Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Llama la atención un artículo escrito por Bank of América Merrill Lynch (BofAML), titulado “¿Cuál es el problema del dólar a 17? ¡Ninguno!”, que apareció hace una semana en una revista de circulación nacional. Sin duda, el tipo de cambio es uno de los precios más importantes de la economía mexicana. El hecho de que haber aumentado prácticamente 30 por ciento en un poco más de un año y afirmar que no provoca problema alguno, parece algo ingenuo.

De entrada, ante la pregunta de por qué se ha depreciado tanto el peso, el artículo afirma que la razón principal es que han entrado menos dólares a México a raíz de la disminución de la venta de petróleo, debido a la caída en la producción y a que los precios internacionales del petróleo se desplomaron. Pero si esto fuera la causa, entonces ¿por qué se depreciaron muchas monedas en igual o mayor magnitud ante el dólar, aun cuando muchos de estos países ni siguieran son exportadores de petróleo? Además, las divisas que entran a nuestro país por este concepto ni siguieran pasan por el mercado cambiario, ya que Pemex tiene la obligación de venderlos directamente al Banco de México. En el mejor de los casos, hubo una afectación psicológica que provocó un aumento en la demanda, pero no disminuyó la oferta de dólares por este concepto.

Según esto, la segunda razón es que han salido muchos dólares de México para irse a Estados Unidos. No obstante, Banamex reporta que en septiembre los flujos mensuales de extranjeros en Bonos M aumentaron por tercer mes consecutivo y que en general los flujos de capital a bonos a tasa fija acumularon una entrada positiva en el tercer trimestre. Dice la institución que los flujos totales de extranjeros a bonos locales aumentaron 1.4 por ciento en lo que va el año. Más que salidas masivas de capital, lo que parece que ha pasado es que más bien entran menos dólares que antes. Obviamente, ha cambiado la composición de oferta y demanda de dólares, pero parece ser que es algo mucho más complicado que lo que apunta BofAML.

Independientemente de las razones de porqué se ha dado la depreciación, lo que más llama la atención es la afirmación que no ha causado problema alguno. Si bien es cierto que hasta ahora no hemos visto una reacción inflacionaria (incremento generalizado y sostenido en los precios), el reacomodo en los precios relativos ha creado un sinnúmero de problemas en muchos mercados. Hay una gran cantidad de empresas que están pasando aceite por los incrementos en los precios de sus insumos y otros que han suspendido inversiones ya que no saben a qué atenerse. El impacto sobre la incertidumbre se ve muy claro en las encuestas de expectativas empresariales.

Sin embargo, el mensaje neurálgico del artículo es que este proceso de corrección en el tipo de cambio no tiene nada que ver con las devaluaciones traumáticas de antaño. El régimen cambiario de flotación funciona de maravilla al no permitir que se acumule un desequilibrio, que después requiere un ajuste verdaderamente dañino, no solamente en términos de inflación, sino también sobre la actividad económica.

Entre muchas de las ventajas, tenemos que no hay un efecto importante en el nivel general de precios. Entre otras cosas, debemos agradecer la baja en los precios de muchos commodities que han ayudado a neutralizar el impacto. El Banco de México estima que por cada punto porcentual (100 puntos base) que aumenta el precio del dólar, hay una incidencia de 4 puntos base en el INPC. Esto significa que la depreciación de 30 por ciento podría dejar un incremento de 1.2 puntos porcentuales en la inflación, que seguramente impactará en forma gradual a lo largo de los siguientes años.

Finalmente llama la atención que tampoco hemos visto una mejoría en las exportaciones, típicamente asociado con una depreciación importante. La razón principal es que ha sido más importante el efecto ingreso que el efecto precio, es decir, que por más barato que sean nuestras exportaciones en el exterior, no ha mejorado el ingreso externo lo suficiente como para demandar más nuestros productos. También tenemos que tomar en cuenta que en esta ocasión, el peso mexicano no es la única moneda que ha perdido valor contra el dólar, por lo que muchos otros países tienen igual o mayor ventaja en poder ofrecer productos más baratos a los Estados Unidos.

Al final de cuentas, no podemos decir que el dólar a 17 pesos no ha acarreado problemas ni angustias sustanciales. Pero sí podemos afirmar que son menores en proporción y diferentes en cuanto a sus impactos en la vida empresarial y cotidiana que en ocasiones pasadas.

El Largo Plazo

Septiembre 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Difícil olvidar las proyecciones económicas acerca del crecimiento económico que la SHCP elaboró para el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo 2013-2018 (Pronafide). Establecía que el PIB sólo crecería 3.8 por ciento en 2015, con una tendencia a disminuir en los años subsecuentes, en un escenario “inercial” en el cual no se aprobaran las reformas estructurales. En cambio, con las reformas el crecimiento alcanzaría 4.7 por ciento este año y superaría el 5.0 por ciento en los dos últimos años del sexenio. La triste realidad es que con todo y reformas, la tasa de crecimiento este año quedará cerca a la mitad del escenario inercial.

Al observar el logro del “Pacto para México” y la promoción oficial del “Momento México” a principios del sexenio, hubo quien se entusiasmó con estas cifras. La Organización No Gubernamental “México, ¿Cómo Vamos?” estableció una meta para el país de seis por ciento de crecimiento promedio anual y elaboró toda una serie de objetivos alrededor de esta gran meta para poder alcanzarla. Claro que se vale soñar, pero sabemos todos muy bien que ese seis por ciento está muy cerca de lo imposible.

Ayer el Banco de México divulgó su Encuesta Mensual de Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado. El consenso (mediana) de la encuesta señala crecimiento de 2015 en 2.3 por ciento y para 2016 en 3.0 por ciento. Para 2017, cuando el Pronafide dice que deberíamos estar ya creciendo por arriba del cinco por ciento, la encuesta anticipa 3.4 por ciento. Sin embargo, lo más preocupante es que el crecimiento esperado para el largo plazo (promedio para los próximos diez años) es apenas 3.47 por ciento, no muy por arriba de la mitad de la gran meta de México, ¿Cómo Vamos? Peor aún, esta expectativa excluye otra crisis mundial que pudiera tumbar mucho más las posibilidades de crecimiento.

