Articulos sobre la economía Mexicana
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¿Recesión?

febrero 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en ¿Recesión?)

Como alguna vez dijo Agustín Carstens que “México solo tiene un catarrito”, ahora el Presidente nos dice que no enfrentamos una crisis sino tan solo “un desafío Económico”. ¿Será? Todavía no tenemos datos duros sobre el comienzo del año, pero algunas cifras ya están disponibles.

Empezamos el año con el mayor aumento en el precio de la gasolina en la historia moderna de la “estabilización macroeconómica”. No solamente provocó que la tasa de inflación fuera la más elevada para un mes desde enero de 1999, sino que causó una furia en la población que culminó con manifestaciones, saqueos y disturbios en muchas entidades. De 3.4 por ciento en diciembre, la inflación del consumidor subió a 4.7 por ciento en enero; sin embargo, los precios productor de mercancías y servicios de uso intermedio alcanzó 13.1 por ciento anual, mientras que los de la industria manufacturera registró una tasa de 27.0 por ciento. Estos datos nos hacen anticipar un incremento mucho más pronunciado en la inflación en el año y una merma considerable en el poder adquisitivo de la población.

El tipo de cambio “fix” terminó 2016 en 20.52 pesos por dólar; pero en los primeros once días del año subió a 21.91 pesos. El nivel implica un aumento de 49.6 por ciento en dos años y 68.7 por ciento en tres. Aunque ha bajado un poco en las últimas dos semanas, aun así, el tipo de cambio real alcanzado en enero representa el nivel más deteriorado de la moneda desde que inició el régimen cambiario actual. En principio, esto debería llevar a un “boom” en las exportaciones, sin embargo, tuvieron una tasa negativa de crecimiento en 2016 al igual que en 2015. Sabemos que eventualmente habrá un mayor traspaso a la inflación, por lo que las perspectivas de nuestro poder adquisitivo se ven todavía más nublado.

En los primeros días de febrero salieron los indicadores de confianza empresarial y del consumidor, caracterizados por un desplome generalizado. En el caso de la del consumidor se registró el mayor nivel de pesimismo en toda la historia del indicador, muy por debajo de su peor momento en la Gran recesión de hace ocho años. Lo que más preocupa al consumidor (y al empresario) es la situación actual y futura de la economía del país, pero hubo caídas abruptas en todos los aspectos.

Banxico reaccionó con un incremento de 50 puntos base en su tasa de política monetaria, para llegar a 6.25 por ciento. Uno de los pocos aspectos de la economía que tuvo buen desempeño en los dos últimos años fue el consumo de los hogares, alimentado en buena medida por el crecimiento real del crédito. Sin embargo, con un incremento acumulado de 325 puntos base (más lo que nos espera en los siguientes meses), nos hace pensar que el consumo empezará a desacelerarse, ya que, entre el incremento en los precios y el encarecimiento del crédito, los hogares no podrán sostener su ritmo de compra de los bienes y servicios.

Uno de los primeros indicadores que ya reflejan esta desaceleración anticipada son las ventas reales reportadas por la ANTAD en enero. La tasa anual de ventas a tiendas totales creció apenas 2.1 por ciento, comparada con una tasa de 8.6 por ciento en enero del año pasado. Sin embargo, preocupa todavía más la expectativa de crecimiento de la ANTAD para todo el año de apenas 1.2 por ciento, comparado con el observado de 6.8 por ciento en 2016 y 7.3 por ciento de 2015.

Finalmente tenemos los Indicadores IMEF sobre el desempeño manufacturero y no manufacturero (comercio y servicios) de enero. Ambos indicadores se ubican por debajo del umbral de 50 puntos, que es consistente con una desaceleración económica. Pero en especial, llama la atención el No Manufacturero, ya que las actividades terciarias han sido de lo poco que ha producido crecimiento en el país. El nivel de este indicador se ubica en 47.1 puntos, su nivel más bajo observado fuera de los años de la Gran Recesión, mientras que su subíndice de nuevos pedidos registró un mínimo de 42.9 puntos, ya consistente con un entorno de recesión.

No hay muchos más datos que estos mencionados y no podemos aventurar un análisis completo a partir de una sola observación. Sin embargo, todos estos indicadores apuntan a una situación de crisis o de recesión y no simplemente de un pequeño desafío. Podemos tener todavía la ilusión de que enero tuvo un comportamiento aberrante y que empezaremos a mejorar a partir de febrero. ¿Ustedes lo creen?

