Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI dio a conocer el crecimiento económico de noviembre del año pasado, mediante el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE). Resulta que el crecimiento en noviembre fue 0.1 por ciento respecto al mes anterior y 2.4 por ciento respecto el mismo mes del año anterior. Dado que contamos con once de los doce meses del año, ya podemos obtener una muy buena estimación de lo que fue el crecimiento del año. La tasa de variación anual acumulada que reporta el INEGI ya cuenta con 91.7 por ciento del calendario. Esta aproximación, 2.52 por ciento, difícilmente va variar mucho de la estimación oportuna que dará a conocer el INEGI el viernes 29 de enero o del cálculo oficial que se divulgará el martes 23 de febrero.

Hace más de un año (durante la mayor parte de 2014), la expectativa de crecimiento para 2015 giraba alrededor de 3.8 por ciento. No obstante, al comenzar el año se fue revisando paulatinamente a la baja y apunta a que tendremos una tasa sustancialmente menor. ¿Qué pasó? ¿Por qué no se materializó el crecimiento esperado? Se ha comentado mucho que las actividades terciarias (comercio y servicios) tuvieron un buen desempeño (se estima crecimiento de 3.3 por ciento), mientras que las secundarias solo avanzaron 1.1 por ciento. Las actividades primarias, que pesan poco en el cálculo del PIB, avanzaron 3.2 por ciento. Por lo mismo, todo apunta a que la lentitud en el avance de las secundarias explica la diferencia.

Si analizamos los distintos sectores de la actividad industrial (secundaria), encontramos un buen avance (4.1 por ciento) en la generación y suministro de electricidad, agua y gas, que representa 5.8 por ciento del total; la construcción creció 3.1 por ciento y contabiliza el 23.6 por ciento de la industria; y, las industrias manufactureras, que suman el 46.4 por ciento del total y avanzaron 2.9 por ciento. Si estos tres sectores, que consisten el 76.8 por ciento de la industria, fuera la totalidad, el avance hubiera rebasado 3.0 por ciento. Sin embargo, la minería que representa el 24.6 por ciento restante, disminuyo -5.9 por ciento. La razón principal es que la producción de petróleo crudo cayó -7.0 por ciento. Estos números nos dicen que la producción industrial en 2015 no fue de un mal comportamiento generalizado, sino más bien de una afectación negativa por la caída en la producción de petróleo crudo.

De los 21 subsectores de la manufactura, 9 tuvieron un desempeño superior a 5 por ciento. Por ejemplo, la “fabricación de productos textiles diferentes a prendas de vestir” gozó de un crecimiento de 10.4 por ciento, mientras que la “fabricación de muebles” creció 11.7 por ciento. En el sentido inverso, solamente tres subsectores tuvieron tasas negativas, siendo la más afectada las industrias metálicas básicas que disminuyó -3.3 por ciento.

Como sabemos, una de las características más importante del año pasado fue la aguda depreciación del peso. A diferencia de otras ocasiones, la supuesta ganancia en competitividad en el precio en dólares no ayudó a impulsar las exportaciones. El volumen en dólares de los primeros once meses del año de las exportaciones no petroleras apenas creció 1.5 por ciento, la tasa más baja desde la gran recesión de 2008-2009. No obstante, muchas empresas manufactureras gozaron de un incremento sustancial en pesos reales, por lo que no tuvieron una afectación mayor. Al final de cuentas, las exportaciones serán el componente del PIB por el lado del gasto que más terminará contribuyendo al crecimiento de 2015.

Igual podemos analizar las actividades terciarias desagregadas, que en conjunto avanzaron 3.3 por ciento. En lo que corresponde a servicios, dos subsectores sobresalen: “servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas” (básicamente hoteles y restaurantes), que creció 5.6 por ciento, y “transportes, correos y almacenamiento e información en medios masivos” que avanzó 5.4 por ciento. Finalmente, el comercio en su conjunto (tanto al por menor como al por mayor), tuvo un desempeño de 4.6 por ciento.

Si bien el crecimiento del PIB de 2.5 por ciento suena mediocre, no es resultado de un desempeño anodino generalizado, sino más de ciertos sectores y subsectores con problemas, mientras que la mayoría tiene un comportamiento favorable. Tampoco podemos decir que en lo último existe un gran auge, sino simplemente que la economía en su conjunto no está tan mal. Si este año mantenemos el ritmo en la mayoría de los sectores y encontramos mejora en los que tienen problemas (como la producción de petróleo), es posible que el crecimiento sorprende al alza.

Aunque falta más de un mes para empezar a tener las cifras oficiales para el 2015, estamos ya a una semana de cerrar lo que ha sido un año totalmente atípico. De entrada, crecimos un poco más que en los dos años anteriores, pero no se siente; la tasa de desempleo disminuyó a su nivel más bajo desde mediados de 2008, pero la gente se queja de la falta de empleos bien remunerados; la inflación registró su mínimo histórico, pero la mayoría se lamenta del deterioro en su poder adquisitivo; el consumo de los hogares crece a las mejores tasas observadas desde fines de 2012, pero las exportaciones no petroleras están prácticamente estancadas; el gobierno federal reporta inversión pública histórica, pero el INEGI dice que ésta será el sexto año al hilo con tasas negativas; y, se ha armado un buen debate sobre el salario mínimo en el cual el punto central es su nivel tan bajo, pero el aumento promedio anual resultó ser el más elevado desde 1976.