En los dos sexenios anteriores los gobiernos trataron, sin éxito, de impulsar las reformas estructurales, ya que había un consenso de que serían la clave para alcanzar mayor crecimiento. Este gobierno aprovechó el consenso para aprobarlas, pero ahora queda claro que no era la panacea que necesitaba el país. Pero entonces, ¿qué necesitamos para crecer más?

En primer lugar y en lo cual casi todos están de acuerdo está el fortalecimiento del estado de derecho y una reducción significativa de la corrupción endémica del país. Aquí el problema de fondo es que no se puede fortalecer el estado de derecho mediante nuevas leyes o reformas, sino que requiere un cambio de actitud de toda la sociedad. Habría que ser bastante ingenuos para pensar que el recién creado Sistema Nacional Anticorrupción lograra crear alguna diferencia.

En segundo lugar, está el entorno externo. México es un país muy abierto en el contexto de una economía cada vez más globalizada. Las exportaciones son el motor principal de crecimiento, de las cuales depende la demanda externa. Sin embargo, los expertos internacionales vaticinan cada vez menos crecimiento mundial. No se visualiza en el horizonte qué país pudiera ocupar el lugar de China o de Estados Unidos como los grandes demandantes del futuro. Por lo mismo, necesitamos fortalecer nuestra economía interna para que pueda crecer por si sola.

En tercer lugar, está la calidad y cantidad de empleos en el país. No se trata de simplemente crear más empleos, si estos van a tener una remuneración real tan baja como la que hemos visto en la última década. Tenemos que buscar cómo mejorar la remuneración promedio de las familias para incrementar el poder adquisitivo y fomentar el consumo en general. Para éste propósito tenemos que pensar afuera de la caja y no limitarnos al viejo debate que primero debemos impulsar la productividad.

Finalmente, necesitamos encontrar la fórmula para abatir la pobreza, empezando primero con la extrema y después extendiendo los esfuerzos a la patrimonial. Aquí está involucrado una cantidad de factores, desde una mejoría notable en la educación, una mejora en la eficiencia del gasto público y la aplicación de programas sociales que funcionen. Si volteamos a ver los esfuerzos mundiales, encontramos que muchos países han registrado progresos muy sólidos en el cumplimiento de las metas del milenio. ¿Por qué México no logra avanzar?

Para contestar esta pregunta, regresamos al primer punto. México tiene un estado de derecho muy endeble y una corrupción rampante. Si no logramos en primer término abatir la corrupción, todo lo demás seguirá siendo inalcanzable. El gobierno no ha encontrado cómo y cada vez parece más lejos de hacerlo. ¿Ideas?

Dicotomía

Agosto 12th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

El INEGI dio a conocer la producción industrial (las actividades secundarias) de junio de este año, que mostró un crecimiento de 0.2 por ciento respecto al mes anterior. Aunque no es una tasa elevada (implica una tasa anualizada de 2.4 por ciento), por lo menos es positiva. La producción había registrado tasas negativas en los tres meses anteriores y esta es apenas la segunda tasa positiva de los últimos siete meses. De hecho, el nivel registrado en junio se ubica -0.4 por ciento por debajo del máximo que se observó en noviembre del año pasado. Esto significa que por segundo trimestre consecutivo, la producción industrial va registrar una tasa negativa.

A nivel de subsectores, toda la industria mostró tasas positivas en junio, siendo la manufactura la que menos creció (0.1 por ciento). Esto significa que para el segundo trimestre, veremos tasas positivas en la construcción (0.3 por ciento) y la manufactura (1.0 por ciento) y una tasa negativa en minería (-3.2 por ciento). Sin embargo, a pesar de un repunte marginal en la manufactura, las exportaciones no petroleras no han logrado crecer. Para estos tres meses, se ubican -0.3 por ciento por debajo del primer trimestre. Aunque las exportaciones automotrices lograron crecer 3.3 por ciento, las manufactureras no automotrices (que representan alrededor de dos terceras partes) disminuyeron -2.2 por ciento. Queda claro que en esta ocasión la depreciación del peso mexicano no ha ayudado a las exportaciones.

No obstante, lo que más preocupa de las actividades secundarias es la construcción. Ya sabíamos que las obras de ingeniería civil, asociadas con la inversión pública, simplemente no han podido encontrar el camino en lo que va del sexenio. Pero la edificación llegó a un máximo en enero y desde entonces muestra una clara tendencia negativa. Este subsector de la construcción, que estuvo en crisis desde mediados de 2012 hasta fines de 2013 y mostró una recuperación interesante el año pasado, ha dejado de crecer de nuevo.

Finalmente, tenemos a la minería con una tendencia negativa que ya acumula 19 meses. Aunque pudiera haber llegado ya a su punto mínimo en estos meses, no registrará tasas anuales positivas hasta mediados del año entrante. Con esta información, ya nada más nos queda esperar al jueves de la semana próxima (20 de agosto) para que el INEGI nos informa el crecimiento del PIB del segundo trimestre. Si la contribución de las actividades secundarias volverá a ser negativa, ¿qué podemos esperar del resto de la actividad económica?

Afortunadamente, los indicadores de las actividades terciarias siguen relativamente bien. La ANTAD anunció ayer que las ventas reales de las tiendas totales asociadas al organismo crecieron 7.8 por ciento en julio. Con esta cifra, tenemos que el crecimiento promedio anual de los primeros siete meses del año se ubica en 6.3 por ciento, muy por arriba del promedio de 2014 de 1.1 por ciento. Igualmente, la AMIA reportó que las ventas internas de automóviles crecieron 16.1 por ciento en julio, lo que implica una tasa promedio anual de lo que va de 2015 de 21.1 por ciento, igual, muy por arriba del promedio de 2014 de 6.5 por ciento. Las cifras del INEGI señalan que las ventas al por menor llevan un promedio anual de 5.0 por ciento en los primeros cinco meses del año (comparado con 2.6 por ciento del año pasado), mientras que los ingresos por servicios registran 7.2 por ciento en lo que va el año (contra 2.7 por ciento de 2014). Sin conocer más información, estas cifras sugieren que el avance del segundo trimestre de las actividades terciarias podría resultar no tan diferente al del primer trimestre.