Consumo sin Confianza

noviembre 10th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Consumo sin Confianza)

El INEGI dio a conocer hace un par de días el consumo de los hogares (para agosto) y la confianza del consumidor (para octubre). Dos indicadores importantes y supuestamente relacionados entre sí. Uno pensaría si el consumidor no tiene confianza, adoptará una actitud cautelosa y no va consumir mucho; en cambio, si aumenta su confianza, empezará a gastar más. Aparentemente, no es tan sencillo.

Después de un par de años de muy lento crecimiento, a partir de 2015 empezamos a observar una mejoría significativa en el consumo de los hogares, mediante un crecimiento de 3.5 por ciento en promedio, que fue muy por encima del avance del PIB de ese año. Ahora seguimos viendo un buen despeño en el consumo, aunque con una ligera desaceleración. En agosto disminuyó -0.2 por ciento respecto a julio, pero solo después de alcanzar un máximo histórico en ese mes. En los primeros ocho meses del año ha crecido 3.2 por ciento respecto a los mismos ocho meses de 2015. De hecho, el consumo privado es prácticamente el único componente del PIB (por el lado del gasto) que muestra crecimiento positivo.

El mismo día, el INEGI dio a conocer que la confianza del consumidor había aumentado 0.15 puntos en octubre respecto al mes anterior, pero solo después de haber alcanzado su nivel más bajo desde abril 2010. De hecho, la tendencia-ciclo de la confianza muestra una pendiente negativa a lo largo de los últimos doce meses. Su nivel de octubre de 35.5 (de una escala de 0 a 100) es el más bajo observado en toda la historia del indicador salvo el periodo de la Gran Recesión en 2009.

En otras palabras, vemos a los hogares consumiendo relativamente bien, pero con un nivel de confianza que anda por los suelos. ¿Cómo podemos conciliar ambos indicadores? ¿Por qué siguen consumiendo los consumidores si su confianza se ha desplomado? Para entender lo que está pasando, primero hay que descomponer el indicador de confianza en sus componentes. Aunque resulta que los cinco han disminuido, la percepción del consumidor acerca de su situación actual no ha disminuido mucho y la de cómo considera el momento actual para efectuar compras mayores (bienes duraderos) se mantiene estable. En cambio, a pesar de que ve su situación actual relativamente estable, empieza a perder algo de confianza en torno a su situación futura. Pero lo que realmente explica el desplome es su percepción sobre la situación actual del país y todavía peor aún, es el pesimismo creciente en torno al futuro del país. En este último rubro, nunca ha manifestado tanto pesimismo como la actual, ni siquiera en el peor momento de la Gran Recesión de 2009.

¿Qué explica esta visión colectiva tan melancólica de los mexicanos de la situación económica? ¿Es simplemente un mal humor social? Creo que es algo mucho más hondo y más apegado a lo que muchos indicadores económicos reflejan. Primero, hemos visto una depreciación de la moneda de alrededor de 35 por ciento en los últimos dos años (y de 50 por ciento en los últimos ocho), cuando las devaluaciones pasadas de la moneda eran símbolos de crisis, recesión y gran pérdida de poder adquisitivo. Segundo, hemos visto que el crecimiento económico promedio del sexenio está por debajo de cada uno de los cuatro sexenios anteriores (a pesar de las famosas reformas estructurales). Tercero, todos hemos sentido una pérdida significativa en nuestro poder de compra a pesar de que el gobierno presume la inflación más baja en la historia. Cuarto, hemos visto como el crecimiento de la deuda pública federal y el deterioro de las finanzas públicas nos ha llevado a que las agencias calificadoras nos pongan en perspectiva negativa. Quinto, se va desvaneciendo la estabilidad macroeconómica, que era de lo poco que podíamos presumir, con los desequilibrios fiscal y externo. Sexto, vemos como los gobiernos locales han llevado a la quiebra a estado tras estado. Séptimo, hemos visto como la corrupción y la impunidad crecen y crecen sin mayor empeño del gobierno. Octavo, la violencia y la falta de seguridad pública han llegado a nuevos máximos históricos. Noveno, hace un año apareció de la nada un racista, fascista, misógino y anti-mexicano, que dice que somos de lo peor y amenaza con quitarnos nuestras remesas y quien sabe que más. Décimo, nos enfrentamos a una democracia disfuncional, que no nos ofrece un camino para deshacernos de los malos gobernantes y partidos políticos.

