Articulos sobre la economía Mexicana
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¿Por qué no hay más Inflación?

julio 28th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en ¿Por qué no hay más Inflación?)

Si le preguntáramos a una persona, cuánto estimaría que fuera la inflación en un país en el cual la cantidad de billetes y moneda en circulación ha aumentado más de 21 por ciento y el tipo de cambio se ha depreciado casi 26 por ciento en el último año, es muy probable que nos contestaría que mucho más de 20 por ciento. Si después le dijéramos que así son los datos en México, pero la inflación en los últimos doce meses no llega ni a 3 por ciento, es seguro que no nos va a creer.

La inflación se define como un aumento generalizado y sostenido en los precios, lo cual significa que si solo suben algunos precios y no todos (ya no es generalizado), o bien no suben los precios en forma constante (los aumentos no son sostenidos), no estamos en frente de una situación inflacionaria. Los precios interactúan todo el tiempo mediante cambios en la oferta y la demanda en todos los mercados. Cuando algunos suben y otros no, o bien, incluso unos bajan, es un fenómeno de acomodo en precios relativos. Esto último no solamente es normal, sino deseado, ya que queremos que los precios sean señales de la relativa escasez o abundancia de cada mercancía y servicio. De esta forma el sistema económico realiza una asignación eficiente de los recursos en la economía. Sin embargo, cuando prácticamente todos los precios suben todo el tiempo (inflación), se distorsiona la asignación de recursos, existe una pérdida de poder adquisitivo, causa mucha incertidumbre que perjudica la toma de decisiones y se crean desequilibrios en muchos mercados, que en el extremo pueden causar problemas muy profundos y difíciles de corregir.

Pero, ¿qué causa una inflación? Existen varios factores. Uno de los principales es un exceso de demanda agregada con respecto a la oferta agregada. Esto ocurre cuando una economía utiliza casi la totalidad de su capacidad productiva, es decir, no hay capacidad ociosa. Algunos se refieren a esta situación como a un sobrecalentamiento de la economía. En esta situación, los precios suben para tratar de igualar la oferta agregada a su demanda. Para tal efecto, existe un concepto (no directamente observable) que llamamos el PIB potencial, que es el máximo crecimiento que puede tener una economía sin ejercer presiones inflacionarias. Si el PIB crece a un ritmo mayor al PIB potencial, decimos que existe una brecha (positiva) del producto, que es consistente con una situación que ejerce presiones inflacionarias.

Otro factor es el tipo de cambio. Si la moneda se deprecie constantemente (aumenta el tipo de cambio), los precios de todos los bienes y servicios importados también van a incrementarse. Sin embargo, no siempre estos aumentos se traspasan al consumidor, ya que puede ser que los productores deciden sacrificar parte de sus márgenes para asegurar sus ventas. También cuando el régimen cambiario es de flotación, un aumento en el tipo de cambio no necesariamente es permanente, sino simplemente parte de su volatilidad inherente. Esto lleva a muchos empresarios a mantener constante sus precios en pesos a pesar de una volatilidad en dólares. Cuando existe un proceso de inflación mayor, es más común el traspaso a los precios de los consumidores, al igual cuando existe un régimen de cambio fijo. En cambio, con flexibilidad y ante la existencia de una brecha de producto negativa, el traspaso siempre será mucho menor.

Un tercer factor es un exceso de dinero en la economía. Si hay una cantidad creciente de billetes correteando al mismo número de bienes, el ajuste se realiza vía precios. Sin embargo, cuando la cantidad mayor de dinero es demandada por el público, no existe un exceso de billetes y los precios no tienen porque subir.

¿Qué pasa actualmente en el país? El público demanda más billetes para enfrentar la reforma hacendaria y las medidas de fiscalización de las autoridades, por lo que el Banco Central no está imprimiendo billetes sin una contraparte de demanda.  En otras palabras, Banxico acomoda la oferta a la demanda. El incremento en billetes tampoco causa un aumento en las transacciones, ya que la disminuido el uso de otros medios de pago, como tarjetas de crédito y transferencias electrónicas. Existe una brecha negativa de producto (crecemos muy poco), lo que ha frenado el traspaso de la depreciación cambiaria a los precios de los consumidores. Algunos precios claves (como la gasolina, las tarifas eléctricas y el servicio telefónico) han disminuido, lo que ha ayudado a contrarrestar aumentos en otros precios.

No significa que estamos exentos a que eventualmente la depreciación cambiaria ejerce presiones inflacionarias. Sin embargo, mientras perdure la brecha negativa, es muy probable que no veamos un incremento significativo en la inflación.