Todo apunta a que las cifras de crecimiento de estas actividades (secundarias y terciarias) serán similares al del trimestre anterior. Faltaría incorporar las primarias para obtener un estimado del PIB, pero en principio no debería ser muy distinto al anterior. Por lo mismo, implica haber crecido alrededor de 2.5 por ciento anual en la primera mitad del año, lo que corresponde con la expectativa actual de las encuestas para todo 2015.

El problema es la segunda mitad. Si el crecimiento trimestral de cada uno de los siguientes dos trimestres es parecido al de los primeros dos del año, la tasa del PIB para 2015 terminará mucho más cerca al 2.0 por ciento. De hecho, si no hay una aceleración visible en el segundo semestre, el avance del PIB de 2015 podría ubicarse muy cerca a lo que fue en 2014.

Tenemos una clara dicotomía en la actividad económica: actividades secundarias estancadas y terciarias que avanzan a un paso interesante. ¿Qué podrá cambiar?

Los ajustes bruscos y significativos en el tipo de cambio siempre han sido motivo de consternación para los mexicanos, pues se asocian con inflación, pérdida de poder adquisitivo, recesión, desempleo y sufrimiento económico en general. Como no olvidar la devaluación de Luis Echeverría en 1976, dando fin a 22 años de un tipo de cambio fijo. Qué decir de las tres devaluaciones que hubo en 1982 después de que José López Portillo prometió defender el peso como perro, que dio pie a la década perdida de los ochenta. Todavía queda el recuerdo de cómo dejó la economía Pedro Aspe al pobre de Jaime Serra Puche en diciembre de 1994, cuando el país se desmoronó y aumentó la pobreza extrema en más de 16 millones de mexicanos.

Afortunadamente, México se sobrepuso al miedo de la flotación y adoptó un régimen flexible a partir de 1995. Con la autonomía del Banco de México y una política monetaria ya dedicada a abatir la inflación, se logró la estabilización de precios a partir de la década pasada. Esto ha sido el pilar de un equilibrio macroeconómico, que en buena medida nos ha ayudado a superar esos periodos de angustia increíble. Sin embargo, hace siete años vimos que el precio del dólar aumentó 54.1 por ciento en siete meses (de 9.918 el 7 de agosto de 2008 a 15.286 el 7 de marzo de 2009). Aunque no hubo gran afectación en la inflación, la economía se desplomó -4.7 por ciento en 2009.

Si bien dejamos atrás la época de devaluaciones traumáticas, ahora vivimos etapas de depreciaciones aceleradas. Sin embargo, la afectación psicológica parece ser igual. Pero, ¿debemos preocuparnos tanto? Hasta ahora, el tipo de cambio ha aumentado alrededor de 26 por ciento, casi la mitad de lo acontecido hacia fines de 2008. No obstante, no hemos visto evidencia de mayor inflación ni un desplome en la actividad económica. Por lo pronto, seguimos con una inflación que marca mínimos históricos y una economía que avanza por arriba del 2 por ciento. Entonces, ¿cuáles son los efectos nocivos que debemos temer de la depreciación?

El primero es el efecto que podrá tener eventualmente sobre la inflación. Al depreciarse la moneda, aumentan los precios de los bienes y servicios importados. Aunque hasta ahora no hemos visto un traspaso de estos incrementos a los precios del consumidor, es de esperarse que eventualmente habrá alguna afectación. Sin embargo, si el tipo de cambio se regresa parcialmente (como sucedió en 2009), se podría limitar el daño a un mínimo.

El segundo efecto es sobre los precios relativos, aun en el caso de evitar una reacción inflacionaria. En principio, nuestras exportaciones son más baratas, mientras que las importaciones son más caras. Aquí, los efectos varían de sector a sector y de empresa a empresa, ya que unos tienen más insumos importados, otros se compensan con disminuciones en otros precios, algunos tendrán que sacrificar utilidades y habrá quien no pueda aguantar los cambios, viéndose ante la posibilidad de cerrar su negocio.

El tercer efecto proviene de la incertidumbre, que afecta la inversión y el crecimiento económico. Para planear la construcción de una fábrica o la adquisición de una maquinaria, se necesita saber con cierta certeza los precios de los bienes y servicios relacionados. Sin embargo, la volatilidad del tipo de cambio elimina la certeza y provoca que muchos proyectos quedan en irresolución. Sin inversión, no habrá mucho crecimiento.

Finalmente, tenemos los efectos sobre los flujos de capital, en especial, sobre la inversión extranjera en portafolio. En principio, los movimientos de capital afectan al tipo de cambio, pero ante mucha volatilidad se acentúan los flujos que buscan una relación de riesgo/rendimiento adecuado. También es muy probable ver cierta afectación sobre las tasas de interés a diferentes plazos, que no solamente puede encarecer la inversión en general, sino también el costo del servicio de la deuda pública.

¿Qué debemos esperar ahora? Todo indica que la volatilidad cambiaria continuará por un rato, aunque posiblemente acotado por las acciones de la Comisión de Cambios y eventualmente del Banco de México. Es muy probable ver en algunos meses que el tipo de cambio regrese parcialmente, ya que se normalice la política monetaria de la Reserva Federal. Si bien, la inflación podrá terminar el año alrededor de 3 por ciento, podemos esperar un aumento, quizás hacia 4 por ciento el año entrante, pero no mucho más que eso. La actividad económica, que ahora crece ligeramente por arriba de 2 por ciento, quedará sin dinamismo en el corto plazo, pero no se desplomará.