Si analizamos el comportamiento de la economía mexicana de los últimos 20 años, encontramos que el principal motor de crecimiento del país son las exportaciones no petroleras. Si éstas avanzan a una buena tasa, la economía interna responde con buen crecimiento. Sin embargo, si no crecen, o bien, aumentan a una tasa muy baja, el resto de la economía no logra desarrollar un dinamismo suficiente. Si extrapolamos el comportamiento de los primeros diez meses del año, podemos prever que las exportaciones no petroleras terminarán 2015 con un flujo de apenas uno por ciento por encima del año anterior. En principio, esto implicaría una economía estancada. No obstante, el consumo familiar crece a tasas cercanas al 4 por ciento, mientras que la inversión privada avanza a un ritmo superior al 7 por ciento.

En el pasado, cuando el peso mexicano sufría una depreciación significativa, a los pocos meses se observaba una mejoría notable en las exportaciones. El empuje al exterior reactivaba la economía y en los siguientes años crecíamos más. Sin embargo, a pesar de una depreciación que ya ronda alrededor de 30 por ciento, no hemos visto mejoría en las exportaciones. Incluso, si combinamos el estancamiento en las no petroleras con las petroleras (que cayeron más de 40 por ciento en el año), observamos un deterioro importante en la balanza comercial. No obstante, si analizamos las cifras en pesos reales (en vez de dólares nominales), encontramos que las exportaciones totales han crecido más de 10 por ciento en el año y terminará como el componente del PIB por el lado del gasto que más contribuyó al crecimiento en 2015.

Hoy (miércoles 23 de diciembre) conoceremos la inflación de la primera quincena de diciembre. Según la última Encuesta Quincenal de Expectativas de Banamex (que se levanta entre alrededor de 25 instituciones financieras), se anticipa una tasa de 0.31 por ciento para la quincena y 0.46 por ciento para el mes. En forma sistemática, la inflación ha sorprendido a la baja en comparación al consenso, pero si supongamos que en esta ocasión le atinan, la inflación general terminará este año por debajo de 2.2 por ciento, la mínima histórica para el INPC. Para la mayoría de la gente es difícil absorber la idea de una tasa tan baja cuando el peso sufre una depreciación significativa. Por ejemplo, la inflación en 2008 superó 6.5 por ciento después de haber sufrido una depreciación superior al 26 por ciento.

¿Qué pasó con el comportamiento de los precios en 2015? Primero, hubo un colapso en los precios de los commodities en los mercados internacionales. Esto significa que muchas importaciones resultaron más baratas en pesos reales a pesar del ajuste cambiario. Segundo, hubo ciertos precios claves (con ponderaciones significativas en el INPC) que bajaron de precio en 2015, como la gasolina (el promedio ponderado del país), las tarifas eléctricas industriales, el servicio telefónico nacional de larga distancia y el servicio de telefonía celular. Tercero, hubo algo de suerte con los precios agropecuarios (en especial los pecuarios), que no contribuyeron este año con aumentos significativos. Cuarto, se operó todo el año con una brecha negativa de producto, lo cual significa que no hubo presiones inflacionarias por el lado de la demanda agregada. Al final de cuentas, sí hubo un reacomodo en los precios relativos, pero no un aumento generalizado (y menos sostenido) en los precios. Por ejemplo, el rubro de mercancías no alimenticias (que contiene la mayoría de los bienes importados, en especial bienes duraderos) fue el que más aumentó en el año (después de las colegiaturas).

Definitivamente, un año atípico. ¿Y 2016?

A principios de año teníamos la expectativa de que la economía mexicana podría crecer alrededor de 3.5 por ciento, mediante la recuperación en la demanda externa (principalmente Estados Unidos), una mejoría en la inversión privada (alentada por las reformas estructurales) y sin nuevos retrocesos fiscales (como la reforma recaudatoria de 2014). Sin embargo, Estados Unidos empezó mal el año con condiciones climatológicas adversas y huelgas en varios puertos, por lo que empezamos a revisar a la baja la proyección para el crecimiento del año. Con el paso del tiempo, vimos que la producción industrial de nuestro vecino permaneció estancado, mientras que industrias mexicanas claves para la inversión (como la construcción) dejaron de crecer. El resultado fue una revisión sistemática a la baja, como de una décima promedio por mes, hasta llegar a una expectativa de 2.2 por ciento en octubre pasado.

No obstante, a lo largo del año hemos visto una mejoría notable en el consumo privado. La ANTAD y la AMIA han reportado crecimientos significativos, muy por encima del crecimiento promedio de la economía. Típicamente, la economía mexicana ha necesitado del motor de las exportaciones no petroleras para “jalar” a la economía interna. Pero este año ha sido totalmente atípico; crece el consumo de las familias sin mayor estimulo de las actividades secundarias. Incluso, si sumamos los componentes del gasto del PIB, llegamos a una cifra mucho mayor para el crecimiento, a tal grado que muchos han expresado dudas acerca de una discrepancia estadística demasiada elevada.

Al final de octubre, el INEGI dio a conocer su estimado oportuno de la tasa del PIB del tercer trimestre de 0.6 por ciento respecto al trimestre anterior. La cifra fue muy bien recibida, ya que era mayor al esperado y esto llevó a una pequeña revisión al alza en la proyección para el año. Veinte días después, el INEGI publicó el cálculo tradicional del PIB con una tasa todavía mayor, de 0.8 por ciento de crecimiento, junto con una revisión al alza en las tasas del primer y segundo trimestres: en vez de 0.43 por ciento en el primero, se revisó a 0.51 por ciento, mientras que el segundo se revisó a 0.63 por ciento de 0.50 por ciento. Esto significa que el nivel del PIB ajustado del tercer trimestre se ubica 1.9 por ciento por arriba del cuarto trimestre del año anterior, cuando nuestra estimación anterior era de 1.5 por ciento. Con estos números revisados, si el cuarto trimestre crece en forma similar al tercero, es factible que el crecimiento de 2015 alcance 2.6 por ciento.

