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Author Archives: Jonathan Heath

Diferentes Historias

noviembre 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Diferentes Historias)

La semana pasada comentamos que, al cambiar el año base de las Cuentas Nacionales de 2008 a 2013, el INEGI básicamente reescribió la historia económica de las últimas décadas. El proyecto, que involucró la modificación de alrededor de 60 millones de datos, favoreció los sexenios priístas al incrementar las tasas de crecimiento del PIB de Salinas, Zedillo y Peña Nieto, mientras que castigó a los panistas al disminuir las de Fox y Calderón. Algo extraño.

Ayer el INEGI divulgó los indicadores de consumo privado e inversión fija bruta para agosto, también con cambio de base, por lo que ahora podemos examinar estas dos variables muy importantes para ver si hay diferentes historias. Al hacer gráficas de estos indicadores, lo primero que se me ocurrió fue sacar correlaciones entre las series nuevas y las anteriores. En el caso de las tasas de crecimiento mensuales de las series de inversión, encontré correlaciones sumamente bajas y en algunos casos hasta negativas. En el caso de las de consumo, no son tan bajas, pero tampoco podemos decir que son muy elevadas. En otras palabras, sí, tenemos historias diferentes.

En cuanto a la inversión, la noticia fue que en agosto aumentó 1.5 por ciento, después de dos meses de caídas de -0.6 y -1.2 por ciento en junio y julio, respectivamente. Lo que hizo que creciera fue la compra de maquinaria y equipo, ya que la construcción volvió a caer y marca 18 meses al hilo con una tendencia negativa. Sin embargo, hay una inconsistencia entre la construcción total (que disminuye -0.1 por ciento) y sus dos componentes, residencial y no residencial (que aumentan 0.6 y 0.2 por ciento, respectivamente). ¿Cómo puede caer el total si las dos partes crecen? Pero por lo menos con el rebote de la inversión en construcción residencial, se rompe la tendencia negativa de este segmento de cuatro meses y hay una pequeña recuperación después de una caída fuerte de -2.8 por ciento en julio. En el caso de la no residencial, no hay forma, pues hila casi 32 meses con tendencia negativa.

Con la información anterior (base 2008), habíamos observado que la inversión residencial sufrió una pequeña crisis. “Pequeña”, porque fue de solo un mes, pero no por la magnitud de la caída. INEGI informó que se desplomó -8.6 por ciento respecto al mes anterior, la tasa más negativa para un mes desde febrero de 1995, cuando estábamos en plena crisis del tequilazo. ¿Qué fue lo qué pasó? Realmente nadie tenía una explicación, pero la cifra era verdaderamente alarmante. Ahora el INEGI nos cambia la historia con cifras base 2013. Resulta que no hubo un desplome de -8.6 por ciento, sino solo un resbalón de -2.8 por ciento en julio, pero sí hubo una crisis de un mes. La caída de -1.9 por ciento en abril la transformaron en una catástrofe de -9.9 por ciento. Pero para que no nos vayamos a sentir mal, ahora resulta que hubo como nueve meses entre 2003 y 2016 en que la construcción residencial cayó más de -8.0 por ciento en un mes. Ahora la variabilidad de este segmento de inversión es muchísimo más grande que antes. Si comparamos las series de tendencia-ciclo antes y después, vemos que no cambia tanto la historia, pero sí nos concentramos en el mes a mes, las diferencias son verdaderamente radicales.

En cuanto al consumo, la noticia fue que en agosto aumentó 0.3 por ciento, después de una caída marginal de -0.1 por ciento en julio. Aumentó 0.5 por ciento el consumo de servicios, para regresar a la senda de crecimiento sostenido que tenido ya por un buen rato; aumentó el consumo de bienes de origen nacional 0.2 por ciento para hilar tres meses de bajo (pero positivo) crecimiento después de una mala racha negativa en los primeros meses del año; y finalmente disminuyó -2.6 por ciento en consumo de bienes importados por segundo mes consecutivo, después de siete meses de crecimiento vigoroso.

A diferencia con la inversión, la historia no cambia mucho con el consumo. Las tasas son diferentes, pero sin marcar realmente una historia distinta. Los servicios marcan ahora, igual que antes, una tendencia constante al alza casi siempre en línea con su tendencia-ciclo, mientras que el consumo de bienes marca mucha más variación de mes a mes como antes. Los bienes de origen nacional siguen estancados, mientras que los importados muestran prácticamente el mismo ciclo.

¿Qué le pasó a la inversión que no le pasó al consumo?