Después de permanecer mucho tiempo fluctuando alrededor de los 13 pesos por dólar, desde de mediados de octubre del año pasado el tipo de cambio (“fix”) ha mostrado una tendencia al alza y mucho más volatilidad. Hace una semana y media registró un nuevo máximo histórico de 15.6958 pesos, que lo situó un poco más de 20 por ciento por arriba de los niveles observados hace ocho meses. Cuando se observó la depreciación en un principio, la mayoría de los analistas anticipaban que el tipo de cambio bajaría pronto, ya que los movimientos parecían obedecer más a expectativas e incertidumbre relacionada con las intenciones de la Reserva Federal, más que a cambios en los flujos efectivos de divisas. Sin embargo, no hubo tal apreciación y ahora la expectativa es de que permanezca en los niveles actuales, con posibles episodios de mayor volatilidad en los próximos meses.

Queda claro que más que una debilidad del peso frente al dólar, los movimientos obedecen al fortalecimiento del dólar respecto a la gran mayoría de monedas del mundo. Incluso, el peso se ha apreciado contra muchas otras monedas, por lo que su debilidad es totalmente relativa. En ocasiones anteriores, una depreciación significativa del peso se traducía (después de cierto lapso) en una mejoría en las exportaciones. Sin embargo, no queda tan claro cuál terminará siendo su efecto en esta ocasión, dado que si bien ganamos competitividad respecto al dólar, muchas otros países han ganado respecto a nosotros.

Resulta interesante la depreciación, ya que no se han observado grandes cambios en los flujos comerciales y financieros con el exterior. Si bien han disminuido las exportaciones petroleras, los dólares que obtiene Pemex no pasan por el mercado cambiario, sino se venden directamente al Banco de México. Aunque los flujos financieros (inversión extranjera de portafolio) han disminuido, tampoco se ha observado salidas masivas de capital. Obviamente han influido mucho las expectativas, pero ¿qué más está detrás de la determinación del tipo de cambio? Para contestar la pregunta, vale repasar ciertos hechos estilizados del peso mexicano.

De entrada, nuestra moneda se ubica entre las diez más intercambiadas en el mundo; parece ser que fluctúa entre el sexto y octavo lugar. No obstante, es la de mayores transacciones de cualquier país emergente. Me dicen que en un día normal se intercambian entre 10 y 15 mil millones de dólares, aunque algunos me comentan que el monto es todavía mayor. Esto significa que en un par de días se realizan transacciones con el peso equivalentes a un mes completo de nuestras exportaciones totales.

¿Por qué? Primero, al ser un país muy abierto, existe un intercambio comercial muy grande con el resto del mundo. Esto significa que existe mucha liquidez de pesos en los mercados. Por ejemplo, las exportaciones mexicanas superan el 70 por ciento de todas las exportaciones de América Latina. Segundo, México es una economía muy bien calificada a nivel de riesgo-país. Moody’s lo califica con el equivalente a un “A-”, por arriba de la mayoría de los países emergentes. Aunque Chile tiene mejor calificación, su moneda no tiene la liquidez ni el tamaño de mercado para ser relevante. Por ejemplo, México pertenece al World Government Bond Index (WGBI), junto con otros 21 países desarrollados, justamente por la relación de liquidez y riesgo/rendimiento que ofrecen nuestros bonos.

¿Esto qué significa? Que nuestra moneda es utilizada por muchos otros países para operaciones de derivados, coberturas, opciones, futuros, forwards, etc., que poco tienen que ver con nuestra economía per se. Se estima que más del 60 por ciento de todas las operaciones del peso se realiza fuera del país y por motivos ajenos a nuestros flujos comerciales y financieros. En otras palabras, por las características de nuestra moneda se utiliza para muchas transacciones internacionales independientes a nuestra economía; en buena medida, la determinación del tipo de cambio del peso mexicano no es endógena al país.

Al final de cuentas, nuestra moneda opera en diferentes mercados, cada uno con su propia oferta y demanda. Por ejemplo, el mercado de billetes en las casas de cambio en el aeropuerto maneja un tipo de cambio diferente al mercado al mayoreo interbancario o al de documentación en los bancos. Igual sucede con las operaciones de futuros en Chicago. Aunque hay vasos comunicantes entre estos mercados, cada uno tiene su propia dinámica. Pero en buena medida, esto significa es que la Comisión de Cambios tiene menos injerencia en el mercado de lo que pensamos.

