Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Hasta ahora, el consumo de los hogares ha sido el único componente del PIB por el lado del gasto que crece relativamente bien. En 2016 el PIB creció 2.1 por ciento (corregido por efectos de calendario), medio punto porcentual menos que el año anterior. Mientras que el consumo mejoró al crecer 2.5 por ciento (comparado con 2.2 por ciento en 2015), se desaceleró el consumo de gobierno (1.1 por ciento versus 2.4 por ciento en 2015), la inversión privada (2.2 por ciento comparado con 8.1 por ciento del año anterior) y las exportaciones (1.2 por ciento contra 10.4 por ciento hace un año). La inversión pública se desplomó -9.5 por ciento para hilar siete años consecutivos con tasas negativas. No tendremos las cifras para el primer trimestre de 2017 hasta el mes entrante, pero el comportamiento de consumo será clave para determinar el crecimiento este año.

En principio se anticipa cierta desaceleración ante la pérdida en el poder adquisitivo de las familias como consecuencia del incremento en la inflación. Algunos indicadores, como el ingreso real laboral y las ventas reportadas por ANTAD, ya señalan cambios en esa dirección. Sin embargo, las cifras duras que pudieran colaborar cambios en el consumo están rezagadas, por lo que todavía no podemos confirmar o rechazar esta hipótesis.

Una alternativa es examinar la encuesta que recopila la empresa Kantar WorldPanel sobre el consumo de bienes masivo. Cada semana Kantar visita 8,500 hogares para registrar sus compras y hábitos de consumo. Consideran 75 categorías de consumo masivo y los datos representan los hábitos de 19.2 millones de hogares urbanos en todo México. El panel está diseñado para representar la distribución geográfica y socioeconómica de la población urbana del país. La información es muy oportuna y útil para anticipar el consumo de los hogares, que INEGI reporta con un rezago de tres meses. Lo que Kantar dice es que el dinamismo del consumo se mantiene, aunque muestra una afectación negativa ante el aumento en la inflación. Incluso, Kantar dice que los aumentos en precios son mayores a lo que reporta el INEGI.

En años anteriores, la inflación oficial siempre había estado en línea con la recopilación de precios de Kantar. Sin embargo, desde el año pasado Kantar ha detectado diferencias importantes. Mientras que el INEGI reporta la inflación en 5.8 por ciento, Kantar dice que se ubica en 11.8 por ciento, prácticamente el doble. Peor aún, los más afectados son los niveles socioeconómicos más bajos. Los niveles AB, que tienen más recursos para sortear la escalada de precios, muestran aumentos en precios de 6.7 por ciento. Sin embargo, el nivel C sufre una inflación de 11.4 por ciento y el nivel D de 12.7 por ciento. Pero los de menos recursos, clasificados como D-/E, tienen aumentos de 13.5 por ciento en los precios de los bienes que consumen.

¿Cómo afrontan las familias el aumento en la inflación? Kantar ha encontrado que los hábitos de consumo cambian cuando se percibe una situación de crisis. Por ejemplo, en 2009 Kantar detectó un aumento en la frecuencia a tiendas, pero con tickets menores, es decir, en cada viaje hubo un menor desembolso. El consumidor empiezo a comprar paquetes y tamaños más pequeños, que al final del día costaban más por unidad. Visito menos los establecimientos como supermercados y realizó más compras en tiendas pequeñas, a pesar de que los precios suelen ser menores en las cadenas grandes. También compró más promociones y marcas más baratas y redujo el consumo de bienes prescindibles.