 

Mexico y America Latina

mayo 15th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Mexico y America Latina)

Los dos últimos años han sido de una verdadera decepción en cuanto al crecimiento económico para México. Después de crecer en promedio 4.3 por ciento en los tres últimos años del sexenio anterior, el Pacto para México y las reformas estructurales prometían que nos iba ir todavía mejor. Sin embargo, con crecimientos de 1.4 y 2.1 por ciento para 2013 y 2014, respectivamente, el promedio de 1.8 por ciento para este sexenio se ubica por debajo del promedio sexenal de los últimos cinco sexenios.
Buscando algo alentador en estos números, podemos decir que, aunque lentamente, la economía parece estar mejorando. La SHCP propuso desde el año pasado que pudiéramos crecer 3.7 por ciento este año y así subir el promedio a 2.4 por ciento. Pero sin ser tan optimista, las últimas encuestas colocan al consenso en 2.9 por ciento para este año, que de materializarse subiría el promedio (de los tres años) a 2.2 por ciento.
El problema que tenemos es que los resultados del primer trimestre han sido malos, por lo que necesitaremos recuperar bastante terreno en los siguientes tres trimestres si queremos alcanzar el consenso actual. Los datos que dio a conocer el INEGI ayer (martes 12) de la producción industrial a marzo fueron decepcionantes. Las actividades secundarias disminuyeron -0.02 por ciento en marzo respecto al mes anterior y su tasa anual se coloca en apenas 1.4 por ciento, por debajo del avance de 1.8 por ciento alcanzado el año pasado). Pero lo que más inquieta es que la tendencia-ciclo ha permanecido estancada (cero por ciento de crecimiento) en los últimos cuatro meses. Más preocupante aún, fueron las cifras de la producción manufacturera (por representar nuestro principal motor de crecimiento), que cayeron -0.95 por ciento en marzo y cuya tasa anual de 2.4 por ciento es la más baja que se ha observado en los últimos 15 meses.
Dicen que es consuelo de tontos comparase con los demás, pero de vez en cuando debemos enfocarnos en el vaso medio lleno. Las mismas encuestas que señalan que México crecerá alrededor de 2.9 por ciento y experimentará una tasa de inflación fin de año de 3.1 por ciento en 2015, nos colocan por arriba de la media de América Latina. El consenso para el promedio de la región en cuanto a crecimiento económico es 0.5 por ciento, mientras que la inflación se ubica en 14.6 por ciento. El peor país es Venezuela, que presenta un derrumbe espectacular a raíz del desplome del precio del petróleo: su actividad económica va disminuir -6.0 por ciento y su inflación alcanzará 109.9 por ciento.
Sin embargo, debemos reconocer que el caso de Venezuela es una aberración (“oulier”) para la región, que distorsiona la media y hacer ver bien a todos los demás. Pero si eliminamos a Venezuela de los cálculos, la media para el crecimiento de la región sube tan solo a 1.0 por ciento, mientras que la inflación baja a 7.2 por ciento. En otras palabras, aun sin considerar a Venezuela, las perspectivas para México son muy superiores al promedio del resto de los países.
Hay algunos países de América Latina que les va ir mucho mejor a nosotros. Por ejemplo, Panamá vuelve ser la estrella con crecimiento esperado de 6.3 por ciento y una tasa de inflación de tan solo 2.2 por ciento. Nicaragua y la República Dominicana crecerán 4.7 por ciento, mientras que Bolivia avanzará 4.5 por ciento. Sin embargo, son países muy pequeños que no pintan mucho en el promedio. En cambio, los países más grandes son los que menos van a crecer. Brasil, el monstruo de la región verá una disminución de -1.1 por ciento, Argentina (tercer lugar en cuanto a tamaño) tendrá una caída de -0.5 por ciento y Chile (que por muchos años fue el campeón) avanzará 2.8 por ciento. De los siete países más grandes, solo Colombia (3.4 por ciento) y Perú (3.7 por ciento) crecerán más que México.
Algunas personas han señalado que la inflación de México (3.1 por ciento) es la más elevada de los países de la OCDE. Sin embargo, si nos comparamos con los 18 países más importantes de nuestra región, solo cuatro terminarán este año con una tasa inferior a México. Los dos países con inflación más bajas (El Salvador y Panamá) utilizan el dólar como su moneda (y tendrán inflaciones de 1.4 y 2.2 por ciento, respectivamente), mientras que Perú (2.8 por ciento) y la República Dominicana (2.6 por ciento) terminarán el año ligeramente por debajo de México. En cambio, Argentina (21.2 por ciento o más), Brasil (7.9 por ciento) y Uruguay (7.6 por ciento) experimentan tasas mayores.
Si tomamos en cuenta lo complicado que se encuentra el entorno económico mundial, no nos deberíamos quejar. Parece ser que sólo Asia-Pacífico crecerá en promedio más que nosotros (4.7 por ciento).