La Confianza

octubre 19th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Confianza)

El INEGI empezó a calcular la confianza del consumidor a partir de abril de 2001. El indicador es un índice de difusión, que va de 0 a 100 y que se calcula mediante el promedio de cinco preguntas sobre las percepciones del consumidor. El valor del indicador se construye mediante los porcentajes de respuestas, de tal forma que representa un promedio ponderado de “optimismo” relativo en un momento dado. Cero significaría el pesimismo máximo, mientras que 100 reflejaría el optimismo máximo. Existe un umbral natural de 50 que separa dos zonas de optimismo (50 a 100) y de pesimismo (de 0 a 50).

En los primeros años que se levantó la Encuesta Nacional Sobre la Confianza del Consumidor (ENCO), se encontró que el nivel de confianza siempre daba un valor por debajo de los 50 puntos. En su momento, el INEGI se preocupó de divulgar un indicador de confianza que reflejara un pesimismo permanente de los consumidores. Por lo mismo, decidió ocultar el nivel de la confianza en un momento dado al igualar enero de 2003 a 100. De esta forma, el índice revelaba el cambio a través del tiempo, pero sin dar a conocer el nivel de la confianza en un momento dado. Afortunadamente, a mediados del año pasado decidió publicar la información completa mediante lo que ahora llama el “indicador de balance”. Desafortunadamente, se decidió continuar con el índice anterior, lo que confunde al público y a muchos analistas. Por ejemplo, en septiembre disminuyó el índice -1.6 puntos, mientras que el indicador cayó -0.6 puntos; dos números para el mismo fenómeno. Peor aún, en momentos uno dice que mejora la confianza, mientras que el otro que disminuye.

La ENCO demuestra ciertos hechos estilizados de la confianza del consumidor. Primero, desde que existe la serie encontramos que nunca se ha registrado un valor superior a los 50 puntos, es decir, en la zona de “optimismo”. Esto significa que el consumidor mexicano es por naturaleza pesimista, solo que a veces es más pesimista y a veces menos pesimista. No obstante, el ubicarse en la zona de pesimismo no significa que los consumidores dejan de comprar. Un estudio realizado por Gerardo Leyva del INEGI muestra que el valor de 34.5 es un umbral empírico (econométrico) que separa las variaciones anuales negativas de las positivas en el consumo privado en el país. Segundo, siempre muestra más optimismo sobre su propia situación respecto a la percepción que tiene sobre la situación económica del país. Tercero, siempre ve con mayor optimismo el futuro respecto a la situación actual, ya sea su propia situación o el del país. Por último, siempre ve con mayor pesimismo sus posibilidades de compra de bienes duraderos.

Por ejemplo, en septiembre el indicador señala un nivel de 35.2 puntos (en su escala de 0 a 100), que resulta del promedio de la situación actual del hogar (43.9), la situación futura del hogar (48.4), la situación económica actual del país (29.6), la situación económica futura del país (32.9) y las posibilidades actuales de comprar bienes duraderos (20.3). Podemos ver cómo se cumplen los hechos estilizados mencionados. Sin embargo, también llama la atención que el nivel actual del indicador (35.2) se ubica ya cerca del umbral estadístico de 34.5 señalado por Leyva. De hecho, el nivel de septiembre es el más bajo que se ha observado desde abril de 2010, cuando la economía empezaba a recuperarse de la Gran Recesión de 2008-2009.

Si analizamos con un poco más de detalle el indicador, encontramos que todos sus componentes muestran una tendencia a la baja en los últimos cuatro a seis meses. Sin embargo, los dos componentes que se refieren a la percepción del consumidor sobre la situación económica del país, tanto la actual como la del futuro, muestran una tendencia a la baja desde hace un año. La percepción actual de la situación económica es la más baja desde mayo de 2009, justo cuando estábamos a la mitad de la Gran Recesión. Pero la percepción sobre la condición económica del país dentro de 12 meses respecto a la actual situación, se ubica en su mínimo histórico, es decir, los consumidores ven con más pesimismo el futuro ahora que en cualquier otro momento de la historia del indicador, incluso más pesimista que cuando estábamos en medio de la famosa Gran Recesión.

Realmente llama la atención. ¿De dónde proviene este pesimismo? Me imagino que muchos saben el por qué.