Aunque sí ha aumentado significativamente la inflación, no estamos en tiempos de crisis como en la recesión de 2009. Pero, aun así, 6 de cada 10 hogares admiten que han cambiado sus hábitos de compra en este último año; el 42 por ciento dicen que siguen comprando como siempre. Kantar encontró que 23 por ciento admiten comprar más promociones, 22 por ciento dicen que están comprando marcas más económicas y 13 por ciento realizan compras de menor desembolso. Los productos más prescindibles son los de belleza, ya que son los primeros que sacrifican; alrededor de 7 por ciento de los hogares dicen que están gastando menos en estos productos. No obstante, los supermercados y las tiendas de conveniencia no han perdido compradores. Todos los niveles socioeconómicos están incrementando su gasto en los canales modernos.

El INEGI divulgó ayer martes el desglose del PIB por el lado del gasto para el cuarto trimestre de 2016, que consiste en consumo privado, consumo de gobierno, inversión fija bruta, exportaciones e importaciones. Con esta información ya tenemos todas las cifras del año. Ya sabíamos que el PIB creció 2.3 por ciento, impulsado por un día más (año bisiesto). Si corregimos por este efecto de calendario, el crecimiento fue 2.05 por ciento. Este día adicional impulsó principalmente al consumo de los hogares, ya que su tasa de 2.8 fue 2.5 por ciento ya corregido, mientras que los otros componentes del PIB no muestran mucha diferencia. Al final de cuentas, el consumo explica 1.9 puntos porcentuales del crecimiento del PIB, es decir, su expansión contribuyó el 83 por ciento del avance en la actividad económica del año. Con estos números, resulta que el consumo privado tiene su máxima expansión para un año en lo que va del sexenio, marginalmente mejor que 2013.

A pesar de la mejoría en el consumo, el PIB creció menos el año pasado que en 2015. Los dos factores que realmente explican la desaceleración son la inversión fija bruta y las exportaciones. La inversión total creció 0.4 por ciento en 2016 versus 4.3 por ciento el año anterior. Si la desglosamos entre pública y privada, primero encontramos que la pública disminuyó -9.4 por ciento en 2016, comparado con -11.7 por ciento en 2015. Con esta cifra vemos una tasa negativa en la inversión pública por séptimo año consecutivo. En 1995, la pública representaba 51.6 por ciento de la inversión total, mientras que en 2016 solo explica 14.5 por ciento. La inversión privada creció 2.2 por ciento el año pasado, una desaceleración significativa comparado con el avance de 8.1 por ciento del 2015.

La desaceleración en las exportaciones muestra una faceta interesante en cuanto a su contribución al crecimiento económico. En 2015 habían crecido 10.4 por ciento, mientras que en 2016 solo avanzaron 1.2 por ciento, es decir, después de haber sido el componente más dinámico de la actividad económica en 2015, el año pasado fue de los menos. Sin embargo, estas cifras contrastan enormemente con las de la balanza comercial, que cayeron -4.1 por ciento en 2015 y -1.8 por ciento en 2016. Entre ambas series hay dos diferencias básicas. Primero, la balanza comercial registra las exportaciones en dólares nominales, mientras que en las cuentas nacionales se expresan en pesos reales. Si el deflactor implícito de las exportaciones se calcula bien, lo último sería equivalente a volumen, mientras que lo primero es valor. Significa que exportamos más volumen en 2015 comparado con el año anterior, pero recibimos menos dólares. En cambio, en 2016 la diferencia no fue muy marcada. Esto fue especialmente significativo en las exportaciones petroleras, ya que disminuyeron -45.3 por ciento (dólares nominales) en 2015, mientras que las no petroleras aumentaron 0.8 por ciento. En 2016, las petroleras cayeron -19.1 por ciento y las no petroleras -0.6 por ciento. La segunda diferencia radica en que la balanza comercial incluye solo mercancías, mientras que en las cuentas nacionales incluye servicios no factoriales (esencialmente turismo, fletes y transporte).