Hace 15 años escribí un libro titulado “La Maldición de las Crisis Sexenales”, que buscaba analizar una característica intrínseca de la economía mexicana: a partir de los setenta, México sufría una crisis (recesión) por sexenio. Todas tenían rasgos similares: errores de política económica, devaluaciones masivas, alta inflación, empobrecimiento de las masas e incremento en el desempleo. Peor aún, cada crisis parecía ser peor que la anterior y todas se vinculaban con el cambio de sexenio.
Uno de los objetivos del libro era el de estudiar la posibilidad de que hubiera una nueva crisis con el cambio del sexenio en 2000. Sin embargo, Ernesto Zedillo fue muy obsesivo en este sentido, ya que hizo todo a su alcance para dejar una economía estable, equilibrada y creciente a su sucesor. La actividad económica creció más de 5 por ciento en promedio en sus últimos 5 años y terminó su administración con una inflación de un solo dígito, con un superávit primario en las finanzas públicas, una tendencia de la deuda pública a la baja y un déficit pequeño en la cuenta corriente. El PAN llegó con la mesa puesta para lograr un buen desempeño en materia económica.
Sin embargo, la maldición continuó, aunque ahora caracterizada por desequilibrios externos. Tanto Fox como Calderón, tuvieron la mala suerte de que Estados Unidos experimentó recesiones en cada uno de sus sexenios, con desenlaces muy negativas para la economía mexicana. El crecimiento económico siguió con su tendencia a la baja, pues terminaron ambos sexenios con crecimientos promedios cercanos al 2 por ciento. Fueron gobiernos mediocres sin grandes alcances, pero por lo menos mantuvieron los equilibrios macroeconómicos.
Ahora arrancamos de nuevo con un sexenio de gobierno priista, que en sus dos primeros años ha producido un crecimiento todavía menor de 1.8 por ciento. Si bien hemos escapado a la recesión, hemos estado muy cerca de una, pero ya no producto de la mala suerte externa, sino de nuevo como resultado de errores de política económica. ¿Cuáles han sido los errores?
Uno de los méritos de los gobiernos de Salinas, Zedillo y Fox, fue que pusieron mucho énfasis en el saneamiento de las finanzas públicas. Sin embargo y a pesar de que se introdujo una Ley de Responsabilidad Hacendaria con Calderón, esta tendencia se revirtió a mediados del sexenio pasado a partir del momento en que dejamos de tener un superávit primario. En este sexenio, el gobierno no ha hecho un esfuerzo para corregir el rumbo, por lo que tenemos un déficit fiscal creciente, una deuda pública mayor y seguimos con déficit primario. Peor aún, el deterioro en las finanzas públicas se ha dado en el marco de una reforma recaudatoria, que restó recursos a los hogares y a las empresas, aumentando el gasto público sin repercusiones en el crecimiento económico. En otras palabras, terminamos con la peor combinación: los hogares enfrentaron mayores impuestos, las empresas tiene menos incentivos para invertir y el gobierno gasta mucho más pero sin repercusiones en el crecimiento y con un endeudamiento mayor.
Posiblemente el error más grande ha sido la ineficiencia del gasto público. A pesar de que la SHCP reporta que ha alcanzado máximos históricos, el INEGI no logra encontrar valor agregado al reportar una caída de 0.3 por ciento en términos reales en la suma del gasto corriente y la inversión pública en las cuentas nacionales. La inversión pública, que debería ser pilar del crecimiento ha registrado tasas negativas en los dos años del sexenio.
Otro error fue la crisis que dejó que se gestionara en la industria de la construcción. Al final del sexenio anterior, el gobierno congeló los subsidios para la vivienda de interés social, para que el nuevo gobierno pudiera modificar las reglas y así asegurar viviendas útiles. Sin embargo, la administración actual tardó mucho tiempo en establecer las nuevas reglas, dejando en el camino la quiebra de las grandes desarrolladoras de vivienda, con todo y su impacto sobre uno de las actividades secundarias de mayor generación de empleos.
Finalmente, el gobierno no ha logrado crear un ambiente de confianza empresarial conducente a más inversión. Entre el escalamiento de la guerra contra el narcotráfico, las desgracias producto de la infiltración del crimen organizado en los gobiernos locales, los conflictos de interés de funcionarios en sus inversiones personales, la depreciación del peso y los recortes al presupuesto han llevado a la confianza empresarial a su nivel más bajo desde la gran recesión de 2008-2009.
¿Podrá el gobierno corregir el rumbo?

