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Author Archives: Jonathan Heath

La Inflacion de Febrero: ¿Buenas o Malas Noticias?

marzo 10th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en La Inflacion de Febrero: ¿Buenas o Malas Noticias?)

El INEGI reportó que la inflación de febrero fue 0.19 por ciento respecto al mes anterior y 3.00 por ciento respecto al mismo mes del año pasado. A primera vista, la noticia es muy buena ya que la tasa objetivo puntual del Banco de México es 3.0 por ciento, mientras que la tasa de 0.19 por ciento anualizada es de 2.3 por ciento. Esto significa que la inflación está en este momento exactamente donde quieren las autoridades monetarias y si persiste el ritmo actual, estará bajando aún más. Es más, la tasa anual de febrero es la tercera tasa más baja desde que existe el INPC (a partir de enero de 1970), es decir, en 45 años: en noviembre 2005 la tasa llegó a 2.91 por ciento y en mayo 2006 registró 2.996 por ciento.
Los números reflejan una mejoría significante de un año para acá, ya que en febrero de 2013 la tasa anual se ubicaba en 4.23 por ciento. La tasa subyacente estaba en 2.98 por ciento y ahora se ubica en 2.40 por ciento, mientras que la no subyacente está ahora en 4.88 por ciento, cuando hace un año se ubicaba en 8.28 por ciento. Sin una reforma fiscal que aumente impuestos y sin aumentos mensuales programados en los precios de la gasolina, todo apunta a que la tasa fin de año se podría ubicar por debajo de 3.0 por ciento, tal y como lo anticipó el Banco de México en su último Informe Trimestral sobre la Inflación.
Sin embargo, un examen un poco más detenido no concluye con tan buenas noticias. La razón principal que explica la disminución en febrero es la tasa de -0.27 por ciento en el componente no subyacente, impulsada fundamentalmente por una disminución de -3.61 en los precios de frutas y verduras (el precio del jitomate bajó 30.1 por ciento). Mientras que es bueno que hayan disminuido estos precios, sabemos que es un subíndice con una varianza enorme: igual sube que baja significativamente. El primer problema es que el ciclo a la baja en estos precios está por concluir. No sabemos cuándo ni cuánto, pero lo más probable es que en el corto plazo vamos a ver incrementos importantes en estos precios. En otras palabras, lo que ayudó a que bajara la tasa de inflación en estos meses, será el mismo factor que explicará aumentos en los meses entrantes.
También encontramos una tasa negativa (-0.03 por ciento) en los energéticos. Sin embargo, no es causa de la reforma de telecomunicaciones o algún cambio estructural que ayuda a que sea más barato la electricidad. Más bien, es un factor estacional, ya que el programa de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios) inició su periodo de vigencia durante febrero en Tapachula, Chiapas; la inflación en esta ciudad en febrero fue -0.62 por ciento, la más baja de todas las localidades del país que integren el INPC. Esto significa que es una reducción temporal, que volverá a subir cuando termine el programa en la segunda mitad del año.
Aunque el rebote en la tasa de la inflación no subyacente seguramente presionará la tasa general, no es lo que más preocupa. La tasa de inflación subyacente aumentó 0.34 por ciento en febrero, que anualizada implica una tasa de 4.2 por ciento. Es decir, si la subyacente aumente todos los meses a este ritmo, terminaría el año por encima de 4.0 por ciento. Al analizar la desagregación de la subyacente, encontramos que la tasa de mercancías no alimenticias aumentó 0.59 por ciento, algo sumamente inusual. La última vez que observamos una tasa parecida en este subíndice fue en enero de 2010, hace cinco años. La persistencia de tasas elevadas en este rubro es consistente con un traspaso importante de la depreciación del tipo de cambio a precios.
Pero antes de hablar de un traspaso cambiario, tenemos que estar seguros que son aumentos generalizados en las mercancías y no el resultado de aumentos en uno o dos productos con incidencias elevadas. Si examinamos la lista de los diez precios que más impactaron al alza al índice, encontramos que solo un precio, cigarrillos, es una mercancía no alimenticio, mientras que su incidencia no es tan alta (0.015). Esto significa que la tasa elevada de 0.59 por ciento sí parece ser resultado de incrementos generalizados y no de uno o dos precios. Para ver si representa un peligro en cuanto a presiones inflacionarias, lo que queda por ver es si son incrementos sostenidos y no simplemente de una vez por todas. Para esto habrá que examinar este subíndice en los próximos meses, junto con el desempeño del tipo de cambio. Si el peso sigue depreciándose, es muy probable que generará presiones inflacionarias que harán que sube la tasa general.
Finalmente, llama la atención la tasa de 0.35 por ciento en los servicios. Típicamente, los precios de los servicios reflejan las presiones inflacionarias que pueden surgir de la demanda agregada, es decir, de una brecha de producto positivo. En los últimos años, su subíndice ha sido de los más bajos, en buena medida porque se estima que actualmente la brecha de producto es negativo; la tasa anual a febrero es apenas 2.20 por ciento. El aumento se explica por un pequeño repunte en el precio de la vivienda, incrementos estacionales en la educación y un aumento de 0.51 por ciento en “otros servicios”. Sin embargo, cuando acudimos a ver las incidencias, resulta que el incremento en el servicio de telefonía móvil en febrero explica 43 por ciento del incremento total del subíndice. En general, “otros servicios” muestra más varianza en su subíndice que la mayoría de los demás componentes de la subyacente, por lo que no es preocupante y mucho menos indicio de que se está cerrando la brecha de producto. Simplemente llama la atención que el servicio de telefonía móvil sea el precio que más aumentó en todo el INPC en febrero, cuando se supone que debería estar cayendo.
Por lo pronto, podemos decir que la inflación de febrero fue más bien malas noticias, ya que existe evidencia de un traspaso del tipo de cambio a precios y que es muy probable que aumenten los precios de frutas y verduras en los próximos meses. En enero veíamos con muy buenos ojos la expectativa de Banxico de que la inflación anual pudiera terminar el año por debajo de 3.0 por ciento, a tal grado que la mayoría de las instituciones ajustaron sus expectativas a la baja. Sin embargo, ya con la información de febrero el panorama inflacionario ya no se ve tan benigno. Es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de inflación para fin de 2015. Pero bueno, faltan diez meses y muchas cosas pueden pasar.