Finalmente, vemos que el consumo de gobierno aumentó 1.1 por ciento en 2016, menos que el avance de 2.4 por ciento en el año anterior. Si sumamos el consumo de gobierno y la inversión pública para obtener una idea del gasto público, resulta que disminuyó -1.5 por ciento en 2016, muy parecido a la tasa de -1.4 por ciento del año anterior. Estas cifras también difieren de las que reporta la SHCP, básicamente por diferencias en cobertura y metodología. Mientras que la SHCP reporta el gasto federal, INEGI tiene que considerar todas las instancias de gobierno. La SHCP registra flujos de efectivo, mientras que el INEGI calcula el valor agregado del gasto. Esto significa que el gasto que registra SHCP en muchos de sus programas sociales, INEGI lo considera como transferencias y no valor agregado.

En resumen, crecimos un poco menos en 2016 que en el año anterior, a pesar de una mejoría en el consumo de los hogares. La razón es que la inversión privada y las exportaciones se desaceleraron bastante. ¿Qué se espera para este año? Menos crecimiento en el consumo y la inversión privada y más en las exportaciones.

Los indicadores económicos que se han dado a conocer en las últimas semanas han sido en su gran mayoría negativos. Cada cifra no solo apunta hacia una mayor desaceleración, sino incluso, sugiere que la debilidad económica es mucho mayor de lo que habíamos previsto. Si le agregamos al escenario una política monetaria más restrictiva y una política fiscal menos laxa, pudiéramos estar acercándonos a una posible recesión.

En junio el Indicador IMEF Manufacturero se desplomó 3.9 puntos para ubicarse en un valor de 47.5 unidades. La magnitud de la caída es la segunda más pronunciada en la historia del indicador, solo superado por la de noviembre de 2008 (-5.4 puntos), mientras que el nivel es el más bajo observado desde junio de 2013. En Indicador IMEF No Manufacturero también registró una caída vertiginosa de 3.0 puntos, la mayor en toda la historia del Indicador, para ubicarse en 47.8 puntos. Las magnitudes de ambos indicadores apuntan hacia una desaceleración mucho mayor a lo previsto en meses pasados, señal de una creciente posibilidad de entrar en un periodo de estancamiento (como en 2013), o bien, de estar cerca del inicio de una recesión (como en 2008).

Los datos del consumo privado de abril señalan un muy mal comienzo para el segundo trimestre al disminuir -2.21 por ciento, la tasa más negativa en lo que va el sexenio, mientras que la tasa anual se ubica ahora a tan solo 1.15 por ciento del mismo mes del año anterior. La tendencia-ciclo del consumo de los hogares empieza a registrar pendiente negativa por primera vez desde mediados de 2013. Algunos indicadores complementarios al consumo, como las ventas de las tiendas afiliadas a la ANTAD, empiezan a sugerir una desaceleración significativa. Las ventas reales de tiendas totales en mayo fue 3.5 por ciento respecto al mismo mes del año anterior, la tasa más baja reportada desde diciembre de 2014.

La inversión fija bruta reportada ayer registró una caída de -1.6 por ciento en abril respecto a marzo para ubicarse -2.1 por ciento por debajo de su nivel de hace un año. La adquisición de maquinaria y equipo muestra una clara tendencia negativa a partir de septiembre del año pasado, al registrar tasas negativas en seis de los últimos siete meses. Sin embargo, la sorpresa está en el desplome de -5.3 por ciento en la construcción no residencial, segmento que había mostrado el mayor crecimiento en los cuatro meses anteriores.

Las exportaciones muestran una clara desaceleración en lo que va el año. A nivel de cuentas nacionales (pesos reales), habían crecido 9.0 por ciento en 2015. Sin embargo, en el primer trimestre la tasa anual se ubica en 3.1 por ciento. No obstante, en dólares nominales observamos tasas negativas no solo en las exportaciones petroleras, sino también en las no petroleras. Las exportaciones manufactureras no automotrices empezaron a registrar una tendencia negativa hacia fines de 2014 y en mayo de 2016 mostraron un nivel similar a los promedios anteriores a 2012. Las exportaciones automotrices que fueron la joya de la corona a partir de 2010, empezaron a mostrar una tendencia lateral hacia fines de 2014 y a partir de este año una decreciente.

