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Fuentes de Crecimiento

junio 30th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Fuentes de Crecimiento)

En el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, se puede realizar el cálculo del PIB mediante tres diferentes métodos, que en teoría deberían resultar en una misma cifra. Se puede sumar todos los ingresos en la economía (sueldos, salarios, utilidades, intereses, etc.), analizar todos los gastos (consumo privado, consumo de gobierno, formación bruta de capital fijo, variación de existencias y exportaciones netas) o bien, calcular el valor agregado de los bienes y servicios finales producidos en la economía. La recomendación del FMI es escoger uno de los tres como método principal y realizar un segundo para asegurar consistencia.

En Estados Unidos (y parece ser que en la mayoría de los países) se utiliza principalmente los de ingresos y gastos, mientras que en México se realiza el cálculo del valor agregado y el de los gastos. Alrededor de los 50 días después de haber concluido el trimestre, el INEGI publica el crecimiento del PIB mediante los cálculos del valor bruto de la producción y del consumo intermedio. El PIB (valor agregado) es la diferencia entre los dos cálculos, que se presenta para los 20 sectores de la economía (que representa la desagregación a dos dígitos del Sistema de Clasificación Industrial de Norte América, conocido como SCIAN). Por lo mismo, el INEGI reportó el 21 de mayo que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre inmediato anterior.

Un mes después de haber reportado el crecimiento, el INEGI divulga el cálculo que realiza para los componentes del gasto, lo que llama la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios”. En este sentido, el pasado 19 de junio, reportó los crecimientos del consumo privado (1.2 por ciento), del consumo del gobierno (1.1 por ciento), de la inversión pública (1.2 por ciento), de la inversión privada (0.6 por ciento), de la variación de existencias (7.3 por ciento), de las exportaciones (1.8 por ciento) y de las importaciones (0.4 por ciento). Posiblemente la sorpresa principal provino de la inversión pública, que presenta una tasa positiva para el trimestre por apenas la quinta vez en los últimos 17 trimestres.

Dado que los cálculos se realizan mediante técnicas de estadística inferencial, se necesitan introducir algunas variables de ajuste, que representan las discrepancias estadísticas entre los diferentes métodos de cálculo. Anteriormente, el INEGI no calculaba la variación de existencias tal cual, sino que lo introducía como la diferencia entre el cómputo del valor agregado y la suma de los componentes del gasto. Sin embargo, hace poco el Instituto empezó a estimarlo directamente, por lo que ahora tiene que introducir explícitamente una discrepancia estadística para que cuadre la contabilidad nacional. En este primer trimestre, encontramos que la variación de existencias (también conocida como el cambio en inventarios) y la discrepancia estadística fueron los dos componentes con mayor cambio respecto al periodo anterior.

Dado que cada componente del gasto representa una ponderación distinta, no podemos analizar la contribución de cada uno mediante sus tasas de crecimiento. Más bien, se tiene que multiplicar cada tasa por su ponderación. Matemáticamente, la contribución de “Y” al crecimiento de “X” (siendo Y un componente de X), se define como el cambio porcentual de Y ponderado por el porcentaje (ponderación) de Y dentro de X del periodo anterior (t-1). Si realizamos los cálculos correspondientes encontramos que la mayor contribución (negativa) proviene de la discrepancia estadística implícita (-1.24 puntos porcentuales o pp). Esto significa que las contribuciones (positivas) de todos los demás componentes podrían estar sobreestimadas.

No obstante, el componente del gasto que más contribuyó al crecimiento del PIB en el primer trimestre fue el consumo privado (0.81 pp), seguido por las exportaciones (0.61 pp). En un tercer lugar ya distante, se situó el consumo de gobierno (0.12 pp), seguido por la inversión privada (0.11 pp). En quinta lugar, se ubicó la variación de existencias (0.06 pp), mientras que el que menos contribución hizo fue la inversión pública (0.05 pp). Para que cuadre, es decir, que todo sume la tasa de 0.4 por ciento del PIB, se tiene que restar las importaciones (0.12 pp). Esto es porque cada componente tiene implícito una parte de bienes y servicios importados, que no se debe considerar, ya que estamos contabilizando el producto interno del país.