Los Estragos de la Reforma Hacendaria

marzo 6th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en Los Estragos de la Reforma Hacendaria)

De las diez u once reformas estructurales que se han aprobado, la más criticada ha sido la Reforma Hacendaria. Quitó ingresos a los hogares en vez de reducir impuestos, justo cuando la economía se encontraba en una situación precaria. Eliminó incentivos para las empresas en el momento en que habría que fomentar más la inversión. En vez de aplicar una política fiscal contra cíclica, se instrumentó una pro cíclica, que frenó la actividad económica y perjudicó a la mayoría de los mexicanos. Peor aún, la SHCP presumió un aumento significante en el gasto público y en especial en la inversión pública, que terminó siendo sumamente ineficiente, a tal grado que no tuvo repercusión alguna en el PIB. Para muchos, la reforma es la causa principal del crecimiento económico mediocre que tuvimos el año pasado.

Aun así, mucha de la evidencia en contra de la reforma había sido anecdotario, o bien, formulado mediante la opinión reiterativa de muchos analistas y empresarios. Sin embargo, ahora aparece un estudio de fondo realizado por Kantar Worldpanel México, que es una agencia de investigación de mercados, que aporta evidencia dura de los efectos sobre los hogares. Esta empresa monitorea cuidadosamente los patrones de consumo de 8,500 hogares mexicanos, escogidos de tal forma que representan al 97 por ciento de la población urbana del país. Registra cada semana las compras de los hogares de más de 70 categorías de productos, por lo que se puede considerar, sin duda, como una autoridad calificada para emitir juicios sobre los efectos de los impuestos a alimentos y bebidas a raíz de la reforma hacendaria.