Reescribiendo Historia

noviembre 1st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Reescribiendo Historia)

El INEGI dio a conocer la estimación oportuna del PIB para el tercer trimestre, con la novedad de que disminuyó -0.2 por ciento respecto al trimestre anterior. Con este dato se confirma que sí hubo afectaciones negativas a la actividad económica del país a raíz de los sismos de septiembre. Si suponemos que los datos del IGAE no se van a actualizar y que guardan consistencia con la evolución del PIB, la tasa implícita del IGAE para septiembre es alrededor de -0.8 por ciento. A pesar de contar con dos meses con tasas negativas en el trimestre, es prácticamente un hecho de que se recuperará el crecimiento en el cuarto trimestre, por lo que no hay indicio alguno que esta caída sea el comienzo de una recesión.

No obstante, la noticia del día no es la tasa negativa del tercer trimestre, sino el cambio de año base de las cuentas nacionales a 2013 (antes era 2008). Esta actualización implica modificaciones de alrededor de 60 millones de cifras en el banco de datos del INEGI. De alguna forma u otra, con este esfuerzo enorme de tener números más realistas, el INEGI ha reescrito la historia económica. Ahora nos toca a nosotros los analistas examinar cuidadosamente los indicadores para encontrar que ha cambiado sustancialmente y si nuestras interpretaciones anteriores siguen siendo válidas.

El proyecto anunciado del INEGI trae muchas noticias positivas, ya que no es simplemente el cambio de año base, sino que involucra la revisión y actualización de conceptos, definiciones, clasificaciones y métodos de cálculo. Por ejemplo, a partir de ahora contamos con un nuevo indicador trimestral del ahorro bruto, desglosado en ahorro interno y externo. Se realizó una homologación entre los dos calendarios agrícolas que manejaba el INEGI para el PIB trimestral y el anual, de tal forma que ya no vamos a tener dos tasas del PIB diferentes. Se incorpora una desagregación entre el comercio al por mayor y al por menor, por lo que ya tenemos 20 (en vez de 19) sectores de la actividad económica. Se tomaron en cuenta casi todas (55 de 57) las recomendaciones internacionales provenientes del FMI para mejorar nuestro Sistema de Cuentas Nacionales. Las cuentas ya reflejan cambios estructurales en la economía en términos de telecomunicaciones, dinámica de los negocios y comercio electrónico. Hoy en día, México tiene el año base más actualizado de toda América Latina.

Queda muy claro que casi todas las tasas de crecimiento de los indicadores que conocemos se modifican, algunos por mucho y otros no tanto, con este cambio de base. Por lo mismo, tardaremos un buen rato en asimilar toda la nueva información. Sin embargo, por lo pronto podemos comentar las diferencias en el PIB, el rey de los indicadores económicos. De entrada, el crecimiento promedio real de 1994 a 2016 se revisa a la baja a 2.4 por ciento de 2.6 en la base anterior. De los 23 años, 17 se revisan a la baja y 6 al alza. Los años de mayor revisión a la baja son 2007 y 2005, de 86 y 72 puntos base, respectivamente. Los de mayor revisión al alza son justamente los tres últimos de 2014 a 2016, que ahora resultan con tasas de 2.8, 3.3 y 2.9 por ciento, cuando antes eran 2.3, 2.6 y 2.3 por ciento, respectivamente.

A nivel de crecimiento promedio real anual por sexenio, resulta que el de Zedillo casi no cambió (3.26 versus 3.29 por ciento), mientras que los sexenios panistas de Fox y Calderón sufrieron revisiones a la baja; Fox a 1.94 de 2.27 por ciento y Calderón a 1.70 de 2.12 por ciento. En cambio, el promedio de los cuatro años de Peña Nieto sube a 2.59 por ciento de 2.14 que se tenía antes. Con los números anteriores, resultaba que este sexenio era el único desde que existe la modalidad de que los periodos presidenciales son sexenios en que no se alcanzaba, por lo menos en un año, crecimiento de 3 por ciento o más. Pero ahora con estas revisiones, resulta que en 2015 crecimos 3.27 por ciento.

En cuanto a las tasas más recientes, resulta que nos habían dicho que el año pasado habíamos alcanzado 2.29 por ciento de crecimiento; ahora resulta que fue 2.91 por ciento. Hubo revisiones sustanciales al primero y cuarto trimestres a 1.0 y 1.1 por ciento, de 0.4 y 0.7 por ciento, respectivamente. En cambio, en este año solo hubo revisiones marginales a la baja en los primeros dos trimestres a 0.59 y 0.568 por ciento, respectivamente, de 0.66 y 0.570 por ciento antes.

