El Lavado de Dinero de HSBC

La gran noticia de la semana fue el reporte de 335 páginas del Senado de Estados Unidos sobre operaciones de lavado de dinero de HSBC.  El banco había invertido mucho dinero y esfuerzo en el reconocimiento de marca (lo que se llama branding en inglés), para que fuera de las más reconocidas a escala mundial.  Ahora este escándalo no sólo le puede salir caro en términos de multas y sanciones, sino también en términos de desprestigio y confianza, que seguramente le restarán a sus negocios y captación a tal grado que pudiéramos ver una reestructuración significativa en un futuro previsible.

El valor de marca puede resultar ser uno de los activos más importantes de una empresa, en especial cuando se trata de una multinacional que busca operar en muchas partes del mundo.  HSBC se había puesto la tarea de ser el “banco local del mundo”, no sólo con presencia en casi todos los países, sino también con el mismo “look”, es decir, muebles, colores, servicios, etc. en todas sus sucursales.  Gastó millones de dólares en remodelar miles de sucursales por todos lados para que sus clientes se sintieran en casa sin importar en qué país se encontraban.

Por ejemplo, cuando Citibank compró a Banamex decidió dejarle el nombre original al banco aquí en México porque reconoció el valor de marca a nivel local.  Por más importante y reconocido que fuera Citibank en todo el mundo, no quiso cambiarle el nombre a una institución con más de cien años de historia.  En cambio, no importó qué banco o qué país, HSBC decidió imponer su nombre a absolutamente todas las instituciones que adquiriera y así llegó a ganar presencia y reconocimiento en alrededor de 80 países.

La cantidad de recursos que le dedicó a obtener la presencia y reconocimiento mundial fue verdaderamente enorme, a tal grado que provocó disgusto entre muchos de sus accionistas que alegaban que el banco pudiera canalizar los recursos a fines mucho más productivos, que pudiera reflejarse mejor en los pagos de dividendos.  Cuando hace poco hubo cambio de mando a nivel global, el nuevo CEO decidió cambiar la estrategia y se vendieron bancos en alrededor de 30 países con la idea de concentrarse en aquellos lugares que tuvieran mayores rendimientos.  Al final de cuentas, significó abandonar la mercadotecnia de ser el banco local del mundo y centralizar esfuerzos en actividades más lucrativas.  Ahora aunado al escándalo de lavado de dinero, se tiene que cuestionar la cantidad de dinero que se invirtió en el reconocimiento de marca.

Mucha gente me ha preguntado mi opinión esta semana porque trabajé hace algunos años en HSBC México.  La verdad es que mi experiencia en el banco no aporta absolutamente nada al tema.  El área en el cual trabajaba estaba muy aislada de operaciones financieras que pudieran estar sujetas a cuestiones de lavado de dinero.  En todo el tiempo que estuve allí nunca supe de problemas y vi grandes esfuerzos en temas de compliance, por lo que estuve igual de sorprendido que todos los demás al enterarme del asunto.

Aunque la noticia aquí se concentró en HSBC México, vale la pena resaltar que la investigación realizada por el Senado de Estados Unidos no se limitó a las operaciones del banco en México, sino también abarcó problemas relacionados con Irán, Sudán, Cuba, Corea del Norte, los Talibanes, los Hamas, terroristas de Siria y hasta en el propio Estados Unidos.  Incluso, el Senador Carl Levin señaló que la cultura de compliance de todo el banco global tiene una contaminación perversa desde hace tiempo y amenazó con revocar su licencia de operación.  No obstante, también hay que reconocer que HSBC no es el único banco global en tener este tipo de problemas y ser investigado.  Simplemente ahora fue su turno.

Aquí el interés específico es en HSBC México, en especial porque el negocio del narcotráfico viene creciendo, al igual que los problemas de violencia y seguridad pública.  La guerra que ha emprendido Felipe Calderón en contra de los carteles ha sido tema de mucha controversia, discusión y debate.  Sin embargo, el señalamiento de HSBC México no se debe limitar a este banco en particular, sino a todo el sistema financiero mexicano en general.

Primero, las instancias regulatorias.  El reporte cuestiona el papel del Office of the Comptroller of the Currency (OCC) en Estados Unidos por no haber realizado un trabajo eficaz y está ahora sujeto a una investigación paralela por parte del Departamento de Justicia de su país.  Debemos hacer los mismos cuestionamientos a nuestras instituciones.  ¿Cuáles han sido los papeles de Banco de México (Banxico), la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV)?  ¿Han hecho su trabajo?  ¿Tenemos que esperar a que se realicen investigaciones en otros países?

Segundo, las instituciones financieras.  No podemos ser tan ingenuos para pensar que el problema se limita o se concentra en una sola institución.  Los bancos no deben esperar a un marco regulatorio para instalar controles internos y medidas que contrarrestan el lavado de dinero.  ¿Qué han hecho?  ¿La filosofía de compliance es más robusta en alguna institución o todas tienen la misma contaminación perversa?

Al final de cuentas, el problema medular no es el sistema financiero sino la criminalización de las drogas mediante estructuras jurídicas en todo el mundo que buscan erradicar su consumo.  La ilegalidad crea incentivos perversos casi imposibles de remontar.  Cualquier esfuerzo por reducir la oferta termina en subir el precio, crear mayores utilidades y hacer que el negocio sea todavía más lucrativo.  Los bancos podrán instituir más y mejores medidas para contrarrestar el lavado de dinero, pero los narcotraficantes se vuelven financieros cada día más sofisticados y siempre permanecerán varios pasos adelante.  Cada vez son más las llamadas a un nuevo dialogo y debate en torno a la legalización de las drogas.

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