De entrada, Kantar encontró que el comportamiento del consumo en las familias en 2014 fue similar a cuando el país se ha encontrado en crisis, es decir, similar a lo ocurrido en la gran recesión de 2008-2009. Dado que el 30 por ciento del presupuesto de los hogares se gasta en productos gravados con los nuevos impuestos a alimentos y bebidas saborizantes, se dio una redistribución del presupuesto con el resultado de que se redujo el gasto en bienes de cuidado personal y del hogar. En otras palabras, se pagó en promedio 13 por ciento más por los bienes gravadas con la idea de no consumir menos, mientras que se sacrificó el consumo de otro tipo de bienes para que les alcanzara. En vez de consumir menos de los alimentos de alto contenido calorífico, los hogares redistribuyeron su gasto de tal manera que pudieron consumir lo mismo de este tipo de productos y menos de otros bienes no gravados. Los bienes sacrificados fueron fundamentalmente en las categorías de cuidado del hogar y cuidado personal.

Al final de cuentas, el resultado fue que los hogares gastaron más en productos gravados por los nuevos impuestos, pero se llevaron menos volumen, mientras que gastaron menos en otras categorías. El efecto final fue que todos perdieron: unas categorías perdieron gasto mientras que otras perdieron volumen. Los consumidores cambiaron a marcas más económicas y compraron tamaños más pequeños, mientras que repartieron su gasto entre un mayor número de establecimientos, tanto formales como informales. Este resultado es compatible con los datos que fue reportando la ANTAD a través del año.

En el proceso, Kantar encontró que los niveles socioeconómicos más bajos fueron los más afectados. También encontró que las tienditas de la esquina fueron severamente afectadas, ya que 52 por ciento de sus ventas son de productos que pagan los nuevos impuestos. En general, se encontró que estas tienditas vendieron menos volumen en 2014 comparado con el año anterior. Dado que más de 600 mil familias dependen de estos negocios para subsistir y la mayoría provienen de niveles socioeconómicos medios y bajos, hubo una afectación negativa para un segmento importante de la población. Kantar concluyó que no hay evidencia de que la medida ayudó en parte a resolver el problema de obesidad en el país, pero definitivamente afectó de manera importante la economía de los hogares mexicanos.

El estudio de Kantar Worldpanel México, las cifras de ventas de ANTAD y los cálculos del ingreso personal disponible de los hogares mediante datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), apuntan hacia una afectación severa del consumo de los hogares el año pasado, con un impacto todavía mayor en los niveles socioeconómicos más bajos. El gobierno prometió hace un par de años que si se aprobaran todas las reformas estructurales, a estas alturas del sexenio ya estaríamos creciendo al 5 por ciento anual. En cambio, el crecimiento observado en estos últimos dos años se ubica por debajo del escenario inercial (sin reformas) y a menos de la mitad del promedio observado en los últimos tres años del sexenio anterior.

El gobierno justificó el diseño recaudatorio de la reforma como un instrumento para incrementar el gasto social en apoyo a las familias más necesitadas y reducir la dependencia de los ingresos petroleros, mientras que impuso mayores impuestos a los alimentos más consumidos para combatir la obesidad. Sin embargo, encontramos que los efectos nocivos se concentraron en los hogares socioeconómicos más bajos, no ayudó en reducir la obesidad y todavía existe gran dependencia en los ingresos petroleros como podemos atestiguar con los recortes anunciados en el presupuesto. Así, ¿cómo puede defender el gobierno esta reforma?

El Ingreso de los Hogares

marzo 4th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Ingreso de los Hogares)