Inflacion Negativa

abril 29th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Inflacion Negativa)

La credibilidad es una parte esencial de la política monetaria, El mecanismo de transmisión vía expectativas es posible la más efectiva de todas. Si todos los empresarios y consumidores anticipan una inflación de 3.0 por ciento, fijaran precios y salarios acorde a la expectativa y lo más probable es que la inflación será lo que se anticipa.

La semana pasada, el INEGI anunció que la tasa de inflación de la primera quincena de abril fue -0.45 por ciento respecto a la quincena anterior. Fue la tasa más baja que se ha registrado desde que existe el índice quincenal para el periodo y la sexta más baja para cualquier quincena. Las cinco ocasiones en que se ha registrado una tasa más baja fueron todas en la primera quincena de mayo. El problema es que es muy poco creíble para la mayoría de los consumidores que el promedio ponderado de los precios haya bajado. Incluso, no solo que hubiéramos experimentado una tasa negativa en una quincena, sino el hecho de que la inflación anual gira alrededor de 3.0 por ciento.

¿Qué fue lo que motivó que la inflación fuera negativa en esta quincena? Primero y lo más importante, fue que hubo ajustes a la baja en las tarifas eléctricas en 15 ciudades del país (consideradas en el INPC), dentro del esquema de subsidios temporales para las zonas más cálidas del país. Igual pasará en la primera quincena de mayo, ya que otras ciudades también gozarán de subsidio similares por un periodo de aproximadamente seis meses. Resulta que el gobierno decidió hace como doce o trece años reducir las tarifas eléctricas en las zonas más cálidas en el verano, dependiendo de la temperatura promedio de cada región. De esta manera, siempre hay una reducción pronunciada en las primeras quincenas de abril y de mayo y un aumento similar en las primeras de octubre y noviembre. Es simplemente un patrón estacional muy marcada de la inflación.

Segundo, hubo una reducción en las gasolinas, tanto de bajo (Magna) como de alto octanaje (Premium) en las ciudades de la frontera norte del país. Mientras que el precio de la gasolina lo fija la SHCP para el resto del país, la zona fronteriza goza de un mecanismo más cerca al mercado para su determinación, ya que depende del precio promedio del otro lado de la frontera. Esto significa que mientras en el resto del país pagamos un impuesto exageradamente elevado cuando compramos gasolina, en la frontera gozan de precios mucho más bajos.

Tercero, hubo una reducción en el precio del transporte aéreo y de los servicios turísticos en paquete, ya que al concluir el periodo de alta demanda de las vacaciones de Semana Santa, se reduce la demanda de estos servicios y por ende bajan los precios. Resulta que los precios de los hoteles, aviones y demás servicios turísticos, siempre suben en periodos de alta demanda (vacaciones) y disminuyen en la temporada baja.,

Finalmente, disminuyó el precio del jitomate 12.2 por ciento en la quincena, junto con los precios de algunas otras frutas y verduras. El jitomate es uno de los productos más consumidos en nuestro país y su alta demanda, combinada con una oferta volátil, produce variaciones muy erráticas en su precio, tanto al alzo como a la baja. Es el precio con la varianza más grande de todos los bienes y servicios en el país.

Estuve en Puebla la semana pasada, donde una persona me comentó que los datos de la inflación le parecían fantasiosos, totalmente inventados por el gobierno para reprimir los salarios. Cuando le comenté los cuatro factores mencionados, me di cuenta que no lo convencí. Sin embargo, en Puebla no se aplica el subsidio de las tarifas eléctricas y no gozan del precio más barato de la gasolina. Seguramente el señor no tomó vacaciones antes y después de Semana Santa para poder comparar el diferencial de precios de las temporadas altas y bajas, mientras que no se fija en el precio del jitomate semana a semana.

La medición de la inflación no es tarea fácil. Parte de una encuesta de ingresos y gastos de los hogares, que es muy difícil de aplica, ya que muchas familias no quieren que un encuestado convive con ellos por un tiempo extendido para ver cuál es su patrón de consumo. Por ejemplo, resulta que la encuesta dice que consumimos mucho menos alcohol y tabaco respecto a lo que las empresas venden, ya que les da pena admitir lo que toman y fuman. Sin embargo, a pesar de las carencias en la medición y las debilidades estadísticas, el cálculo de la inflación no está tan mal como lo perciben la mayoría de las personas.

Les propongo una tarea. Escogen un día a la semana, un supermercado y un tipo de jitomate. Cada semana vayan anotando el precio por kilo del jitomate. En un año hablamos.