El consumo de gobierno disminuyó 0.83 por ciento en el primer trimestre de 2016, la tasa más negativa desde el último trimestre de 2006. Esta disminución llevó la tasa anual a -0.29 por ciento, la primera tasa negativa observada desde el último trimestre de 2003. La inversión pública continuó mostrando una tendencia negativa en los primeros tres meses del año, iniciada desde hace siete años. Disminuyó 3.0 por ciento respecto al trimestre anterior y -13.6 por ciento respecto al mismo periodo de 2015. Esta última tasa es la más baja observada desde el primer trimestre de 2002.

En otras palabras, todos los componentes del PIB por el lado del gasto, sin excepción, muestran desaceleración significativa o tendencia negativa. El gobierno federal acaba de anunciar otro recorte al gasto público, mientras que las autoridades monetarias subieron de nuevo la tasa de fondeo interbancario en otros 50 puntos base. El propio Banco de México nos dice que esto tendrá efecto negativo en el consumo de las familias y será menos atractiva la inversión.

Todavía existe la esperanza que estos datos son aberrantes, es decir, no marcan una tendencia negativa clara, sino solo ruido que se disipara pronto. ¿Será?

Hace un mes, el INEGI divulgó que el PIB creció 0.8 por ciento en el primer trimestre respecto al cuarto de 2015 y 2.8 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Al mismo tiempo, informó el desempeño de las actividades productivas, desagregado por 20 sectores, dentro de los cuales destacaron las actividades primarias y el sector de la construcción. La noticia fue muy buena, ya que el crecimiento no solo fue mejor que lo esperado, sino también mucho mayor al de Estados Unidos: la tasa anualizada (de 0.8 por ciento) es 3.3, comparada con la de nuestros vecinos de 0.8. Hace unos días, el INEGI complementa la información anterior con el desglose del PIB por el lado del gasto. Con esta nueva información, podemos entender todavía mejor el comportamiento económico del país.

Resulta que el consumo de los hogares creció 0.5 por ciento, ligeramente por debajo de los cuatro trimestres anteriores. Aun así, fue el componente de mayor aportación al crecimiento, ya que el consumo representa 67.9 por ciento del PIB; explicó 37 puntos base, casi el 45 por ciento de la tasa. No obstante, su crecimiento fue menor al del PIB, por lo que la proporción del consumo en el total cayó a 67.7 por ciento. El componente de mayor crecimiento fue la inversión privada, que aumentó 1.8 por ciento respecto al trimestre anterior y 5.0 por ciento respecto al mismo periodo de 2015. A pesar de ponderar alrededor de una cuarta parte de lo que representa el consumo en el PIB, contribuyó con 32 puntos base al crecimiento, es decir, casi 40 por ciento de la tasa trimestral. Con este avance, la inversión privada ya representa 18.4 por ciento del PIB, un nuevo máximo histórico.

El tercer componente en orden de importancia fueron las exportaciones, que crecieron 0.4 por ciento respecto al trimestre anterior y 3.1 por ciento anual. Aunque el avance es muy modesto, su ponderación de 35 por ciento del PIB, permitió que contribuyera con 14 puntos base a la tasa del trimestre del PIB. Sin embargo, es muy notorio su desaceleración, ya que la tasa anual del primer trimestre del año pasado fue 12.6 por ciento. En 2015, las exportaciones medidas en pesos reales crecieron 9.0 por ciento.