Arranque Lento

Marzo 30th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

Hace seis meses, el consenso para el crecimiento económico de este año era alrededor de 3.7 por ciento. Sin embargo, se ha revisado sistemáticamente a la baja hasta llegar a la expectativa actual que gira alrededor de 3.0 por ciento. Habrá varias razones para pensar que el crecimiento será menor a lo que originalmente se esperaba, pero la caída en el precio y en la producción petrolera, que provocó un primer recorte en el gasto público, definitivamente es una de las principales. No obstante, hasta ahora las revisiones no estaban fundamentadas en el desempeño actual de la economía, simplemente porque todavía no teníamos datos duros. Pero el INEGI ya reportó el crecimiento económico del primer mes y las cifras de la balanza comercial y el desempleo de febrero. Además, ya conocemos las ventas que reporta el ANTAD y la AMIA para el segundo mes del año. Esta primera lectura confirma un lento arranque para el año, que aparentemente desembocará en una baja tasa de crecimiento para el primer trimestre.
La primera desilusión proviene del exterior. La producción manufactura de Estados Unidos ha crecido muy poco en los últimos meses, lo que ha llevado a un menor demanda de nuestras exportaciones. Después de un muy buen enero, las exportaciones automotrices crecieron muy poco en febrero, debido en parte a condiciones climatológicas adversas, pero también a que la compra de automóviles nuevos en Estados Unidos empieza a mostrar signos de desaceleración. Por unos cuantos años, la demanda reprimida que prevaleció en la gran recesión de 2008-2009 provocó un aumento significativo en las ventas de automóviles. Sin embargo, aparentemente el mercado ya regresa a una cierta normalidad, que significa que la demanda regresa a un patrón de crecimiento más moderado. La baja en el precio de la gasolina no ha mostrado fuerza suficiente para provocar mayores ventas, por lo que podemos esperar una tasa de crecimiento en las exportaciones automotrices más moderado este año.
Aun así, existe la esperanza de que la actividad económica de Estados Unidos se recuperará a partir de segundo trimestre, ya que el mercado laboral muestra condiciones más robustas, que a su vez sugieren un mejor desempeño del consumo de los hogares más adelante. Si esta lectura es correcta, podríamos ver una mejoría en nuestras exportaciones no petroleras en los siguientes trimestres. Debemos recordar que las exportaciones son el principal motor de crecimiento, cuyo crecimiento es necesario para que la economía interna muestra mayor dinamismo.
El INEGI reportó hace unas semanas que la producción industrial disminuyó 0.4 por ciento en enero, después de haber caído 0.3 por ciento en diciembre. Vimos una disminución en las manufacturas, la construcción y (obviamente) la minería (ante la caída en la plataforma de producción del petróleo). Por lo mismo, ya anticipábamos una tasa cercana a cero o incluso negativa para el IGAE de enero. Sin embargo, la tasa del IGAE sorprendió un poco al alza como resultado de un salto importante en las actividades primarias (6.7 por ciento) y un buen avance en las terciarias de 0.4 por ciento. Estos datos, juntos con buenas noticias de parte del ANTAD y la AMIA, nos dicen que el comercio y los servicios muestran un buen arranque al inicio del año, a pesar del pobre desempeño de las actividades secundarias.
La ANTAD venía reportando tasas relativamente bajas durante todo 2014, que giran en promedio alrededor de 1.0 por ciento anual cada mes. Sin embargo, en enero y febrero sus ventas totales reales aumentaron 6.2 y 5.7 por ciento anual, respectivamente, algo no visto desde 2012. Evidencia anecdotaria de algunas cadenas autodepartamentales señalan ventas de hasta 20 por ciento real respecto al mismo periodo del año anterior. Las ventas internas de automóviles reportadas por la AMIA registraron tasas anuales superiores a 20 por ciento en los dos primeros meses del año, algo no visto desde 2004. A pesar de que no tenemos mucha evidencia de una mejoría en los ingresos de los hogares, aparentemente el consumo privado empieza a mostrar cierto dinamismo no visto en mucho tiempo.
¿Cómo explicar esta recuperación? ¿Es temporal o algo más permanente? Las hipótesis que empiezan a surgir señalan al gasto público electoral y una posible demanda reprimida como posibles factores, que a su vez indicarían solo un empuje temporal. Sabemos que el gasto público tiene un impacto en el consumo en los meses anteriores a las elecciones, pero ante los recortes en el presupuesto, podrían disminuir significativamente después de junio. Si el consumo empieza a responder a una demanda reprimida que se fue acumulando en los dos años anteriores, también podríamos ver una mejoría temporal, pero con una duración más difícil de anticipar.
Sin embargo, surge una tercera hipótesis que pudiera ser más promisorio. La inversión privada empieza a mostrar signos de mayor crecimiento, posiblemente derivado de las expectativas que emanan de las reformas estructurales. De ser cierto, deberíamos empezar a ver más empleo, que a su vez podría estimular el ingreso de los hogares y el consumo. La tasa de desempleo urbano disminuyó notoriamente en diciembre, mientras que su repunte en enero y febrero fue estacionalmente muy baja. No obstante, esas hipótesis necesitan más datos duros para que sean explicaciones creíbles. Pudiera ser que estos dos meses fueran simplemente observaciones aberrantes, sin mayor explicación.
Por lo pronto, tenemos un mal arranque en las actividades secundarias, que de no reponerse podrán desincentivar a la economía interna, pero un buen arranque de las terciarias, que pudiera ser un fenómeno temporal, o bien, el empiezo de una recuperación más de fondo. Habrá que estar atentos.

La Balance de Pagos de 2014

Febrero 26th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (2 Comments)

