. Es de vanguardia y resultado de una discusión académica muy nutrida. Tampoco se ubica en la metodología empleada en la encuesta levantada por el INEGI; fue resultado de discusión y diseño del propio Coneval. El problema radica en que existe un incentivo perverso en este tipo de encuestas para subestimar los ingresos. Pongamos un ejemplo de un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe una remesa mensual de familiares que radican en Estados Unidos. Si declara la totalidad de sus ingresos, podría perder su participación en Prospera. Resulta que las encuestas captan menos del 10 por ciento de las remesas reportadas por Banxico. Pensemos en un hogar cuyos ingresos provienen totalmente de la informalidad (seis de cada 10 empleos en el país); ¿a poco van a decirle al INEGI todo lo que ganan? Veamos otro ejemplo, de una familia de clase media acomodada que no participa al SAT la totalidad de sus ingresos. No vaya ser que el INEGI comparte los resultados de la encuesta con el SAT. Los más ricos del país ni siquiera están contemplados en la muestra.

Al final de cuentas, nos guste o no, no tenemos tantos pobres en el país como sugieren las encuestas, en tanto que la distribución del ingreso es realmente mucho peor de lo que revela. Las cifras de 2014 dicen que el 46.2 por ciento de la población vive en situación de pobreza, sin embargo, el nuevo módulo dice que la proporción realmente es de 36.7 por ciento, casi 10 por ciento menos. Pero aguas, no significa que la pobreza se ha reducido en 9.5 puntos porcentuales, sino que anteriormente estaba sobreestimada.

Entiendo porque Coneval no quiere perder la comparabilidad con el pasado. Pero también estimo que necesitamos una mejor medición en términos absolutos. No solo de la pobreza, sino también de la distribución del ingreso. Lo que necesita INEGI es proporcionar todo lo anterior: una mejor medición y comparabilidad con el pasado, no uno u otro. Ese es el verdadero reto.

En el último par de años hemos visto cambios en la balanza de pagos, que ha obligado ajustes en el tipo de cambio. Entre 2003 y 2012, el déficit de la Cuenta Corriente sostuvo un promedio alrededor de 1.1 por ciento del PIB, un nivel relativamente bajo y fácil de financiar mediante el superávit en la cuenta financiera. Incluso, hubo un proceso continuo de acumulación de reservas en el periodo, ya que las entradas de capital eran mucho más de lo que se necesitaba para financiar el déficit. En la mayor parte del periodo, hubo una política monetaria expansiva sin precedentes en Estados Unidos, que provocó mucha liquidez que se canalizó a los países emergentes. Sin embargo, a partir de 2013 el déficit de la cuenta corriente ha crecido sustancialmente. Para este año se estima que pudiera terminar por arriba de 3.2 por ciento del PIB. El crecimiento del déficit ya no ha permitido la misma acumulación de reservas y se ha necesitado de un superávit mayor en la cuenta financiera. El problema es que ha concluido la fase acomodaticia de la política monetaria de la Reserva Federal, lo cual significa que poco a poco se irá revertiendo la liquidez internacional.

En este proceso, hemos visto que el tipo de cambio se ha ido ajustando. En básicamente dos años ha aumentado alrededor de 45 por ciento. En principio, un incremento de tal magnitud debería haber estimulado las exportaciones e inhibido las importaciones para reducir el déficit en la cuenta corriente. Sin embargo, esto realmente no ha sucedido y vemos que el déficit sigue creciendo. Esto significa que necesitaremos un superávit todavía mayor en la cuenta financiera para que las cuentas se ajusten. Sin embargo, un déficit mayor en la cuenta corriente financiado con un superávit mayor en la cuenta financiera implica una mayor vulnerabilidad a los vaivenes financieros internacionales.

Ante esta situación, tenemos dos variables de ajuste. El tipo de cambio puede seguir aumentando para tratar de reducir el déficit en la cuenta corriente, o bien, el Banco Central puede aumentar todavía más la tasa de política monetaria para tratar de atraer más flujos de capital para ampliar el superávit financiero. Hasta hace poco, las autoridades monetarias habían permitido que el ajuste se diera casi por completo vía el tipo de cambio. Mientras que el traspaso del ajuste cambiario hacia la inflación se mantuviera bajo control, el Banco de México no tenía problema con una moneda más débil. No obstante, la depreciación continua sin hacer maya en el déficit y la Junta de Gobierno ve ahora la necesidad de compartir el ajuste con una tasa de interés mayor a sabiendas que tarde o temprano habrá presiones inflacionarias. Como consecuencia, hemos visto en un espacio menor a cinco meses un incremento acumulado de 100 puntos base en la tasa de política monetaria por encima de la tasa de fondos federales en Estados Unidos.

¿Cuál debería ser la variable de ajuste? Si se permite que sea el tipo de cambio, veremos una depreciación todavía mucho mayor a la que se ha dado y sin dudas empezaremos a resentir una mayor inflación. Si se utiliza en forma más agresiva la tasa de interés, veremos una ampliación en la cuenta financiera, con el problema creciente de vulnerabilidad y un efecto contraccionista sobre la demanda agregada.

El mismo Banco de México nos ha dicho que un aumento en la tasa de fondeo bancario provoca alzas en las tasas de interés de mediano y largo plazos, que incentiva el ahorro y disminuye el consumo de las familias. También hace menos atractiva la realización de nuevos proyectos de inversión. Al mismo tiempo, pudiera provocar una apreciación de la moneda, disminuyendo la demanda de bienes nacionales. No solo aumentaría aún más el déficit en la cuenta corriente, sino la desaceleración en la actividad económica podría provocar una recesión. En otras palabras, en el corto plazo las autoridades tendrán que buscar el balance entre las dos alternativas, que de errar podríamos exacerbar la actividad económica o bien, inducir mayores presiones inflacionarias.

Hace 20 años, la tendencia de largo plazo del PIB daba una tasa de crecimiento promedio alrededor de 3.0 por ciento; hoy es de 2.2 por ciento. Hace 20 años, la inflación anual era de dos dígitos; hoy se ubica por debajo del objetivo puntual de 3.0 por ciento. ¿En qué dirección nos moverá el gobierno en el corto plazo?

Hace un mes, el INEGI divulgó que el PIB creció 0.8 por ciento en el primer trimestre respecto al cuarto de 2015 y 2.8 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Al mismo tiempo, informó el desempeño de las actividades productivas, desagregado por 20 sectores, dentro de los cuales destacaron las actividades primarias y el sector de la construcción. La noticia fue muy buena, ya que el crecimiento no solo fue mejor que lo esperado, sino también mucho mayor al de Estados Unidos: la tasa anualizada (de 0.8 por ciento) es 3.3, comparada con la de nuestros vecinos de 0.8. Hace unos días, el INEGI complementa la información anterior con el desglose del PIB por el lado del gasto. Con esta nueva información, podemos entender todavía mejor el comportamiento económico del país.