Foco Rojo

junio 1st, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Foco Rojo)

A pesar de tener una tasa de crecimiento del PIB muy bajo, una de las características principales de la economía mexicana desde hace aproximadamente 15 años ha sido su estabilidad macroeconómica. De 2001 a la fecha, la inflación promedio anual ha sido de 4.2 por ciento. De 2001 a 2008, el balance público tradicional mantuvo un promedio de -0.3 por ciento del PIB (de hecho, es el mismo promedio desde 1993 a 2008). El balance de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos sostuvo un déficit de -1.1 por ciento del PIB de 2003 a 2012. La disciplina fiscal, el régimen cambiario de flotación y una política monetaria autónoma y bien dirigida, se combinaron para forjar una estabilidad fundamental. En reconocimiento, las agencias calificadoras otorgaron el grado de inversión a México a partir de 2000 (BBB-) y desde entonces hemos subido dos peldaños a BBB+. Incluso, en febrero de 2014 Moody’s nos otorgó la calificación de A3, que corresponde a un nivel alto/mediano, de bajo riesgo de crédito, considerado como “Prime-1/Prime-2”.

No obstante, en marzo Moody’s nos puso en “perspectiva negativa”, que significa que estará contemplando bajar nuestra calificación a Baa1, de nivel mediano, que implica la existencia de algunos elementos especulativos y riesgo de crédito moderado, ya no bajo. ¿Por qué? La razón principal citada fue la trayectoria del déficit y deuda pública, que en los últimos años se ha apartado del buen manejo de unas finanzas públicas sanas. En cuatro años, la deuda pública ha aumentado más de diez puntos porcentuales del PIB y está ya muy cerca de rebasar el umbral de 50 por ciento. De 2009 a la fecha el promedio del balance público tradicional subió a -2.7 por ciento del PIB, siendo que el año pasado llegó a -3.5 por ciento. Sin embargo, si tomamos los requerimientos financieros totales del sector público, la cifra rebasa cuatro por ciento. Queda claro que se ha perdido el buen manejo de las finanzas públicas, que nos había caracterizado en años anteriores.

Pero las finanzas públicas sanas es solo un aspecto. Desde 2013 a la fecha, el promedio del déficit de la cuenta corriente también ha aumentado a -2.4 por ciento del PIB, siendo que en 2015 registró -2.8 por ciento. El último cálculo oficial (Pre-criterios de abril) es que este año aumentará a -3.1 por ciento del PIB y en un descuido podría ser todavía mayor. Poco a poco nos estamos acercando a los niveles del déficit “benigno” de Pedro Aspe, que mantuvo un promedio de -4.3 por ciento entre 1990 y 1994, y que nos llevó a una de las peores crisis en nuestra historia moderna.

Por lo pronto, el déficit acumulado de la balanza comercial en los primeros cuatro meses del año (de 6 mil millones de dólares) es el más elevado para un comienzo de año de toda nuestra historia. Las exportaciones automotrices han dejado de crecer desde mediados del año pasado, mientras que las no automotrices manufactureras llevan más de año y medio con una tendencia negativa. La combinación con la caída en el volumen y precio de exportación de petróleo sigue restando ingresos al país: en el primer trimestre de 2016 las exportaciones totales disminuyeron más que cualquier trimestre desde el primero de 2009 en la Gran Recesión. Todo esto, a pesar de una depreciación acumulada del peso que ha llevado al tipo de cambio a subir 48 por ciento en casi dos años.

La vulnerabilidad de un déficit abultado es mayor cuando se considera que la cuenta financiera empieza a registrar menos flujos de capital. La nueva dirección de la política monetaria de la Reserva Federal es similar a la que ocurrió en 1994, cuando se tuvieron que utilizar las reservas internacionales para financiar el déficit de la cuenta corriente y terminamos sin reservas. Hoy tenemos un régimen cambiario distinto, que en principio debe ajustarse para instaurar cierto equilibrio. El problema es que el ajuste no ha funcionado a la fecha y el déficit sigue creciendo.

Tanto las finanzas públicas como la balanza externa se han deteriorado en estos años. Todavía no llegan a niveles de inminente peligro, pero ya preocupa la trayectoria. Un Moody’s nos vigila. ¿Las demás calificadoras? ¿El FMI? ¿El Banco de México? ¿La SHCP? Todavía están a tiempo de tomar medidas más energéticas. ¿Lo harán?