El Banco de México dio a conocer los resultados de la balanza de pagos de 2014, que se caracterizó por un déficit en la cuenta corriente de 26.5 mil millones de dólares, un superávit en la cuenta de capital de 57.2 mil millones y una acumulación de reservas netas por 16.7 mil millones de dólares, desde la óptica de cómo se acostumbraba presentar nuestras cuentas con el exterior hace algunos años. Sin embargo, en un intento de cumplir con los últimos cambios que recomienda el Fondo Monetario Internacional (FMI), ahora el Banco de México utiliza un superávit de la cuenta “financiera” de 56.02 mil millones de dólares (en vez de la cuenta de capital) y reporta la variación en reservas “brutas” (en vez de las netas) de 15.5 mil millones de dólares.
Esto último es interesante, ya que la definición “legal” de las reservas internacionales en México involucra el concepto “neto” en vez de “bruto”. La Ley Orgánica del Banco de México estipula que los pasivos de corto plazo (menores a seis meses) no se pueden considerar parte de las reservas, mientras que reconoce como parte de sus reservas los pasivos con el FMI (que actualmente no tenemos). Sin embargo, esta definición “sui generis” de México no es reconocido por el FMI y siempre ha causado problemas en términos comparativos. El hecho de que el Banco de México haya acordado utilizar la definición internacionalmente reconocida desde hace ya algunos años, es señal de madurez institucional.
El saldo de la cuenta corriente representa 2.1 por ciento del PIB, que es una proporción adecuada para un país como México. A partir de 1995, desde que México adoptó un régimen cambiario flexible, el déficit ha promediado 1.5 por ciento del PIB y ha fluctuado entre 0.5 y 3.2 por ciento. En 1994, el último año en que sostuvimos un régimen de reglas fijas, el déficit fue 5.6 por ciento del PIB. La falta de flexibilidad cambiaria nos condujo a una época de crisis recurrentes, caracterizadas por déficit abultados en la cuenta corriente. En cambio, la época actual de flexibilidad ha logrado mantener déficit bajos y evitar así problemas en nuestras cuentas externas.
En 2013 tuvimos un déficit ligeramente mayor, de 29.7 mil millones de dólares, que representaba 2.4 por ciento del PIB. La reducción de 3.2 mil millones de dólares del año pasado, se logró a pesar de que la balanza de mercancías tuvo un déficit de 1.2 mil millones mayor en 2014 que en el año anterior. Parte se logró al ver un incremento en las remesas familiares por 1.8 mil millones más que en 2013, pero la diferencia principal fue por una disminución de 4.5 mil millones en la balanza de rentas, producto de menores pagos de interés al exterior.
El balance de mercancías no fue radicalmente diferente en 2014 respecto a 2013, ya que el déficit fue apenas 1.2 mil millones de dólares más. Sin embargo, hubo un cambio enorme en el desglose del déficit entre el balance de mercancías petroleras y no petroleras. En 2013, el balance petrolero arrojó un superávit de 8.6 mil millones, mientras que el balance no petrolero registró un déficit de 9.8 mil millones. En 2014, el primero disminuyó a un superávit de 1.5 mil millones, mientras que el segundo reflejó un déficit de tan solo 3.9 mil millones. En otras palabras, la disminución del superávit petrolero de 7.1 mil millones fue compensado por una reducción en el déficit no petrolero de 5.9 mil millones de dólares.
Otra característica de la balanza de pagos que cambió en 2014 fue la proporción de nuestras exportaciones dirigida al mercado de Estados Unidos. Después de alcanzar casi 90 por ciento de las exportaciones en 2000, esta dependencia fue reduciéndose paulatinamente en el transcurso de la década pasada hasta llegar a 79 por ciento hace apenas unos años. Sin embargo, el año pasado se revertió de nuevo la tendencia, al incrementarse de 79.7 por ciento en 2013 a 81.3 por ciento en 2014. La razón principal fue la recesión europea, que trajo consigo una disminución en las exportaciones mexicanas hacia esa zona, mientras que nuestras exportaciones a Estados Unidos siguieron creciendo. En especial, resalta la penetración de la industria automotriz, que después de representar 29.6 por ciento de nuestras exportaciones no petroleras en 2014, el año pasado pasó a registrar 30.9 por ciento del total.
Otro aspecto interesante de la balanza de pagos en 2014 fue la parte correspondiente a la inversión extranjera. Fue notorio la entrada de inversión extranjera directa (IED) en 2013, al alcanzar la cifra histórica de 44.2 mil millones de dólares, caracterizada por la operación jumbo de la Cervecería Modelo. En ese mismo año, tuvimos 13.3 mil millones de inversiones de mexicanos en el exterior, por lo que la entrada neta de IED alcanzó un nuevo máximo de 31.1 mil millones de dólares. En 2014, la entrada de IED fue aproximadamente la mitad del año anterior (22.6 mmd), mientras que la inversión de mexicanos en el exterior fue de 7.6 mil millones. Por lo mismo, tuvimos un saldo de 15.0 mil millones de dólares, ligeramente por debajo del 50 por ciento registrado el año anterior. Si consideramos que la mayoría de las entradas fueron virtuales al ser producto de utilidades reinvertidas de empresas multinacionales, realmente alcanzamos una cantidad de inversiones nuevas sumamente baja. Las cifras de IED fueron del todo decepcionantes, especialmente si consideramos que lo que el gobierno prometió con el “momento México” y diez reformas estructurales.
En cambio, la inversión extranjera de cartera ha sido explosivo. Si consideramos que la entrada de 47.2 mil millones de dólares en 2014 llegó por encima de la entrada de 50.3 mil millones del año anterior, hemos recibido casi 100 mil millones de dólares en dos años, que se encuentra invertido principalmente en valores gubernamentales. Esta cantidad representa la vulnerabilidad más importante de la economía mexicana, ya que el flujo pudiera revertirse rápidamente ante cambios en la política monetaria de Estados Unidos, o bien, ante acontecimientos internacionales adversos que provocaran cambios en el apetito por mercados emergentes.
En principio, la balanza de pagos no padece de desequilibrios. Tenemos un déficit en la cuenta corriente relativamente modesto y un superávit voluminoso en la cuenta financiera, de tal forma que hemos acumulado reservas internacionales (por 15 años consecutivos). Sin embargo, tenemos muchas vulnerabilidades: la disminución en el precio del petróleo ha mermado el superávit petrolero a tal grado que pronto pudiera registrar un balance negativo; las bajas tasas de interés internacionales ha permitido disminuir nuestra balance de renta, pero las tendencias futuras indican que ahora deberán subir; la entrada de IED no ha mostrado el dinamismo prometido; y, la mayoría de las entradas financieras son inversiones de cartera de corto plazo, que pudieran revertirse en cualquier momento.
¿Nuestras fortalezas? Fundamentalmente una: el régimen cambiario flexible, que no permite que se acumulen desequilibrios desconcertantes.