De este ejercicio, sale a relucir la contribución del consumo privado al crecimiento económico, que ha sido la más elevada desde 2012.

El Crecimiento de 2014

febrero 24th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en El Crecimiento de 2014)

El INEGI anunció que el crecimiento económico de 2014 fue 2.1 por ciento, el número esperado por todos. En esta ocasión ya no hubo sorpresas, pues era muy difícil que el mes que faltara para completar el año fuera lo suficientemente malo para que las matemáticas dieran una tasa menor, o bien, que sorprendiera mucho al alza para alcanzar 2.2 por ciento. Lo único que hubiera podido haber sucedido es que el INEGI incorporara información nueva en los periodos anteriores (previamente reportados), de tal manera en que las tasas de los primeros tres trimestres resultaran diferentes. Sin embargo, no fue el caso ya que las cifras anteriores sufrieron solo modificaciones marginales.

Así terminamos el año creciendo 0.3, 1.0, 0.5 y 0.7 por ciento, respectivamente, para cada uno de los cuatro trimestres del año. Crecimos más que Estados Unidos en el primer y último trimestre del año y menos en el segundo y tercero, pero en el año en su conjunto nuestras vecinos terminaron con una tasa (2.4 por ciento) mejor que nosotros. Estados Unidos empezó el año muy mal con una caída de -2.1 por ciento en el primer trimestre, a raíz de condiciones climatológicas adversas. Sin embargo, se repuso su economía y terminaron relativamente bien. Su desempeño favorable ayudo a impulsar nuestras exportaciones no petroleras, que de nuevo terminaron el año como nuestro principal motor de crecimiento.

De nuevo, fue un año mediocre que no solo desilusionó a la población en general, sino que puso en evidencia la dificultad de anticipar el rumbo de la economía. Ya nos pasó en 2013, cuando el consenso para el crecimiento a principios de año era alrededor de 3.5 por ciento y solo logramos crecer 1.4 por ciento. Para 2014 habíamos pensado que el crecimiento podría estar cerca de cuatro por ciento, cuando la realidad nos dijo que no, solamente 2.1 por ciento. Por segundo año consecutivo, la tasa de crecimiento resultó ser alrededor de dos puntos porcentuales menores a lo previsto, un margen demasiado amplio.

A la institución que más le ha llovido es la SHCP. Pero para ser justo, le fallamos todos. Si consultamos la Encuestas de Expectativas de Banamex de hace exactamente un año, el consenso (la mediana de 24 instituciones financieras) señalaba 3.4 por ciento de crecimiento para 2014. La expectativa más optimista era de HSBC (4.1 por ciento), mientras que la más pesimista fue Vector (2.3 por ciento). Pero aunque Vector se veo muy pesimista en ese momento, aun así quedó por arriba. Peor aún, solo dos instituciones más (Invex y Signum) anticipaban crecimiento menor a 3.0 por ciento (2.9 y 2.8 por ciento, respectivamente). Podemos consultar otras encuestas y encontramos resultados similares. Incluso, las instituciones internacionales como la OCDE, Banco Mundial y FMI fallaron igual.

Si nadie le atinó, ¿por qué le reclamamos más a la SHCP? La respuesta es simple: es juez y parte. No solo participa en este juego de los pronósticos, sino que mediante su política económica influye en el resultado. Es el ente encargado de promover una política contra cíclica, es decir, bajar los impuestos cuando la economía está estancada e incrementar la inversión pública. Sin embargo, impulsó una reforma fiscal con aumentos de impuestos y su gasto público tuvo muy poco impacto en el PIB. En adición a las decisiones de finanzas públicas, fue la SHCP quien impulsó las famosas reformas estructurales y prometió al país que ahora si era el momento de México.