Pero aun con esta revisión al alza, el cálculo del PIB por el método de la producción va quedar muy por debajo de la suma de los componentes del gasto, que pudiera incluso rebasar 4 por ciento. Sin embargo, el INEGI aclara que esta suma se hace sin considerar la discrepancia estadística, que tiene una relación muy cercana al cambio en existencias (variación en inventarios), que simplemente no se puede descartar. En otras palabras, la discrepancia es parte integra de las cuentas que nos dan la igualdad entre la oferta y la demanda. Si la discrepancia es elevada, nos está diciendo que la variación de existencias no está bien medida (pues es la parte más difícil, en especial las existencias de origen importado). Lo más seguro es que al obtener más información, esta discrepancia disminuirá.

El INEGI nos dice que el cálculo del PIB por el lado de la producción es muy robusta, ya que se elabora con encuestas mensuales de bienes y servicios y registros administrativos con información de cerca de 30,000 empresas, que representan alrededor de 110,000 unidades económicas, que a su vez contempla cerca del 80 por ciento de las principales actividades de la economía nacional. En cambio, el computo por el lado de la demanda es menos comprensivo, en especial el cálculo de las existencias. Por lo mismo, la discrepancia estadística concentra las diferencias de las fuentes estadísticas, los métodos de cálculo, momentos de registros y tipos de valoración que se presentan en la medición de los distintos componentes.

Por ejemplo, el PIB trimestral por el lado de la producción considera entre sus componentes más importantes a la extracción de petróleo, que ha mostrado en los últimos trimestres, una aportación negativa a la actividad económica. Si restamos su valor al cálculo del PIB, la tasa de 2015 aumentaría en 0.6 puntos porcentuales. No obstante, el cálculo por el lado de demanda no contempla la diferencia con la información recabada en el corto plazo y seguramente se integra en la discrepancia estadística.

 

Hace como cinco años, el INEGI invitó a Víctor Guerrero, un profesor destacado de estadísticas del ITAM, a realizar un proyecto de investigación sobre una estimación más oportuna del PIB. Presentó una metodología, elaborada junto con Esperanza Sainz, que utilizaba la información preliminar de los dos primeros meses del trimestre (a partir del IGAE) e incorporaba estimaciones econométricas para calcular el mes faltante. A partir de este trabajo, el INEGI empezó a probarlo y a refinar la metodología. Finalmente, se optó por un cálculo que incorporaba más información concreta, un máximo de los procedimientos estándar de las cuentas nacionales y un mínimo de modelado econométrico. Gracias a estos esfuerzos, ahora el INEGI nos presenta un “estimado oportuno” del PIB a los 30 días de haber concluido el trimestre. Es importante recalcar que no viene a reemplazar al cálculo tradicional, que se dará a conocer este viernes, sino simplemente es un anticipo aproximado de lo que conoceremos en unos días.

La recomendación internacional es que los países deberían presentar el cálculo del PIB a los dos meses (o menos) de haber terminado el trimestre. El INEGI cumple cabalmente con el lineamiento, ya que produce la cifra a los 50 días. No obstante, Estados Unidos divulga una primera estimación a los 30 días, mientras que algunos países como Singapur, China y el Reino Unido hasta en menos. Aun así, este nuevo esfuerzo del INEGI coloca a México entre los ocho países del mundo que brinda un primer estimado en un mes o menos.

Eduardo Sojo, el actual presidente del INEGI, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Pennsylvania. Su tesis doctoral lo realizó bajo la supervisión de Lawrence Klein (premio Nobel de Economía 1980) a mediados de la década de los 80. Su trabajo era como obtener un estimado rápido del PIB trimestral mediante indicadores de mayor frecuencia. Esta misma metodología fue trabajada en la misma universidad años más tarde por alumnos posteriores de Klein, pero siempre con un enfoque econométrico. Cuando Sojo se reincorporó al INEGI a mediados del sexenio pasado, tenía la idea de que se pudiera utilizar esta técnica para adelantar la estimación del PIB. Por lo mismo, buscó a Víctor Guerrero y empezaron a trabajar en lo mismo. Sin embargo, los investigadores de planta de Estadísticas Económicas del INEGI desarrollaron una metodología distinta, que busca maximizar la incorporación de información concreta, ya que el INEGI tiene más del 80 por ciento de la información directa en el momento de realizar el cálculo oportuno, por lo que solo necesita estimar una tercera parte del último mes del trimestre. Otra de las bondades de la metodología es que sigue la agregación tradicional del PIB contenida en las cuentas nacionales, por lo que en pruebas anteriores se ha obtenido una estimación oportuna que discrepa muy poco con el cálculo tradicional que se obtiene 20 días después.

El INEGI estima que el crecimiento del PIB del tercer trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior es 2.4 por ciento. Al incorporar ajustes por la estacionalidad, la tasa anual sería 2.3 por ciento (por efectos de calendario) y la tasa respecto al trimestre inmediato anterior 0.6 por ciento. De resultar acertado, es un resultado ligeramente mejor a lo que se había anticipado anteriormente. El viernes veremos.