El gasto público, tanto como el consumo de gobierno como la inversión pública, tuvieron contribuciones negativas con tasas de -0.8 y -3.0 por ciento respectivamente en el trimestre. Entre ambos componentes, le restaron 19 puntos base a la tasa del PIB. La tasa anual del consumo público fue -0.3 por ciento, siendo la primera vez en los últimos 49 trimestres en que se registra una tasa negativa. La inversión pública alcanzó -13.6 por ciento, la más baja de los últimos 57 trimestres. Registra una tasa negativa en 19 de los últimos 20 y en 23 de los últimos 27 trimestres. Creo que queda claro que la inversión pública registrará en 2016 su séptimo año consecutivo a la baja. Pero es muy posible que en esta ocasión sea con una tasa más negativa que en los seis años anteriores. Por lo pronto, ya solo representa 3.4 por ciento del PIB, un nuevo mínimo histórico.

¿Qué nos dicen todas estas cifras? Primero, aunque sí avanza el consumo privado, no es el fenómeno que muchos creen. Como proporción del PIB, el máximo histórico fue el segundo trimestre de 2013, mientras que su desempeño anualizado da apenas 2.0 por ciento de crecimiento. Si queremos crecer más cerca de 3 este año que de 2 por ciento, necesitamos un consumo mucho más dinámico. La fortaleza de la economía ahora es la inversión privada, pero no en forma generalizada, sino específicamente la edificación no residencial. Las obras de ingeniería civil, los trabajos especializados de la construcción y la adquisición de maquinaria y equipo van a la baja, mientras que la edificación residencial muestra un desempeño lateral. Si queremos que la inversión privada se mantenga como el motor principal de crecimiento, tendremos que ver un desempeño mucho más generalizada.

Preocupa la desaceleración de las exportaciones. Si bien crecieron 3.1 por ciento en pesos reales en el primer trimestre, cayeron 5.9 por ciento en dólares. Las exportaciones manufactureras no automotrices llevan año y medio con una tendencia negativa, mientras que las automotrices también empiezan a registrar tasas negativas. Por último, es casi un hecho que el gasto público seguirá con tasas negativas. El balance final no es tan positivo.

El pasado viernes, 1 de abril, la SHCP divulgó el documento conocido como “Pre-Criterios”, que ofrece un diagnóstico adelantado a los Criterios Generales de Política Económica (CGPE), que el gobierno enviará al Congreso en septiembre junto con el presupuesto de 2017 para su aprobación. El escrito ofrece una actualización de la visión del gobierno para 2016 y un preámbulo a lo que piensa presentar para 2017. Dado que el entorno externo presenta ahora menor dinamismo a lo anticipado hace seis meses, el ejercicio ofrece una explicación más detallado de sus implicaciones.

En los CGPE de 2016, el gobierno presentó un rango para el crecimiento de este año de 2.6 a 3.6 por ciento. No obstante, la utilización de un intervalo es para el consumo mediático, ya que para la programación financiera se necesita un estimado puntual. Hace seis meses, la SHCP tomó el punto medio del intervalo (3.1 por ciento), mientras que ahora propone utilizar la parte inferior (2.6 por ciento). Esto significa que, aunque no ha modificado su estimación mediática, incorpora una revisión a la baja de medio punto porcentual en la expectativa para el año. El número es marginalmente más optimista que el consenso actual de los analistas de mercado (2.4 por ciento) y muy cercano al crecimiento observado el año pasado.

A pesar de anticipar un avance del PIB en 2016 prácticamente igual al de 2015, se espera una composición distinta. El componente más dinámico el año pasado fueron las exportaciones, que a pesar de la caída en el volumen de exportación de petróleo, presentó una tasa de 9.0 por ciento como resultado de la depreciación cambiaria. Este año SHCP anticipa una tasa de 4.4 por ciento ante un menor dinamismo externo y una reducción adicional en la exportación petrolera. La compensación proviene de un avance marginal mayor (0.1 por ciento) en tanto el consumo (3.1 por ciento) como la inversión (3.9 por ciento). Resulta interesante observar que, al referirse al año pasado, se presenta el desglose para ambos componentes entre privado y público, pero no para la expectativa del año. Dado que habrá un recorte en el gasto público, podemos esperar que esto significa que la SHCP espera todavía un mejor desempeño en el consumo privado y en la inversión privada, que crecieron 3.2 y 6.3 por ciento, respectivamente, en 2015. De aquí se deriva que anticipa una mejoría en la recaudación no petrolera de un punto porcentual del PIB.