El TLCAN y el Tipo de Cambio

noviembre 1st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El TLCAN y el Tipo de Cambio)

A diferencia de las anteriores, la cuarta ronda de negociaciones fue básicamente un fracaso. Quedó claro que el objetivo central de Estados Unidos, de reducir sustancialmente su déficit comercial, ha llevado a sus negociadores a plantear propuestas inverosímiles. La idea de tener una cláusula de extinción del Tratado a los cinco años si los tres países no piden su ratificación es absurda, ya que inyecta incertidumbre a cualquier decisión de inversión, justo lo que un tratado busca evitar. Elevar el contenido regional a 85 por ciento, junto con un requisito de que 50 por ciento sea de origen estadounidense, no solo haría que la industria automotriz de Norteamérica dejara de ser competitivo, sino que haría que el Tratado fuera irrelevante para este sector; las decisiones futuras estarían en función de las reglas de la OMC. En línea con estas dos, Estados Unidos puso sobre la mesa otras propuestas igualmente absurdas.

Trump ve el TLCAN como mal tratado porque incentivó que la producción manufacturera y sus empleos se fueran de su país a México, mediante una estructura rígida de salarios muy bajos, caracterizada por una falta aguda de derechos laborales. Si la nueva versión del TLCAN no corrige esta situación e incita una disminución significativa de su déficit comercial con nuestro país, no importa que cláusulas positivas tenga, simplemente no va ser aceptable. Pudiéramos realizar el mejor cabildeo posible, pudiéramos esbozar los mejores argumentos técnicos y políticos posibles y pudiéramos proponer clausulas verdaderamente positivas para todos, pero sí no vislumbra una reducción en el déficit de Estados Unidos, todo será irrelevante. No importa si la lógica de Trump es falsa o imaginaria, nada lo va convencer de lo contrario.

Lo anterior ya lo sabíamos. No obstante, manteníamos cierta esperanza de que el razonamiento económico prevalecería sobre la visión de Trump de que el comercio exterior es un juego de suma cero en el cual un déficit comercial es sinónimo con ser el perdedor en una relación comercial. Pero la ronda cuatro de la negociación prácticamente mató esa esperanza. El equipo negociador de Trump no va a ceder en su objetivo central; si no logra un nuevo acuerdo que reduzca su déficit, no habrá un TLCAN 2.0. El problema fundamental es que no hay cláusulas mágicas, que sean aceptables para México y Canadá y que permite que el TLCAN siga con vida.

Por lo mismo, en este momento estimo las probabilidades de que las negociaciones sean exitosas en mucho menos de un 50 por ciento. Pero ¿por qué no ya prácticamente cerca de cero? Lo único que mantiene una muy pequeña esperanza es que Estados Unidos aceptó prolongar el periodo de negociación, lo que nos hace pensar que sí quiere un nuevo acuerdo. No obstante, el acuerdo que quieren no va cambiar de objetivo central, por lo que es ahora mucho más probable que el TLCAN pronto sea cosa del pasado.

Ya debemos prepararnos para esta nueva etapa del país. Aunque es muy difícil cuantificar los impactos de este escenario, sí podemos visualizar un desplome en la inversión en el corto plazo y efectos negativos en el comercio exterior. Sin embargo, lo que más se verá afectada es, sin duda, el tipo de cambio; es la variable de ajuste por excelencia. De hecho, dado que se determina por las fuerzas de mercado, se ajustará lo que sea necesario para corregir cualquier desequilibrio que pudiera provocar la salida de Estados Unidos del TLCAN. La ironía es que, ante un régimen de flotación, el déficit comercial de Estados Unidos no desaparecerá, con o sin el TLCAN.

Ante la amenaza de que uno de los tres países pudiera inducir una devaluación de su moneda con propósito competitivo, se ha hablado de suscribir un compromiso indicativo y no vinculante para los tres países de que no manipulan sus monedas. Estados Unidos quiere mandar una señal muy clara de que los países deberían tener tipos de cambio determinados por las fuerzas de mercado. Pero aquí el problema es que será el mercado el que induzca la depreciación del peso mexicano ante la terminación del TLCAN.

Si Estados Unidos se sale del TLCAN, ¿hasta dónde se iría el tipo de cambio? Hemos visto que, ante estas situaciones, la dinámica cambiaria casi siempre conlleva un sobreajuste. En el corto plazo, pudiéramos visualizar nuevos máximos en exceso de los 22 pesos por dólar que vimos en enero de este año. ¿Pero en el mediano y largo plazo?