Existe otro aspecto del cálculo que necesitamos entender mejor. El INEGI primero calcula el PIB por el lado de la oferta mediante la diferencia entre el valor bruto de la producción y el consumo intermedio. Así obtiene el desglose de las actividades económicas entre primarias, secundarias y terciarias. Un mes después (18 de diciembre), obtiene un segundo desglose por el lado de la demanda mediante los cálculos de los componentes del gasto (consumo privado, consumo de gobierno, inversión fija bruta, variación de existencias, exportaciones e importaciones). Como son cálculos estadísticos, siempre existe una discrepancia estadística entre los dos. El problema que hemos visto este año es que esta discrepancia es la más elevada de los últimos 14 años, lo cual ha desconcertado a más de uno.

Si tomáramos el cálculo por el lado de la demanda e ignorando la discrepancia, el crecimiento anual del PIB para el primer y segundo trimestre de este año sería 5.1 y 4.7 por ciento, respectivamente, comparado con las tasas de 2.6 y 2.2 por ciento por el lado de la oferta. ¿Cuál de las dos estimaciones es más robusta? ¿En función de qué está la discrepancia? ¿Será que realmente estamos creciendo más?

En enero de este año, el Banco de México reportó un saldo mensual máximo histórico de sus activos internacionales netos de 199.2 miles de millones de dólares (mmd). A fin de octubre, el mismo saldo registró 177.2 mmd, una disminución en lo que va del año de 22 mmd. En la primera semana de noviembre, hubo una baja adicional de 1,483 millones de dólares para llegar a un saldo de 175.7 mmd. La mayor parte de la caída se ha dado en los últimos tres meses, a partir de agosto cuando la Comisión de Cambios decidió que el Banco Central debería vender entre 200 y 400 millones de dólares al mercado diario mediante subastas. Esto ha redituado en una disminución de 5.4 mmd por mes, o de 1.2 mmd promedio por semana en este lapso. Después de un largo periodo en el cual el Banco continuamente acumulaba reservas, este decremento tiene inquieto a más de uno. ¿Es motivo de preocupación?

La última vez que se agotaron las reservas de dólares del Banco de México fue al final de 1994. En ese momento las reservas jugaban un papel primordial, ya que eran necesarios para mantener el tipo de cambio en un régimen casi fijo. El Banco establecía el tipo de cambio diario y para mantenerlo tenía que comprar dólares en el mercado si hubiera un exceso (para evitar que el tipo de cambio bajara), o bien, vender dólares al mercado si escaseaban (para que no subiera). Durante todo 1994, hubo escasez de dólares en el mercado, por lo que el Banco tuvo que vender dólares constantemente, hasta el momento en que se agotaron las reservas y no hubo más remedio que dejar que el mercado fijara el tipo de cambio. El resultado fue algo trágico, ya que de 3.1 pesos por dólar a principios de 1994, se disparó el precio hasta casi llegar a 8 pesos a principios de marzo del siguiente año. Difícilmente se nos puede olvidar las consecuencias: después de crecer 4.7 por ciento y tener una tasa de inflación de 7.1 por ciento en 1994, el año siguiente el PIB se desplomó -5.8 por ciento y la inflación se disparó a 52.0 por ciento. Pero no solamente vivimos la tragedia de esa magna devaluación, sino además las de 1976, 1982, 1985, 1986 y 1987, cada una con una historia similar (o peor).

Para principios de 1996, los activos internacionales netos (que no considera el crédito del FMI) todavía no alcanzaban mil millones de dólares. Esto significa que en un lapso de casi 20 años, el Banco alcanzó acumular alrededor de 198 mmd. Sin embargo, existe una diferencia básica (y abismal) entre estos últimos 20 años y la historia anterior. Antes teníamos un régimen cambiario fija o semi-fija, en la cual las reservas de dólares jugaban un papel primordial. Ahora, con el régimen de flotación, el mercado decide el tipo de cambio, por lo cual no se necesitan reservas para tal fin. Incluso, muchos analistas se han preguntado por qué es necesario contar con una reserva tan grande.

Sin duda, el papel de las reservas internacionales del Banco Central ha cambiado. Hoy en día, los dólares que mantiene el Banco son activos que respaldan sus pasivos. Por cada peso en circulación, el Banco tiene el equivalente en pesos de 2.7 veces del monto en dólares. Esto brinda mucha confianza en la moneda nacional, ya que significa que no hay una emisión primaria de pesos en el país, es decir, la emisión de pesos sin respaldo. Este apoyo ha ayudado a disminuir la inflación y a obtener mejores calificaciones de riesgo/país, contribuyendo así a tasas de interés menores. Es prácticamente la mejor contribución que pueda hacer el Banco de México y la política monetaria a un ambiente de estabilidad macroeconómica, propicio para el crecimiento económico. Si México no crece más es por razones ajenas a la política monetaria.

Hoy en día la acumulación o disminución de reservas no tiene que ver con el nivel del tipo de cambio o las posibilidades de una devaluación. El precio del dólar varía mediante la oferta y la demanda en dos mercados, que tienen vasos comunicantes: el interbancario, donde se venden y compran divisas al mayoreo en función del comercio exterior y los flujos de inversión de portfolio, y uno externo al país, que utiliza el peso en operaciones de derivados, opciones, futuros y forwards, que poco tiene que ver con la economía mexicana. Las reservas de dólares que tiene el Banco son un respaldo de nuestra moneda, por lo que están a disposición de las autoridades para inyectar liquidez en el mercado interbancario si es que se considera necesario.

¿Es correcto el uso de las reservas como se viene manejando? Básicamente, sí. ¿Debe preocupar la disminución que hemos visto en los últimos meses? Básicamente, no.