Para 2017, la SHCP ofrece un rango mediático para el crecimiento económico de 2.6 a 3.6 por ciento (igual que 2016), aunque para efectos de la programación plantea utilizar 3.0 por ciento, una tasa ligeramente por debajo del punto medio del intervalo. Cuando la SHCP prepara su documento, esta proyección estaba en línea con la expectativa del mercado. Sin embargo, las últimas encuestas muestran revisiones a la baja hacia una tasa de 2.8 por ciento. Para llegar a la tasa de 3.0 por ciento, SHCP estima crecimientos en las exportaciones de 5.5 por ciento y en el consumo y la inversión de 3.3 y 4.3 por ciento, respectivamente.

Para cerrar el marco macroeconómico 2016-2017, el gobierno anticipa un tipo de cambio para el cierre de 2016 en 17.5 pesos y para el cierre de 2017 en 17.0 pesos. El déficit de la cuenta corriente quedará relativamente elevado, en 3.1 y 2.9 por ciento del PIB en 2016 y 2017, respectivamente. No obstante, piensa que las entradas de inversión extranjera directa en ambos años serán suficientes para su financiamiento. Plantea tasas de inflación totalmente en línea con el objetivo de Banxico (3.0 por ciento) para ambos años y tasas de CETES a un mes de 4.3 y 5.3 por ciento, respectivamente. Esto último se puede interpretar como que anticipa que la tasa de política monetaria de Banxico terminará este año en 4.25 por ciento y 2017 en 5.25 por ciento.

¿Es un escenario creíble? ¿Lo podemos utilizar para la planeación de las empresas? En principio si, ya que los números no son tan distintos al consenso (mediana) actual de mercado. Incluso, hay corredurías que anticipan más crecimiento; Nomura espera 2.8 por ciento para 2016, mientras que Scotiabank piensa en una tasa de 3.5 por ciento para 2017. Las proyecciones del tipo de cambio para fin de año para 2016 van de 16.80 (Santander) hasta 18.50 (JP Morgan) y para fin de 2017 de 16.00 (CIBanco) hasta 18.60 (BAML). Nadie puede predecir el futuro, simplemente tenemos que estar conscientes de los riesgos y pendientes de las actualizaciones.

¿Los riesgos son más hacia la baja o hacia el alza? Por lo pronto, pensaría que a la baja, pero el tiempo dirá.

En el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, se puede realizar el cálculo del PIB mediante tres diferentes métodos, que en teoría deberían resultar en una misma cifra. Se puede sumar todos los ingresos en la economía (sueldos, salarios, utilidades, intereses, etc.), analizar todos los gastos (consumo privado, consumo de gobierno, formación bruta de capital fijo, variación de existencias y exportaciones netas) o bien, calcular el valor agregado de los bienes y servicios finales producidos en la economía. La recomendación del FMI es escoger uno de los tres como método principal y realizar un segundo para asegurar consistencia.

En Estados Unidos (y parece ser que en la mayoría de los países) se utiliza principalmente los de ingresos y gastos, mientras que en México se realiza el cálculo del valor agregado y el de los gastos. Alrededor de los 50 días después de haber concluido el trimestre, el INEGI publica el crecimiento del PIB mediante los cálculos del valor bruto de la producción y del consumo intermedio. El PIB (valor agregado) es la diferencia entre los dos cálculos, que se presenta para los 20 sectores de la economía (que representa la desagregación a dos dígitos del Sistema de Clasificación Industrial de Norte América, conocido como SCIAN). Por lo mismo, el INEGI reportó el 21 de mayo que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre inmediato anterior.