Resulta que el consumo de los hogares creció 0.5 por ciento, ligeramente por debajo de los cuatro trimestres anteriores. Aun así, fue el componente de mayor aportación al crecimiento, ya que el consumo representa 67.9 por ciento del PIB; explicó 37 puntos base, casi el 45 por ciento de la tasa. No obstante, su crecimiento fue menor al del PIB, por lo que la proporción del consumo en el total cayó a 67.7 por ciento. El componente de mayor crecimiento fue la inversión privada, que aumentó 1.8 por ciento respecto al trimestre anterior y 5.0 por ciento respecto al mismo periodo de 2015. A pesar de ponderar alrededor de una cuarta parte de lo que representa el consumo en el PIB, contribuyó con 32 puntos base al crecimiento, es decir, casi 40 por ciento de la tasa trimestral. Con este avance, la inversión privada ya representa 18.4 por ciento del PIB, un nuevo máximo histórico.

El tercer componente en orden de importancia fueron las exportaciones, que crecieron 0.4 por ciento respecto al trimestre anterior y 3.1 por ciento anual. Aunque el avance es muy modesto, su ponderación de 35 por ciento del PIB, permitió que contribuyera con 14 puntos base a la tasa del trimestre del PIB. Sin embargo, es muy notorio su desaceleración, ya que la tasa anual del primer trimestre del año pasado fue 12.6 por ciento. En 2015, las exportaciones medidas en pesos reales crecieron 9.0 por ciento.

El gasto público, tanto como el consumo de gobierno como la inversión pública, tuvieron contribuciones negativas con tasas de -0.8 y -3.0 por ciento respectivamente en el trimestre. Entre ambos componentes, le restaron 19 puntos base a la tasa del PIB. La tasa anual del consumo público fue -0.3 por ciento, siendo la primera vez en los últimos 49 trimestres en que se registra una tasa negativa. La inversión pública alcanzó -13.6 por ciento, la más baja de los últimos 57 trimestres. Registra una tasa negativa en 19 de los últimos 20 y en 23 de los últimos 27 trimestres. Creo que queda claro que la inversión pública registrará en 2016 su séptimo año consecutivo a la baja. Pero es muy posible que en esta ocasión sea con una tasa más negativa que en los seis años anteriores. Por lo pronto, ya solo representa 3.4 por ciento del PIB, un nuevo mínimo histórico.

¿Qué nos dicen todas estas cifras? Primero, aunque sí avanza el consumo privado, no es el fenómeno que muchos creen. Como proporción del PIB, el máximo histórico fue el segundo trimestre de 2013, mientras que su desempeño anualizado da apenas 2.0 por ciento de crecimiento. Si queremos crecer más cerca de 3 este año que de 2 por ciento, necesitamos un consumo mucho más dinámico. La fortaleza de la economía ahora es la inversión privada, pero no en forma generalizada, sino específicamente la edificación no residencial. Las obras de ingeniería civil, los trabajos especializados de la construcción y la adquisición de maquinaria y equipo van a la baja, mientras que la edificación residencial muestra un desempeño lateral. Si queremos que la inversión privada se mantenga como el motor principal de crecimiento, tendremos que ver un desempeño mucho más generalizada.

Preocupa la desaceleración de las exportaciones. Si bien crecieron 3.1 por ciento en pesos reales en el primer trimestre, cayeron 5.9 por ciento en dólares. Las exportaciones manufactureras no automotrices llevan año y medio con una tendencia negativa, mientras que las automotrices también empiezan a registrar tasas negativas. Por último, es casi un hecho que el gasto público seguirá con tasas negativas. El balance final no es tan positivo.

Desde hace casi un año, los economistas que participan en las encuestas rutinarias de expectativas han revisado consistentemente a la baja el consenso para el crecimiento económico para 2016. Hace diez meses (agosto 2015), el consenso de la mayoría de las encuestas giraba alrededor de 3.2 por ciento de crecimiento para este año, mientras que la SHCP todavía pensaba en 3.8 por ciento. No obstante, hasta el mes pasado las revisiones habían llevado al consenso a esperar tan 2.3 por ciento. Pero con la entrega de las últimas encuestas, hemos visto por primera vez algunas revisiones al alza: la quincenal que realiza Banamex a instituciones financieras revisó al alza a 2.4 por ciento, mientras que la mensual que Banxico aplica a “especialistas” en economía aumentó a 2.45 por ciento. La excepción fue la Encuesta Mensual de Expectativas IMEF, que quedó sin cambios en 2.3 por ciento.

¿Qué fue lo que motivó a algunos (no todos) a esperar ligeramente más crecimiento? Básicamente fue el comportamiento del primer trimestre del año, que creció en términos anualizados 3.3 por ciento respecto al trimestre inmediato anterior y 2.8 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior. Esta cifra fue mayor a la anticipada y señala la posibilidad de más crecimiento para el año en su conjunto. Es importante recordar que el PIB del año es el promedio de los cuatro trimestres, por lo que un buen crecimiento al principio de año contribuye mucho más a que si se diera al final.

El optimismo no es generalizado, ya que en la Encuesta de Banamex solo cinco instituciones incrementaron su expectativa, mientras que en la del IMEF cinco revisaron al alza, pero cuatro a la baja. También prevalece el pesimismo para algunos. Banamex anticipa 2.1 por ciento y GEA 1.9 por ciento, mientras que un participante no identificado en la Encuesta de Banxico espera tan solo 1.7 por ciento. Este extremo parece un tanto exagerado, ya que implica necesariamente que la economía entra en recesión (tasas negativas de crecimiento) en la segunda mitad del año.

¿Por qué esta ambigüedad? ¿Por qué algunos ven cada vez más difícil el crecimiento, al lado de otros que ven un rayito de luz? La respuesta es que el crecimiento económico está prácticamente dividido en dos factores opuestos: el sector externo, que va de mal en peor, caracterizado por tasas negativas, y el consumo de los hogares, que mantiene su paso de recuperación, alentado por mejorías en el ingreso promedio real de las familias y mayor flujo de crédito. En todo esto, encontramos al gobierno simplemente de espectador sin poder realmente hacer mucho, ya que el deterioro en las finanzas públicas ha obligado a recortar el gasto público. Al mismo tiempo, las autoridades monetarias tienen los brazos atados ante la dirección que empieza a tomar la política monetaria de la Reserva Federal. Esto significa que no podemos contar con una política fiscal o monetaria contra cíclica que pudiera alivianar el paso.

Los pesimistas ven la perspectiva cada vez más negativa para Estados Unidos, que demanda menos de nuestras exportaciones a pesar de una mejoría significativa en el tipo de cambio. La ausencia de este motor de crecimiento va a repercutir tarde o temprano en una desaceleración en el consumo privado. Si examinamos las últimas dos décadas, encontramos que la economía interna nunca ha podido crecer sin el empuje del exterior. El escenario se complica aún más al observar que estamos al inicio de un ciclo alcista en las tasas de interés en un entorno de incertidumbre, que genera volatilidad y expectativas negativas.