En estos últimos días se han divulgado indicadores económicos que básicamente ofrecen un panorama mixto del desempeño actual de la economía. Igual, se presentarán varios más en estos días, que seguramente confirmarán el mismo mensaje: la economía mantiene un paso lento. Si consideramos el entorno externo, podemos decir que no estamos tan mal, pero si tomamos las promesas que realizó el gobierno a principios del sexenio, tenemos que estar decepcionados.

Parte de nuestro problema es que la economía de Estados Unidos no muestra mucho dinamismo y en particular, su producción industrial se encuentra estancada desde hace tiempo. El motor principal de crecimiento de México son las exportaciones no petroleras, de los cuales más del 81 por ciento van a nuestro país vecino. Dado que 88 por ciento de las exportaciones totales son bienes manufactureras, el desempeño de la producción industrial de Estados Unidos es vital. El lunes anunció el Institute of Supply Management (ISM) que su indicador manufacturero disminuyó 0.1 puntos en octubre para ubicarse en 50.1. Dado que el umbral entre una economía en expansión y una estancada es de 50, podemos interpretar este resultado como una noticia mala para México.

El Indicador IMEF Manufacturero registró en el mismo mes un aumento a 51.6 puntos, después de tres meses consecutivos a la baja. Sin embargo, el mismo indicador ajustado por tamaño de empresa disminuyó 0.7 puntos, lo que sugiere que el sector manufacturero mexicano continuará débil. El INEGI reportó que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes permaneció básicamente sin cambios en agosto, pero el de Indicadores Adelantados disminuyó 0.1 puntos para ya registrar doce meses al hilo con una tendencia a la baja y seis por debajo de la tendencia de largo plazo. Hasta hace poco, el INEGI definía esta situación como una etapa de “recesión”. Aunque ya admitió que la etiqueta no era la adecuada, de todos modos anticipa una economía débil con tendencia a debilitarse aún más.

El Banco de México dio a conocer su encuesta mensual de “especialistas” en economía del sector privado. A pesar de que no cambian las expectativas para el crecimiento, lo que más llama la atención es que de los 37 encuestados, 47 por ciento opinan que la economía está mejor que hace un año y 53 por ciento piensan que no, una opinión totalmente dividida. Solo 31 por ciento juzgan que mejorará el clima de negocios y es buen momento para invertir, mientras que los demás no están de acuerdo.

En estos días se publicarán los indicadores de confianza empresarial y del consumidor para octubre, donde podremos ver si el ambiente desolado entre la población empiece a cambiar o no. También conoceremos la Inversión Fija Bruta y el Consumo Interno de agosto, dos indicadores que van mejor que el resto de los componentes por el lado del gasto del PIB. Ante la debilidad de las exportaciones, aquí deberíamos encontrar un poco más de evidencia de lo poco que crece en la economía.

Al final de cuentas, todos estos indicadores nos ayudan a armar el rompecabezas de la economía mexicana. A estas alturas, se espera que la economía tendrá un crecimiento entre 2.2 y 2.3 por ciento, mientras que el año pasado avanzó 2.2 por ciento (según la última revisión del PIB anual). Por lo mismo, estamos por ver si el PIB de 2015 será igual o marginalmente mejor que el año anterior. Para esto, nos ayuda mucho la nueva “estimación oportuna” del PIB, que ahora el INEGI nos dará 20 días antes de que salga  el cálculo tradicional. Mediante información perteneciente a más del 80 por ciento del trimestre y una estimación econométrica del 20 por ciento faltante, el INEGI nos “adelantó” que se espera que el crecimiento del tercer trimestre alcance 0.6 por ciento respecto al anterior. De resultar acertada, el dato es positivo, ya que mejora marginalmente la expectativa de un PIB mayor. Incluso, de mantener la misma inercia en el último trimestre del año, el crecimiento del año podría terminar entre 2.3 y 2.4 por ciento.

La estimación oportuna del PIB sitúa a México entre los ocho países del mundo que con mayor oportunidad reportan el crecimiento de la actividad económica. Sin embargo, sabemos que existe una relación inversa entre precisión y oportunidad. En Estados Unidos se pueden presentar variaciones significativas entre su primer estimado a los 30 días y los siguientes dos que difunda a los 60 y 90 días. Sin embargo, no queda claro si así será en México. El INEGI presume de una innovadora metodología, que ha puesto bajo prueba y promete ofrecer estimaciones más o menos acertadas. Pues ya veremos.

Llama la atención las declaraciones del titular del SAT, de que el INEGI calcula mal el PIB del país. Según la posición de la Administración Tributaria, el crecimiento económico no empata con los indicadores de recaudación, consumo y empleo. Lo que dice la dependencia de la SHCP es que dado que las cifras que produce el INEGI no reflejan lo que el gobierno quiere, habría que cambiar la metodología de las cuentas nacionales. Básicamente, lo que sugiere ahora la SHCP es que hagamos en México lo que hicieron en Argentina: manipular las cifras económicas para reflejar los deseos de los funcionarios. Otra alternativa podría ser lo que ha hecho Venezuela: simplemente dejar de publicar cifras oficiales.

Precisamente por eso es que se le otorgó la autonomía al INEGI. Sin embargo, esta posición de la SHCP es exageradamente peligroso en el momento en que faltan apenas dos meses para que una nueva persona toma posesión de la Presidencia del INEGI. ¿El nombramiento será para un allegado de SHCP u otro oriundo del gobierno del Estado de México para este puesto vital? ¿A qué se debe esta falta de respeto a la autonomía del INEGI?