La Inflación

noviembre 1st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Inflación)

La inflación registró 6.66 por ciento en agosto de este año, la tasa anual más elevada desde mayo 2001. En apenas 20 meses vimos como se fue de 2.13 por ciento en diciembre de 2015 (la tasa más baja desde que existe el INPC a partir de 1969), a la más elevada de los últimos 195 meses. El mes pasado, por primera vez en 15 meses, vimos que bajó a 6.35 por ciento. ¿Es el comienzo de una nueva trayectoria a la baja?

La tasa mensual de 0.31 por ciento de septiembre fue algo fortuita. Fue mucho menos de lo anticipado, ya que en la segunda quincena bajaron varios precios temporalmente a raíz de los sismos, como el transporte público y el servicio de telefonía móvil. Estas disminuciones se combinaron con la reducción en precios de varias frutas y verduras y el final de la temporada alta de turismo, de tal forma que la tasa de la segunda mitad del mes fue -0.17 por ciento, muy inusual para una segunda quincena de septiembre. De no haber sido por los sismos, es muy probable que la inflación del mes se hubiera acercado más a 0.5 por ciento; pero aun así la inflación anual hubiera quedado alrededor de 6.5 por ciento, marcando el principio de una trayectoria descendente.

Los últimos cuatro meses del año son, típicamente, los de mayor inflación en el año. Se combinan los aumentos en colegiaturas (septiembre) con incrementos en las tarifas eléctricas ante el fin de la temporada de subsidios en las zonas cálidas del país (octubre y noviembre), con los aumentos en precios en diciembre ante la mayor demanda por los aguinaldos y compras navideñas. Esto significa que la tasa anual aumentará o disminuirá de aquí a fin de año, si la inflación de estos meses es mayor o menor a los mismos del año anterior. La inflación acumulada de los últimos cuatro meses de 2016 fue 2.48 por ciento, mientras que la mayoría de los analistas apuestan a que no será muy diferente en los mismos meses de 2017. Esto nos lleva a que el consenso para fin de año (de la Encuesta de Instituciones Financieras de Citibanamex del 5 de octubre) es de 6.3 por ciento. El Banco de México sí anticipa que será menor, para terminar el año en 5.9 por ciento.

Casi todos anticipan una disminución significativa en la inflación en 2018. El consenso de la encuesta de Citibanamex es de 3.8 por ciento para fin de año, que ya se ubica por debajo del límite superior del rango de variabilidad de Banxico. La institución más pesimista (Vector) anticipa que bajará a 4.5 por ciento, pero hay varios (Bursamétrica, Itaú y Nomura) que anticipan que la tasa bajará hasta 3.3 por ciento.

La razón principal es por el efecto de la base de comparación. En enero de este año sufrimos un incremento de 1.70 por ciento respecto al mes anterior, el aumento más pronunciado para un mes desde enero de 1999. Todos recordamos el famoso gasolinazo que provocó manifestaciones, saqueos y protestas por todos lados ante la decisión del gobierno de aumentar en forma descabellada el precio de la gasolina. Dado que nadie anticipa que las autoridades vuelven a cometer el mismo error en enero de 2018, matemáticamente tendremos una disminución muy pronunciada que, a principios de año, debería disminuir la inflación anual por debajo de 5.0 por ciento.

En los siguientes meses de 2017, en especial febrero y marzo, hubo una escalada de precios ante el impacto de la gasolina y por la depreciación acumulada en el tipo de cambio de los dos años anteriores. Dado que se anticipa un tipo de cambio en el primer trimestre de 2018 menor a la que existía a principios de 2017, ya no existe la presión cambiaria. Por lo mismo, es de esperar que las tasas de febrero y marzo de 2018 sean mucho menores a las observadas en 2017.

¿Pero por qué sentimos que la inflación es mucho más elevada y que no bajará tan rápidamente? Una buena parte de la razón es que el INEGI involucra en su cálculo precios virtuales (como la renta imputada), que no tiene nada que ver con las restricciones presupuestales de muchas familias y precios de muchos bienes y servicios que son muy estables pero que casi no nos percatamos. En cambio, los precios más visibles, como de los alimentos, son los que más han aumentado. Simplemente podemos voltear a ver la inflación implícita en la Canasta Alimentaria que calcula Coneval para medir la pobreza laboral; en agosto llevaba un incremento de 12.7 por ciento, prácticamente lo doble de lo que nos reporta INEGI.