Los optimistas ven el consumo como un elemento vigoroso, que crece muy a pesar del estancamiento manufacturero y que es muy probable que las exportaciones empiecen a recuperar su camino gracias al impulso del tipo de cambio. La construcción, elemento preponderante de la inversión privada, empezó el año con un impulso sólido, mientras que los beneficios de las reformas estructurales empiezan a surtir efecto.

Al final, ¿dónde quedaremos? Es cuestión de balance entre lo negativo de las exportaciones y lo positivo del consumo. ¿Cuál prevalecerá y terminará por dominar al otro? Por lo pronto, no queda tan claro, ya que las cifras de exportaciones han sido cada vez más negativas, mientras que las del consumo cada vez mejores.

El tipo de cambio cerró el viernes pasado en 18.6283 pesos por dólar, siguiendo una clara tendencia al alza que empezó a principios de mayo. La Encuesta sobre las Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado, que levanta cada mes el Banco de México, señala un consenso de 18.17 pesos para este mes, es decir, anticipan una apreciación del peso en el corto plazo. El más pesimista de los 29 que contestaron, ve el tipo en 18.62 pesos, mientras que el más optimista lo ve en 17.50. Si vemos la trayectoria mensual esperada para el peso, vemos que los especialistas esperan que el tipo de cambio vaya bajando a lo largo del año para terminar este año en 17.95 y el año entrante en 17.50. El más optimista lo ve en 16.80 al final de 2016 y en 15.30 al cierre del año entrante.

La Encuesta de Expectativas Quincenal de Instituciones Financieras que realiza Banamex señala algo parecido: una expectativa de 18.00 pesos para el cierre de 2016 y de 17.45 para finales de 2017. Santander piensa que el tipo de cambio estará en 16.80 en diciembre, mientras que CIBanco anticipa un nivel de 16.60 pesos para finales del año entrante. La Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF arroja números similares, al igual que otras encuestas realizadas en el exterior como el de Consensus Economics y LatinFocus. En otras palabras, el consenso ve una recuperación del peso, mientras que prácticamente nadie ve que se mantenga la tendencia de la depreciación.

Resulta difícil coincidir con esta perspectiva cuando todavía existen grandes dudas acerca de la decisión de la Reserva Federal y la alta probabilidad de que veamos más alzas en la tasa de fondos federales en el mismo lapso. Existe evidencia de salidas de capital mediante la desinversión extranjera de portafolio y es muy probable que se mantenga la tendencia. Todo apunta a que el superávit de la cuenta financiera de la balanza de pagos será más pequeña este año y el entrante, lo que seguramente pondrá presión sobre nuestra moneda.

Por el otro lado, tenemos una cuenta corriente con un déficit creciente. Las exportaciones mantienen una clara tendencia a la baja, no solamente por el petróleo, sino por las exportaciones no petroleras. A la tendencia de 18 meses a la baja de las exportaciones manufactureras no automotrices, hay que agregar una tendencia también a la baja de las exportaciones automotrices (la joya de la corona) de los últimos diez meses. Como comentamos la semana pasada, el déficit acumulado de la balanza comercial en los primeros cuatro meses del año (de 6 mil millones de dólares) es el más elevado para un comienzo de año de toda nuestra historia. Si suben las tasas de interés (lo más probable), va aumentar el déficit en la balanza de servicios. Todo indica que la cuenta corriente pondrá presión sobre nuestra moneda.

Hasta ahora hemos visto un incremento acumulado en el tipo de cambio superior al 45 por ciento. Pero a diferencia de otras ocasiones, no ha sido suficiente para incentivar las exportaciones, en especial ante un efecto ingreso en nuestra contra. La producción manufacturera de Estados Unidos se encuentra estancada desde hace más de un año y su perspectiva no es alentadora. La Secretaría de Hacienda revisó a la baja su perspectiva para el crecimiento de la producción industrial de Estados Unidos en su documento de Pre-Criterios de 2.7 a 0.9 por ciento para el año, pero hasta ahora el nivel promedio de la producción manufacturera de 2016 se ubica apenas 0.2 por ciento por arriba del promedio observado entre noviembre de 2014 a finales del año pasado.

El tipo de cambio siempre ha sido de las variables económicas más difíciles de anticipar, pero ahora parece ser todavía más problemático. Sin embargo, en un escenario con tasas externas al alza, déficits en la balanza comercial y en la cuenta corriente crecientes, un superávit financiero más pequeño y poco crecimiento externo, tiene que existir alguna variable de ajuste. Lo más probable es que ésta será el tipo de cambio. ¿Se apreciará el peso en el corto y mediano plazo? Más bien todo indica lo contrario.

Por lo pronto, es probable que la Reserva Federal anuncie un incremento en su tasa objetivo en junio o julio. Ante ésta incertidumbre deberíamos ver el tipo de cambio por encima de 19 pesos en el corto plazo.

Los PMI de Mexico

Mayo 27th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

Un PMI[1] es un indicador de difusión[2], que ayuda a anticipar la evolución de la economía en el corto plazo. Consiste en una cuantificación de respuestas cualitativas, de modo que es un indicador muy oportuno que señala en general la dirección que probablemente tomará la actividad económica, tal como posteriormente la describirá el PIB. Se construye mediante una encuesta mensual a los gerentes de compras de empresas manufactureras, que consiste en cinco preguntas muy sencillas. Dado que su oportunidad (típicamente el primer día hábil del mes siguiente) y su frecuencia (mensual) son mayores a las cifras del PIB, se utiliza para evaluar y proyectar el crecimiento de la economía en el muy corto plazo. Por lo mismo, es un indicador que puede influir en el comportamiento de los mercados financieros, incluyendo al de valores.

En México existen tres indicadores PMI: el Indicador IMEF Manufacturero[3], el Indicador de Pedidos Manufacturero del INEGI[4] y el Índice de Gerentes de Compras (IGC) de Markit[5]. Son instrumentos creados para tener una idea de cómo se podría comportar la actividad económica en anticipación a las mediciones más acabadas de la misma, como el Producto Interno Bruto (PIB) o el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE). Los medios y muchos analistas siguen la publicación de estos indicadores regularmente y muchos lo consideran para sus decisiones económicas en los mercados y en la economía. Aquí la pregunta es si verdaderamente son instrumentos útiles para anticipar la actividad económica o simplemente otro experimento fallido de los economistas para disipar la incertidumbre del futuro. Específicamente, ¿qué tan bien se correlaciona el PMI con el crecimiento del PIB?