Desde hace dos décadas, el motor principal de crecimiento de la economía mexicana han sido las exportaciones no petroleras. Cuando crecen a una tasa relativamente elevada, jala al resto de la economía, en especial al consumo interno del país. Al final de cuentas, no es el componente que más contribuye al PIB, ya que contienen un porcentaje elevado de insumos importados, de tal forma que las exportaciones netas representan una proporción del PIB bastante pequeña. Pero su crecimiento desata cierto dinamismo en el resto de la economía que hace que los demás componentes crezcan más.
Sin embargo, en los últimos años parece ser que esta relación se ha debilitado. En 2014 vimos un muy buen año en términos de las exportaciones no petroleras. El sector automotriz, que representa ya casi una tercera parte de las totales, tuvo un año excepcional. No obstante, el consumo familiar pareció estancarse, sin contagiarse del dinamismo externo como en otros años. La razón es que el ingreso personal disponible de los hogares ha sufrido un deterioro importante en los últimos años a consecuencia de la creación de empleos menos remunerados, de alzas constantes en los precios de los alimentos (que pega mucho en el presupuesto familiar), de incrementos en impuestos y de reducciones en las deducciones fiscales.
Al mismo tiempo, hemos perdido la válvula de escape en el mercado laboral que representaba la inmigración neta hacia Estados Unidos. Después de más de una década de un flujo neto de casi medio millón de mexicanos al año, en los últimos cinco años se ha reducido a alrededor de 25 mil, es decir, como el cinco por ciento de lo que fue. Esto ha repercutido en una tasa de desempleo urbano mucho mayor que antes y niveles de subempleo y de informalidad laboral elevados.
Las exportaciones crecen bien, la industria de la construcción (salvo el componente público) se recupera, la inversión privada empieza a despegar y las famosas reformas ya se aprobaron. ¿Qué falta para que la economía pueda crecer a tasas mucho más elevadas? Lo que necesitamos son medidas que fortalezcan al ingreso familiar y que inspiren más confianza de los hogares. Dado que el INEGI no produce indicadores de ingreso disponible, de lo poco que nos queda es monitorear al Indicador de Confianza del Consumidor que se construye a partir de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO).
La ENCO empezó a levantarse en abril de 2001, por lo que ya lleva 13 años con nueve meses de existencia. En toda su historia nunca ha registrado un nivel relativamente elevada. El INEGI igualó el nivel de enero de 2003 (que fue 40.884979 puntos) a 100.0 para evitar la comparación relativa de optimismo o pesimismo en una escala de 0 a 100. Sin embargo, si vemos los datos originales encontramos que el Indicador lleva 165 meses consecutivos por debajo del umbral de 50, que separa la ponderación de respuestas entre un nivel relativamente optimista con un pesimista. El nivel más elevado se alcanzó en agosto de 2001 (47.69 puntos), mientras que su nivel más bajo fue en octubre de 2009 (32.61). En todo este tiempo ha promediado 39.78 puntos, mostrando un comportamiento relativamente simétrico entre las respuestas por arriba y por abajo del promedio.
Como se sabe, el Indicador consiste en cinco preguntas. Es interesante observar que el consumidor siempre ve con mejores ojos al futuro en comparación al presente, mientras que siempre percibe más optimismo para su hogar en relación al país. Por ejemplo en diciembre, la situación actual registró 45.9 y 33.7 puntos para el hogar y el país, respectivamente, mientras que el futuro llegó a 52.5 y 40.0 para ambos. Igual, el hogar ahora y en el futuro se ubicó en 45.9 y 52.5 puntos, respectivamente, mientras que el país llegó a 33.7 y 40.0 puntos.
¿Cuáles serían los niveles adecuados para reactivar el consumo en forma significativa? En principio, la pregunta no tiene una respuesta fácil. Queda claro que no necesariamente necesitamos rebasar el umbral de los 50 puntos y menos para cada uno de las cinco preguntas. Pero creo que quedaríamos conformes si las percepciones actuales alcanzaran los niveles que ahora se tienen para el futuro, es decir, que la situación del hogar llegara a registrar más de 52 puntos, mientras que la percepción actual de la situación económica del país llegara a rebasar 40 puntos. Nunca lo hemos logrado para el hogar, aunque estuvimos cerca en 2001. En cambio, lo hemos visto en 18 ocasiones para el país, básicamente en 2001 y 2006. ¿Será posible alcanzar estos niveles en los próximos años?

Al igual que 2013, este año fue una gran decepción. Después de arrancar el año con una expectativa de 3.5 por ciento, el crecimiento económico de 2013 terminó en 1.39 por ciento, como resultado de múltiples factores tanto externos como internos. Terminamos un año sumamente complicado con expectativas de una mejoría en 2014, gracias a que esperábamos mayor dinamismo en Estados Unidos, una recuperación en el sector de la construcción, la finalización de las reformas estructurales (y su consecuente impacto positivo en la inversión privada) y un aumento en el gasto público, especialmente en la inversión pública. Las incógnitas giraban alrededor de la Reforma Hacendaria, que claramente estuvo diseñada para restarle dinamismo a la economía al perjudicar el ingreso disponible de los hogares y limitar los incentivos de inversión de las empresas. Aun así, empezamos el año pensando que podíamos crecer cerca de 3 por ciento, mientras que el gobierno proyectaba mayor optimismo con su expectativa de 3.9 por ciento.
Desgraciadamente, empezó mal el año. Estados Unidos sufrió condiciones climatológicas adversas en los primeros meses, que limitaron la demanda por nuestras exportaciones y ocasionaron una caída de 2.1 por ciento en el PIB de su país. Sin la reactivación de nuestro principal motor de crecimiento, muchos analistas empezaron a revisar a la baja las estimaciones de crecimiento del año, ya por debajo de 3 por ciento. Pero aun así, México logró casi replicar el crecimiento del trimestre anterior (1.5 por ciento anualizado) en el primer trimestre de 2014, al crecer 1.4 por ciento (anualizado, para comparar las tasas con las de Estados Unidos).
El lado positivo fue que la adversidad que afrentó Estados Unidos fue temporal, ya que en los dos trimestres siguientes mostró crecimientos vigorosos de 4.6 y 3.9 por ciento, respectivamente. Las exportaciones no petroleras crecieron durante el resto del año y se proyecta que terminaran el año con una tasa de dos dígitos. El sector automotriz mostró mucho dinamismo y se estima que podrá haber crecido en el año más de 20 por ciento. Las exportaciones no automotrices lograron reactivarse a lo largo del año, por lo que parece que tendrá un avance mayor al 10 por ciento al concluir 2014. Aunque la mayor parte de las exportaciones fueron a Estados Unidos, las dirigidas al resto del mundo pasaron a tasas positivas ya en la segunda mitad del año.
Internamente, la industria de la construcción tocó fondo a finales de 2013 y empezó su recuperación al iniciar 2014. La edificación privada empezó a crecer, aunque no a tasas aceleradas, mientras que los trabajos especializados de la construcción avanzaron en línea con la recuperación en las remesas. Sin embargo, las obras civiles de ingeniería, identificadas con la inversión pública, mantuvieron su tendencia negativa a lo largo del año. Al final de cuentas, el impulso de la construcción privada ayudó a que la inversión privada creciera en el año, mientras que la inversión pública terminó con cifras negativas.
El comportamiento sólido de las exportaciones, la reactivación de la construcción y el inicio de una tendencia positiva de la inversión privada contribuyeron a una mejoría en 2014 respecto a 2013. El gasto público y en especial la inversión pública fueron los lastres del año, ya que ambos terminaron el año con tasas negativas, a pesar de los esfuerzos del gobierno federal por canalizar mucho más recursos que antes. Mientras que la SHCP reportaba a lo largo del año crecimientos reales importantes, el INEGI registró disminuciones en el gasto público, tanto corriente como de capital. A pesar de varias hipótesis al respecto, la dicotomía entre las finanzas públicas de la SHCP y las cuentas nacionales del INEGI terminó siendo la gran incógnita del año.
El último factor que sobresale y es el más importante por su peso en la economía es el consumo de los hogares, que quedó prácticamente estancada en el año. Los efectos adversos de la Reforma Hacendaria fueron mucho mayores a los estimados, incluso por el propio sector privado. Provocó una disminución significativa en el ingreso personal real y una merma importante en la confianza de los consumidores. Para los analistas, quedó muy difícil diagnosticar bien el desempeño del ingreso a lo largo del año, por la falta de un indicador relevante del INEGI. Sin embargo, recomiendo que vean la Gráfica 22d (página 29) del último Informe Sobre la Inflación de Banxico; la caída en el ingreso promedio real es verdaderamente impresionante.
Así estamos por concluir el año con un crecimiento estimado de 2.1 por ciento.

