El Tercer Trimestre

Hace unas cinco semanas comentamos que casi siempre se observa una desaceleración en la actividad económica en la segunda mitad del último año de cada sexenio. Típicamente, el gobierno saliente pierde el interés, su enfoque es otro y ya no queda mucho en el presupuesto. Al mismo tiempo, el sector privado empieza a resguardarse, ser más cauteloso ante posibles cambios y decide posponer algunos planes de inversión. Ante los cambios sexenales, hasta el consumo de los hogares empieza a moderarse, ya que se sabe que habrá reacomodos en muchos puestos de trabajo, tanto en el sector público como en el privado. En esta ocasión, ante los anuncios de austeridad y cambios sustanciales en la política económica que ha planteado el nuevo gobierno, pensaríamos que con más razón.

Julio fue un buen mes, ante un crecimiento notorio en la construcción, empujado principalmente por el subsector de edificación. Sin embargo, se estancó la actividad económica en agosto mediante retrocesos en los tres segmentos de la construcción, anticipando una tasa negativa en la inversión fija bruta (IFB) para el mes y un desempeño regular para el trimestre. Pero cuando el INEGI publicó la estimación oportuna del PIB para el tercer trimestre, implícitamente los datos señalaban que septiembre había sido un mes excepcional. Al poco tiempo, supimos que tanto la manufactura como la construcción mostraron desempeños muy buenos en el mes, empujando hacia arriba la actividad económica del trimestre.

Al fin y al cabo, sorprendió el crecimiento de 0.8 por ciento para el tercer trimestre, ya que implica que la actividad económica se mantiene sin signos evidentes de desaceleración. ¿Cuáles son los factores que explican este desempeño? ¿Ya no se sostiene la hipótesis de una desaceleración en la actividad económica para la segunda mitad del último año del sexenio?

Aparentemente, hubo algo de crecimiento en la inversión pública, aunque no mucha, aunado a una ligera caída en la inversión privada. El consumo de los hogares mantuvo su paso, mientras que es probable que el consumo del gobierno haya avanzado muy poco. Seguramente, vamos a ver que hubo muy buen desempeño en las exportaciones, lo que va a terminar explicando el buen avance en el trimestre.

No tenemos todavía las cifras de los componentes del PIB por el lado del gasto para el trimestre, información que se dará a conocer hasta el 19 de diciembre. De la IFB, sabemos que después de un muy buen julio, en agosto presentó una caída muy pronunciada. En el sector 23 de la construcción, sabemos que mejoró algo en septiembre, pero no lo suficiente como para tener un trimestre positivo. Dado la alta correlación con el subíndice de la construcción en la IFB, podemos pensar en algo similar, por lo que anticipamos una tasa ligeramente negativa o muy cerca de cero para el trimestre. Al revisar los subsectores de la construcción, vemos que la edificación explica el desempeño negativo, mientras que las obras de ingeniería civil lograron crecer. De nuevo, esto nos hace anticipar que la inversión privada fue la que disminuyó en el trimestre.

Tenemos la información de la balanza comercial hasta septiembre, donde podemos ver un muy buen desempeño en las exportaciones para el tercer trimestre. Sin embargo, esto no necesariamente significa una aportación similar en la contabilidad de las cuentas nacionales, ya que es la cantidad de dólares por lo que exportamos y no el volumen exportado. No obstante, intuitivamente esperamos que este componente es el que explicará el crecimiento del trimestre.

¿Qué podemos anticipar para el cuarto trimestre? En principio, la IFB debería seguir estancado y incluso presentar una tasa negativa, mientras que las exportaciones deberían seguir creciendo. El crecimiento del trimestre y por ende del año, va a depender si el buen comportamiento de las exportaciones es suficiente como para compensar el estancamiento de la inversión o no. Si no cambia la información histórica, es decir, si no hay revisión hacia atrás de las cifras, se necesitaría una tasa negativa en el último trimestre para crecer a 2.1 por ciento en el año. En cambio, una tasa cercana a cero y hasta 0.3 por ciento, resultaría en 2.2 por ciento. Para crecer 2.3 por ciento en 2018, necesitaríamos básicamente que se repitiera la tasa del tercer trimestre en el último del año.

¿Y tú qué opinas?