Antecedentes para Estados Unidos y China

Recientemente, Yili Chien y Paul Morris de la Reserva Federal de San Luis se plantearon la misma pregunta para los PMI de las economías de Estados Unidos y China[6]. Ellos calcularon el grado de asociación[7] para medir la efectividad de anticipación del PMI con el PIB. Su conclusión es que el PMI es un buen indicador, aunque no perfecto, de la condición económica actual de ambos países. El estudio de Chien y Morris grafica la relación entre el ISM[8] de Estados Unidos con una frecuencia trimestral y la tasa de crecimiento trimestral del PIB a partir del primer trimestre de 2005. Encuentran una correlación positiva significativa de 0.75 entre ambas que, de acuerdo con ellos, confirma lo encontrado por Evan Koenig en un estudio realizado en 2002[9].

Para un PMI, un valor mayor a 50 sugiere que el sector manufacturero creció respecto al mes anterior, mientras que un nivel inferior a 50 significa que disminuyó[10]. Para el caso específico de Estados Unidos, cuando el ISM tiene un valor superior a 50, la tasa de crecimiento del PIB tiene un valor positivo muchas más veces que negativo. Estudios econométricos indican que cuando el valor es de 42 o menor, la economía entra en una fase de recesión. Al existir una correlación positiva de 0.75 entre el ISM y la tasa de crecimiento del PIB de Estados Unidos, el valor oportuno del ISM ofrece una señal adelantada del crecimiento económico.

En seguida, Chien y Morris realizan el mismo cálculo para el caso de China, dado el interés que ofrece su economía al ser “causante de la actual debilidad económica mundial”. Encuentran que el PMI chino[11] y su PIB también guardan una relación robusta, al tener un coeficiente de correlación de 0.73. Sin embargo, un valor de 50 para el PMI de China no es indicativo de una tasa de crecimiento cercana a cero para el PIB, ya que China ha experimentado una tasa de expansión muy elevada en los últimos 25 años.

Chien y Morris señalan que el PIB de China es más sensible a los cambios en su PMI que en el de Estados Unidos, ya que un aumento de 50 a 55 puede incrementar la tasa de crecimiento de 5 a más de 15 por ciento. En Estados Unidos, un cambio similar no afectaría al PIB en esa magnitud. En la muestra examinada, en la mayoría del periodo el PMI de Estados Unidos es mayor al de China, sin embargo, la tasa de crecimiento del PIB de Estados Unidos siempre es menor. Los autores concluyen que es resultado de que ambos países se encuentran en diferentes etapas de desarrollo. China no solamente crece mucho más que Estados Unidos en promedio, sino que además su tasa es mucho más volátil, lo que da un rango mayor de tasas de crecimiento que corresponden a un rango más acotado del PMI.

Así pues, los autores concluyen con base en estos resultados que los PMI son buenos indicadores, aunque no perfectos, de la condición económica actual de un país.

Aplicación a México

En México existen tres PMI, que básicamente pretenden medir lo mismo. El primero fue elaborado por el IMEF a partir de 2005 y se llama el Indicador IMEF Manufacturero[12]. Su elaboración, metodología y marco conceptual son idénticos a los del ISM de Estados Unidos, mediante muestras muy parecidas. En el caso del IMEF, la mayoría de los encuestados son ejecutivos de finanzas y socios de la institución, mientras que en el caso del ISM, los encuestados son gerentes de compras o de abastecimiento y socios de la institución. En ambos casos las muestras son entre 350 y 400 empresas. El indicador desestacionalizada[13] se da a conocer en dos formas: sin ajustar y ajustada por tamaño de empresa, incluyendo en cada caso la tendencia-ciclo. El IMEF da a conocer sus resultados mediante un boletín técnico mensual que, en adición a las cifras, incluye un análisis de la coyuntura.

El segundo PMI mexicano lo construye el INEGI en colaboración con el Banco de México y aunque es similar al ISM, se elabora mediante una encuesta mucho más grande, basada en información derivada de los censos económicos[14]. El INEGI aplica una ponderación distinta a las cinco preguntas como lo hacía el ISM hace algunos años atrás. En este caso, por el tamaño de su muestra, el INEGI elabora siete índices adicionales que representan una desagregación del sector manufacturero. La información se divulga en varias formas, aunque los datos se pueden consultar en el Banco de información Económica (BIE) en su página de Internet.

Finalmente, el tercer PMI lo calcula una consultoría internacional, Markit, que construye índices similares para más de 30 países y que vende a instituciones financieras. La muestra utilizada consiste en más de 300 empresas manufactureras, estratificado por grupo de la Clasificación Industrial Estándar con base en la aportación industrial al PIB mexicano. A diferencia del IPM de INEGI y del Indicador IMEF, solo considera tres posibles respuestas y no publica a detalle su metodología. Sus datos son desestacionalizados[15] pero no existen series de tendencia-ciclo. Los datos históricos no están disponibles al público, sino solo mediante una suscripción pagada o por medio de una terminal de Bloomberg.

Para ver qué tan buenos son los PMI de México realizamos el cálculo de coeficientes de correlación en línea con la metodología utilizada por la Reserva Federal de San Luis. Por el lado de los PMI usamos siete distintas series: cuatro del IMEF (las series ajustadas por estacionalidad y las de tendencia-ciclo, ajustadas y sin ajustar por tamaño de empresa), dos del INEGI (la serie ajustada por estacionalidad para la totalidad del sector manufacturero y la tendencia-ciclo) y una de Markit (ajustada por estacionalidad). Primero calculamos los coeficientes de correlación con las series de producción manufacturera, de actividades secundarias y del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) con frecuencia mensual y después para los mismos indicadores, incluyendo el PIB, con frecuencia trimestral.[16]

Resultados Mensuales

Los resultados a partir de series mensuales fueron en general muy pobres para las series ajustadas por estacionalidad. La mejor correlación del Indicador IMEF fue 0.44 entre la serie ajustada por tamaño de empresa y el IGAE, mientras que la mejor del IPM del INEGI fue de 0.41 también con el IGAE. En ambos casos se encontraron que las correlaciones mejoraban marginalmente entre más agregado fuera el indicador de actividad económica, es decir, los coeficientes más bajos fueron para la producción manufacturera y la las más elevadas fueron para el IGAE total. En el caso del IGC de Markit, todas las correlaciones resultaron negativas y muy cercanas a cero.

Sin embargo, cuando se calcularon las correlaciones a partir de las series de tendencia se encontró una mejoría notable. La correlación entre las tendencias del Indicador IMEF sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE fue de 0.77 (gráfica 1), mientras que la del IPM del INEGI con el IGAE fue de 0.68. Dado que Markit no proporciona series de tendencia-ciclo, no se realizaron los cálculos correspondientes.