La expectativa de crecimiento para el PIB de este año es alrededor de 2.2 por ciento. Dado que el INEGI revisó la tasa del PIB anual del año pasado a 2.2 por ciento (de 2.1), estamos en espera de ver si el crecimiento de este año logra superar o no el de 2014. Aunque esta cifra se ubica muy por debajo de lo que prometió el gobierno en un escenario de reformas estructurales y mucho menos de lo que contempló el presupuesto original de 2015, no está nada mal al observar el desempeño de la mayoría de los países emergentes. Por ejemplo, las tres economías más grandes de América del Sur (Brasil, Argentina y Venezuela) terminarán este año con tasas negativas. No hay duda que el entorno externo no ha favorecido la expansión de la actividad económica del país.

Si examinamos el crecimiento del PIB en lo que va este año, llegamos a la conclusión de que lo que está deteniendo el avance económico son las actividades secundarias. La producción industrial ha avanzado en promedio alrededor de uno por ciento en los primeros ocho meses del año, producto de una tasa de 3.0 por ciento en la manufactura y 3.6 por ciento en la construcción (a pesar de un estancamiento en la inversión pública), pero con un retroceso de -6.3 por ciento en la minería (principalmente por la caída de casi 7 por ciento en la extracción de petróleo). Incluso, si examinamos las cifras de comercio exterior, encontramos que las exportaciones totales han disminuido -2.8 por ciento en los primeros ocho meses del año respecto al mismo periodo del año anterior. Las exportaciones no petroleras, que representan el motor tradicional de crecimiento de la economía, han avanzado apenas por arriba de 2 por ciento. En otros años que hemos visto crecimientos tan bajos, hemos observado un desempeño del PIB todavía menor a la que tenemos este año.

¿Entonces que explica el crecimiento que llevamos a la fecha? Según el INEGI, ha sido el avance en el consumo de los hogares, que ha registrado un repunte sorprendente a partir del primer trimestre. Las cifras son consistentes con las ventas del ANTAD y del AMIA, que muestran que ciertos segmentos de la economía (los que tienen mayor poder adquisitivo) están gastando más. Esto es sorprendente, si tomamos en cuenta que la reforma recaudatoria del año pasado les restó recursos a las familias.

¿Qué explica el aumento más que proporcional de la recaudación del gobierno federal? Hubo aumentos de impuestos, reducciones en las deducciones y una fiscalización mayor. El IMSS registra un incremento significativo en el número de trabajadores registrados en el instituto, pero no producto de nuevos empleos, sino de la formalización de trabajos que antes no pagaban impuestos. Los esfuerzos de fiscalización han sido tan imponentes, que el propio Banco de México admite un incremento exorbitante en la demanda de efectivo (base monetaria) de más del 20 por ciento en lo que va este año. No es que ha aumentado la cantidad de transacciones en la economía en esa magnitud, sino que hemos visto cambios en las formas de pago hacia el uso de más efectivo y menos tarjetas y otros medios, para tratar de compensar los efectos nocivos que tuvo la reforma recaudatoria y la mayor fiscalización.

¿Cuál ha sido el factor limitante del crecimiento interno? La poca efectividad del gasto público. El gobierno gasta lo que nunca había gastado antes, sin ninguna repercusión en el crecimiento económico ni en el abatimiento de los niveles de pobreza.

El pasado 18 de septiembre, el INEGI publicó la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios” con datos actualizados al segundo trimestre de este año. Las cifras dadas a conocer son los componentes del PIB por el lado del gasto. En el comunicado de prensa, se ratificó que el crecimiento real del PIB en 2014 fue 2.1 por ciento. Una semana después, el Instituto divulgó las “Cuentas de Bienes y Servicios” del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM) con los últimos datos anuales para 2014. En esta ocasión, el INEGI informó que el crecimiento real del PIB en 2014 fue 2.2 por ciento. Por lo pronto, tenemos dos cifras oficiales de crecimiento a escoger, con una diferencia de 0.09 puntos porcentuales entre ambas.

El INEGI calcula el PIB con frecuencia trimestral, el cual reporta multiplicado por 4 para que cada trimestre sea comparable entre sí y con el monto anual. En principio, el PIB anual sería el acumulado (suma) de los cuatro trimestres, pero como las cifras están multiplicados por 4, se tiene que sacar el promedio de los cuatro trimestres (es decir, dividir entre cuatro). Posteriormente, el Instituto calcula el PIB anual dentro del marco de la contabilidad nacional, mediante la presentación de varias cuentas que deben cuadrar todas entre sí. Sin embargo, existe una diferencia básica entre ambas mediciones, que hace que la serie del PIB trimestral no sea 100 por ciento compatible con la serie anual.

El problema principal tiene que ver con un trato diferenciado del calendario agrícola. Mientras que en el cálculo anual se cuantifica la producción del “año agrícola” y los insumos empleados en tal año, en el cálculo trimestral se mide el valor agregado de cada uno de los trimestres comprendidos en un año calendario. Esta discrepancia no es mayor, gracias a que la agricultura representa una proporción muy pequeña del PIB total del país. Entre 2003 y 2014, la producción agrícola va variado entre 1.7 y 2.2 por ciento del PIB total.