Un mes después de haber reportado el crecimiento, el INEGI divulga el cálculo que realiza para los componentes del gasto, lo que llama la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios”. En este sentido, el pasado 19 de junio, reportó los crecimientos del consumo privado (1.2 por ciento), del consumo del gobierno (1.1 por ciento), de la inversión pública (1.2 por ciento), de la inversión privada (0.6 por ciento), de la variación de existencias (7.3 por ciento), de las exportaciones (1.8 por ciento) y de las importaciones (0.4 por ciento). Posiblemente la sorpresa principal provino de la inversión pública, que presenta una tasa positiva para el trimestre por apenas la quinta vez en los últimos 17 trimestres.

Dado que los cálculos se realizan mediante técnicas de estadística inferencial, se necesitan introducir algunas variables de ajuste, que representan las discrepancias estadísticas entre los diferentes métodos de cálculo. Anteriormente, el INEGI no calculaba la variación de existencias tal cual, sino que lo introducía como la diferencia entre el cómputo del valor agregado y la suma de los componentes del gasto. Sin embargo, hace poco el Instituto empezó a estimarlo directamente, por lo que ahora tiene que introducir explícitamente una discrepancia estadística para que cuadre la contabilidad nacional. En este primer trimestre, encontramos que la variación de existencias (también conocida como el cambio en inventarios) y la discrepancia estadística fueron los dos componentes con mayor cambio respecto al periodo anterior.

Dado que cada componente del gasto representa una ponderación distinta, no podemos analizar la contribución de cada uno mediante sus tasas de crecimiento. Más bien, se tiene que multiplicar cada tasa por su ponderación. Matemáticamente, la contribución de “Y” al crecimiento de “X” (siendo Y un componente de X), se define como el cambio porcentual de Y ponderado por el porcentaje (ponderación) de Y dentro de X del periodo anterior (t-1). Si realizamos los cálculos correspondientes encontramos que la mayor contribución (negativa) proviene de la discrepancia estadística implícita (-1.24 puntos porcentuales o pp). Esto significa que las contribuciones (positivas) de todos los demás componentes podrían estar sobreestimadas.

No obstante, el componente del gasto que más contribuyó al crecimiento del PIB en el primer trimestre fue el consumo privado (0.81 pp), seguido por las exportaciones (0.61 pp). En un tercer lugar ya distante, se situó el consumo de gobierno (0.12 pp), seguido por la inversión privada (0.11 pp). En quinta lugar, se ubicó la variación de existencias (0.06 pp), mientras que el que menos contribución hizo fue la inversión pública (0.05 pp). Para que cuadre, es decir, que todo sume la tasa de 0.4 por ciento del PIB, se tiene que restar las importaciones (0.12 pp). Esto es porque cada componente tiene implícito una parte de bienes y servicios importados, que no se debe considerar, ya que estamos contabilizando el producto interno del país.

De este ejercicio, sale a relucir la contribución del consumo privado al crecimiento económico, que ha sido la más elevada desde 2012.

La semana pasada, justo cuando muchos estaban a la mitad de sus vacaciones de Semana Santa y otros tantos estaban por salir, la SHCP divulgó el documento conocido como “Pre Criterios 2016”, aunque su título oficial fue “Documento Relativo”. En sus 68 páginas, la SHCP establece los principales objetivos para la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2016, junto con los escenarios sobre las principales variables macroeconómicas para 2016 y sobre el monto total del presupuesto de egresos y su déficit. En una lectura rápida encontré varios aspectos que me llamaron la atención, que enseguida enunciaré.

1) En términos generales, el análisis expuesto en el documento es lo que se llama de “elevador”, es decir, se limita a decir que bajó que subió, pero deja fuera los porqués, los cómos y los debido a. Creo que pudiera haber sido una exposición mucho más enriquecedora. ¿Será que no conviene?