 

Gráfica 1: Tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero y el IGAE

 

La primera conclusión es que, a nivel de datos mensuales, los PMI mexicanos no son tan buenos para anticipar la actividad económica en general, pero sí para marcar la tendencia-ciclo. En particular, el mejor PMI mensual es la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero (sin ajustar por tamaño de empresa), que funciona muy bien para anticipar la tendencia-ciclo del IGAE. La correlación de éste último es, incluso, superior a la del ISM Manufacturero de Estados Unidos del estudio de Chien y Morris. Los resultados de todas las correlaciones mensuales se muestran en el cuadro1 a continuación:

 

Cuadro 1: Coeficientes de correlación de series mensuales

Coeficientes de correlación Mensual
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Sin ajustar por tamaño 0.2710 0.2981 0.3856
IMEF Ajustada por tamaño 0.2854 0.3205 0.4393
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar 0.6226 0.7141 0.7675
IMEF Tendencia-ciclo ajustada 0.5502 0.6205 0.6573
IPM 0.3550 0.3884 0.4118
IPM Tendencia-ciclo 0.6094 0.6471 0.6849
Markit -0.0402 -0.1512 -0.0358

 

 

Resultados Trimestrales

El estudio de Chien y Morris utiliza datos de frecuencia trimestral para poder calcular la correlación con el PIB. Para obtener resultados comparables con su estudio, convertimos todas las series de los distintos PMI a una frecuencia trimestral mediante promedios de cada periodo. Al trimestralizar los datos, se tiene la ventaja de suavizar las variaciones más elevadas de las series mensuales. Intuitivamente, si las series mensuales de tendencia tuvieron mejores correlaciones que las series normales, deberíamos esperar mejor resultados con las series trimestrales, que en ambos casos se obtienen una varianza menor. De nuevo, calculamos los coeficientes de correlación de todos los PMI de series ajustadas por estacionalidad y de tendencia-ciclo con las series de producción manufacturera, de actividades secundarias y del IGAE, en adición al PIB.

En prácticamente todos los casos, sí obtuvimos mejores resultados. Al igual que con las series mensuales, se obtuvieron mejores correlaciones entre más agregada fuera la serie, es decir, de producción manufacturera al IGAE y también, con las series de tendencia. De la misma manera, el Indicador IMEF registró mejor correlación que el IPM del INEGI, aunque ambos PMI obtuvieron correlaciones satisfactorias. De nuevo, el IGC de Markit obtuvo muy mal resultados, entre correlaciones negativas y coeficientes muy cercanos a cero.

Se pueden observar los resultados de las correlaciones con las series trimestrales ajustadas por estacionalidad en el cuadro 2 a continuación:

Cuadro 2: Coeficientes de correlación de series trimestrales ajustadas por estacionalidad

Coeficientes de correlación Trimestral
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Sin ajustar por tamaño empresa 0.6398 0.7576 0.8101
IMEF Ajustada por tamaño empresa 0.6485 0.7218 0.7721
IPM 0.6380 0.7072 0.7324
Markit -0.2042 -0.0814 0.2257

 

La mejor correlación que se encontró fue entre el Indicador IMEF Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE, de 0.81, seguida por el IPM del INEGI de 0.77, ambos resultados muy buenos. En cambio, el IGC de Markit tuvo una correlación de 0.23 con el IGAE, lo que nos dice que no hay realmente una relación entre el nivel del indicador y la actividad económica. Incluso, con las series de producción manufactura y de actividades secundarias, las correlaciones fueron negativas.

Los resultados de los cálculos de las series trimestrales de tendencia-ciclo se pueden ver en el cuadro 3 a continuación:

 

Cuadro 3: Coeficientes de correlación de series trimestrales de tendencia-ciclo

Coeficientes de correlación Tendencia-ciclo Trimestral
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar por tamaño empresa 0.7174 0.7904 0.8642
IMEF Tendencia-ciclo ajustada por tamaño empresa 0.6542 0.6927 0.7393
IPM Tendencia-ciclo 0.7456 0.6963 0.6798

 

Con las series de tendencia-ciclo se obtuvo la mejor correlación de todas las pruebas, un coeficiente de 0.86 entre el Indicador IMEF Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE (ver gráfica 2). Al mismo tiempo, se observa una correlación elevada de 0.79 del mismo indicador con las actividades secundarias. En este caso, el IPM del INEGI obtuvo su mejor correlación, de 0.75, con la producción manufacturera y contrario a las demás pruebas, la correlación disminuye con una mayor agregación. No se realizaron los cálculos correspondientes con el IGC de Markit al no contar con series de tendencia-ciclo.

 

Gráfica 2 – Tendencia trimestral del Indicador IMEF versus crecimiento trimestral
de la tendencia del IGAE

En el eje vertical se mide el crecimiento trimestral de la serie tendencia-ciclo del IGAE, mientras que en el eje horizontal se mide la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero. El periodo bajo cuestión es de 2006-I a 2016-I.

 

Finalmente, se calcularon las correlaciones de los PMI con el PIB. La mejor relación se encontró entre el Indicador IMEF sin ajustar por tamaño de empresa y el PIB mediante una correlación de 0.81, comparada con el IPM del INEGI de 0.70. Curiosamente, las correlaciones fueron menores con las series de tendencia-ciclo, de 0.76 para el Indicador IMEF y de 0.67 para el IPM del INEGI. La correlación entre el IGC de Markit y el PIB fue de 0.23, lo que nos dice que el PMI de Markit es francamente malo, es decir, no funciona para lo que fue diseñado.

Los resultados de las correlaciones con el PIB se reproducen en el cuadro 4 a continuación:

Cuadro 4: Coeficientes de correlación con el PIB

Coeficientes de correlación PIB
Ajustada por

estacionalidad

Tendencia-

ciclo

IMEF Sin ajustar por tamaño empresa 0.8079
IMEF Ajustada por tamaño empresa 0.7646
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar por tamaño empresa 0.7589
IMEF Tendencia-ciclo ajustada por tamaño empresa 0.6040
IPM 0.6961
IPM Tendencia-ciclo 0.6665
Markit 0.2300

 

En cada caso se aplicaron ejercicios de regresión lineal para obtener la relación entre ambas variables. En los dos casos con mejores resultados, la tasa de crecimiento trimestral del IGAE y la tasa trimestral de la tendencia-ciclo del IGAE, se obtuvieron coeficientes similares de 0.33, que significa en términos generales cada punto adicional del Indicador IMEF sugiere una mejoría de 0.33 puntos porcentuales del IGAE. No obstante, hay que tener cuidado en aplicar esta relación, ya que los índices de difusión no fueron diseñados para tal propósito.

El Indicador IMEF No Manufacturero

El Institute of Supply Management (ISM) de Estados Unidos no solamente produce su PMI manufacturero sino, además mediante la misma metodología, tiene un indicador para el sector no manufacturero. En el caso de México, el IMEF hace lo mismo, pero desafortunadamente ni el INEGI, Markit o alguna otra institución hacen lo mismo. No obstante, vale la pena preguntar si el Indicador IMEF No Manufacturero tiene las mismas capacidades de anticipar la trayectoria de las actividades terciarias, el IGAE y el PIB. Por lo mismo, realizamos los mismos cálculos para este indicador.

