Incertidumbre y Vulnerabilidad

El INEGI nos informó que el crecimiento del PIB en 2017 fue 2.0 por ciento, el más bajo de los últimos cuatro años y una cifra que contrasta con el 5.0 por ciento prometido si se aprobaran todas las reformas estructurales. Incluso, el promedio de 2.5 por ciento de los primeros cinco años de este sexenio se ubica muy por debajo de la tasa de 3.5 por ciento que íbamos a tener si no se hubieran aprobado las reformas. La última encuesta quincenal del 20 de febrero de Citibanamex a 24 instituciones financieras anticipa crecimiento de 2.3 por ciento para este año, también dentro del tenor de bajo crecimiento que ha caracterizado al sexenio. ¿Por qué no hemos crecido más?

De entrada, en estos años se ha desplomado la producción de petróleo, a tal grado que a partir de 2015 ya somos un importador neto petrolero, al importar más gasolina que lo que exportamos de petróleo crudo. Este cambio estructural le ha restado un poco más de medio punto porcentual en promedio a cada uno de los últimos cinco años, de tal forma que de no haber ocurrido la tasa promedio de crecimiento del PIB estaría por arriba del 3 por ciento.

En segundo lugar, hemos pagado la culminación de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal de Estados Unidos: En 2015 y 2016 provocó un fortalecimiento significativo del dólar y una disminución en las exportaciones de ese país al resto del mundo. Dado que sus exportaciones contienen insumos importados de México, cayó la demanda por nuestras exportaciones, lo que también le restó a nuestro crecimiento.

En tercer lugar, el gobierno no ha podido llevar a cabo una política fiscal eficaz en términos de su contribución al crecimiento económico. En los primeros cuatro años aumentó el gasto público neto a niveles sin precedente, pero con prácticamente un impacto nulo en el PIB. En 2017, tuvo que llevar a cabo un proceso de consolidación fiscal para revertir el crecimiento desatado de la deuda pública y el desequilibrio creciente en las finanzas públicas. En todo este proceso, el sacrificio mayor fue la inversión pública, que en términos reales ha caído significativamente en cada uno de los primeros cinco años del sexenio.

En cuarto lugar, ha aumentado mucho la incertidumbre en cuanto al rumbo de nuestra economía ante la llegada de Trump, el proceso de renegociación del TLCAN y el rumbo futuro de la política monetaria de Estados Unidos. Lo último, aunado a nuestras propias presiones inflacionarias, ha provocado una reacción restrictiva por parte del Banco de México de doce aumentos en la tasa de política monetaria que ha acumulado un incremento de 450 puntos base. La consecuencia del encarecimiento del crédito ha sido un freno al consumo y la inversión. Sin embargo, parece ser es la incertidumbre en torno al TLCAN lo que más ha afectado a la inversión privada, a tal grado que se estima una tasa negativa para 2017 y posiblemente también para 2018. Al final de cuentas, la diferencia entre el crecimiento de 2016 y 2017 fue justamente la contribución de la inversión privada.

¿Se justifica esta percepción de incertidumbre? Hay ciertos sectores de la economía muy vulnerables a los riesgos de una disolución del TLCAN. El Departamento de Estudios Económicos de Citibanamex realizó un estudio comprensivo de la fragilidad relativa de 104 ramas de la actividad económica del país. Se construyó un Indicador de Vulnerabilidad mediante la incorporación de factores como el nivel de apertura, la proporción de insumos importados, las tarifas que se aplicarían sin TLC y la balanza comercial con Estados Unidos. Dentro de las ramas más vulnerables, destacaron todas las relacionadas a la industria automotriz, las que más han crecido en la última década. Hoy en día ya representa más de una tercera parte de toda la producción manufacturera del país y una proporción similar de nuestras exportaciones. Ante el desplome de la producción petrolera, ha sido la industria que nos ha salvado de un desequilibrio importante en nuestras cuentas con el exterior. Sus aportaciones en términos de inversión, empleo y efecto multiplicador en la última década han sido de lo más valioso. Si el TLCAN 2.0 trae cambios profundos a este sector, las perspectivas de nuestra economía para los siguientes años se nublarán significativamente.

Al final de cuentas, una muy buena parte del legado de este sexenio dependerá fundamentalmente de estas negociaciones.

¿Y tú qué opinas?