¿Por qué pensábamos que íbamos a crecer más? Anticipábamos que muchos de los factores que contribuyeron a la desaceleración del 2013 se iban a revertir. Aunque así pasó con la industria de la construcción y a las exportaciones no petroleras, algo pasó con el gasto público. La SHCP nos iba informando que estaba gastando cada vez más y más, pero las cuentas nacionales indicaban lo contrario. Aunque fue mucho más notorio con la inversión pública, el gasto corriente que realizaba la SHCP no tuvo impacto en el PIB en 2014. No conoceremos los componentes por el lado de la demanda (consumo privado, inversión y gasto público) hasta dentro de un mes, pero todo parece señalar que la inversión pública y el gasto público (gasto corriente) serán los únicos con tasa negativa, o si no, con las tasas más bajas.

También esperábamos una recuperación más robusta en la inversión privada. El gobierno vendió muy bien la idea de que las famosas reformas estructurales atraerían mucha inversión, tanto extranjera como interna. Sin embargo, no fue así. La confianza que pudieron haber generado fue nulificada por los escándalos políticos, por la continua violencia y la rampante corrupción. Al final, la inversión privada creció, pero no lo suficiente como para considerarse motor de crecimiento.

El otro factor fue el consumo de los hogares. Aunque sabíamos que la reforma fiscal tendría un impacto negativo en el consumo privado, no estábamos tan al tanto del desgaste del ingreso familiar que se venía gestando desde 2010. ¿Por qué? Principalmente por falta de datos. El INEGI no calcula el PIB por el lado de los ingresos, por lo que no produce indicadores relevantes de ingresos familiares. Sin embargo, viendo los salarios promedio de cotización del IMSS y los microdatos de la ENOE del INEGI empezamos a intuir (aunque ya muy tarde) que las familias no tenían el poder adquisitivo necesario para contribuir más al crecimiento económico.

Todas las proyecciones para 2015 anticipan una mejoría en relación al 2014. La expectativa más pesimista (de nuevo de Vector) es de 2.3 por ciento, superior al crecimiento del año pasado. Aunque hemos visto una revisión a la baja, el consenso de ahora es 3.1 por ciento, que representa un punto porcentual completo por encima del 2.1 por ciento de 2014. El Banco de México estableció un rango de 2.5 a 3.5 por ciento, mientras que la SHCP sostiene su rango (que ahora se ve exageradamente optimista) de 3.2 a 4.2 por ciento. Pero después de dos años de mucha desilusión, ¿por qué insistimos que sí vamos a crecer más? En especial, ante un entorno muy complicado caracterizado por la baja en el precio del petróleo, recortes en el presupuesto público y tensiones geopolíticos en todo el mundo.

No olvidemos las elecciones de medio sexenio. Es casi un hecho de que ahora vamos a empezar a sentir ese gasto público. Pero sabemos que será temporal. ¿Qué pasará en la segunda mitad del año? ¿Será suficiente el impulso inicial para motivar al resto de la economía, o se apagara de nuevo? El impacto del gasto público y en especial de la inversión pública serán claves para estimular la economía. El problema es que los recortes vienen más por el lado de la inversión, por lo que el balance final no queda claro.

Pero la incógnita más grande radica en el consumo de los hogares. En el corto plazo, no parece que pudiera cambiar la tendencia, más que mediante creación de empleos derivados de la inversión privada. Pero las últimas estadísticas señalan que los nuevos empleos son de baja remuneración, con poco impacto macroeconómico. La confianza del consumidor no cambia. La tasa de desempleo urbano no disminuye. Obviamente vamos estar muy atentos a los primeros indicadores de este trimestre, pero si no empieza a levantar más la actividad económica, podemos desde ahora pronosticar revisiones continuas a la baja en las expectativas de crecimiento para el año.