2) Como ejemplo del punto anterior, resalta que el consumo privado creció menos en 2014 que en 2013. ¿No sería interesante que la SHCP nos hubiera ofrecido una explicación del por qué? Por otro lado, presume que los ingresos tributarios llegarán a 11.5 por ciento del PIB, 1.8 puntos más que en 2013, evidencia de que la Reforma Recaudatoria le quitó bastantes recursos a las familias y empresas.

3) La inversión pública disminuye 7.4 por ciento en 2014, a una tasa más negativa que en 2013 y el único componente de la demanda agregada con tasa negativa. ¿Por qué? La SHCP no ofrece explicación alguna.

4) No obstante, la SHCP dice que aumentó la inversión física 7.5 por ciento real respecto al año anterior. ¿Cómo concilia SHCP su aumento con la disminución que reporta INEGI? ¿La respuesta? Mutis.

5) Destaca SHCP que el gasto neto presupuestal ascendió a 26.4 por ciento del PIB, un aumento real de 4.2 por ciento. Pero si utilizo las cifras del INEGI, la suma del consumo de gobierno más inversión pública real resulta -0.3 por ciento comparada con 2013. ¿Entonces?

6) Presume SHCP que el crecimiento anual de 714 mil afiliados en el IMSS es “generación de empleos formales”. Sin embargo, la mayor parte es la formalización de empleos informales y la incorporación de empleos formales existentes mediante la fiscalización del IMSS. No sabemos cuánto fue realmente una generación de empleos, pero queda claro que no fue ni cerca a esa cifra.

7) Presume que el déficit tradicional de 2014 fue 3.2 por ciento del PIB versus 3.6 por ciento aprobado. Sin embargo, los requerimientos financieros del sector público (RFSP) fueron 4.0 por ciento versus 4.2 por ciento aprobado y la diferencia radica en “adecuaciones en registros”, que fue un punto porcentual completo por encima de lo aprobado. No soy experto en finanzas públicas, pero me suena a “errores y omisiones”, o bien, ajustes oscuros. Puedo estar equivocado.

8) Pero aún, los RFSP ajustados, que incluyen ingresos provenientes de activos financieros netos, fue 4.7 por ciento del PIB. Por un lado, nos dicen que el déficit fiscal fue tan solo 0.5 por ciento, pero en realidad fue muchísimos más. Tenemos un déficit elevado y una deuda pública creciente. ¿Finanzas públicas sanas?

9) El saldo histórico de los RFSP ascendió a 43.7 por ciento del PIB. Tenemos ya como ocho años al hilo que la deuda pública va en aumento. ¿Finanzas públicas sanas?

10) El balance económico primario será -1.3 por ciento en 2015 y -0.6 por ciento en 2016. Posiblemente el punto más importante de finanzas sanas es un superávit primario. No queremos pedir prestar para pagar intereses de la deuda pública, ¿o sí?

11) Dice la SHCP que “la inversión será impulsada por el crecimiento del empleo formal”. ¿No es al revés?

12) Aunque la estimación de crecimiento del PIB para 2015 se mantiene en el rango de 3.2 a 4.2 por ciento, para efectos de planeación de finanzas públicas, la SHCP utilizará el piso de 3.2 por ciento. Para fines prácticos, eso significa una revisión a la baja en su expectativa.

13) Sin embargo, para la planeación de 2016, sí utiliza el punto medio del rango de 3.3 a 4.3 por ciento.

14) Interesante. Para las proyecciones de demanda agregada dice que la inversión aumentará entre 3.7 y 4.7 por ciento, pero sin desglose entre pública y privada. ¿Será que la inversión pública va disminuir por quinto año consecutivo y no lo quiere publicitar mucho que digamos?

15) Más interesante. Compara la proyección de inflación de 3.0 por ciento versus los analistas del sector privado que anticipan 3.1 por ciento. ¿Por qué no hace la misma comparación con los datos de crecimiento?