No obstante, el problema no queda solo en la diferencia del calendario. En las estimaciones trimestrales no se pueden aplicar los métodos de “doble deflación” que emplea el INEGI en la medición anual para medir el producto generado por la actividad agropecuaria, de silvicultura, caza y pesca, construcción y de servicios, debido a la disponibilidad de información que se requiere para realizar cálculos de esta naturaleza. El INEGI nos dice que si se realizara la medición real de producción y de insumos agrícolas para la medición trimestral, el valor sería pequeño o negativo en trimestres de siembra y excesivamente elevado en los de cosecha, en los cuales se concentra la mayor parte de los pagos a los factores de producción.

Para minimizar los problemas derivados de diferentes metodologías y de fuentes de información distintas, el INEGI aplica una técnica de ajustes proporcionales (llamada Denton) a los cálculos trimestrales para “articular” los datos de alta frecuencia con las cifras anuales. El objetivo principal de dicho ajuste es el de preservar, hasta donde sea posible, los movimientos de los cálculos de corto plazo bajo las restricciones de los datos anuales y así, minimizar las diferencias y asegurar que el promedio anual de las cifras trimestrales se aproxime a los datos anuales.

A pesar del ajuste, aunque el promedio anual de la serie trimestral se aproxime a la serie anual, no son iguales. En los once últimos años que contamos con datos para realizar comparaciones, encontramos con diferencias en las tasas de crecimiento que van de 0.02 puntos porcentuales (2008 y 2012) hasta 0.13 puntos (2011). En doce años, el PIB anual resulta mayor al trimestral en cinco años y menor en siete. Al final de cuentas, el crecimiento anual compuesto de 2003 a 2014 es de 2.59 por ciento para ambas series, con una diferencia minúscula de 0.0023 puntos porcentuales.

Si utilizamos un solo punto decimal para la tasa de crecimiento anual, hay una diferencia de una décima en seis ocasiones, mientras que coinciden en cinco. Entonces, ¿cuál de las dos series deberíamos utilizar para hablar del crecimiento anual del PIB? El INEGI realizó una retropolación a la serie trimestral para que fuera disponible desde 1993 a la fecha, mientras que solo existe una serie homogénea anual a partir de 2003. Para fines prácticos, recomiendo la serie trimestral, ya que es más larga y compatible con las tasas de crecimiento trimestrales.

Para complicar todo un poco más, ninguna de estas dos series son perfectamente compatibles con la forma en que el Bureau of Economic Analysis (BEA) de Estados Unidos reporta su tasa de crecimiento anual del PIB.

Incertidumbre

Septiembre 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La semana pasada, el INEGI dio a conocer el crecimiento de la actividad económica del segundo trimestre del año. No fue necesariamente mala noticia, ya que crecimos ligeramente más en el segundo trimestre (0.50 por ciento) que en el primero (0.43 por ciento), mientras que las cifras fueron un poco mejor a lo que se anticipaba. No obstante, prácticamente todos los analistas tuvieron que revisar sus expectativas para el año a la baja, ya que no se prevé una mejoría para la segunda mitad del año. El Banco de México fue de los primeros, ya que una semana antes anunció que ahora anticipa 2.1 por ciento de crecimiento en el año (el punto medio de su intervalo de 1.7 a 2.5 por ciento). La SHCP también se vio obligado a rectificar su expectativa a la baja, a una tasa de 2.4 por ciento (el punto medio de su intervalo de 2.0 a 2.8 por ciento). El mismo día salió la primera encuesta de expectativas (la Encuesta Quincenal de Expectativas de Instituciones Financieras que levanta Banamex) con una revisión a la baja a 2.3 por ciento. Es casi un hecho que cuando salgan las siguientes encuestas (por ejemplo, la de los Especialistas en Economía del Sector Privado que publica Banxico a principio de mes y la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF de la segunda semana de septiembre), veremos un nuevo consenso entre 2.2 y 2.3 por ciento para el año.

¿Qué implican estos números? Si el crecimiento de los últimos dos trimestres del año resulta muy similar al de los primeros dos, el PIB crecerá alrededor de 2.3 por ciento en 2015. El punto medio del intervalo de la SHCP (2.4 por ciento) implica una ligera aceleración en el crecimiento en la segunda mitad del año, mientras que para alcanzar 2.5 por ciento necesitaríamos crecer casi al doble. Sin embargo, el punto medio del intervalo de Banxico (2.1 por ciento) implica una desaceleración respecto al ritmo actual. La SHCP mantiene una parte demasiado optimista (crecer arriba de 2.5 por ciento), mientras que Banxico tiene una parte muy pesimista (por debajo de 2.0 por ciento). La información disponible al momento sugiere que lo más probable sea una tasa que se ubique en la intersección de los dos intervalos de estas instituciones, es decir, entre 2.0 y 2.5 por ciento. ¿Qué significa? La SHCP sostiene una posición relativamente optimista, Banxico es más pesimista y el consenso del mercado se ubica en medio.

Hasta ahora el crecimiento es resultado de actividades secundarias muy decepcionantes (construcción, minería y manufactura) y actividades terciarias (comercio y servicios) sorprendentes. Las exportaciones no petroleras, que siempre habían sido el motor principal de crecimiento, están estancadas (en especial las manufactureras no automotrices), mientras que la construcción presenta de nuevo una tendencia a la baja. Sin embargo, a pesar de tener el motor principal apagado, la economía interna (en especial, el consumo) crece relativamente bien. Los crecimientos anualizados del segundo trimestre de las actividades secundarias fue -0.1 por ciento, mientras que las actividades terciarias avanzaron 3.8 por ciento.