Perspectivas Económicas 2015

enero 5th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Perspectivas Económicas 2015)

Lo que limitó el crecimiento en 2013 fue la combinación de factores externos e internos. Entre los internos hubo una crisis en la construcción, una disminución en el gasto público, una contracción en la inversión privada y una disminución en el ingreso de los hogares. Para 2014, mejoró visiblemente el entorno externo, la construcción empezó su largo camino de recuperación y la inversión privada mostró una tendencia positiva. Sin embargo, el gasto público siguió a la baja a pesar de una reforma hacendaria recaudatoria y mayor endeudamiento público, mientras que cayó aún más el ingreso personal disponible ante las medidas fiscales del gobierno. En 2013 crecimos 1.4 por ciento, mientras que se estima que en 2014 habremos crecido 2.1 por ciento. Significa que el crecimiento promedio de los dos primeros años de Peña Nieto se situará alrededor de 1.8 por ciento, por debajo del crecimiento promedio de los cuatro presidentes anteriores, pero por encima del promedio de los dos primeros años de Vicente Fox y de Felipe Calderón.
¿Qué podemos esperar para 2015? De entrada, el Banco de México estableció su rango para el crecimiento del PIB en 3.0 a 4.0 por ciento, mientras que la SHCP anticipa un rango no muy diferente de 3.2 a 4.2 por ciento. Ambas instituciones esperan un entorno favorable con mayor crecimiento en Estados Unidos, lo que seguirá impulsando la demanda externa por nuestras exportaciones, y una paulatina recuperación del gasto interno. Se espera que la construcción siga su curso de recuperación, mientras que la inversión privada crezca algo más que en 2014, con más certidumbre en torno a las posibilidades que ofrecen las reformas estructurales. A pesar de las diferencias entre el cálculo de la inversión pública reportada por la SHCP y el de la inversión en construcción de Cuentas Nacionales publicada por el INEGI, tarde o temprano debemos ver los recursos destinados a la inversión por el gobierno federal reflejado en una aportación mayor al PIB. Como plantea el Banco de México, el Plan Nacional de Infraestructura 2014-2018 contempla diversas obras de gran envergadura, que sugiere un panorama alentador para el sector de la inversión en construcción.
Si todo va en la dirección que esperan las autoridades, ¿por qué no esperar una tasa de crecimiento mayor a 4 por ciento? El problema central es que en los últimos dos años han fallado miserablemente las proyecciones iniciales de crecimiento. Antes de arrancar 2013 pensábamos que íbamos a crecer 3.5 por ciento y terminamos con 1.4 por ciento; en 2014 anticipábamos casi 4 por ciento y ahora parece ser que cerraremos el año con tan solo 2.1 por ciento. En principio, si ahora ponemos sobre la mesa que en 2015 vamos a crecer 3.5 por ciento, nadie nos va a creer. Sin duda, la proyección de consenso de los economistas iniciados en el tema se ha depreciado mucho. Me imagino que la mayoría de la población no anticipa para 2015 un año mejor que 2014.
¿Qué podría detener o limitar la mejoría anticipada por el gobierno y la mayoría de los analistas en 2015? El Banco de México apunta cuatro riesgos principales: un entorno externo menos favorable, una disminución adicional en el precio del petróleo que haga necesario un ajuste al gasto público, más volatilidad en los mercados financieros internacionales y un impacto negativo mayor de los acontecimientos sociales recientes sobre la actividad económica. Sin embargo, creo que falta el riesgo principal: que continúe el estancamiento en el consumo de los hogares a raíz de un deterioro adicional en el ingreso personal disponible.
No hay duda que la Reforma Hacendaria exasperó las familias. Mermo su poder adquisitivo, incrementó los precios de artículos que le gusta consumir, aumentó muchos impuestos y crispó su confianza. Sin embargo, la tendencia a la baja en el ingreso personal empezó hace seis años, a raíz de incrementos en los precios de los alimentos y de la generación de empleos menos remunerados en comparación a los que se perdieron en la gran recesión. El consumo privado representa alrededor del 68 por ciento del PIB. Si no crece mucho, o bien, incluso disminuye, será muy difícil observar una mejoría en la tasa de crecimiento de la actividad económica.
Posiblemente el reto más importante que enfrenta el gobierno es el de cómo impulsar la recuperación del ingreso personal disponible. En vez de implementar políticas que disminuye el consumo, que desalienta los hogares y que sulfura las familias, debería pensar en cómo incentivar la inversión, reforzar el poder adquisitivo y cultivar la confianza del consumidor.