Los resultados obtenidos no fueron muy diferentes del Indicador Manufacturero. Aunque no necesariamente se encontraron mejores resultados a mayor nivel de agregación, lo demás estuvo en línea con los PMI: en cuanto a los datos mensuales no se encontraron tan buenos coeficientes para las series normales pero buenos resultados con las series de tendencia; y finalmente, mejores resultados con el IGAE que con el PIB. La mejor correlación de todas se obtuvo entre las series de tendencia-ciclo del Indicador IMEF No Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y las actividades terciarias, de 0.82.

Los resultados de las correlaciones del Indicador IMEF No Manufacturero con las series mensuales, trimestrales y de tendencia se reproducen en el cuadro 5 a continuación:

Cuadro 5: Coeficientes de correlación del Indicador IMEF No Manufacturero

Coeficientes de correlación Mensuales Trimestrales Tendencia-ciclo trimestral PIB
Actividades terciarias IGAE Actividades terciarias IGAE Actividades terciarias IGAE Ajustada

estacionalidad

Tendencia-ciclo
IMEF Sin ajustar por tamaño 0.3687 0.3705 0.7234 0.7445 0.7240
IMEF Ajustada por tamaño 0.3132 0.3058 0.7322 0.7410 0.7030
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar 0.7482 0.7445 0.8199 0.8179 0.6806
IMEF Tendencia-ciclo ajustada 0.7016 0.7173 0.7806 0.7990 0.6514

 

Conclusiones

En el estudio de Chien y Morris de la Reserva Federal de San Luis, se marcó que coeficientes de correlación de 0.75 para Estados Unidos y 0.73 para China eran parámetros que llegaban a la conclusión de que los PMI en cada país respectivamente eran buenos indicadores, aunque no perfectos, para anticipar la trayectoria del PIB. Aplicando la misma metodología y el mismo criterio para los tres PMI que existen para México, podemos concluir que el Indicador IMEF y el IPM del INEGI son buenos indicadores, aunque no perfectos, e incluso ligeramente mejores que sus contrapartes de Estados Unidos y China, mientras que el IGC de Markit falla en su intento de ser relevante para el propósito por lo cual fue construido.[17]

En términos generales, aunque no siempre, los PMI de México funcionan mejor para anticipar la trayectoria de indicadores de actividad económica a nivel más agregado, mientras que también funcionan mejor mediante tendencias que con series normales. También es notorio que funcionan mejor con series trimestrales que con las mensuales. No obstante, hay excepciones. Aunque los PMI del IMEF y del INEGI funcionan bien, en el margen el Indicador IMEF parece ser el mejor para el caso de México. El mejor de todos, es la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero como indicador para anticipar la trayectoria de la tendencia-ciclo del IGAE trimestral, con un coeficiente de correlación de 0.86.

Como complemento, el Indicador IMEF No Manufacturero es muy buen indicador para anticipar las actividades terciarias y el IGAE. En particular, la tendencia-ciclo de este indicador funciona mejor para predecir la tendencia-ciclo de las actividades terciarias. En general, el Indicador IMEF es el mejor PMI manufacturero de México para anticipar el IGAE total, mientras que el No Manufacturero funciona muy bien para las actividades terciarias. Resulta interesante que el Indicador IMEF tenga tan buenos resultados comparado con su similar del INEGI, siendo que la muestra del INEGI es muchísimo más grande y su presupuesto es sumamente mayor.

[1] PMI viene del inglés “Purchasing Managers’ Index” y existe para la mayoría de los países desarrollados y varios en desarrollo.

[2] Véase el capítulo 9 “Indicadores de Difusión” del libro “Lo que Indican los Indicadores”, publicado por el INEGI en http://www3.inegi.org.mx/sistemas/biblioteca/ficha.aspx?upc=702825003406

[3] El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) es una asociación civil sin fines de lucro con más de 1,500 altos directivos financieros de empresas mexicanas como socios: www.imef.org.mx

[4] Se elabora mediante información recolectada en la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE) en colaboración con el Banco de México. Se puede consultar en: http://www3.inegi.org.mx/sistemas/biblioteca/ficha.aspx?upc=702825003894

[5] Markit es una empresa consultora global que prevé servicios de información financiera. Calcula PMI para más de 30 países: www.markit.com/Product/PMI.

[6] Chien & Morris (2016), “PMI and GDP: Do they correlate for the United States? For China?”, Economic Synopses, 2016 Number 6, Federal Reserve Bank of St. Louis, https://research.stlouisfed.org.

[7] Tomado de la estadística, los economistas y otras profesiones llaman a esto “correlación”. Toma un valor entre 1.0 y -1.0, que cuando toma el valor de 1 indica que el grado de asociación es perfecta, cuando es 0 no existe asociación alguna y cuando toma valor de -1 la asociación es perfectamente inversa. En este caso, se busca un valor positivo cercana a 1.

[8] El PMI de Estados Unidos es publicado por el Institute for Supply Management (ISM) desde 1948 y se conoce como el Indicador ISM. Se puede consultar en el www.instituteforsupplymanagement.org

[9] Koenig, Evan F. “Using the Purchasing Managers’ Index to Assess the Economy’s Strength and the Likely Direction of Monetary Policy.” Federal Reserve Bank of Dallas Economic and Financial Policy Review, 2002, 1(6), en http://dallasfed.org/assets/documents/research/efpr/v01_n06_a01.pdf.

[10] Ver Domínguez, Lorena (2005), “Índices de Difusión: una aplicación práctica a México”, Universidad Panamericana, Escuela de Economía, México, D.F.

[11] El PMI de China lo calcula la “Federación China de Logística y Compras”. Se puede consultar en el Buro Nacional de Estadísticas de China en: http://www.stats.gov.cn/english/PressRelease/201602/t20160201_1314222.html.

[12] Ver Jonathan Heath y Lorena Domínguez (2004), “Marco Conceptual y Metodológico del Indicador del Entorno Empresarial Mexicano IMEF, en http://www.iieem.org.mx/Marco_conceptual_y_metodologico.pdf.

[13] El modelo de series de tiempo que se utiliza para la desestacionalización y el cálculo de la tendencia-ciclo lo realiza el INEGI para el IMEF.

[14] La muestra asciende a 2,070 empresas de más de 100 personas ocupadas a nivel nacional.

[15] Aparentemente, aplica un modelo de ajustes estacionales ad-hoc, que no necesita una serie de por lo menos cinco años para estudiar el patrón estacional, como sí lo exige los modelos de ARIMA X-12 que utiliza el IMEF y el INEGI.