Las exportaciones del sector automotriz han crecido en promedio a tasas de dos dígitos desde fines de 2009. Sin embargo, el resto de las exportaciones manufactureras perdieron su dinamismo al empezar 2013 y en 20 meses tuvieron un crecimiento anual promedio de tan solo 2.3 por ciento. El resultado fue que por casi dos años, las exportaciones no petroleras crecieron a una tasa anual promedio inferior a 5 por ciento, insuficiente para inyectar dinamismo a la economía interna. La buena noticia es que en septiembre 2014 tanto las automotrices como el resto de las manufactureras crecieron con tasas de dos dígitos por primera vez desde octubre de 2012. La AMIA reportó que las exportaciones de automóviles rebasaron 257 mil en el mes, para que las exportaciones del sector registraran 10.3 por ciento más que hace un año. Ahora también respondieron el resto de las manufacturas con una tasa de 11.7 por ciento. En el pasado, hemos visto que cuando las no petroleras crecen a estas tasas, la economía interna se dinamiza.
Sabemos que el consumo de los hogares se encuentra estancada ante las limitaciones que enfrenta el ingreso personal disponible, por lo que seguramente será el último componente de la demanda agregada en crecer a tasas mayores. Esto deja a la inversión fija bruta (IFB) como el elemento que necesita contagiarse primero del dinamismo de las exportaciones. Aunque la información es más atrasada, el INEGI reportó el lunes que creció 0.4 por ciento en agosto, el quinto mes consecutivo con un avance positivo, para ya alcanzar una tasa de 4.3 por ciento superior al mismo mes del año anterior. Aunque todavía no es la tasa elevada que caracteriza a la IFB en tiempos de mayor actividad económica, por lo menos ya vemos un sólido regreso a terrenos positivos.
Uno de los elementos de la IFB que empieza a responder muy bien es la adquisición de equipo de transporte nacional, que alcanzó una tasa anual de 9.0 por ciento en agosto. El contraste con la compra de equipo de transporte importado es muy notorio, ya que éste último disminuyó -0.7 por ciento respecto al nivel que tenía en el mismo mes del año anterior. De hecho, el de transporte nacional es el elemento más dinámico de toda la IFB, ya que su nivel es de 162.4 (62.4 por ciento superior al promedio de 2008), mientras que el de transporte importado es el menos con su nivel de 77.6 (-22.4 por ciento por debajo del promedio de 2008). En general, el equipo de transporte representa el 8.2 por ciento del total de la IFB del país, siendo la importada ligeramente más importante (51.1 por ciento) que la nacional. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la nacional respecto a la importada, nos hace pensar que en la siguiente actualización de ponderadores, esta relación se volteará.
Cuando observamos la adquisición de maquinaria y equipo distinto al transporte, encontramos que la relación es al revés. La compra de maquinaria importada crece ahora a un ritmo de 7.5 por ciento anual, mientras que la nacional apenas registró un avance de 0.4 por ciento anual. La maquinaria y equipo distinto al de transporte representa 23.6 por ciento del total de la IFB, mientras que la importada representa 76.3% de toda la maquinaria. En general, la compra de maquinaria y equipo total (tanto de transporte como lo demás y tanto nacional como importada) equivale al 31.8 por ciento de toda la IFB.
Esto significa que el resto de la IFB (el 68.2 por ciento) es construcción. Dentro de la construcción, 45.6 por ciento es residencial y 54.4 por ciento no residencial. La buena noticia es la construcción residencial ya se ubica 8.0 por ciento por encima de su nivel de hace un año. La mala es que a pesar de la buena recuperación, todavía se ubica -7.3 por ciento por debajo de su nivel promedio de 2008. La no residencial permanece estancada, pues es donde radica la mayor parte de las obras de ingeniería civil identificada con la inversión pública. La no residencial se ubica en -0.1 por ciento por debajo de su nivel de hace un año y -1.5 por ciento menor al nivel promedio observado en 2008.
En conclusión, podemos decir que la IFB empieza a mostrar señales de recuperación. Sin embargo, cuando realizamos un análisis más detallado de sus componentes, encontramos un comportamiento todavía heterogéneo. Por un lado, va muy bien la recuperación de la construcción residencial, la adquisición de equipo de transporte nacional y la compra de maquinaria importada. Pero por el otro lado, sigue muy mal la construcción no residencial, la compra de equipo de transporte importada y la adquisición de maquinaria nacional.