Los Mercados

Los mercados funcionan mediante la interacción de la oferta y la demanda de los bienes y servicios. Esta interacción es por mucho el mecanismo utilizado para asignar estos bienes y servicios entre lo que los economistas llaman “agentes económicos”, que no son otra cosa más que los hogares, empresas y gobiernos. La teoría microeconómica establece que, si operan bajo condiciones de competencia, la asignación resultante es eficiente si no es que óptima. ¿Qué significa competencia? Básicamente, que existe suficiente oferta y demanda que resulte prácticamente imposible que una sola persona o empresa puede influir en el precio o en la cantidad ofrecida o demandada.

El primer problema que aparece es que casi no existen mercados que operan bajo competencia “perfecta”, por lo que en más casos que no, la asignación no es tan eficiente. Cuando nos vamos a los extremos de mercados oligopólicos (pocos actores), la asignación resultante puede incluso llegar a extremos de abuso. El segundo problema es que en muchos casos existen lo que se le llama economías “externas”, es decir, que la operación de un mercado crea problemas o costos que no se reflejan propiamente en el mercado. Un tercer problema es que en la mayoría de los casos no fluye de forma eficiente la información misma del mercado, por lo que diferentes “agentes” tiene diferentes grados de información. A esta lista incipiente, podemos agregar muchos más que hacen que numerosos mercados no operan propiamente, creando problemas no solo de asignación, sino incluso sociales y hasta morales.

Aquí es donde entra el gobierno, que en principio busca complementar, corregir, regular y a veces hasta sustituir los mercados para mejorar la asignación de bienes y servicios dentro de la sociedad. Existen algunos casos muy obvios que muy pocos van a discutir, como por ejemplo, proveer ciertos bienes públicos, establecer seguridad pública y ayudar a resolver disputas. Creo que la mayoría estará de acuerdo en que el gobierno implemente ciertos programas sociales dirigidos a las clases menos favorecidas. Sin embargo, también hay casos extremos en que el gobierno se pone a competir con el sector privado o incluso, lo desplaza sin mucho sentido, a tal grado que desperdicia recursos escasos o incurre en riesgos innecesarios. ¿Cuál debería ser el balance?

No hay respuesta única. Los de la extrema derecha opinan que la intervención gubernamental debería apegarse a lo mínimo necesario, ya que casi todas sus acciones los hacen con menos eficiencia de lo que podría resolverse mediante el libre mercado. Los de la extrema izquierda piensan que el gobierno debería prácticamente sustituir en todo a la iniciativa privada, ya que los mercados crean situaciones de desigualdad, acumulación de riqueza extrema y marginan a los pobres. Pero esos son los extremos. La mayoría de la población busca un balance, ciertamente más cargada hacia un lado o el otro, pero no en los extremos. Lo que es curioso es que la derecha piensa que no hay que dejar mucho en manos del gobierno porque motiva la corrupción, mientras que la izquierda ve a los mercados como fuente natural de corrupción. Tal parece que la corrupción no tiene partido.

Los que están más cargados a la derecha deberían reconocer más las fallas del mercado y ser más empáticos con los marginados. Los que están más hacia la izquierda deberían entender mejor como funcionan los mercados, en especial la llamada “ley de la oferta y la demanda”, pero no necesariamente para utilizar más los mecanismos de mercado, sino para entender cómo corregir sus deficiencias sin crear más distorsiones o problemas de los que quieren resolver. Esta ley es como la de gravedad; no se puede legislar en contra de ella, si no más bien entender como funciona para lidiar mejor con sus características. De igual forma, debemos entender como funciona la interacción entre la oferta y la demanda antes de querer legislar en su contra. Por ejemplo, si el gobierno establece un control de precios es muy probable que va a crear escasez y un mercado negro, perjudicando mucho más a los que quería ayudar.

Sí, es importante el papel del gobierno para ayudar a resolver deficiencias y abusos. Sin embargo, es fundamental anticipar las implicaciones, ramificaciones y afectaciones, no solo al mercado inmediatamente implicado, sino en todos los que pudieran verse involucrado de manera indirecta.

¿Y tú qué opinas?