[16] En el caso del Indicador IMEF y el IPM de INEGI se utilizaron las series de 2006 a 2015, mientras que para Markit de abril de 2011 hasta fin de 2015 (Markit inicia el cálculo del IGC para México a partir de esa fecha). Todas las series son ajustadas por estacionalidad, tanto de frecuencia mensual como trimestral.

[17] Parte de la explicación de los malos resultados del indicador de Markit puede ser que solo cuenta con observaciones a partir de mediados de 2011 a la fecha, que es un periodo en que no se ha presentado una recesión.

Si tomamos la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF como base, resulta que las expectativas para el crecimiento económico de 2016 son las más bajas de los últimos siete años. Con dieciocho meses de anticipación (antes de conocer el primer cálculo del PIB del año por parte del INEGI), el consenso de la Encuesta era 3.2 por ciento, expectativa que se ha revisado consistentemente a la baja y que con nueve meses de anticipación se ubica en 2.3 por ciento. Ni un solo año de la Encuesta reflejaba el pesimismo que vemos ahora para este año. Entre errores de política económica del gobierno en los años anteriores y un entorno externo nada favorable para el actual, los economistas que participan en la Encuesta (30) anticipan menos crecimiento económico que años anteriores (con periodos de anticipación comparables). La misma SHCP anunció el viernes pasado una revisión a la baja de cuatro puntos decimales de su rango mediático para el PIB para 2016 (a 2.2 – 3.2 por ciento).

El pasado viernes 20 de mayo, el INEGI dio a conocer el cálculo tradicional del PIB para el primer trimestre del año, mientras que el lunes 23 divulgó los crecimientos para el comercio (ventas al por menor) y los servicios de marzo. Aunque todavía falta conocer la inversión fija bruta y el consumo privado de marzo y el desglose del PIB por el lado del gasto para el trimestre, ya podemos decir que tenemos una muy buena idea del comportamiento del primer trimestre del año. Realmente ¿vamos tan mal?

Los datos del PIB confirman en términos generales lo que anticipábamos: en cuanto a las actividades secundarias, la producción manufacturera básicamente estancada, exportaciones no petroleras a la baja y una industria de la construcción que como que quiere mejorar pero todavía no se decide plenamente; en cuanto a las actividades terciarias, una expansión interesante, que sugiere que se mantiene el dinamismo del consumo de los hogares, a pesar de que el motor tradicional de crecimiento (las exportaciones no petroleras) se encuentra apagada.

No obstante, la tasa del PIB del primer trimestre de 0.82 por ciento (3.33 por ciento anualizada) sorprendió al alza. De hecho, si los demás trimestres del año se comportan como el primero, alcanzaríamos el techo del rango mediático de la SHCP de 3.2 por ciento. Entonces, ¿por qué se mantiene el consenso de alrededor de 2.3 por ciento para el año? Lo que está implícito en las proyecciones de la mayoría de los analistas es que el crecimiento promedio de los siguientes tres trimestres sea ligeramente menor a la mitad de lo que se presentó en el primero. Con una perspectiva cada vez más débil para Estados Unidos, la mayoría ve un entorno negativo para las exportaciones, lo cual va a repercutir tarde o temprano en una desaceleración en el consumo privado. ¿Será?

Por lo pronto, los primeros indicadores que tenemos de abril señalan que el consumo se mantiene firme sin demostrar signos de una desaceleración. La tasa de desempleo urbano fue la más baja desde mayo de 2008. Las ventas de automóviles nuevos se mantienen alrededor de 20 por ciento anual desde hace ya 16 meses consecutivos, algo no visto desde el año 2000. Las ventas reales a tiendas totales de la ANTAD de abril fue la segunda más elevada desde noviembre de 2011, mientras que el segmento de tiendas departamentales (como Coppel, Liverpool y Palacio de Hierro) registraron una tasa real de 29 por ciento anual en abril. El crédito al consumo (en todas sus vertientes) crece cerca de 9 por ciento en términos reales. Tendremos que ver signos de desaceleración muy pronto, ya que de lo contrario los analistas tendrán que empezar a revisar al alza sus expectativas.

No obstante, se avecinan unos meses que pudieran ser turbulentos. Después de que el tipo de cambio mostró una tendencia a la baja por unos meses, se registró de nuevo el nerviosismo en las últimas semanas. Primero, las posibilidades crecientes de que Trump sea el siguiente presidente de Estados Unidos; segundo, la debilidad persistente de su economía; y tercero, parece ser más probable que la Reserva Federal aumente su tasa de política monetaria en el corto plazo. Esto ha llevado a un mayor número de apuestas en contra del peso y si el Banco de México se queda mirando, pudiera ser que el tipo de cambio registrara un nuevo máximo, encaminado a romper el umbral psicológico de los 20 pesos por dólar.

Esto significa que, aunque el consumo se mantenga y la economía interna mejora, va permanecer el ambiente pesimista que vemos reflejado en las encuestas de confianza tanto del consumidor como del empresario.

El Indicador IMEF es de la familia de indicadores de “difusión”, instrumento creado para tener una idea de cómo se podría comportar la actividad económica en anticipación a los datos duros de las mediciones más acabadas de la misma, como el Producto Interno Bruto (PIB) o el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE). Los medios y analistas siguen la publicación del Indicador IMEF regularmente y muchos lo consideran para sus decisiones económicas en los mercados y en la economía. Aquí la pregunta es si verdaderamente es un instrumento útil para anticipar la actividad económica o simplemente otro experimento fallido de los economistas para disipar la incertidumbre del futuro.

Ante una duda similar, el Banco de la Reserva Federal de San Luis en Estados Unidos realizó un estudio con indicadores similares para su país y para China. Estos indicadores, llamados índices de pedidos manufactureros, existen para la mayoría de los países desarrollados y muchos en desarrollo y se les conoce como PMI’s. El estudio calcula el grado de asociación (correlación) para medir la efectividad de anticipación del ISM Manufacturero (que es el PMI más conocido de Estados Unidos) y el PMI de la Federación China de logística y Compras, con las tasas de crecimiento del PIB de cada país. Los coeficientes de correlación son de 0.75 y 0.73 para Estados Unidos y China, respectivamente, con lo que llega a la conclusión de que los PMI’s son buenos indicadores (aunque no perfectos) para anticipar la dirección de la actividad económica de un país.

Aunque las correlaciones para ambos países son similares, se encontró que por lo general el valor de ISM es mayor al PMI de China, pero las tasas de crecimiento de China son siempre mayores y presentan mayor volatilidad a las de Estados Unidos. El estudio concluye que es porque ambos países se encuentran en diferentes etapas de desarrollo, aunque también subraya el hecho de que el valor del PMI marca la tendencia del crecimiento, más no su valor.