El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) permite calcular el PIB de tres formas diferentes, de las cuales (en teoría) se debe llegar al mismo número. Al final de cuentas, la contabilidad nacional debe cuadrar al igual que cualquier otro sistema de cuentas, por lo que la práctica común es que se realiza el cálculo mediante dos de las tres opciones. Estas son por el Valor Agregado (VA), por el lado de los gastos y por la suma de los ingresos. El INEGI realiza primero el cómputo del VA, que consiste en medir el valor bruto de la producción y el consumo intermedio; el PIB se obtiene restando los dos componentes. Posteriormente, calcula el PIB por el lado del gasto, que es mediante la suma del consumo privado, la inversión, el gasto público y las exportaciones, todo neto de las importaciones. El primer cálculo lo tenemos alrededor de 35 días hábiles después del cierre del trimestre, mientras que el segundo como un mes después.
A nivel trimestral, el INEGI no realiza el cálculo por el lado del ingreso, que sería la suma de los salarios, las rentas, las utilidades y otras fuentes de ingresos. Como nueve meses después del cierre del año, nos entrega todas las cuentas nacionales cuadradas, incluyendo un cálculo del Ingreso Nacional, pero solo en términos anuales. Por lo mismo, carecemos de indicadores mensuales y trimestrales de ingresos, como sería el ingreso personal disponible de los hogares que produce Estados Unidos cada mes. Dentro de la familia de indicadores coyunturales de alta frecuencia, este indicador sería posiblemente el que más hace falta en nuestro país.
Al analizar la conformación del PIB en los últimos dos años, encontramos que el gasto público (y en especial la inversión pública) ha sido significativamente más bajo que lo sugerido por la SHCP. Al tratar de entender los porqués, encontramos que existen diferentes coberturas, metodologías y hasta métodos de registro entre las dos contabilidades. Pero también encontramos que el consumo de los hogares ha sido muy bajo, incluso más allá de lo que pudiéramos esperar a raíz de la reforma fiscal. Para terminar de entender bien este fenómeno, necesitamos indicadores de ingresos familiares, de los cuales carecemos.
Una posibilidad es armar un indicador de la masa salarial mediante las cifras del IMSS. Se multiplica el número de aseguradores por la cotización salarial promedio deflactado por el índice de precios. Sin embargo, encontramos una tendencia constante al alza a raíz de un salario real relativamente fijo y un incremento continuo en el empleo registrado por el IMSS. El problema es que lo último no refleja un incremento real en el empleo del país, sino un esfuerzo de fiscalización por parte del Instituto. Algunos analistas mantienen que más de la mitad de estos “nuevos” empleos son simplemente una formalización de empleos ya existentes. En realidad, el número de asegurados no es un buen indicador del empleo en el país, por lo que el cálculo no tiene utilidad.
Otra opción es construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE), tal como lo hace el Banco de México. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial. Aquí encontramos que la PO no ha aumentado tanto, mientras que el ingreso real muestra una clara tendencia a la baja desde 2008 a la fecha. De esta forma observamos una clara disminución en la masa salarial en 2008 y 2009, una tendencia lateral entre 2010 y 2012, y de nuevo una baja significativa en 2013 y 2014.
Aunque esta medida es claramente superior a cualquiera derivada de los datos del IMSS, no queda tan claro que esté libre de críticas. Por ejemplo, a través del tiempo ha aumentado el porcentaje de respuestas “no contesto” en los ingresos, por lo que pudiera existir un sesgo hacia la baja. Sin embargo, la caída en el ingreso promedio real en 2013 y 2014 sí parece explicar en parte la debilidad del consumo de los hogares en estos dos últimos años.
Ahora falta buscar explicaciones para la caída en los ingresos de los hogares. Sabemos que muchos de los empleos que se han creado en los últimos años han sido de muy baja remuneración. También sabemos que la reforma fiscal tuvo un impacto negativo en 2014. Sin embargo, aun parece que nos faltan piezas para resolver bien este misterio.

La Problemática Inflacionaria

febrero 27th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en La Problemática Inflacionaria)

A pesar de que la inflación está bajo control y se ubica muy cerca de su objetivo, nos enfrentamos una problemática inflacionaria difícil. ¿Cómo puede ser?