Lo que llama la atención es la forma engañosa y amañada que presentó la SHCP las cifras para tratar de mostrar que vamos mucho mejor ahora. Cuando anuncio su revisión de expectativas, dijo que el crecimiento anual del segundo trimestre (2.2 por ciento) fue mayor al del año pasado (1.7 por ciento), pero no aclaró que fue simplemente por efectos de calendario. Si hacemos la comparación como debe de ser, resulta que este trimestre (2.2 por ciento) fue menor al del año anterior (2.9 por ciento). También dijo que el crecimiento anual del segundo trimestre (2.2 por ciento) fue superior al crecimiento de todo el año pasado (2.1 por ciento). Sin embargo, es una comparación no válida, ya que compara el crecimiento acumulado de cuatro trimestres con un promedio. Si compara el promedio de los últimos cuatro trimestres con el promedio de los cuatro trimestres de 2014, claramente estamos creciendo menos. Tal parece que ponen a los analistas de la SHCP a calcular todas las tasas de crecimiento posible para buscar las que aparentan favorables, sea válida o no la comparación.

Vivimos un momento de mucha incertidumbre, caracterizado por una hipersensibilidad y paranoia en los mercados globales. Dentro de lo que cabe, México no va tan mal, ya que seguimos creciendo (aunque sea a una tasa mediocre) y hemos contenido el posible impacto inflacionario de una depreciación exagerada. Por lo mismo, necesitamos un gobierno que no nos quiera ver la cara y que sea franco con la población.

En las últimas semanas, el INEGI ha dado a conocer dos de sus productos más importantes (y caras): la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) y los Censos Económicos 2014. La ENIGH, que se lleva a cabo cada dos años, sirve para calcular las ponderaciones de los precios en el INPC, para estimar el coeficiente de Gini que revela la desigualdad de la distribución del ingreso, para calcular los niveles de pobreza en el país, para conocer los patrones de gasto de las familias y como base para el diseño de muchas encuestas que se realizan en los hogares. Su objetivo principal es proporcionar un panorama estadístico del comportamiento de los ingresos y gastos en cuanto a su monto, procedencia y distribución. También ofrece información sobre las características ocupacionales y sociodemográficas de los integrantes del hogar, así como características de la infraestructura de la vivienda y de su equipamiento. Es una encuesta que recolecta información en 10,060 hogares en la República durante siete días consecutivos. Imagínense lo complicado de esta encuesta al tener a un entrevistador por toda una semana en casa.

Los Censos Económicos (CE) son la columna vertebral de las cuentas nacionales y el pilar para todas las encuestas a establecimientos que se levantan para la construcción de los indicadores económicos. Dado que es un censo y no una encuesta, en teoría se visitan a todos los establecimientos que existen en el país. El INEGI dice que alrededor de 25,000 personas visitaron a 5,303 localidades urbanas y recorrieron 1’456,390 manzanas para levantar la información. Al final de cuentas, encontraron 5’654,012 establecimientos en los cuales trabajan 29’642,421 personas. En cada lugar, se levantaron información sobre el tipo de organización de cada unidad económica, su periodo de operación, personal ocupado, remuneraciones, gastos, existencias, activos fijos, ingresos y valor de su producción.

Prácticamente sería imposible tener cuentas nacionales e indicadores económicos sin estos dos. A diferencia de los indicadores económicos que nos hablan de la marcha de la economía, la ENIGH y los CE describen la estructura económica del país. Realmente vale la pena visitar la página del INEGI para ver la riqueza de información que se genera mediante estos esfuerzos.

Dado que la ENIGH es una encuesta, se visita a una muestra de los hogares y de allí se infiere la totalidad. Sin embargo, se comparamos los ingresos totales de los hogares de esta encuesta con el ingreso disponible que reportan las cuentas nacionales, encontramos que los primeros solo alcanzan a la mitad de los segundos. De la misma forma, el cociente del gasto total de los hogares de la ENIGH respecto al consumo privado de cuentas nacionales es tan solo 0.54. También encontramos que los ingresos provenientes de otros países (remesas) que reporta la ENIGH para 2014 no llegan ni al 10 por ciento de lo que reporta el Banco de México. Dado que no cuadran las cifras, muchos analistas cuestionan los resultados.

El problema principal que tiene la ENIGH (y al igual que la mayoría de los países) es que es prácticamente imposible que los encuestadores entren a las casas de las familias más acomodadas del país. Si recordamos que Agustín Legorreta una vez dijo que eran 300 familias en México que controlan totalmente al país, podemos pensar que ni una sola de estas está incluida en la encuesta. Lo mismo podemos concluir de los CE en el sentido que difícilmente capta todos los establecimientos informales y menos los que se dedican a negocios ilegales (como el crimen organizado). No tenemos la información, pero podemos intuir que muchos de los últimos son de los negocios más prósperos de la economía.

¿Significa que los resultados no son válidos? El INEGI realiza un esfuerzo enorme en cubrir la gran mayoría de la actividad económica, pero tampoco puede hacer lo imposible. Sabemos que está subestimado el coeficiente de Gini y posiblemente el tamaño de la economía es algo mayor a lo que se reporta. Sin embargo, es parte de la naturaleza de la medición estadística, aquí y en todas partes.

Hay que estar atentos para mañana, jueves 20 de agosto, a las 8:00 a.m., cuando el INEGI dé a conocer el crecimiento del PIB para el segundo trimestre. ¿Qué se espera? Una tasa igual o menor a la del primer trimestre. Banxico ya reaccionó revisando a la baja su expectativa para 2015 a 2.1 por ciento (punto intermedio de su intervalo). La SHCP tendrá ahora que revisar su estimado. De que lo tiene que bajar, lo tiene que bajar. La pregunta es hasta dónde.