Realizamos un estudio similar para el caso de México, que pronto aparecerá publicada en la Revista Ejecutivos de Finanzas. Posteriormente se extendió el estudio para incluir otros PMI’s del país y algunos aspectos adicionales, que aparecerá en la revista digital del Observatorio Económico de la UAM Azcapotzalco. Lo más importante es que llegamos no solo a encontrar conclusiones similares, sino que incluso correlaciones mayores para el caso del Indicador IMEF.

Para dicho estudio se utilizó el nivel del Indicador IMEF Manufacturero de enero 2005 a marzo de 2016, para calcular las correlaciones con las tasas de crecimiento del IGAE total, el de las actividades secundarias y el manufacturero. Se encontró que, a mayor nivel de agregación, mayor es la correlación. Para hacer el estudio comparable con la de la Reserva Federal, se convirtieron todos los datos a una frecuencia trimestral. Se encontró que la correlación entre el Indicador IMEF y el IGAE total es 0.81, incluso mayor a los coeficientes obtenidos para los casos de Estados Unidos y China. Dado que los índices de difusión marcan tendencias y no tasas exactas, se repitieron los cálculos para las tendencias de todas las series. Aquí se encontró una correlación todavía mayor de 0.86.

En cada caso se aplicaron ejercicios de regresión lineal para obtener una idea de la relación entre ambas variables. En los casos con mejores resultados (la tasa de crecimiento del IGAE y el Indicador IMEF, mediante series ajustadas por estacionalidad y las de tendencia-ciclo), se obtuvieron coeficientes similares de 0.33. ¿Esto qué significa? Que, en términos generales, si el Indicador IMEF aumenta un punto, la tasa de crecimiento del IGAE aumentará alrededor de 0.33 por ciento. No obstante, hay que tener cuidado con esta regla de aproximación, ya que los indicadores de difusión no están diseñados para medir tasas de crecimiento, sino solo para marcar tendencias. En otras palabras, entre mayor sea el nivel del Indicador, aumenta la probabilidad de mayor crecimiento en la actividad del PIB, pero sin poder precisar cuánto más. Podemos pensar en la relación de 0.33 puntos porcentuales, pero se debe considerar una aproximación muy burda, lejos de establecer una relación formal.

La conclusión es muy importante para el Indicador y más todavía para sus usuarios: el Indicador IMEF Manufacturero es un buen indicador para anticipar el rumbo de la tendencia de la actividad económica, aunque no perfecto, mientras que su capacidad “predictiva” es un tanto mejor que indicadores similares que se utilizan para lo mismo en Estados Unidos y China.

En múltiples ocasiones, para bien o para mal, México ha marcado el paso. Por ejemplo, en 1982 fuimos el primer país en anunciar que ya no podíamos cubrir el servicio de nuestra deuda exterior, la primera ficha de domino que derrumbo a muchas en fila que culminó en la crisis financiera de los ochenta. Fuimos los primeros en negociar nuestra deuda externa bajo los planes Baker y Brady en esa misma década. Fuimos los primeros en emitir bonos Brady y los primeros en liquidarlos por completo. Tras la crisis de “Tequila” de 1995 fuimos el primer país en suscribir un préstamo jumbo con el FMI y la Tesorería de Estados Unidos. Fuimos el primer país en suscribir la nueva línea de crédito flexible que creó el FMI para países con marcos económicos sólidos. Finalmente, fuimos el país responsable de que el FMI haya establecido normas para la divulgación de datos económicos y financieros.

Después de que estalló la crisis tequilera en 1995, que tomó por sorpresa a la comunidad internacional, se acusó al Banco de México de no reportar abiertamente las reservas internacionales, al gobierno mexicano de manipular las cifras de finanzas públicas y al INEGI de utilizar metodologías cuestionables en algunos de sus datos. Para que algo similar no volviera a suceder, el FMI instituyó en 1996 las Normas Especiales para la Divulgación de Datos (NEDD) con la idea de establecer mejores prácticas internacionales en el manejo de indicadores económicos, que evitaran la información privilegiada y que no hubiera manejo discrecional de datos cruciales. Estas normas fueron dirigidas en un principio a países que tenían acceso a los mercados internacionales de capital.

Un año después (1997), se instrumentó el Sistema General de Divulgación de Datos (SGDD), orientado a países con sistemas estadísticos menos desarrollados, con la finalidad de tener un marco de referencia para mejorar la calidad de los datos y fijar prioridades al respecto. Finalmente, en 2012 se establecieron las NEDD Plus, un nivel “platinum” para los países más avanzados, con iniciativas superiores y más exigentes a las Normas originales. La idea de las NEDD-Plus era ayudar a subsanar las deficiencias de datos detectadas en la crisis financiera global de 2008-2009. A la fecha, el FMI reporta que la SGDD cuenta con 113 países participantes y las NEDD tienen 63 suscriptores (entre los cuales se encuentra México), mientras que en el “Club Elite” de las NEDD-Plus consiste en 8 países.

En general, las normas buscan contribuir a la elaboración de estadísticas más oportunas y completas, y que los países acogen las mejores prácticas de buena conducta estadística, para así contribuir a políticas macroeconómicas más sólidas. Entre los compromisos que se asumen están: divulgar los indicadores puntualmente y con una periodicidad prescrita; proporcionar al FMI (y al público en general) un “Calendario Anticipado de Divulgación” (CAD) con las fechas de publicación para el siguiente trimestre; proporcionar información detallada sobre sus prácticas estadísticas, que deben cumplir con el formato riguroso del “Marco de Evaluación de la Calidad de Datos” (MECAD); certificar anualmente la precisión de los metadatos; y, utilizar procedimientos normalizados de declaración de datos electrónicos para una supervisión más eficaz de las normas (más información específica se puede consultar en la página del FMI).

En el último reporte anual para México, obtuvimos una calificación “adecuada”, en el cual dice que el país cumplió con los requerimientos de puntualidad en la mayoría de los casos, mientras que acusa al gobierno central y general de utilizar “opciones de flexibilidad” ante el reporte de sus operaciones. Aunque en algunos rubros tuvimos excelentes observaciones, el reporte en general da la impresión que hay mucho lugar para mejorar.

El nivel más alto de normas (NEDD-Plus) hace hincapié en prácticas de divulgación de datos más rigurosos. Incluye nueve categorías adicionales con el compromiso de cumplimiento a partir de fines de 2019, que abarcan balances sectoriales, operaciones y deuda bruta del gobierno, encuestas de corporaciones financieras, inversión de cartera e inversión directa y mayor detalle de las reservas internacionales. Los países que se han comprometido con este nivel son Francia, Alemania, Suecia, Italia, Holanda, Portugal, España y Estados Unidos.

México no solo necesita mejorar su evaluación (sacar 10), sino suscribirse al NEDD-Plus. Esto es algo que debemos exigir de inmediato a la SHCP, Banxico y al INEGI. Sería una política excelente para mejorar la credibilidad en nuestros datos.