El Consumo de los Hogares

noviembre 14th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (1 Comments)

Justo un día antes de que empezara la cuarta edición del ya famoso “Buen Fin”, el INEGI dio a conocer las cifras relacionadas al consumo privado en el mercado interior para agosto. La noticia no fue del todo positivo, ya que disminuyó el consumo -0.28 por ciento respecto a julio, mientras que la tasa anual se redujo a 1.3 por ciento de 2.5 por ciento en el mes anterior. También se reporta una tendencia que, aunque todavía positiva, muestra una desaceleración importante desde marzo; en agosto avanza a un ritmo mensual de apenas 0.1 por ciento. Ante la noticia, Banamex dijo que se confirma “que la recuperación del consumo perdió impulso en los últimos meses”.
No hay duda de que el consumo permanece débil. De hecho, la serie de tendencia-ciclo del INEGI avanzaba a un ritmo promedio mensual de 0.41 por ciento en el primer trimestre; disminuye a 0.22 por ciento en el segundo y ahora avanza 0.09 por ciento en lo que va del tercero. Hemos visto un deterioro marcado en el ingreso personal disponible desde hace varios años. Primero, por una inflación relevante mayor al salario medio; segundo, ante la generación de empleos con salarios más bajos de los que se perdieron hace algunos años en la gran recesión; y tercero, a raíz de la Reforma Hacendaria que aumentó impuestos y limitó el otorgamiento de prestaciones. En adición a la merma observada en los ingresos, las familias se encuentran ahora más endeudados, lo que limita sus posibilidades de consumir bienes y servicios. Al final de cuentas, hemos visto que todos estos factores han contribuido a una disminución en la confianza del consumidor, que se ubica en niveles de mucho pesimismo.
Las cifras merecen un análisis más detenido para tratar de determinar si realmente estamos ante un nuevo deterioro del consumo, o bien, simplemente se mantiene el patrón de un consumo que avanza a pasos muy lentos. Lo primero que tenemos que considerar es que la serie original del consumo privado (como prácticamente en cualquier indicador) contiene una distorsión por los efectos de calendario. En el caso del consumo, si tomamos el valor absoluto de las diferencias entre la serie original y la corregida por los efectos, entre enero de 2010 y agosto de 2014 observamos un promedio mensual de 0.87 puntos porcentuales, es decir, casi un punto porcentual de diferencia cada mes.
En el caso de agosto, la diferencia fue de 0.97 puntos porcentuales, ya que la serie original muestra un crecimiento anual de 1.28 por ciento y la corregida una tasa de 2.25 por ciento. Esta última señala que la tasa anual de agosto (redondeado a un punto decimal es apenas 0.1 puntos porcentuales menor al promedio observado en los últimos seis meses, mientras que se ubica 0.4 puntos porcentuales por encima del promedio observado en los primeros ocho meses del año. Sin embargo, si tomamos el promedio del avance mensual (de la serie ajustada por estacionalidad), encontramos que la tasa anualizada es de 3.4 por ciento.
En conclusión, podemos decir que el consumo de los hogares avanza, pero a un ritmo todavía lento. Las cifras del ANTAD de octubre muestran una mejoría en relación a los meses anteriores, pero todavía permanecen débiles. El Buen Fin dará un respiro temporal, pero no promete ser punto de inflexión. Lo que si queda claro es que las exportaciones muestran un mayor dinamismo y la inversión privada empieza a responder, mientras que el consumo privado contribuye muy poco y el gasto público permanece en terreno negativo.
El próximo viernes (21 de noviembre) conoceremos el crecimiento del IGAE para septiembre y el PIB para el tercer trimestre. Anticipamos una tasa positiva para el PIB, pero menor a la observada en el segundo trimestre. El próximo miércoles sabremos si el Banco de México modificará su proyección de crecimiento del año, que hasta ahora lo mantiene entre 2.0 y 2.8 por ciento (punto medio 2.4 por ciento). Con la información que contamos hasta ahora, es factible que modifiquen su rango ligeramente hacia abajo, posiblemente en un par de puntos decimales.