El INEGI reportó que la tasa de inflación anual de la primera quincena de febrero de 2015 llegó a 3.04 por ciento, bastante cerca del objetivo puntual de 3.0 por ciento establecido por el Banco de México. La tasa mensual negativa de enero, la persistencia de una brecha de producto negativa y el hecho de que la SHCP se comprometió (a medias) a no subir el precio de la gasolina en lo que resta del año, llevó a que las autoridades monetarias ratificaran su expectativa de que la inflación alcanzará el 3.0 por ciento a principios de 2015, continuará en niveles cercanos a esta tasa durante el transcurso del año y que cierre ligeramente por debajo de dicho nivel en diciembre. De ser cierto esta predicción, la inflación promedio del año quedará muy cercana al tres por ciento con relativamente poca volatilidad, lo que implica que se cumplirá el objetivo de inflación por primera vez en la historia del Banco Central Autónoma.

De hecho, la inflación ha sorprendido a la baja en cada una de las tres primeras quincenas del año. Si las tasas quincenales hubieran sido las que esperaba el mercado, tendríamos 0.50 por ciento de inflación acumulado en lo que va del año (mes y medio); en cambio, la inflación acumulada es en realidad 0.003 por ciento, prácticamente cero. Si observamos la última encuesta quincenal de Banamex (del 20 de febrero), ya ubicamos a 10 instituciones (de 24) que anticipan una tasa de inflación fin de año de 3.0 por ciento o menos. Por ejemplo, Finamex espera que la inflación termine 2015 en 2.51 por ciento. La inflación subyacente, que supone refleja mejor la tendencia de la inflación en el mediano plazo, registró una tasa anual de 2.25 por ciento a fines de enero, la tasa mínima histórica desde que existe el índice quincenal de precios. Igualmente, la tasa subyacente anual del índice mensual llegó a 2.34 por ciento en enero, también la tasa anual mínima histórica desde que existe el índice mensual.

La piedrita en el camino pudiera ser un traspaso mayor a lo anticipado de la depreciación cambiaria. El precio del dólar aumentó alrededor de 11 por ciento en aproximadamente dos meses a partir de mediados de noviembre. Hasta hace poco no había evidencia de un traspaso de esta depreciación hacia los precios internos. Sin embargo, en la primera quincena de febrero, los precios de las mercancías no alimenticias (los más susceptibles al tipo de cambio) aumentaron 0.59 por ciento, el incremento quincenal más elevado para una quincena en este subíndice desde la primera quincena de agosto de 2001. El impacto en el índice general fue neutralizado por una baja importante en los precios de los jitomates (-27.9 por ciento) y demás componentes de la inflación no subyacente, de tal manera que la tasa general (0.11 por ciento) resultó relativamente baja. Sin embargo, pudiera ser el indicio de un ajuste todavía mayor.

Si examinamos la lista de los diez precios que más subieron en la quincena encontramos cuatro en la categoría de mercancías no alimenticias: papel higiénico y pañuelos desechables, cigarrillos, ropa de abrigo y pasta dental. Sin embargo, ninguno tuvo una incidencia importante. Esto sugiere que los aumentos en esta categoría fueron generalizados, resultado de las presiones derivadas de un tipo de cambio mayor y no de algún problema de abasto específico en un mercado particular. De ser cierto, pudiéramos esperar más aumentos en los siguientes meses. Los precios de este subíndice habían sido de los que menos habían subido en el pasado, ya que su tasa anual se ubicaba por debajo de 2 por ciento desde 2013 a la fecha.

Salvo las posibles presiones derivadas de la depreciación, el panorama inflacionario permanece bajo control. Incluso, la existencia de una brecha de producto negativo sugiere que el próximo movimiento de la tasa de política monetaria debería ser a la baja. Sin embargo, en los dos años anteriores entraron al país casi 100 mil millones de dólares en inversión de cartera. Como se sabe, estos recursos son muy susceptibles a las tasas de interés y al ambiente geopolítico internacional. Esto nos sitúa en una situación muy vulnerable a posibles alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Al final de cuentas, esto significa que las autoridades monetarias mexicanas se verán forzados a aumentar la tasa interbancaria de fondeo en México a la par con los vecinos, independientemente si tenemos presiones inflacionarias o no.

Esto nos lleva a un escenario posible de alzas en las tasas de interés, a pesar de un cumplimiento del objetivo de inflación, con expectativas de menor inflación en el mediano plazo y dentro de la continua presencia de una brecha de producto negativa.